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Foto: El Mundo DeportivoAntes de la final de la Copa del Rey de 2005, Sergio Scariolo, técnico por aquel entonces de Unicaja, hizo ver un vídeo a sus pupilos. El italiano, tan buen entrenador como brillante en el plano de la motivación, había seleccionado con la colaboración de su staff técnico una serie de imágenes que mostraban a los jugadores de aquel plantel cajista en sus momentos de mayor felicidad en sus carreras, celebrando títulos. Ligas pasadas, Copas de antaño, torneos internacionales. El vídeo comenzaba con una cuestión en el aire: "¿Para qué queremos ganar?" Las imágenes se sucedían, en todo un monumento a la emoción, conmoviendo a sus jugadores, tocando finalmente su fibra sensible con la respuesta, al término del vídeo, de la pregunta que abría la secuencia: “Para vivir estas emociones”.

Simple y llanamente. Al final el baloncesto, el deporte, la propia vida, es una mera sucesión de objetivos y metas. Algunas llegan a buen puerto y en otras se fracasa. Nos pasa a todos. Les pasa a todos. Al fin y al cabo, todo un año de esfuerzos o de trabajo se resume en esa meta final. Cada equipo con su propia lucha, sea un ascenso, asegurar la permanencia, entrar en Playoff o, como en el caso de Regal Barça y TAU, conquistar el título. Sí, cierto es que un título engrosa un palmarés y repercute positivamente en el plano económico pero lo que queda, pasados los años, es esa alegría de la que hablaba Scariolo. Es ese instante dulce, esa gloria, esa conexión con los aficionados que sienten y padecen como si ellos hubieran estado también en pista.

El cuadro de Pascual está a un paso de la liga. Atrás quedan los seis anteriores, el recuerdo de la exhibición en Valencia, los nervios en la última posesión de Unicaja, el triple de Basile, la explosión de Ilyasova. A un pasito, sólo un pasito, el éxtasis. Y no por haber conquistado ya el campeonato en catorce ocasiones previas, sabrá peor o menos emocionante. Porque la gloria pasada es la riqueza de su club, pero la gloria presente es la riqueza individual, aquella que ni el tiempo ni la historia podrán olvidar. Desde el propio entrenador hasta Andersen, la última estrella europea vestida de blaugrana, aún no se han estrenado en estas lides con el Regal Barça. La ocasión es tentadora.

Foto: ACBComo tentador es sentenciar la final y celebrar el título en casa, ante los suyos. Sorprende el hecho de que el triunfo más ansiado en la historia barcelonista, la Euroliga de 2003, se celebrara en el Palau, una cancha tan talismán como huérfana de trofeos in situ de su equipo. De hecho, el club de la Ciudad Condal sólo ha ganado dos ligas sintiendo el calor de los suyos. En la edición del 95, esa en la que Ansley tuvo en sus manos consumar la mayor sorpresa hasta el momento de la ACB, los culés remontaron y pudieron rematar en casa. Hasta el año 2004, con Navarro y Grimau en la plantilla, no volvieron a sentir ese aliento del Palau a la hora de levantar el título. Un lustro después, repetir esas sensaciones está sólo a cuarenta minutos de distancia.

Ese mismo objetivo persigue el TAU, que, horas antes del cuarto asalto de la Final ACB, sólo tiene una cosa segura. Si se proclama campeón, lo hará en el Buesa Arena. No queda otra. Todas esas sensaciones que busca su rival, todos esos sueños que anhela su adversario de esta noche son compartidas por el cuadro baskonista, sólo que la gloria vitoriana queda algo más lejos que la barcelonista en este momento. Dos pasos, dos, y uno de ellos sufriendo la presión de jugar como visitante en una cancha  que se enciende en días tan señalados como este.

Mas el TAU ha superado situaciones adversas previamente y jugará totalmente convencido de sus posibilidades. Hoy no haría falta un vídeo para la plantilla baskonista, que sabe perfectamente que el abismo está tan cerca como recuperar de un plumazo todas las esperanzas e ilusiones. El resultado manda. Adiós definitivo o pasaporte para la reválida final. Sin término medio, sin ambigüedades.

Foto: ACBLos jugadores baskonistas, además de por su propia grandeza, lucharán por añadir un componente de épica a un club que se ha acostumbrado a ganar arrasando. Su historia reciente es una prolongación de exhibiciones, de hacer sencillo lo difícil, de conseguir hitos y hazañas con una superioridad insultante. Sus dos ligas conquistadas han sido por un 3-0. ¿Para qué sufrir si se puede ganar con contundencia? En Vitoria-Gasteiz se han acostumbrado a  las cosas bien hechas y por la vía rápida. La primera final que se alcanzó, en 1998, llegó tras un 6-0 de balance entre cuartos y semifinales. En 2001, con el factor cancha en contra en semifinales (Barcelona) y final (Unicaja), el TAU firmó un balance de 1-6 favorable. La final de 2006 llegó precedida de otro 3-0 en la ronda anterior y el año pasado despachó pronto a malacitanos y barcelonistas (2-0 y 3-0 respectivamente) para poder gritar a los cuatro vientos que eran el mejor equipo de España. Incluso un éxito europeo como el de la primera Final Four fue conseguido tras un inolvidable 59-98 en Treviso ante la Benetton.

Esa ley del más fuerte que quiere imponer el TAU, esa sensación de dominio y de invulnerabilidad que ofrece, en pleno estado de trance exitoso, es tal vez la forma más brillante de ganar, de poner en negrita y en mayúsculas su estatus de campeón. Sin embargo, para el recuerdo también persisten las victorias imposibles, las remontadas heroicas. La épica es ese invento que dignifica un tropiezo y perpetúa un triunfo. La épica es aquello a lo que se agarra esta noche el TAU, y el sábado, si la serie llega al quinto, sabiendo que, con todo cuesta arriba, una victoria ahora sabría mejor que nunca.Fuente: El Mundo Deportivo

Esa épica que el histórico TAU ha tocado en tantas ocasiones, aunque con amargo desenlace en los últimos años. Hace seis temporadas, los baskonistas, heridos casi de muerte por la avalancha de lesiones, rozaron la hombrada ante el Unicaja. En el quinto, con más amor propio que fuerzas, los vitorianos acariciaban las semifinales en una victoria que hubiera sido mucho más valorada con el paso de los años. La lesión final de Calderón y la remontada –heroica de igual modo- malagueña pusieron fin al periplo baskonista en aquel Playoff. Más duro aún ha sido lo vivido en el último lustro en semifinales. En 2004, recuperó el factor cancha tras estar contra las cuerdas en Madrid, en un partido heroico sentenciado por Scola 2-1 en contra, aunque el triple de Herreros lo eclipsó todo más tarde. Con un 2-1 en contra, en la misma situación que hoy, el TAU Cerámica también logró vencer en la cancha del Estudiantes (2004) y en la del Barça (2007), para acabar siendo derrotado en el definitivo quinto partido en el Buesa Arena, ante la impotencia de sus aficionados.

El camino ya está marcado. Lo indicaron los Micheaux, Ortega y el propio Querejeta hace 22 años (eliminando al Cajabilbao a domicilio en el partido de la verdad) y lo prolongaron aquellos match ball salvados a la desesperada en 2004 y 2007. En caso de victoria, ya habrá tiempo antes del sábado para hablar de sentenciar de una vez un quinto partido en casa. Pero esos son deberes para mañana. Los de hoy, los más importantes, aferrarse a la épica y engrandecer un poco más la leyenda de este club. ¿Podrá más la gloria que puede alcanzar o la épica que anhela el TAU? El duelo está servido.