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13/06/2009

Foto: ACBIgor Rakocevic en la línea de tiros libres. Bota, bota. Mira a canasta y suelta el balón. Fallo. El encuentro marcha favorable a su equipo (60-55) a falta de cinco minutos para el final pero cada balón quema más que el anterior y, en el fuego cruzado de los detalles, el que mantenga la calma vencerá la guerra. En el recuerdo, aquel tiro libre final del primer partido, que no quiso entrar cuando su equipo más lo necesitaba.

Los fantasmas volvían al lugar del crimen. Él, que tantas veces ha liderado al TAU, que ha luchado tanto para deshacerse de esa etiqueta de “gafe” en los momentos clave. Parecía injusto quedarse con ese error desde la personal de su gran encuentro del jueves. Más en alguien que había liderado al TAU en ataque en cinco de los seis partidos disputados. Para disipar dudas, el siguiente tiro libre tenía que entrar. Era una obligación. ‘Rako’ repitió el ritual y… el resultado fue idéntico. “No, no puede ser”, se diría para sí mismo el balcánico cuando el aro escupió la bola. Dos tiros libres fallados en el momento de la verdad. ¿Bucle o pesadilla? Ambas. Sin tiempo para el lamento, el propio Igor estuvo más listo que ninguno para atrapar el rebote ofensivo y volver a probar fortuna, mas su lanzamiento tampoco encontró la red.


Tras segundos de anarquía, con el balón riéndose de los jugadores sin pertenecer ni a uno ni a otro, Teletovic capturó el rebote en ataque y el balón volvió a manos de Rakocevic. ¿Para qué pensar en los tres errores vividos en unos segundos? ¿De qué servía lamentar lo que ya no se podía cambiar? En el baloncesto, el recuerdo más profundo se puede borrar con una canasta. Con un simple enceste. El poder del presente. La magia de este deporte. Argumentos de un serbio que se atrevió a volver a lanzar. Esta vez hubo recompensa.


Navarro respondió pero el serbio ya había purgado cualquier pecado previo. Vía libre para el cielo, aquel que creyó tocar con un triple que hacía estallar al Buesa Arena. El mismo cielo que alcanzó, ya en toda su plenitud, con su segundo triple seguido, sinónimo de ocho puntos consecutivos con su firma en un minuto. Acababa de romper el partido y lo sabía, levantando los brazos en señal de victoria a la hora de irse el banquillo. ¿Se acordaba ya alguien de sus errores desde la personal?

 

Foto ACB
 

 

El partido tenía color baskonista, porque el pintor Rako había trabajado duro con la brocha para ello. Sin embargo, el cuadro barcelonista no se rendía. El 0-2 era una tentación demasiado grande como para arrojar la toalla. Lakovic se echó a los suyos a la espalda y tiró de fe para meter el miedo en el cuerpo a su rival. Un triple suyo ponía el encuentro en un apretado 68-62 y el final se presentaba incierto. En aquel momento apareció Pete Mickeal, criticado por su rendimiento en este Playoff y por su gris actuación en el primer choque de la Final ACB. El norteamericano, doctorado en los momentos cumbre de la temporada, faltó a su cita y los plantones nunca gustan. Redimiéndose a su manera, anotó un “2+1” esencial que volvía a cortar las esperanzas barcelonistas a falta de dos minutos para el final.


Foto: ACBAntes había sido clave para evitar el despegue de Regal Barça en el tercer periodo –en el que anotó 8 puntos y 12 de valoración- y había convertido en canasta su único intento en el último cuarto. Su partido estaba siendo completísimo y esa canasta más adicional parecía la guinda definitiva al partido, culminando la obra iniciada por Rakocevic. Empero, Regal Barça volvió a apretar, por lo que su figura volvió a sobresalir tras un importantísimo robo a David Andersen en el último minuto y, como fin de fiesta, un mate en contraataque para acabar de sentenciar el partido: 75-67. Con 19 puntos y 26 de valoración (15 y 21 respectivamente tras el descanso), Pete volvía a mostrar su mejor cara.


Nuevo escenario en el TAU Cerámica. Todo el Playoff se ha hablado de la importancia de la pareja Splitter-Rakocevic. No es para menos, claro, ya que ambos son los dos jugadores más valorados en todo el Playoff, la constante referencia baskonista. No obstante, en esta ocasión el brasileño, tocado físicamente, no pudo ofrecer su mejor nivel y se conformó con seis puntos. Urgía una pareja de baile para el incansable Rakocevic, máximo anotador  del TAU en seis de los siete encuentros del Playoff.


Era el turno de Pete. Pilares básicos del cuadro vitoriano, cuando ambos unen fuerzas los partidos suelen decantarse para el TAU. Ecuación de primer grado. El año pasado no hubo muchos partidos en los que ambos alcanzaran la quincena de puntos, sólo cuatro. Aunque claro, uno el que sirvió para arrebatarle al Partizan el billete a la Final Four, el otro vital para eliminar a Pamesa en Playoff y uno más en el Palau para poner el 0-2 a la Final ACB y encarrilar el título.

 

 

Foto: ACB
 

 


En esta temporada, la otra pareja de oro ha funcionado hasta en trece ocasiones. Algunas derivaron en exhibiciones baskonistas (Pamesa, DKV, MMT Estudiantes…), otras veces sirvieron para ganar compromisos muy complicados (Unicaja, Kalise Gran Canaria, Granada), e incluso la mágica conexión resultó fundamental para levantar la Copa, con una brillante actuación de ambos ante el Unicaja.


Vuela la serie a la Ciudad Condal y las cosas no pueden estar más igualadas. Enfrente hay un equipo en el que cualquiera puede decantar un partido, mas el TAU ha demostrado que a ellos tampoco le faltan alternativas. Tiago no pudo seguir el ritmo de Rakocevic pero Pete se ofreció a ser su pareja. Y no hay celos que valgan en una pareja en la que caben tres. O más, si hace falta. Tal vez por ello el sueño esté sólo a un par de partidos. Quizá, porque su rival también presenta tales argumentos, el título se encuentre a la misma distancia. Dos pasos para la gloria…