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19/06/2009

Foto: ACBSonríe, Juan Carlos. Disfruta, mira a tu alrededor. Eres campeón de liga. Sois campeones de liga. Tu equipo lleva 15 en ACB y tú has vivido un tercio de esas emociones. Ahora la euforia es la misma y la alegría de tus seguidores es similar a la de hace un lustro, sí, pero todo es muy diferente. Porque si en los últimos tres campeonatos tuviste mucho que ver, este título lleva expresamente tu firma. Tu sello. Tu magia.

Coge ese MVP que anhelaste desde siempre y levántalo al viento, convencido de que es algo más que un reconocimiento a una buena serie final. Es tu regreso a Ítaca como rey, tras una odisea llena de obstáculos que supiste sortear. Tú, estrella de los junior de oro y de la cantera del Barça que fuiste eclipsada, de la noche a la mañana, por la desmesurada explosión de tu compañero Pau Gasol. Él, en su despedida, te cedió el trono, y no dudaste en aceptar el reto. Cumpliste tu palabra, asumiendo galones desde muy joven, madurando antes de tiempo en la pista y fuera de ella y siendo uno de los pilares clave del mejor equipo de la década.

Jasikevicius y Bodiroga, otros jugadores maravillosos, te robaron, no por mucha diferencia, el protagonismo en los últimos éxitos de tu club de toda la vida, lo que sirvió para que naciera un cliché, un tópico que a base de repeticiones podían hacerte dudar en tu periplo. Decían que no eras capaz de liderar a un conjunto campeón, de ganar algo importante contigo de líder, de referente. Ahora, un año después de regresar como un héroe a tu casa, puedes sonreír con más motivo. Eres campeón y eres MVP. Puro poema épico. Escribía Homero que “no hay mayor gloria en esta vida para alguien que la de luchar por la obra de sus pies o de sus manos". Tu pies, eléctricos, te ayudaron a despegar. Tus manos, únicas, te convirtieron en quién eres. Con 19 puntos, 9 asistencias, 5 triples y 28 de valoración en el partido más importante de todo el año para ti y los tuyos puedes respirar tranquilo, el trono de Ítaca es tuyo.

Aunque sólo con una estrella no se construye un equipo campeón. Regal FC Barcelona ha vuelto a saborear el trofeo cinco años después. La sequía pesa mas el disfrute compensa. El conjunto barcelonista vengó su derrota del pasado año con las mismas armas que su rival, recuperando el factor cancha y sentenciando en casa, ante la locura colectiva de un Palau que fue el de las grandes ocasiones. Para llegar hasta aquí, mucho ha habido que recorrer por el camino. Aquella lucha encarnizada en liga regular por alcanzar al TAU, o la importantísima victoria en la prórroga ante Unicaja, que certificó un segundo puesto que le permitió jugarse el pase a la final en casa. Esa última posesión del Pamesa que pudo poner la serie muy complicada, las dudas de Ndong en los últimos segundos del choque de desempate. El triple de Basile, cómo no, al baúl de encestes lejanos históricos, los minutos de magia de Ilyasova en el tercer partido o la exhibición, pocas veces vista, de hasta cuatro jugadores a la vez. Y es que no es común ver a tal número de integrantes de un mismo equipo superar la veintena de valoración en un mismo partido.

Foto: ACBLo de Basile fue descomunal. 34 años tiene la criatura. Su defensa es de las más efectivas –y las más vistosas, de paso- que se pueden contemplar en el viejo continente. Hablamos de un jugador capaz de abandonar el rol de estrella indiscutible en Bolonia –MVP antes de firmar por el Barça- para acabar, en los tiempos recientes, asumiendo su labor de secar al Bullock de turno en el equipo rival y actuar de microondas en ataque cuando fuera necesario. En esta eliminatoria urgía dosis de Basile y Gianluca no se reservó nada. Los 21 de valoración se quedan en nada en comparación con el momento en que llegaron sus puntos. 15 de sus 17, en la segunda mitad, con el encuentro al rojo vivo. Aquel mate en contraataque en el último periodo, esos triples ignorantes para minar la moral baskonista. Un trocito de este MVP de Navarro siempre irá con él.

Como también podría haberlo ganado David Andersen. Que él aparece en los momentos decisivos es una sentencia tan cierta como la de que el hielo está frío o el agua moja. Su Final Four fue un aviso. No se cansa de ganar títulos y menos aún de ser parte activa en ellos. Su primeros diez minutos son para grabarlos en vídeo y en veinte, treinta o cuarenta años, reproducirlos a ver si, por mucho que haya evolucionado el baloncesto, alguien te puede trasmitir tanto como él. Siete puntos, tres rebotes (¡los tres en ataque, y en la misma jugada!, dos asistencias, un tapón, un mate, tres faltas recibidas, 14 de valoración. 21 fueron al final, con otro par de canastas claves y una actitud ejemplar en la pista. Descomunal su actuación. Héroe en la sombra en ocasiones, verdugo sin máscara en otras, la picadura de David ofrece una muerte dulce, casi imposible de evitar.

 

 

Foto: ACB

 

 

¿Y Fran? A un lado, que aterriza. Vázquez no necesitó oír el bocinazo final para alcanzar el cielo. Ya lo hizo previamente con sus infinitos saltos, para matar hasta cinco veces el balón, para eclipsar el aro a sus rivales hasta en tres ocasiones con brillantes tapones, para firmar 24 de valoración y un impoluto 7/7 en el tiro en el marco más idílico para lograrlo. Él, como el constante Grimau, el sólido Sada, el explosivo Ilyasova, el letal Lakovic, el necesario Santiago o los pacientes Barrett y Trias, dormirán esta noche con la sonrisa del campeón.

Un título que recompensa el trabajo bien hecho desde la parcela técnica y deportiva, que premia a Pascual y a los que apostaron por él. Un premio que sacia la sed de un desierto convertido ahora en oasis y que hace llorar a un dignísimo TAU que no pensó en la tregua en ningún instante.

“TAU, la historia te mira”, escribíamos en ACB.COM hace unos meses. Efectivamente, la historia ha estado pendiente de un equipo que tuvo en su mano conseguir el primer triplete ACB, que pudo revalidar su título, que encandiló durante muchas fases del campeonato y que batió numerosos registros en la fase regular. Pero la historia, cruel en ocasiones, también guarda un lugar para los que caen con honor, los que venden cara su derrota.

 

Foto: ACB
 

 

El tiempo, capaz de olvidar lo inolvidable y convertir en mito lo real, se encargará en unos años de definir a esta final como la de Navarro, la de Basile o la del propio Andersen. Mas ahondará en el caído, porque su grandeza es precisamente la causa del mérito barcelonista. Splitter y Rakocevic sempiternos; Prigioni, la fe; Vidal, el orgullo, San Emeterio, la raza. Y así hasta el infinito para definir la magnitud de un cuadro que puede estar orgulloso de su temporada, más allá de las reflexiones en caliente tras una derrota así.

 

257 días después de que se abriera el telón de la ACB 2008-09, el conffeti blaugrana y las lágrimas de emoción barcelonistas echaban el cierre a la temporada. 294 partidos para coronar al rey, un viaje largo e intenso repleto de momentos dulces y, por qué no decirlo, algún que otro sinsabor. Adiós a la temporada del regreso de Navarro, a la campaña de las cuatro prórrogas en Manresa o a la de los vuelos sin motor de Vázquez. Con el paso de los años, los triples ignorantes, las bombas o los mates sin piedad sólo tendrán un nombre, una definición posible, un estado, un sueño común. Los siete pasos dados en esa odisea particular hacia lo más alto se resumirán con un sólo titular: Regal Barça, rey en 2009.