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10/06/2009

Foto: La Vanguardia23 de noviembre de 1997. Reaparecía Roberto Dueñas tras una larga lesión que le había impedido jugar en primeras doce jornadas de liga pero, por sorpresa, alguien le robó el protagonismo en el encuentro ante el Covirán Granada. Rafa Jofresa no estaba disponible para el partido y Montes aprovechó para hacer debutar a un menudo jugador llamado a protagonizar una nueva era en el Palau. Su nombre, Juan Carlos Navarro. El desparpajo, el descaro y el talento, su carta de presentación.

"Conocido en el club club como "La Bomba", por la explosividad de su juego. Con sus atrevidas acciones se puso el público en el bolsillo. Físicamente parece muy endeble pero es una impresión engañosa. Ganas de hacer cosas distintas, es valiente y tiene calidad. Le gusta jugársela y, a menudo, resulta imprevisible. Ayer demostró que sus entradas a canasta pueden hacer daño incluso en la élite. (...) No hace mucho, en un entrentamiento cuando Djordjevic estaba físicamente tocado, a "La Bomba" hubo que decirle que pusiera el freno, porque quería pasar por encima del yugoslavo. A veces, dicen, pierde un poco el mundo de vista. Pero a sus 17 años le queda mucho tiempo para corregir ese defecto..."

Las palabras de Juan Antonio Casanova en La Vanguardia al día siguiente de su debut en la ACB olían a premonición. La confirmación no tardaría llegar.

Doce años después, Juan Carlos Navarro vive la etapa de mayor madurez de su trayectoria. Atrás quedan Lisboa 99, los primeros pasos en la liga, los éxitos con cluby selección, su experiencia NBA. Con cuatro ligas, es el jugador más laureado de toda la competición. Los que le siguen (Hervelle, Reyes, Bullock y Vidal) "sólo" tienen dos, por lo que únicamente Sergi podría acercarse a su palmarés, en caso de victoria baskonista.

Con tantos títulos en su currículum, Navarro tiene ante sí esta temporada la opción de conquistar el trofeo con él como referente. Su primer éxito en la ACB lo logró hace exactamente una década. Meses antes del Mundial Junior, su juventud y la calidad de la plantilla barcelonista (Djdorjevic, Rentzias, Dueñas, Gurovic, Nacho Rodríguez, el MVP de esas finales Alston...) impedían que Juan Carlos pudiera disfrutar de numerosos minutos en la pista. De hecho, en su primera liga ganada sólo pudo jugar 20 minutos en todo el Playoff, sin llegar a pisar la cancha en la final.

Esa razón explica que el título de 2001 fuera especialmente celebrado por el joven jugador. La Bomba ya no era el canterano al que le regalaban minutos para observar su progresión. No. El escolta se los ganaba a pulso, haciéndose hueco en otro banquillo de quilates a base de buenos partidos. Tras arrancar a lo grande la campaña, bajó un poco el pistón al final de la misma, aunque, en la final ante el Real Madrid, resevra su mejor actuación para el choque clave que le dio a la liga a su equipo. 12 puntos en 24 minutos y la primera liga de Navarro como uno de los pilares del equipo, aunque la explosión de Pau Gasol le restó protagonismo a su buen papel.

 

Foto: Euroleague
 

 


Dos años más tarde, completó una de las mejores temporadas de su vida en el inolvidable Barcelona del triplete. A un lado, Jasikevicius. A otro, Bodiroga. Y merodeando, jugadores de la talla de Fucka dispuestos a asumir el rol de líder cuando hiciera falta. Pero el escolta no se amilanó, siendo uno de las estrellas de esa acumulación de estrellas. El título llegó por la vía rápida tras un 3-0 al Pamesa y él rozó, con 13 puntos de promedio en la final, un MVP que acabó en las manos de Jasikevicius. La temporada siguiente, la última liga que ha conquistado el Barça hasta la fecha, Navarro elevó sus números a 14 puntos de media por choque, con una gran regularidad y sangre fría en los momentos clave que, una vez más, no le sirvieron para ser MVP, algo que se llevó Bodiroga.

La eliminación en 2005 en cuartos de final abrió el debate. De la calidad del jugador nadie dudaba. De su estatus de estrella ACB, tampoco. Pero... ¿era capaz de llevar como referente y líder a sus equipos a lo más alto? Él, esquivaba el tema afirmando que las actuaciones personales siempre están en un segundo plano. Aunque avisaba: "Si tengo que rendir más, lo haré".

Foto: Sonia CañadaDusko Ivanovic
, nada más firmar por el club barcelonés, parecía tenerlo claro: "Navarro puede  dar mucho más y ser un jugador muchísimo más importante de lo que había sido hasta ahora". Su reto era coger el testigo del liderazgo, huérfano sin Dejan Bodiroga. El escolta, en su baloncesto más pleno, firmó dos excepcionales campañas. La de 2007 parecía la ocasión ideal para demostrar que, además de un "segundo espada" inmejorable, su equipo también podía reinar con él como estrella indiscutible. Su Playoff fue excelso, instalado perpetuamente en las dobles figuras y una media de 16 puntos por ecuentro. Empero, Navarro falló el día más importante, anotando sólo cinco puntos que no pudieron evitar la victoria madridista, que otorgaba la liga al club de la capital.

Después de estar un año en la NBA con los Grizzlies, Juan Carlos Navarro ha conseguido su primer objetivo en el momento de firmar por el Regal Barça. Su equipo ya está en la final. Y él ha tenido mucho que ver en ello. En este Playoff ya ha sido el máximo anotador del cuadro blaugrana (16,6 puntos por encuentro), el que ha dado más asistencias (3,8), el segundo con más recuperaciones (1,2), el triplista más letal (3,2 por choque con un excelente porcentaje que roza el 46%), el que más tiros libres anota (27/30), más faltas recibe (5,6) y el que más minutos juega (30 de promedio). Con esta lluvia de números y datos, no extraña que también sea el jugador con más valoración de su equipo en la lucha por el título (16,8).

 

Es su momento. Su hora. A mandar a paseo los manidos tópicos, los debates, las críticas y el lustro sin títulos de su equipo. Con el MVP de la Euroliga en el bolsillo, su última asignatura pendiente es la de ser el líder del campeón. Y así poner su nombre junto a los de Gasol, Jasikevicius o Bodiroga, que le eclipsaron en su día. Ya no están. El nivel de sus compañeros es altísimo, tanto como el de sus propios rivales. Pero el escenario ha cambiado en este lustro. Eclipse Navarro. Aquella Bomba imberbe del 97 es hoy un poderoso arma de guerra capaz de decantar cualquier batalla. Es su momento y el TAU lo sabe. Juan Carlos, aunque prefiere esquivar ese protagonismo, también. Te toca, Navarro.