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Foto EFEDicen los supersticiosos que la negatividad atrae a la mala fortuna y viceversa. Con la suerte como aliada, se entra en una vorágine en la que sale todo, en la que los resultados sólo pueden ser positivos.Y no, el Real Madrid no ganó por suerte. Superó en todo al TAU Cerámica. Y ese todo engloba tanto las estadísticas (los blancos superaron a su rival en porcentajes de tiros de dos, de triples, de tiros libres, en rebotes, en asistencias, en recuperaciones, pérdidas, tapones y mates, perdiendo sólo en el número de faltas) como el juego, donde el conjunto de Joan Plaza encandiló, con un ritmo frenético, buscando el contraataque constantemente, circulando el balón como los ángeles, defendiendo a la perfección por momentos y mostrando su mejor versión de la temporada. Sin embargo, los blancos por momentos tuvieron el viento a favor, en un estado de trance y de idilio con el aro casi místic, con tiros inverosímiles que acababan acariciando la red y rachas de pura perfección que desquiciaron al TAU.

 

Canastas forzadas… y letales. Con 32-28 en el luminoso, Bullock penetró y anotó un verdadero canastón. A la jugada siguiente, el propio Sweet Lou se superó, lanzando la bola desde muy abajo (“¡Desde el bolsillo!”, clamaban los comentaristas), Massey terminaba a continuación una jugada con mate y Llull remataba con otra canasta forzadísima (40-32). Al cuadro blanco le entraba todo. La guinda, el mejor simbolismo de lo que llegaría en el tercer cuarto, fue la última jugada, con Marko Tomas consiguiendo un palmeo sobre la bocina al tercer intento de canasta madridista, para desesperación de un TAU que se iba con diez de desventaja al descanso en un abrir y cerrar de ojos. El viento soplaba a favor.

 

Foto: EFEDiez minutos memorables. Dos triples en cuarenta y cinco segundos y otra canasta a la jugada siguiente conviertieron un choque abierto al descanso en un partido con claro dominio local. Bullock anotaba como si fuera un pívot, a Felipe le encontraban en cada jugada, Raül se permitía anotar un triple tras tirar sin ni siquiera bajar el balón, la buena circulación derivaba en canastas sin oposición, el ritmo de juego provocaba contraataques antes los que el TAU nada podía hacer y hasta Llull se permitía una canasta caída con hielo, in extremis y sobre la bocina.    Era el día del Real Madrid. Y el tercero, era su cuarto. Esta misma mañana recordábamos el precedente de 2005, donde una maravillosa defensa en el tercer periodo –“inolvidable”, según Boza Maljkovic- forzó el desempate. Este tercer cuarto también merece un hueco en el baúl de oro merengue. 35 puntos, a tres del récord histórico que el iurbentia estableció en cuartos. Un acierto en el tiro casi irrepetible (10/11 en tiros de dos y 4/5 en triples), y una valoración impresionante. Felipe sumó 16, Mumbrú 13 y Bullock 11, provocando que el Real Madrid llegara a los 49 puntos en este apartado, dos más que los que llevaba el TAU… en el cúmulo de los tres periodos.


Carrera de relevos.
El Real Madrid no dependió en exceso de ningún jugador en el encuentro, funcionando como un rodillo jugase quien jugase en cada momento. El buen arranque de Felipe provocó que el luminoso reflejara un 6-0 (curiosamente, los tres partidos disputados hasta el momento en semifinales han tenido un inicio similar, consiguiendo la victoria el que comenzó con mejor pie) y Mumbrú, soberbio, le tomó pronto el testigo (13 puntos en 9 minutos). La segunda falta personal de Reyes no se notó en el conjunto madridista, ya que tanto Bullock como Massey –doctorándose en este Playoff en exhibiciones en el segundo cuarto- asumieron responsabilidades con acierto. Lo del tercer cuarto no fue una sucesión de relevos sino una verdadera locura colectiva, con Bullock, Felipe, Mumbrú y Raül liderando el torbellino local. Por último, con el encuentro ya decidido, Van den Spiegel y Llull se apuntaron a la fiesta en los últimos diez minutos. Al final, la nada común cifra de cinco jugadores con 15 o más puntos de valoración. La fuerza de un equipo. Su adversario, en cambio, comenzó en esa tónica, con buenas rachas de Splitter, Lucas o Vidal, aunque tras el descanso sólo estos dos últimos pudieron dar la cara. Y una batalla entre un equipo y dos jugadores tenía el resultado cantado, con o sin viento a favor.

 

Foto: EFE
 

 


Felipe Reyes reclama su trono
. A Splitter le coronábamos como rey hace cinco días, mas Felipe Reyes tiró de corazón y orgullo para poner en juego la corona de Tiago. El pívot del Real Madrid desde el inicio se mostró muy confiado en el tiro, capaz de aportar todo lo que no pudo en el Buesa Arena, desquiciado por las faltas personales. No obstante, su marcha al banquillo tras comentar su segunda falta personal en sólo nueve minutos, hacían imaginar un desenlace similar al de Vitoria, aunque Reyes reservó su magia para después del descanso. En el tercer periodo convirtió canastas de todos los colores, se mostró como un coloso en ataque y en defensa y trasmitió una seguridad pasmosa en cada una de sus acciones. ¿El resultado al final del encuentro? 26 puntitos de nada de valoración… ¡en 16 minutos de juego! Ojo: 18 puntos, 4 rebotes, 3 recuperaciones, 3 faltas recibidas, 2 asistencias. En tiempo récord. Con un impecable 9 de 10 en el tiro, Felipe tomó el galardón de MVP cual armadura, se vistió de gala y se exhibió en la cancha. Jaque al rey Splitter. ¿Golpe de estado o nuevo régimen oligárquico? La respuesta, el sábado.