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Foto: Mountainkingdom.netIsmael Santos. El gallego fue, a comienzos de los 90, unas de las referencias del proyecto madridista, repleto de buenos jugadores. Su calidad no le impidió tener reparos en aceptar una labor más oscura y menos observada por las estadísticas, convirtiéndose en uno de los grandes especialistas defensivos en Europa en toda la época y dejando auténticas exhibiciones secando a las estrellas de la época. Él asumió ese rol y lo cumplió a la perfección. Con su equipo conquistó dos Ligas ACB, una Korac, dos Recopas y la soñada Liga Europea, en 1995. Partícipe de muchos de esos éxitos, creciéndose en los momentos de la verdad y llegando al combinado nacional absoluto a base de méritos contraidos. Valiente, el capitán blanco aceptó la oferta de la Benetton y marchó a Treviso, donde estuvo dos temporadas hasta anunciar su retirada visitiendo la elástica Cimberio Novara, previo paso por la HEBA griega.


Ha sido uno de los jugadores cuyo paradero ha despertado más expectación en estos años, primero porque no era lo habitual que un español se retirara allende los Pirineos y segundo porque, tras colgar las botas, parecía haber roto drásticamente con su vida anterior. No es del todo cierto, ya que estuvo trabajando durante un año y medio como ojeador, aunque Ismael confesó años después, en una interesante entrevista en "El quinto cuarto", que no se sintió cómodo y acabó alejándose de este deporte. Ahora, la pasión que le trasmitió su esposa Kay Rush -la presentadora del antiguo espacio televisivo Nosolomúsica- no se vive en un parqué sino en una montaña. O en muchas. Y es que Santos es un enamorado del alpinismo. Tanto, que lo ha convertido en su modo de vida, dedicándose a la escalada y al montañismo. Sigue formándose en su nueva profesión, ejerce de responsable de marketing y acompañamiento a los grupos en una empresa del sector y su currículum empieza a ser extenso. Ha subido 32 picos de más de 4.000 metros en los Alpes, ha coronado el Cho Oyu (8201 m) en el Tibet y ha participado en expediciones en Nepal, India, Perú, Canadá, Islandia, Groenlandia y Perú. "Creo que en la vida hay que perseguir los sueños y las pasiones y la montaña se ha convertido en mi pasión desde que fui allí la primera vez", comenta en su blog de alpinismo. Y que dure la felicidad de ese histórico del madridismo.

 Foto: Sean Middleton/News.com.au

Conner Henry. Excelso tirador que brilló con el Pamesa Valencia y continuó mostrando su magia en la ACB en el Festina Andorra. El mítico técnico Bill Fitch decía de él que aunque hubiera vivido en una playa durante su época universitaria, no se hubiera puesto moreno. Se ganó a duras penas un contrato de diez días con los Celtics de Bird y, en su debut, marcó cuatro triples en tiempo récord que puso patas arriba el Boston Garden, naciendo la efímera pero no por ello menor "leyenda de Conner Henry". Por aclamación popular extendió su contrato y tuvo una extensa trayectoria por la NBA y Europa antes de llegar a Valencia, con 29 años. Allí demostró que era un cañonero, llegando a poseer el récord de triples en un partido (8) y dejando un grato recuerdo, sólo algo eclipsado por sus lesiones. En Andorra volvió a ser un anotador letal, llegando a Playoff y endosandole 25 puntos por partido al Barça. Desafortunadamente, Conner se despidió de Andorra, del Playoff y de la propia ACB con el peor partido de su carrera, con un -10 de valoración ante Huesca.


El jugador aún tuvo fuelle para jugar tres años más, dos en Grecia antes de retirarse del baloncesto en Verona. Cuando colgó las botas, quiso alejarse del basket y trabajó para una consultora de negocios. Después, trabajó en una agencia de empleo, enfocada a buscar trabajo a los universitarios. En esa etapa, volvió al baloncesto para ser asistente en Claremont McKenna College durante cinco años aunque su decisión más arriesgada fue centrarse en el baloncesto para volar muy lejos, a Australia, acompañando a su amigo Scott Fisher. Sería técnico ayudante de los Wildcats de Perth. Después de dos temporadas allí, el club apostó por él y le dio la alternativa, él sería el entrenador de un equipo importante en aquella competición. "Conoce nuestra cultura, es un gran conocedor del basket y los jugadores le respetan", decía el presidente. El mismo que le ha destituido un año después, hace escasamente dos meses, por los malos resultados del equipo. Fin de un proyecto y comienzo de otro, seguramente con el baloncesto de protagonista.

 

Foto: aaunews.orgDavid Wood. Su debut en la NBA con Chicago llamó la atención del Barça, que le contrató en 1989, ganando la liga al Joventut con el equipo culé. Tras una temporada completa en los Rockets, regresó a la ACB de la mano del TAU, donde ofreció un rendimiento constante y unos buenos números. Seis equipos más de la NBA contaron con sus servicios en los años posteriores hasta que firmó, en la 97-98 por el Unicaja, donde fue uno de los referentes a pesar de su condición de temporero. La CBA y el Limoges francés serían sus últimas experiencias antes del final de su carrera en ACB, primero jugando en Murcia y Gran Canaria, para acabar retirándose en Fuenlabrada, donde dejó muchísimos amigos y buenos momentos, como en el resto de las ciudades por donde pasó.


¿Qué hace el bueno de David más de un lustro después de dejar el baloncesto? Vivir una plácida vida en Reno con su mujer y sus cinco hijos, sin dar de lado al deporte que le hizo ser grande. Su nombre saltó a los medios tras vender una mansión con más de un siglo de historia por una auténtica millonada, consiguió un buen puesto en una multinacional de inversiones y mata el gusanillo con su nuevo negocio: da clases particulares de baloncesto. Como el profesor que enseña inglés o el que insiste con las matemáticas a los alumnos más rezagados. Wood, en cambio, ofrece clases intensivas de baloncesto a jóvenes que tengan entre 6 y 22 años. El jugador tiene una agenda apretada y hay que pedir cita para charlas, conferencias o las propias lecciones de basket, al módico precio de 25 dólares cada una. Se define como un especialista en el aprendizaje del tiro y del pick&roll y se afana por hacer progresar a sus clientes. A sus chicos les cuenta, antes de empezar, la anécdota de las burlas que recibía cuando él quería ser jugador de la NBA en su infancia. Y les transmite la experiencia y el amor al basket que tiene tras toda una vida dedicada a esto, con muchos lugares nuevos que le han abierto la mente y le permiten aconsejar a los valores del futuro desde una perspectiva muy especial. 

 

Fuente: Sacbee.comHarold Pressley. Llegó a la ACB con un gran cartel, tras ser campeón en la NCAA y destacar en Sacramento, con alguna temporada notable y un lanzamiento exterior muy fiable. En el Montigalà Joventut convenció desde el principio, siendo un pilar básico en el inolvidable Playoff '91, con 18 puntos de media en la final ganada al Barça. Si bien jugó a un gran nivel en el bienio siguiente, dos inoportunas lesiones le apartaron de la lucha por el título, diciendo adiós a la ACB -tras pasar por el Pau Orthez- defendiendo los colores del Elosúa León, donde otra lesión volvió a apartarle de las canchas antes del final de liga, momento en el que decidió abandonar la práctica del baloncesto.


No han sido pocos los proyectos del ex jugador desde entonces. El más personal de ellos y el que más le llena, el de la ONG "Treat 'em Like a King" (TLK), una organización benéfica que se centra en dar comida, alimento y cuidado a los niños necesitados en California. Harold montó TLK con sus ahorros y los de su esposa Laura y, desde entonces, ha encontrado acogida y hogar para 42. Harold ocupó un cargo en una empresa financiera, que tenía a su vez un espacio deportivo en la radio donde Pressley colaboraba, compatabilizandolo con sus labores de analista en otra radio californiana. Montó una empresa de coches y en 2007, fue nombrado Director del Desarrollo de jugadores en los Sacramento Kings. Sin embargo, pasó una mala racha a continuación, en el plano económico y en el de salud, siendo operado en septiembre de 2008 y pasando mucho tiempo en la cama con mucho dolor. Pero las cosas han mejorado y ahora el viento sopla a favor, llevando los concesionarios de coches Pressleymotors -donde destina una parte de cada venta a la fundación para labores benéficas- y recordando con cariño su paso por España y, especialmente, por Badalona.

 

Foto: Spc.eduJohn Morton. Después de liderar a Seton Hall al primer título de NCAA en su historia y pasar por los Cavaliers, el jugador debutó en la 93-94 en la ACB. Tuvo una corta experiencia en Badalona y jugó un año entero en Huesca, donde fue un elemento clave para la salvación, con 35 puntos en el último y decisivo encuentro. Aunque su verdadera explosión se produjo en Gran Canaria, protagonizando unos años inolvidables en la isla, llenas de puntos, de canastas de todos los colores posibles y un talento anotador pocas veces visto en ACB. Penetraciones imposibles, triples lejanos, encestes ganadores. En 107 de sus 110 partidos vistiendo la camiseta amarilla superó la decena de puntos, fue el máximo artillero de la liga en el 96 y el 97, estableció topes imposibles de alcanzar en el conjunto insular. Tras tres campañas redondas allí, fue contratado por el Granada, donde, sin llegar al nivel de acierto de antaño, también encandiló con su magia en ataque.

Aún pudo despedirse John de su antigua afición en la 2001-02, con un sabor agridulce, aunque esos siete partidos desacertados de Morton no eclipsan en absoluto lo transmitido años atrás.  Tras su retirada del baloncesto, Morton se fue a su antigua universidad, colaborando en labores técnicas y administrativas en el equipo de baloncesto. Su brillante labor le sirvió para tener una oportunidad en St.Peters College, donde ha cumplido su tercera temporada. Vive en New Jersey con su mujer, hija y dos gemelos aún muy pequeños. Su pasado como jugador ha tenido un gran impacto en los jugadores, trasmitiendoles credibilidad y confianza y dandoles consejos sin olvidar su pasado en la pista. Morton no renuncia a su aspiración de ser entrenador principal, recibe homenajes cada poco tiempo -el último, entrar en el Hall of Fame de New Jersey para la prensa local-, le recuerdan constantemente el éxito logrado hace 20 años con Seton Hall y se muestra muy orgulloso de su pasado en Gran Canaria y en la ACB: "En un All Star me presentaron como el Jordan de España, ¿puede un chico del Bronx pedir algo más?"

 

Foto: Elcolombiano.comAlvaro Teherán. Viene a ser a Colombia lo que Fernando Martín a España. Aunque con una diferencia, él nunca pisó de manera oficial un parqué en la NBA. El gigante colombiano destacó desde pequeño y llamó la atención en Estados Unidos, donde recibió la llamada de la universidad Houston Baptist. Sus números fueron a más -acabó su periplo universitario con 14,3 puntos y 8,4 rebotes de media- y se ganó una plaza en el draft de la NBA (elegido por Philadelphia, donde nunca llegó a jugar), lo que paralizó a su país. Ese mismo verano, su nombre sonó en España, especulandose su contratación por Pamesa y Real Madrid, aunque fue el Caja de Ronda el que más apostó por su fichaje. El rendimiento del pívot fue enormemente irregular, alternando grandes partidos (superando la veintena en valoración y disputando el partido de las estrellas en la ACB) con choques en los que no aparecía, desesperando por su actitud y sus manos blandas al cuadro cajista, que decidió prescindir de él en el ecuador de la liga.

Se marchó de la capital de la Costa del Sol afirmando que los Lakers, aquellos de Magic, le habían hecho una oferta. Se iba a la NBA dispuesto a triunfar pero el sueño duró poco. Finalmente ni Philadelphia ni los Ángeles, sino CBA. Y después una larga carrera que le llevó a pasar por Puerto Rico y Eslovenia antes de quedarse en Colombia, donde ha jugado en media liga y se ha convertido en toda una institución. ¿Y qué hace Álvaro ahora? ¿Cuántos años lleva retirado? No vayamos tan rápido. Teherán desde sus inicios era un jugador peculiar y hasta el final de su carrera lo será. Y hablamos en futuro porque aún no se ha retirado. 43 añitos gasta el amigo. Y aún lucha por la Copa Élite con Copacabana, tras dos décadas entregadas al baloncesto. Más lento y con menos minutos en la pista, pero con la misma ilusión con la que un día aterrizó en Málaga dispuesto a comerse el mundo.

 

 

Fuente: Lincoln AcademFred Roberts. Este mormón llegó a los 33 años a Barcelona con el rol de estrella y el aval de sus 13 temporadas en la mejor liga del mundo. Campeón del mundo junior, pasó por los Nets, los Spurs, los Jazz, los Celtics, los Heat y los Bucks, donde estuvo cinco temporadas con sólidos números. Si hablamos de números, los suyos en la Ciudad Condal no fueron malos (14,8 puntos y 5,8 rebotes) pero dejó una sensación de decepción. Se anunció su fichaje para la campaña 93-94 a bombo y platillo, su arranque fue prometedor -no bajó en los diez primeros partidos de las dobles figuras en puntos y valoración- pero fue de más a menos, dando muestras de agotamiento en semifinales ante el Joventut y desapareciendo en la final ante el Real Madrid, con 2,5 de valoración y un gris 5/17 en el tiro en los últimos dos partidos. Engullido por Sabonis en un triste epílogo de su paso por España.

 

A sus 34, aún le quedaron ganas de jugar en la CBA y volver a ganarse la confianza de la NBA, obteniendo contratos temporales con un rol marginal en los Cavaliers, Lakers y Mavericks en las campañas siguientes. Dallas fue finalmente su última estación, dejando las pistas en la campaña 96-97. Tras coquetear con el mundo de la bolsa, dirigió durante un lustro la American Heritage, una escuela privada de cierto prestigio que se autodenomina defensora de valores como los de moralidad, religión, libertad y patriotismo. Tras esa experiencia, su nuevo proyecto docente tiene lugar en la Lincoln Academy. Roberts buscaba en Utah un colegio para dar clases a los niños y la academia necesitaba un profesor para los chicos de sexto grado. Nació el idilio. Con un estilo de enseñar "divertido y diferente" según sus alumnos en la web del colegio -claro que tampoco lo iban a criticar ahí si fuera malo-, hace estudiar mucho en clase y, fuera de ella, participa con los niños en los juegos y actividades. "Estoy feliz de estar aquí", sentencia Fred, con el mismo aspecto que hace década y media, cuando las clases las daba en el Palau.

 

 

Foto: Tusportshalloffame.comLockhart-Kopicki. Y, para finalizar, ración doble de crack. Darrell Lockhart y Joe Kopicki. Joe Kopicki y Darrell Lockhart. Inseparables en Bilbao, una de las mejores parejas que se han podido ver en España jamás. Baloncesto en estado puro. El primero pasó por los Spurs, y jugó en Italia y Bélgica antes de aterrizar en Bilbao, donde acostumbró a sus seguidores a más de veinte puntos por encuentro. Después jugó en Sevilla -¡es abonado actualmente del Cajasol!-, Girona y Ourense antes de retirarse. El segundo, querido en Denver a pesar de lo poco que jugó allí, dejó huella en Torino tras irse de Bilbao y se despidió de la ACB jugando en el Joventut.


22 años después de que ambos completaran su noche más mágica eliminando al Real Madrid de la Copa del Rey, Lockhart y Kopicki viven un presente muy ligado al baloncesto. Darrell, cuya mujer es sevillana, sigue el baloncesto español desde la lejanía y trabaja ahora de técnico en el Upson-Lee High School de su localidad. Kopicki, cuyos genes se han transmitido en Jessica, atleta destacada, y en Joseph, baloncestista que sueña con jugar algún día en Europa, vive una carrera paralela a la de su amigo Darrell y ve ahora el baloncesto también desde el banquillo, en el Fitzgerald High School, donde entrenó a su hijo. Pasan los años y el baloncesto siguen formando parte de sus vidas. También ellos, a su manera, forman parte del propio baloncesto. Que pregunten en Bilbao...