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1987-88: FC Barcelona 3 – Real Madrid 2

5º partido. Palau Blaugrana

FC Barcelona Regal 92 – Real Madrid 79

 

Fue la primera Final ACB que se decidió en el quinto partido. Los barcelonistas habían ganado sus dos encuentros en Palau y los madridistas hicieron lo propio en el Pabellón de la Comunidad. En el quinto, la gran salida local tuvo respuesta blanca, aunque en el ecuador de la segunda mitad un parcial de 22-3 lo cambió todo.

El Barça, con 29 puntos de Epi y 16 de Trumbo, acabó abusando de un rival que echó de menos a los lesionados Martín y Romay. La sangría barcelonista en la pintura decantó el partido e incluso algunos se quedaron con ganas de algo más que ese 93-79 final. “Cuando íbamos 24 arriba pensé que ganaríamos de 30”, dijo el presidente Núñez. La fiesta fue absoluta.


 

1988-89: FC Barcelona 3 – Real Madrid 2

5º partido. Palau Blaugrana

FC Barcelona 96 – Real Madrid 85

 

Exactamente un año y un día después de su última ACB, el Barça volvió a conquistar la Liga en uno de los quintos partidos más polémicos y tensos. El Real Madrid, con una victoria por un solo punto, forzó el desempate y, en él, pese a los 23 puntos de Biriukov, el triunfo se quedó en casa, en lo que suponía el triplete blaugrana.

 

Jiménez y Norris lideraron a un equipo que tuvo en Waiters a su héroe final. Él decantó el partido. Los madridistas fueron desfilando uno tras uno al banquillo por acumulación de faltas. Eliminados Petrovic, Rogers, Cargol, Biriukov y los hermanos Martín, el conjunto blanco acabó con solo 4 jugadores: Llorente, Rivas, Pérez y Villalobos.

 

 

 

 

 

1991-92: Montigalá Joventut 3 – Real Madrid 2

5º partido. Palau Olímpic de Badalona

Montigalá Joventut 85 – Real Madrid 72

 

Ambos contendientes venían de clasificarse en el quinto partido en semifinales y la serie, en la final, fue también agónica y eterna. Hasta el quinto partido no se resolvió. Fue entonces cuando los badaloneses, con el exmadridista Lolo Sainz en el banquillo badalonés, sentenciaron en la segunda mitad y celebraron la victoria ante un público loco de alegría.

 

Cuando las 12.500 personas aplaudieron a Corny Thompson en el cambio, se supo que el título era de la Penya. La superioridad del propio Corny (20 puntos) y de los Smith (19), Villacampa (18) y Rafa Jofresa (16) fue letal para un conjunto que seguía gafado en el quinto encuentro y que echó de menos al eliminado Romay y al lesionado Antonio Martín.

 

 

1992-93: Real Madrid 3 – Marbella Joventut 2

5º partido. Pabellón de la Comunidad

Real Madrid 78 – Marbella Joventut 69

 

“Cambiaremos la historia”, dijo Lolo Sainz, consciente de que jamás un equipo había remontado un 0-2. Su equipo, tras igualar la serie con 2 victorias en las que arrasó, llegó pletórico a Madrid y rozó hacer historia, mandando por hasta 10 puntos y viniéndose abajo solo tras el descanso. Sin embargo, quien dijo la última palabra fue el Real Madrid de un Clifford Luyk que avisó antes del duelo: “Ganaremos el título ante nuestra afición”.

 

Y lo ganaron, poniendo así fin a 7 años de sequía y, clave para ellos, poniendo fin a la maldición del quinto partido. A la cuarta, fue la vencida. Un triple de Biriukov sobre la bocina, antes del descanso, cambió el rumbo del partido y entre Sabonis (22) y Antúnez (16) hicieron el resto. Se quitaron la espina.

 

 

1994-95: FC Barcelona 3 – Unicaja 2

5º partido. Palau Blaugrana  

FC Barcelona 73 – Unicaja 64

 

 

Fue una de las finales ACB más apoteósicas de la historia. Recordada como aquella del “Triple de Ansley”, ese balón nunca entró y, por ello, hubo quinto partido. El cuadro malacitano, que de cenicienta tenía poco, salió a morder y llegó a mandar por 9 puntos, aunque la entrada de Díez y Andreu cambió el partido.

Al final, el FC Barcelona amarró el quinto partido y el título, con una gran actuación de Middleton (19) y Xavi Fernández (20). La imagen más recordada, aquella de Epi saltando a pista, a falta de medio minuto para el final, a disputar los últimos segundos de su carrera profesional. A falta de 13, recibió falta personal y fue a la línea de tiros libres. El Palau se rindió cuando convirtió los 2 para refrendar la Liga para los suyos y su retirada fue apoteósica.

 

 

1996-97. Real Madrid Teka – FC Barcelona Banca Catalana 2-3
5º partido. Palacio de los Deportes.

Real Madrid Teka 69 – FC Barcelona Banca Catalana 82

 

Nunca una final había dejado como triunfador al equipo con factor campo en contra. Hasta que el FC Barcelona lo rompió en 1997. Con un equipo liderado a la perfección por un mágico Sasha Djordjevic, los azulgranas se impusieron a un Real Madrid que no encontró su mejor nivel en el quinto encuentro. Dejan Bodiroga no pudo rayar al gran nivel de la serie y el triunfo final fue para otro serbio, de apellido Djordjevic.

 

Además, la pareja interior azulgrana se impuso a los 22 puntos de Arlauckas. Los 18 puntos y 8 rebotes de Jerrod Mutaf y, especialmente, el poderío de Roberto Dueñas (13 puntos, 12 rebotes, más dos tapones y cuatro mates), simbolizaron la superioridad del FC Barcelona en la primera ocasión en que celebraba el título en la pista del eterno rival.

 

 

1999-00. FC Barcelona – Real Madrid Teka 2-3

5º partido. Palau Blaugrana.

FC Barcelona 73 – Real Madrid Teka 82

 

Si algo tienen los quintos partidos es la facilidad para asociarlos a un nombre. En la final de las finales, el nombre que capitalice con atención especial el partido será el nombre de la final. Y ese es Sasha Djordjevic.

 

Con Alberto Herreros renqueante por lesión (jugó solo cuatro minutos) y con una salida fulgurante, el FC Barcelona parecía incrementar su favoritismo sobre la marcha. Vencía por siete puntos (64-57) en el minuto 32. Pero entonces el Real Madrid avasalló. Dos triples de Djordjevic y el parcial alcanzaría el 2-13. El conjunto blanco, con Alberto Angulo, Brent Scott y Eric Struelens como máximos anotadores, se acabaría llevando un título que no lograba desde hacía seis años. En una serie bañada por la polémica arbitral, con roce incluido entre Sergio Scariolo y Aíto García Reneses y con una imagen que pasó a la historia. La del ídolo que pasó a ser el más odiado del Palau. Djordjevic, brazos en alto, celebrando el triunfo en la que fue su casa. Nacho Rodríguez, empujándole para sacar al villano de la pista.

 

 

2003-04. FC Barcelona – Adecco Estudiantes 3-2

5º partido. Palau Blaugrana.

FC Barcelona 69 – Adecco Estudiantes 64

 

Tras una temporada complicada y con la sombra de la triple corona del año anterior, el FC Barcelona retenía el título de liga en casa. El Adecco Estudiantes hizo sufrir a los azulgranas, que firmaron un inicio fulgurante, pero que no mantuvieron el listón durante todo el encuentro. Los colegiales, que habían igualado la serie tras llevarse el tercer y el cuarto encuentro en Madrid, empataron el encuentro. Dejan Bodiroga apareció para mantener el partido bajo control y Rodrigo de la Fuente para hacer que el Palau Blaugrana se viniera abajo. Con 37 segundos por jugarse, el alero anotó un triple que colocaba a los suyos 66-60. Un tiro decisivo para un equipo que repetía título tras la dureza de una serie en la que nunca ganó por más de seis puntos (sus derrotas, en cambio, fueron por 10 y 17 tantos).

 

 

2004-05. TAU Cerámica – Real Madrid 2-3

5º partido. Fernando Buesa Arena.

TAU Cerámica 69 – Real Madrid 70

 

Poco importa la globalidad de cinco partidos de una serie si un hombre puede dinamitarla hasta conducirla a la historia. Alberto Herreros convirtió el título del Real Madrid en uno de los más populares del baloncesto español. Esa liga sería, por siempre jamás, la del triple de Herreros.

 

Porque el título no podía estar más de cara para los baskonistas. Con 69-61 a falta de 50 segundos, la celebración contenida parecía la opción más indicada. Pero llegó la debacle del TAU. Triple de Gelabale, canasta fallada de Scola, anota Hamilton, Prigioni pierde el balón, Sonko pone el 69-67, Splitter pierde un inexplicable balón. Y... Los tres puntos. Sus tres únicos puntos. La última canasta en la carrera de una leyenda como Alberto Herreros. Nunca la épica de un quinto partido había sido tan épica.

 

 

 

2011-12. FC Barcelona Regal – Real Madrid 3-2

5º partido. Palau Blaugrana.

FC Barcelona Regal 73 – Real Madrid 69

 

Al FC Barcelona Regal nadie podía enseñarle a ganar. En plena oleada de comentarios acerca del cambio de ciclo y con una final planteada como plebiscitaria entre estilos de juego, el conjunto catalán salió triunfador en un quinto encuentro que puso el broche de oro a una maravillosa serie, que dejó, por juego, igualdad y competitividad, uno de los mejores sabores de boca de los últimos años.

 

El conjunto de Xavi Pascual ahuyentó al Real Madrid con alternativas defensivas que cegaron a los blancos. El extraordinario partido de Fran Vázquez, los 17 puntos de Pete Mickeal y el MVP Orange Erazem Lorbek, resolutivo al final, permitieron que el Barça Regal levantara su segunda liga consecutiva. Un campeón múltiple para una serie histórica.

En la búsqueda de récords, el FC Barcelona Regal ya ha ganado. Nadie en la era ACB había alcanzado antes siete finales consecutivas. Si levantase este título, estaría ante su tercera Liga Endesa consecutiva, más cercano a la dinastía que al sencillo triunfo.

 

 

 

En la búsqueda de la admiración por la velocidad y lo aéreo, el Real Madrid ya ha ganado. El liderato de la liga regular, el 5-0 con el que alcanza las semifinales y la belleza de su juego le han valido elogios por doquier. Pero, a ese nivel, la legitimación entiende más de títulos que de estética. Sin títulos, el “pero” siempre será más grande. Y, más allá de la Supercopa Endesa, el Real Madrid no ha podido conseguir ninguno esta temporada.

 

El dolor del “casi” podría conducir al olvido si una copa no se entromete en el camino. Porque, si la Historia solo recoge los nombres de los campeones, más frustrante resulta todavía si al subcampeón le acompaña la admiración por su juego.

 

Hablando de Historia, si a alguien ha tratado bien en los últimos años, ha sido a un Barça Regal al que ha hecho pasar al ideario colectivo, ante todo, como equipo ganador. Han pasado las temporadas y los jugadores y, en este último lustro, el FC Barcelona siempre ha levantado títulos. Los catalanes buscan implantar la tiranía. Algo tan sencillo como que, con el paso de los años, la gente no dude al señalar el nombre del campeón de inicios de la década de los 10.

 

Al fin y al cabo, el equipo ya es campeón. A las dos últimas ligas se suma la Copa del Rey de esta temporada, que ya luce en las vitrinas. Ganada superando condiciones adversas y con un partido mítico frente al Real Madrid en cuartos de final.

 

 

 

Si hay algo que el Barça Regal no necesita, es reivindicarse como ganador. Son de tan diverso calado las adversidades que el equipo ya ha superado para alzarse con los títulos logrados en la era Xavi Pascual, que, ahora, podría moverse incluso solo con la energía del deseo por contradecir algunas opiniones más.

 

Y, Xavi Pascual, por escribir su nombre junto al de Aíto García Reneses y Lolo Sainz como los únicos entrenadores que han logrado tres títulos consecutivos en ACB.

 

Pablo Laso, que, como Pascual, también cuenta sus años al frente del equipo por Playoff Final alcanzados, está a la espera de la guinda. La que consolide el giro copernicano. La que demuestre que no solo en las defensas están los campeonatos. Que el máximo anotador de la competición también se puede llevar el título. Que la estética no se contrapone al éxito.

 

Y, además, lo hace aspirando a la perfección. Un inmaculado 8-0 que le concedería especial valor. Aunque el 3-0 se antoja especialmente complicado cuando los duelos frente al Barça Regal han venido marcados por la igualdad a lo largo de esta temporada. El Real Madrid cuenta con ventaja de campo y con un balance global de 3-2 en esta campaña (triunfos blancos en Final Four, Supercopa Endesa y vuelta de la liga regular y azulgranas en la Copa del Rey e ida de la liga regular). Un balance suficientemente igualado y en condiciones tan dispares como para que la lucha por la dinastía o el cambio cobre especial interés.

¿Qué se juega cada equipo esta noche? ¿Por qué haría historia cada uno de los 6 equipos que hoy juegan en el caso de ganar y pasar a semifinales?  La respuesta, a continuación

ACB Photo / J. Izarra


Laboral Kutxa –
Entrar en semifinales para el cuadro baskonista significaría completar una década fantástica entre los 4 primeros de la Liga Endesa. Desde la temporada 2002-03, cuando el TAU Cerámica cayó en una agónica serie de cuartos de final contra Unicaja por 3-2, los vitorianos no han vuelto a quedarse fuera en semifinales. Nadie ha jugado mejor los cuartos de final en los últimos años. De hecho, el balance hasta esta temporada era de 20 victorias y solo 3 derrotas y, si gana, seguirá siendo el que lleva alcanzando, como mínimo las semifinales, desde hace más años. En caso contrario, el Barça Regal –que no falta desde la 2005/06- puede quitarle el récord.

 



ACB Photo/A.Caparrós

 

 

FC Barcelona Regal – Ya que el Uxue Bilbao Basket le manchó a Xavi Pascual su inmaculada trayectoria en cuartos de final, con un 11-0 hasta el pasado domingo, al menos el técnico barcelonista puede mantener el récord de participaciones en cuartos saldadas con victorias. Desde su debut, en caso de ganar, sería un 6 de 6. Eso sí, la verdadera Historia, con mayúscula, esperaría en rondas futuras, ya que el Barça Regal tiene en su mano la opción de conquistar la Liga Endesa por tercera temporada consecutiva, algo que no se veía desde el propio Barça entre 1995 y 1997.

ACB Photo / M. A. Polo

 

 

Valencia Basket Club – Parece una anécdota pero resulta más que una curiosidad. Si el Valencia Basket entra este martes en semifinales, hará historia por lograr dos presencias entre los cuatro mejores de la Liga Endesa de forma consecutiva.  Supondría la tercera clasificación histórica para semifinales del cuadro de Perasovic, un conjunto habituado a codearse con la élite de la competición y que podría empezar a sentirse uno de los cuatro mejores si se acostumbra a esa ronda.



ACB Photo / E. Casas

 

 

CAI Zaragoza – Simple y llanamente, se convertiría en el mejor debutante en la historia del Playoff. Y es que jamás un equipo que ha jugado el Playoff de la Liga Endesa por primera vez, como es el caso de un CAI que pese al nombre es un equipo diferente a aquel mítico de Zaragoza, ha acabado pasando de ronda. Ninguno ha llegado a semifinales y los de Abós, que hace 10 días superaron su tope histórico y su mayor diferencia, a los pocos días firmaban registros negativos y el domingo volvían a protagonizar un buen número de récords, se encuentran a un paso de hacer historia. Pero de la de verdad.



ACB Photo / A. Caparrós

 

 

Uxue Bilbao Basket – Técnicamente, acabaron con una maldición el pasado domingo, venciendo al FC Barcelona Regal por un punto. En sus anteriores 6 compromisos en Playoff, el cuadro barcelonista había vencido, incluido el histórico 3-0 en la final de hace un par de años. Ganar les haría vengarse de su mayor verdugo en estas rondas y clasificarse para unas semifinales por segunda vez en su historia. Es más, se presentarían en semifinales en idéntica situación a 2011. Partiendo como sextos, cargándose con factor cancha en contra el tercero en la regular… y sin nada que perder. El precedente no podría animarles más. Acabaron en la final.

 

ACB Photo / M. Henríquez
 

 

Herbalife Gran Canaria – Como contra Joventut en 2007. Como frente al Unicaja en 2009. El cuadro amarillo está a un paso de derribar una barrera histórica. Una maldición, un gafe, un escollo insuperable. Hasta esta temporada, eran 16 presencias en cuartos de final… y 16 derrotas, 9 en Playoff de la Liga Endesa y 7 en fases finales de la Copa del Rey. En febrero, en Vitoria-Gasteiz, los de Pedro Martínez lograron quitarse esa presión para siempre de encima tras ganar en cuartos al Uxue BB y colarse entre los 4 mejores. Ahora, el objetivo, es hacer lo mismo en Liga Endesa para que nunca más se vuelva a recordar los precedentes en cada presencia canaria en la lucha por el título.

Algunos más, algunos menos. Cada cual con sus circunstancias, su historia o sus necesidades, pero la llamada es común. Este martes la historia les espera.

 “Sentir la camiseta”, “dejarse el alma en la cancha” o “jugar con sangre, sudor y lágrimas” son tópicos del deporte, hipérboles que buscan la conexión total entre el protagonista y el aficionado, capítulos de heroicidad espontáneos que humanizan a las estrellas… para transformarlas en leyendas.


El domingo, dos jugadores llamaron con fuerza a ese club de la épica alcanzada por aquellos que dieron más de lo que tenían, solo por un equipo, por unos colores y por una victoria. Kostas y Ryan, Ryan y Kostas, caminos cruzados para un destino común.

 

ACB Photo/Arrizabalaga

 

 

El 14 de abril empezó la pesadilla para Kostas Vasileiadis. Ese día, su Uxue Bilbao Basket luchó por conquistar la Eurocup pero él, pese a sus 16 puntos, no pudo volver con una sonrisa de Charleroi. Incluso, un par de tiros libres suyos fallados justo antes del descanso era señalado por parte de Katsikaris como ejemplo de la mala suerte vivida durante toda la final.


“Es un momento difícil para nosotros pero esto no nos debe parar. Tenemos que pasar página y que seguir adelante”, afirmaba, ignorando que otro fallo en un tiro libre 7 días más tarde, con un 102-101 adverso en el marcador a falta de 3 segundos, supondría la derrota contra el Canarias pese a sus 21 puntos.


Parecía una mala racha, pero al fin y al cabo todo quedaba en clave deportiva, donde un tiro libre errado, o tres, debían ser pura anécdota al lado de su trayectoria o su misma temporada. Sin embargo, una lesión se cruzó por su camino.  Un hematoma óseo le dejó sin jugar contra el CAI Zaragoza y, a los tres días, solo pudo jugar 9 minutos testimoniales (0 puntos, 0 de valoración) frente al Laboral Kutxa. Habría que parar del todo.


Kostas no viajó a Sevilla. Kostas tampoco estuvo contra Valencia Basket o Blusens Monbus, viendo impotente como el anhelo de luchar por la cuarta plaza se esfumaba sin que él pudiera hacer nada por evitarlo. Para colmo, se probó antes del primer partido de cuartos contra el Barça Regal pero, al ver Katsikaris que el encuentro se le iba a los suyos, decidió no forzar y reservar al griego para el segundo encuentro.

La derrota por 26 puntos pesaba pero el regreso de Vasileiadis suponía el contrapunto. La esperanza. Y ni siquiera disimuló su decisión. “Sí, voy a estar seguro en el partido. Yo creo que podemos ganar, ¿por qué no? Daba igual perder por 1 que por 20. Ahora debemos igualar la serie y seguir soñando”.


Con él, Miribilla lo sabe hacer. Somnífero del sueño dulce, su puesta en escena, tras el impulso inicial de Grimau, permitió el despegue de su Uxue Bilbao Basket y, a la postre, el triunfo final. Renqueante, sin ritmo de juego ni de competición pero con un corazón más grande que su apellido, Vasileiadis regaló 5 minutos y 56 segundos de épica a su afición durante el segundo periodo.


7 puntos (4/5 Tl, 1/1 T3), 4 rebotes, 2 faltas recibidas, 1 robo, 13 de valoración… y una jugada, simbólica y letal. Tras pase de Samb, desde la esquina, a mitad de camino entre el aterrizaje para llegar hasta allí en carrera y el salto para tirar a canasta, soltó el balón como un resorte sin que Lorbek pudiese rozarlo. El pabellón se vino abajo. Triple, máxima en el luminoso (48-30), saludito militar a la grada y un aviso a navegantes. En el tercer partido estará. Y con él, siempre todo es diferente.

Uno nació en Salónica y el otro en el corazón de Salónica. Uno iba de negro y otro, de amarillo. Jugaban a 2.400 kilómetros de distancia y cada uno sufría un dolor diferente. Mas, este domingo, Kostas Vasileiadis y Ryan Toolson fueron hermanos de épica. Parientes muy cercanos en cuanto a compromiso e implicación.

 

ACB Photo/M.Henríquez

Ryan Toolson también sufrió la condena de las lesiones en la recta final de la liga regular, perdiéndose el partido de la Jornada 32, frente al Lagun Aro. Malditas molestias en los isquiotibiales que le impedían entrenarse y que, cuánto le dolió aquello, le dejaron incluso sin poder viajar a Vitoria-Gasteiz para jugar el primer partido de cuartos.

Quizá nunca sabremos si un final menos cruel para su equipo hubiera pospuesto su reaparición. Si la rabia que tuvo tras la derrota agónica de su Herbalife Gran Canaria no le dio aún más fuerzas para intentarlo, para luchar por llegar al segundo partido. El sábado, se probó, necesitando atenciones durante todo el entrenamiento, sin perder la esperanza de poder ayudar el domingo a su equipo.
 
Lo consiguió. Cuando Toolson entró, con 7 minutos del partido ya transcurridos, miró al CID, vestido de amarillo. Imposible no luchar por esa gente. Imposible no luchar por sí mismo. Sus 5 puntos con su firma seguidos nada más empezar el cuarto, los entremeses. Abrían el apetito, sí, pero también los espacios en pista y las opciones de su equipo.

 

El plato principal, el triple en la cara de San Emeterio para hacer creer más que nunca a los suyos en la victoria (63-64), a falta de dos minutos para el final. El postre, sus 4 puntos seguidos para alejar a su Herbalife Gran Canaria en la prórroga, con canastón incluido por el camino.


Mientras subía la bola, cual base, pudo pensar en los trenes perdidos en Italia o en la misma lesión nada más aterrizar en Gran Canaria que le obligó a pasar por el quirófano y le puso cuesta arriba su adaptación al equipo. Mientras celebraba, cuál héroe (17 puntos, 20 de valoración), el dolor físico o el esfuerzo para llegar al encuentro, eran por fin peajes pagados con sentido, una forma algo extrema de transformar la alegría en éxtasis.
 
Las frases hechas tomaron cuerpo y el compromiso se comió a los topicazos. Vasileiadis y Toolson, héroes desde el banquillo, héroes desde el dolor. Hermanos de épica y gloria. ¿Podrán aumentarla el martes?

Si, como escribió una vez Thomas Fuller, “todo es muy difícil antes de ser sencillo”, Sergio Rodríguez ya entró en una fase en la que lo más cómodo es ser decisivo y el camino más corto, la magia. Como si todo lo duro, las dudas, las expectativas sin cumplir o los sueños agridulces, fuesen parte ya solo del pasado.

Los números pueden gritar cualquier cosa. Los números pueden jurar en arameo. Los números pueden decir que hubo hasta tres jugadores con idéntica o mayor valoración que el canario, pero el baloncesto siempre fue idioma de juego y no de cifras.

 

ACB Photo / A. Martínez

 

 

Y en cuanto juego, al menos en el primer partido de los cuartos entre Real Madrid y Blusens Monbus, el Chacho fue el rey. El segundo cuarto, su corona. El base ya avisó al entrar en los compases finales del primer periodo con un coast-to-coast espectacular que murió con la falta de Junyent. Fue como si, mientras se pasaba en carrera el balón entre sus piernas, les dijese a todos sus rivales que el encuentro iba a ser suyo. Lo fue.

Ocurrió en el segundo cuarto, allá cuando decidir, aún tan lejos del final, parece pura quimera. La primera escena, una canasta regalada desde la mismísima nada a Felipe Reyes. A la siguiente jugada, intento de triple, salto y en el aire, como si el tiempo fuese más lento cuando a él le da por inventar, cambio de planes y asistencia a Felipe que, otra vez él, se vio obligado a encestar cuando le salía del alma era aplaudir. Segundos más tarde, un pase más terrenal a Carroll para el 2+1 de Jaycee que confirmaba el despegue blanco. Se cerraba el telón.

Segundo acto, siempre en el segundo cuarto. Adicto al contraataque, a la carrera, a cambiar el encuentro de revoluciones y hasta de concepción, en plena cabalgada bota, mira a la izquierda, dirección la grada y, sin dejar de correr, asiste a Rudy Fernández, que pone a los suyos con 10 de ventaja. Siguiente flash. Coge el balón en su propia zona, atraviesa el campo, amasa el balón, lo siente suyo, se acerca a la zona, da un paso atrás, prueba el tiro literal y anota.

 

Su tercer chispazo haría que todo saltase por los aires. Robo en mitad de la pista y, en lugar de contemporizar o de jugar con el tiempo y la ventaja, un impulso que le pide jugársela y pasar el balón de un lado a otro de la cancha. Mirotic espera debajo del aro y convierte para poner un 48-33 con sabor, orgullo y embestidas visitantes a un lado, a sentencia. Se volvía a cerrar el telón.
 

 

ACB Photo / A. Martínez

 

 

Hubo más. Penetraciones pasándose el balón en el aire por la espalda, un triple, algún guiño más de magia en forma de pase o más carreras entre la locura y la serenidad, pero el choque ya nunca fue el mismo tras sus dos actos determinantes.


Y es que, como partes de su obra, existieron dos partidos. Uno de 16 minutos, sin Sergio Rodríguez, que se llevó el Blusens Monbus por 30-32. Otro, con el canario volando en pista durante 24 minutos, con 60-43 para su Real Madrid. La sencillez de dos momentos.

 Daniel Barranquero

@danibarranquero

ACB.COM

El choque granítico de Serhiy Lishchuk, el fade-away de Justin Doellman, el rebote ofensivo para mate de Vitor Faverani, la continuación para hundirla de Bojan Dubljevic, el vuelo de Florent Pietrus para interceptar un balón... La variedad interior del Valencia Basket parece encontrar un punto común en la intensidad aparente de todos sus jugadores, excepción hecha, tal vez, de un Doellman constituido por una naturaleza más estética que la de sus compañeros.

 

Contundentes en la finalización, en el tapón, en el cuerpo a cuerpo defensivo, en el derroche de intensidad. En la tortura. Porque eso ha sido el ejército interior del Valencia Basket para el CAI Zaragoza. Unas fuerzas especializadas en el sometimiento hasta la mínima expresión de su oponente. Una sucesión de cuerpos diseñados para el baloncesto capaces de alternarse para que la intensidad acabara rozando el infinito durante prácticamente todo el partido.

 

El ejército interior taronja dejó a los zaragozanos en la mínima anotación en la historia del Playoff y permitió unos 38 de ventaja que son el tope valenciano en las eliminatorias por el título y la sexta mayor diferencia histórica. Números de apisonadora nacida a partir de constantes balones a la pintura, a partir de exteriores que podrían vivir solo de surtir balones a los interiores.

 

El perfil poco anotador de Rodrigo San Miguel y Stefan Markovic, los dos bases, dibuja un escenario que favorece a los hombres interiores, sobre los que ha girado el juego durante buena parte del primer partido de cuartos de final del Playoff de la Liga Endesa. Allí donde el dominio ha sido más aparente. Porque no hay nada más visual que un tapón o un mate. Porque son los interiores los que hacen que el dominio tome una imagen de dominio más bruta.

 

 53 puntos de los interiores valencianistas, 11 más que el CAI Zaragoza al completo. Aunque el dominio del Valencia Basket ha sido tan absoluto que cualquier comparación numérica, por disparatada que fuera, le colocaría como vencedor. Más allá de eso, su juego interior brilla, llegando a final de temporada como solo se podría haber soñado hace un par de meses.

 

Las lesiones, a la vez que han propiciado la alternancia de brillo entre diversos jugadores, han mermado el techo del juego interior de Velimir Perasovic. El que ahora reparte minutos a partes iguales se ha visto obligado a concentrarlos en algunos jugadores y a fichar refuerzos (Lauvergne, Hrycaniuk, Hanley) ante las múltiples bajas. Faverani se ha perdido 14 partidos de la Liga Endesa, Lishchuk y Pietrus ocho cada uno y Doellman y Dubljevic uno.

 

Pero, si el primer partido de cuartos de final fuese la verdad, todo eso ha quedado atrás. Años atrás, parece. Y es que las dos incógnitas de la ecuación interior parecen haberse despejado. Florent Pietrus recupera la plena actividad física tras casi dos meses de baja y Vitor Faverani, cuya aportación en las últimas jornadas de la Liga Endesa no parecía a su altura, se ha desatado con un partido que confirma la fuerza desatada en el pasado Playoff 2011-12, que le valió prácticamente todos los elogios.

 

Si sumamos la gran recta final de temporada de Bojan Dubljevic, que ha despertado la acérrima defensa de la afición, y el MVP de mayo de Justin Doellman, el resultado es un juego interior envidiado. Por impacto, por naturaleza, por variedad, por intensidad. Con el Real Madrid abandonado a su enorme capacidad exterior, el Barça Regal reformándose con la llegada de Mavrokefalidis para suplir a Jawai y esperando todavía el modo estelar de Lorbek, las banderas interiores baskonistas ondeando a media asta, el Valencia Basket busca la legitimidad para autonombrar a su juego interior el más importante de la competición.

 

El primer argumento lo pone una enfermería vacía. El segundo, una exhibición histórica. El tercero, unas semifinales que, tras los 38 de diferencia, parecen más cercanas que nunca.

 

David Vidal

ACB.COM

17/06/2012
                                                           Dos colores para un sueño,
                                                           agonía hasta el final.
                                                           La Liga ya tiene dueño,
                                                           más mérito le dio el Real.

                                                           Del Palau a la Diagonal,
                                                           pintando cada rincón.
                                                           El azul lo presta el mar,
                                                           El grana... su corazón.

                                                           Un serial con cinco actos,
                                                           homenaje sin mentira.
                                                           Entre rivales, un pacto:
                                                           el baloncesto respira.

                                                           Desmayóse el esloveno,
                                                           este Dios es terrenal,
                                                           mas en cancha, ya sin freno,
                                                           Lorbek domina triunfal.

                                                           Mickeal con rabia grita,
                                                           la mala suerte a la hoguera.
                                                           El orgullo resucita,
                                                           un ganador siempre espera.

                                                           Destapado todo el tarro
                                                           de la magia y la leyenda,
                                                           siete tiene ya el “navarro”,
                                                           Cuya gloria es única senda.

                                                           Gallego de cuatro letras
                                                           que por poco en tres concluyen.
                                                           La venganza se perpetra
                                                           cuando salto y mate fluyen.

                                                           Azúcar, cachaza, hielo...
                                                           con la lima de la huerta.
                                                           Suya la llave del cielo,
                                                           su triple tiró la puerta.

                                                           Wallace firmó sentencia,
                                                           Sada volvió a rugir
                                                           El Cid tuvo descendencia
                                                           Ndong sonríe tras sufrir.

                                                           Un “inglés” que es australiano,
                                                           un Eidson testimonial
                                                           Todos suman, son hermanos...
                                                           de dinastía colonial.

                                                           La alegría de Rabaseda,
                                                           la de Perovic, el ausente.
                                                           De Pascual es la vereda
                                                           donde el éxito es paciente.

                                                           Qué lejos queda el inicio
                                                           de este anhelo compartido.
                                                           De octubre a junio un juicio
                                                           Que de naranja ha teñido
                                                           nuestras vidas con bullicio.

                                                           Sin reglas y en cosonante
                                                           Libre prosa disfrazada,
                                                           Solo un caballero andante
                                                           El balón y su morada

                                                           Este blog ya se despide
                                                           Tras epílogo increíble
                                                           Su nombre otra vez coincide:
                                                           al final… todo es posible.
 
 

                                                           Daniel Barranquero

                                                          @danibarranquero

Este sábado, Barça Regal y Real Madrid se citan para la madre de todas las batallas. Es una Final, es una Liga Endesa, es un quinto. Es emoción, es un todo o nada, es un vida o muerte. Es el presente. Es el futuro. Es el pasado.


Ricos de títulos y de recuerdos, ambos conjuntos conocen las dos caras del basket, y no es complicado encontrar dos precedentes, uno por equipo, de situaciones similares con las que poder motivarse cada uno de los equipos.

 

El feliz adiós de Epi

 

Si el FC Barcelona Regal gana, será completar del todo el guiño al 95. Y es que, solo una vez en toda la historia un equipo que fue perdiendo por 1-2, acabó conquistando el título. Cómo lo sudó aquel Barça.

 

16 de mayo de 1995. Se caía Ciudad Jardín, entregado a un sueño pintado de verde, a uno de esos momentos mágicos que vive una ciudad con el deporte, con el baloncesto. El Unicaja de Imbroda. Soplo de aire fresco, juego descarado, sin complejos, sorprendente, arrollador. Con más de cinco mil personas empujando y 26 puntos de Ansley, los malagueños superaron en el tercer choque a su rival, para el que de nada sirvieron los 18 puntos de Crowder o los 4 triples en el último minuto. 88-87. 1-2 en la eliminatoria y un cuarto en el horizonte con todos los elementos en contra.


“Esto es lo más importante que ha pasado en la ciudad desde la reconquista por parte de los Reyes Católicos”
, se escuchaba en una radio local. “Esto será Sarajevo”, anunciaba una pancarta en el pabellón malacitano. Resultaba un reto mantener la mente fría, mas el Barça supo crecerse en la situación más adversa imaginada.

 

“La eliminatoria no está resuelta. El próximo partido será muy complicado pero vamos a ganar nosotros”, exclamaba confiado Salva Díaz. “No estamos vencidos, ni mucho menos”, añadía Xavi Fernández. Y no lo estuvieron. El cruce de declaraciones, los árbitros, la polémica… todo se olvidó cuando comenzó un cuarto partido que batió récords de audiencia (4,4 millones de espectadores y 6,5 en los últimos 15 minutos, con 40,4 % de share), con pantallas gigantes en Málaga y un ambiente auténticamente infernal en Ciudad Jardín.

 

El cuadro blaugrana salió a tumba abierta desde el inicio, sin reservar nada, con Ferran Martínez (24) y Crowder (15) de líderes, si bien acabó sufriendo y el partido se puso agónico. Ansley, que había anotado 37 puntos, se jugó el no-triple más importante de la historia de la ACB y el balón no entró, por lo que habría quinto partido. ¡Y qué quinto!

 

 

 


Como en la actual Final, el Barça salvó el match-ball en el cuarto pero no tenía aún la Liga en el bolsillo. “Falta lo más difícil”, repetían una y otra vez los jugadores barcelonistas. “Nos mentalizamos para ir al infierno”, confesaba Javier Imbroda. Vaya si se mentalizaron. Tanto que, durante muchos minutos, pusieron en jaque al favorito y a la propia Liga, dominando desde el inicio, aunque la entrada de Andreu y Salva Díez le dio la vuelta al partido y permitió vivir unos últimos minutos de fiesta absoluta en un Palau desbordado de gente y pasión.

 

Cuando quedaban 32 segundos, Aíto García Reneses pidió tiempo muerto y dio entrada a Epi, que viviría sus últimos segundos como jugador barcelonista en un final idílico, con el colofón de dos tiros libres y la ovación general antes de descorchar el cava y brindar por una Liga (73-64) en la que la lucha del vencido engrandeció aún más el mérito del vencedor.

 

La Liga de Djordjevic

 

La historia, caprichosa, quiso que se viviera una situación similar justo un lustro después de aquella inolvidable final. Guion diferente, rival distinto, desenlace opuesto. Esta vez, el aspirante era un Real Madrid que le arrebató el factor cancha a su rival en el primer partido, aunque acabó naufragando en el segundo, cayendo por 28 puntos.

 

Poco le duró la alegría al Barça, que vio como su rival le devolvía el baño 48 horas después, con victoria blanca por 26 puntos en el tercero. El golpe fue muy duro aunque, como en este ocasión, el orgullo prevalecía: “Ganaremos, seguro”. Palabras de Gurovic en el túnel de vestuarios, nada más ser arrollados en el tercer asalto por el Real Madrid.

 

Aíto intentaba picar el amor propio de los suyos comentando que no veía a su equipo capacitado para reaccionar y, al igual que en la Final de 1995, la serie se vio salpicada por la polémica, aderezada con polémica y cintas de vídeo. El Barça supo jugar mejor con la presión y, una vez más, sobrevivió para salvar el match-ball madridista, gracias a la actuación de Digbeu y al dúo Pau Gasol-Juan Carlos Navarro, con 13 puntos cada uno. 2-2 y la serie de vuelta al Palau.

 

El Barcelona, como en 1995, como en 2012, había logrado lo más complicado, mas esta vez el rival sí reservaba fuerzas para dar la última estocada, en el precedente que más puede ilusionar al Real Madrid, superando incluso el de 2005 con el triple de Herreros en Vitoria, tanto por tratarse esta vez del mismo rival como por el desarrollo de la serie, calcado al de entonces.

 

“El Barça lo tiene todo de cara pero confío en mis jugadores y esperaría antes de darnos por muerto”, señalaba Sergio Scariolo que, una vez más, tenía un plan. Y eso que el Barça, que jamás había perdido en casa un partido de desempate, pareció durante muchos minutos capaz de ganar el título, mandando durante una gran parte del encuentro, llegando a dominar por 11 puntos y entrando en la recta final del choque con una renta cómoda.

 

A falta de 7 minutos, con 7 puntos abajo, Scariolo puso en pista a Djordjevic, el gran protagonista de la serie. El serbio, que había declarado horas antes sentirse madridista, inauguró su casillero de puntos nada más entrar y lideró la reacción visitante, con 8 más en los últimos minutos.


A falta de 6 minutos empataría Scott (16) y entre Alberto Angulo (19) y Struelens (15) hicieron el resto, desquiciando al conjunto blaugrana, que acabó viendo impotente como el Real Madrid acertaba en cada una de sus acciones finales, incluido el carrusel de tiros libres, para acabar llevándose el partido (73-82), la Liga y el trofeo a casa.


La imagen de Djordjevic, con el brazo en alto y dirigiéndose hacia el centro de la pista, con su antiguo compañero Nacho Rodríguez corriendo para recriminarle y meterle en el túnel de vestuario, ya es historia de la ACB.


¿Cuál será la de este año? ¿Tendrá aroma a 1995 o a 2000? Ambos tienen motivos para la ilusión. Ambos tienen motivos para la cautela en la madre de todas las batallas.

 Daniel Barranquero

@danibarranquero

ACB.COM

"Antes del partido, los jugadores hablamos para intentar buscar cosas personales, sacar algo de nosotros y así poder jugar bien. Cada uno buscó lo suyo. Teníamos que recordar por qué estamos jugando al baloncesto. ¿Por qué estás exactamente en esto? ¿Por amor al juego? ¿Por tu familia? ¿Por un contrato mejor? Por lo que sea, yo no lo sé, pero debes jugar por eso en la cancha, es esencial. Yo busqué algo dentro de mí, lucho por muchos objetivos… aunque me los reserve. Sé para que estoy jugando y tengo mil cosas personales. Salí con esa idea en la cabeza y, voilà, salió un gran partido"


(Tariq Kirskay. 16/04/12).


Poco tiene que ver con el glamour de la final. Parece que ha pasado toda una vida, pero ni siquiera han transcurrido dos meses de las palabras de Kirskay. Antes del encuentro contra el Granca, reunió a sus compañeros y les hizo una pregunta: ¿Por qué jugáis? Él sí lo supo. 20 puntos, 6 rebotes, 3 robos, 2 tapones y 22 de valoración, su respuesta.


Sin la presión de aquel partido de Tariq, con un descenso acechando, pero con la ilusión que se tiene cuando un sueño te espera, los jugadores del Real Madrid y del FC Barcelona Regal deben tener muy claro el motivo por el cual el de este miércoles debería ser uno de los partidos de su vida. Para ganar un título o forzar un quinto -llave imprescindible para el primer fin-, sea cual sea el caso. Con motivaciones privadas y personales, sí, mas con un buen puñado de argumentos para salir a comerse el mundo esta noche.

 

 

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Real Madrid

 

Ante Tomic


Porque jamás ha ganado una Liga, más allá de Copas con el KK Zagreb y el Real Madrid, porque pasó de ser el mejor pívot de la ACB en la 2010-11 a un papel más irregular esta temporada y porque, si se sale, será durante los próximos años, verdugo blaugrana, tras sus exhibiciones de antaño, siempre ante el equipo barcelonista. Y eso da prestigio.


Martynas Pocius

 

Porque sería su quinto título en solo tres temporadas como profesional y su segundo doblete consecutivo. Porque su defensa a Navarro bien merece más reconocimiento. Y porque, sencillamente, todo lo bueno que le pase se lo merecerá tras la mala suerte en su periplo, perdiendo un dedo a los 13 años y rompiéndose los dos tobillos en la Universidad.

Carlos Suárez

 

Porque su debut oficial en el Real Madrid fue una derrota por 34 puntos contra el Barça Regal y, desde entonces, tuvo que soportar el estigma de un maleficio al que él no había contribuido en gran parte. Porque sería la primera Liga de su vida y, acabar el año a lo grande, podría darle por fin un hueco en la Selección. Porque supo anteponer el equipo a sus números, oscuros pese a su importante aportación en muchos partidos.


Felipe Reyes

Porque sería la tercera Liga Endesa en el nuevo siglo para su equipo y las tres llevarían su aroma. Porque, pese a perder el protagonismo de sus días dorados, vuelve a crecerse en los momentos granes (25 puntos, 15 rebotes y 35 de valoración... ¡en 39 minutos jugados en la serie contra Barça Regal!).


Nikola Mirotic


Porque el mayor talento salido de la cantera blanca en años debe empezar a ganar títulos para ser leyenda en el club. La Copa fue un buen primer paso. Porque sería culminar un año de ensueño iniciado con el oro en el Europeo Sub20 y continuado con doblete en su club.


Sergio Rodríguez


Por su Playoff lleno de magia y por terminar de disipar unas dudas que le acompañan desde su paso por la NBA y no se fueron tras su regreso. Porque es su cumpleaños. Porque jamás ganó una Liga y porque en esta podría ser hasta MVP. Y porque juntar todo esto el día de su cumpleaños, aniversario además de su debut ACB, debe ser muy grande.


Novica Velickovic


Porque sin él, posiblemente el otro finalista hubiera sido el Caja Laboral. Porque debe volver por sus fueros tras bajar algo el nivel contra el Barça Regal. Porque nadie volvería a decir que no tiene sangre. Porque lleva 4 años sin ganar una Liga. Y porque la espina clavada de las lesiones sigue doliendo.


Mirza Begic


Porque sería visto como el gran talismán en sus equipos (4 títulos con el Olimpija, 1 con el Zalgiris y sería el segundo con el Real Madrid), porque si juega minutos debe aprovecharlos tras perder comba durante el Playoff. Porque su dura infancia siempre será un acicate y porque el trabajo oscuro debe tener recompensa.

 

 

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Jaycee Carroll


Pese a que probablemente sea el que menos tenga que demostrar en este equipo, porque exhibirse para darle la Liga Endesa a su Real Madrid sería la guinda a un año excelso. Porque supo tirar del carro tras la cruel derrota en Barcelona y porque jamás ganó una Liga.


Sergio Llull


Porque, definitivamente, sería este el mejor año de su carrera, con 4 meses de ciencia ficción, con título de Copa, MVP, designación como base ideal y ahora, Liga Endesa. Porque tiene una Liga en su palmarés, sí, pero recién aterrizado en el Real Madrid, muy joven, y con solo 11 minutos en todo el Playoff y... ¡3 segundos en la final!


Kyle Singler


Porque también puede ser visto como talismán tras su heroicidad con Duke en la NCAA. Porque sería ídolo en dos ciudades (Alicante y Madrid) un mismo año. Y porque, como otros compañeros, supo dejar de lado sus impresionantes números de inicio de temporada para aportar lo que le pedían, olvidándose del protagonismo individual.

Barça Regal


Víctor Sada


Para sacarse la espina de un año complicado y un Playoff algo gris, en el que incluso hubo dudas sobre su rendimiento. Porque salvo una temporada (2005-06), lleva desde la 2003-04 ganando títulos y, esta campaña, la Supercopa queda ya muy lejana. Porque se está jugando un hueco para los Juegos Olímpicos de Londres.


Marcelinho Huertas


Porque debe hacer bueno su milagroso triple del prirme partido. Porque ha de olvidar una temporada llena de altibajos y su actuación en la Final Four. Por pura venganza con Sergio Rodríguez, por lo que le está haciendo sufrir en la serie.


Juan Carlos Navarro


Porque, si gana, será junto a Andrés Jiménez y Ferran Martínez, el que más títulos ACB tenga de la historia: 7 (Luyk tiene 14 y Corbalán 12, pero en Liga Nacional). Porque solo él y Sabonis tienen 2 MVPs en Finales ACB y, si gana el escolta otro, será el rey sin discusión en este apartado. Porque fue un año complicado con problemas físicos. Y porque, simplemente, su leyenda de Rey Midas crecería otra vez más hasta el infinito con otro título con él como héroe.


Fran Vázquez


Porque hay medios que especulan con su marcha y, acabando con buen sabor de boca, podría volver a ganarse la confianza de todos. Porque fue uno de sus años más oscuros en cuanto a números. Porque ya fue el verdugo madridista en la final de la Copa 2010, MVP incluido, y si lo vuelve a hacer, dibujará historia.


CJ Wallace


Porque ha sido el que más "palos" se llevó tras las últimas derrotas, cuando, en el global, sus números en relación a sus minutos no son en absoluto malos. Porque jamás conquistó un título de Liga y la Supercopa es el único trofeo de su carrera profesional.

 

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Joe Ingles

 

Porque en todo el Playoff no ha podido llegar a los dobles dígitos en ningún partido. Porque podría ganarse un hueco en el equipo la próxima temporada con una heroicidad en la Final contra el Real Madrid. Porque, tras el doblete de la pasada temporada, la Supercopa de este año sabría a muy poco.


Boniface Ndong


Porque, a las puertas de los 35 años, su temporada ha sido sencillamente perfecta y merece un broche de oro. Porque merece como nadie en su equipo el 5º partido y, tras dos partidos seguidos a 0 puntos, ha de resarcirse y acabar ganando el título o cayendo con la cabeza alta.


Xavi Rabaseda


Porque sería la primera vez que gana un título en su carrera... desde la cancha, ya que en la Supercopa no jugó un solo segundo. Para compensar un año con tan pocos minutos y porque sería triunfar en su casa, a la que llegó ya hace una década.


Erazem Lorbek


Porque ha sido el alma del equipo toda la temporada y sus clínics de baloncesto no merecen finalizar con un partido discreto. Porque se ha convertido en el "4" de la Liga Endesa y puede que de Europa. Porque sería seguir perfilando un palmarés de lujo, con títulos ligueros en Eslovenia (Olimpija), Italia (Skipper Bolonia), Rusia (CSKA Moscú) y España (Barça Regal), donde ya fue campeón la pasada campaña.


Chuck Eidson


Porque ha sido la gran decepción barcelonista esta temporada y su Playoff aún está siendo más pobre, por lo que un partidazo para forzar el 5º o una hazaña en el último borrarían meses de altibajos y dudas. Porque serían 3 ligas en 3 países y esto volvería a relanzar su nombre. Porque, como Fran, ya fue letal contra el Real Madrid (Final Four 2011, con Maccabi) y, repetir le convertiría eternamente en verdugo.


Pete Mickeal


Porque su comportamiento desde que aterrizó en España no se puede borrar por la tangana del lunes. Porque en la última Copa ganada por su equipo estaba Anderson en su lugar y la última Liga la disfrutó desde la grada al no poder jugar. Porque la maldita condopatía rotuliana de su rodilla izquirda y el tromboembolismo pulmonar de la pasada temporada tendrían por fin respuesta y porque un ganador siempre debe hacer honor a su nombre.

 Daniel Barranquero

@danibarranquero

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07/06/2012

Puede sonar a sacrilegio, mas es homenaje. La literatura y el baloncesto parecen primos lejanos, de esos que se reúnen una vez al año, y por obligación, cuando quizá deberían darse una oportunidad. Al fin y al cabo, la literatura no es más que un sueño dirigido. ¿Quién discute a Borges? ¿Acaso el baloncesto no es hijo del mismo sueño?


Por eso, cuando Marcelinho corría y corría hasta el cielo, en su última cabalgada en el Palau, en su particular escalera hasta la inmortalidad, resonaron con fuerza las palabras de aquel al que cada 6 de junio habrá que rendirle tributo, el loco y cuerdo Ray Bradbury, fallecido horas antes a miles de kilómetros de distancia. Sus palabras no pueden morir jamás.

 

 

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Aroma a Fahrenheit 451 en un triple que hizo arder el Palau, con una forma de quemar mucho más constructiva que la de los bomberos de la obra de Bradbury. Y es que, durante unos segundos, egocéntrico sentimiento, célebre frase del escritor para explicar su distopía había sido creada para él y para su equipo, que hubiera muerto antes de firmar el 0-1. Con aquel triple, Huertas “no estaba precidiendo el futuro… estaba intentando prevenirlo”.

 

Resuenan sus frases, y sus viajes al tiempo que Marcelinho se eleva en la cancha, casi levitando, con miles de brazos pegados a sus incrédulas cabezas que miran sin creer y creen sin mirar, cual habitantes de un Marte en el que todos sus habitantes parecen sorprendidos por lo que ven. “Los viajes al espacio nos harán inmortales”. Las Crónicas Marcianas nacieron en Brasil.

 

Y, de repente, todo lo que dijo o escribió Ray, parece llevar el sello de Marcelinho, con 0 puntos en su casillero hasta un segundo antes de acabar el partido. “Continuamos siendo imperfectos, peligrosos y terribles, y también maravillosos y fantásticos”.

 

Su -5 de valoración hasta ese momento. Su 0/5 en el tiro. El borrón de su Final Four. Su irregular temporada. Todo eso, un motivo más en esa forzada carrera para apuntar certero hasta la gloria. “Solo podemos progresar y desarrollarnos si admitimos que no somos perfectos y vivimos de acuerdo con esta verdad”, se oiría en su cabeza.

 

Y es que, pese a que podría retirarse hoy mismo y en la memoria colectiva ya quedarían por siempre mil recuerdos con la firma de Huertas, “uno debe inventarse a sí mismo todos los días y no sentarse a ver cómo el mundo pasa allí delante, sin que uno participe”.

 

 

ACB Photo
 

 

 

Desde el suelo, mientras sonaban los gritos desde la grada, mientras le caían, uno tras otro, compañeros encima suya para abrazarle por su gesta, bien podría haber recitado aquel “si uno crea amor, las cosas buenas forzosamente llegan”. “Si uno hace lo que ama, es feliz”. Y las sonrisas no mienten.

“Cuando no se puede tener la realidad, bastan los sueños”
, sí, pero lo vivido este miércoles en el Palau tuvo más de terrenal que de imaginado para él. Realidad tangible, realidad soñada en la que con solo 9 grados, las de su dorsal, 48,2 en la escala Fahrenheit, ardió el mundo del baloncesto. No hizo más calor. El fuego era él.

 

Así pues, el mismo 6 de junio en el que, como escribió un buen día Bradbury, “la vida termina como el resplandor de un film y una chispa en la pantalla”, Huertas se disfrazó de Historia para, con la canasta más imposible, responder a la pregunta más difícil jamás creada con la sentencia más bella jamás planteada:

 

“¿Para qué vivir? La respuesta era la vida misma”.

 Daniel Barranquero

@danibarranquero

ACB.COM

No están todos los que son, mas sí son todos los que están. Un vistazo rápido a la emoción de los clásicos, de partidos capaces de dibujar mil tipos diferentes de final, con resultado imprevisible. He aquí quince ejemplos de lo que puede pasar desde este miércoles.

 

Los tiros libres de Bonareu (1958-59)


El Real Madrid entró con 7 puntos de ventaja en los últimos tres minutos de partido. En ese momento, el Barça comenzó a remontar y tuvo la última posesión para ganar el partido. Hubo falta sobre Bonareu y, con el pabellón en completo silencio, el barcelonista tiró de sangre fría para anotar los dos. Victoria y fiesta clamorosa para los de casa por 59-58.

 

 

El Mundo Deportivo
 

 

 

El robo de Emiliano (1970-71)


Un guion muy similar al del ejemplo anterior, aunque con más puntos en el partido. El Real Madrid había dominado pero el Barcelona supo reaccionar hasta el punto de volver a tener la última posesión para llevarse el duelo. En esta ocasión, la historia cambió y Sanjuan perdió el balón, robado por Emiliano, que agotó en sus manos el tiempo hasta el 83-84 final.

 

El tiro libre que más dolió en Barcelona (1972-73)

 

Otra vez de menos a más, el Barcelona se encontró, a 18 segundos del final, con la opción de forzar la prórroga contra su máximo rival. Solder anotó el primero, pero erró en el segundo lanzamiento. El signo del encuentro ya no se pudo cambiar y la victoria voló a Madrid (62-63).

 

El único empate (1973-74)

 

163 veces se vieron en Liga y solo una vez empataron. Ocurrió el 24 de febrero de 1974 y, al contrario que el tópico del fútbol, este empate no dejó contentos a ambos. El Barça, que jugaba como local, tuvo el partido en su mano, pero un 4-14 final del Real Madrid, con un agónico final, propiciaron la sorpresa. Brabender y Luyk no fallaron desde la línea de personal.

El Barça hace historia en Madrid (1979-80)

El 4 de noviembre de 1979 es otra fecha marcada en rojo por los aficionados barcelonistas. Aquel día, su equipo venció por primera vez en la pista de su eterno rival. Con 84-85 a su favor, el Barça agotó su última posesión entera sin dar un solo bote, con constantes pases que hacían que el tiempo se consumiera. Con el final de posesión, solo le quedó un segundo al Real Madrid para probar fortuna. Beirán tiró a la desesperada y falló. La historia había cambiado...

 

Tangana y machada blaugrana (1983-84)

En el derbi más polémico de la historia, en plena prórroga, con Iturriaga, Martín y Davis expulsados, el Barça forzó el tercer partido en la final -que nunca llegó a disputarse- tras crecerse en el tiempo extra después de un final no apto para cardiacos. Epi anotó, Robinson respondió y el Barça lanzó para ganar en la última jugada. Falló... pero ahí estaba De la Cruz para saltar más alto que Romay, capturar el rebote y recibir la falta del pívot. Dos tiros libres a falta de 3 segundos que anotó y desató la locura en pista enemiga.

La magia de Biriukov decide (1986-87)

Ganaba por 97-99 el Barça a falta de pocos segundos pero Bryant, impaciente, no agotó el tiempo y decidió lanzar, con tapón de Spriggs. El propio atacante blaugrana cometió falta sobre el blanco y el balón iba a manos del Real Madrid, con 5 segundos por jugar. Biriukov hizo el resto, con un triple imposible de imaginar, forzado y desequilibrado, con tres rivales por delante, y auténticamente letal. Un 100-99 para el recuerdo.



 

 

Los pasos más inoportunos (1986-87)

Dos meses después del triple de Biriukov, el Barça se la devolvió a su oponente. Primero fue Corbalán el que perdió el balón, con Simpson anotando un tiro libre para ir a la prórroga. Más tarde, una intencionada de los locales cuando iban 3 arriba permitió a Spriggs poner el 91-90 y, en la última jugada, cuando tras pase de Iturriaga Cargol parecía que sentenciaría el partido, se resbaló, hizo pasos y perdió la pelota. El 91-90 ya fue inamovible.

El puño de Petrovic (1988-89)

El Barça ganaba por 98-97 cuando Petrovic decidió penetrar para ser el héroe del Real Madrid. El balcánico recibió falta y anotó el primero de forma fácil y el segundo, aún más tranquilo que el anterior, sin inmutarse y con el puño en alto tras su acierto (98-99), lo que provocó la ira del público barcelonista por la provocación de la estrella rival. Walters se contagió del nerviosismo local, perdió la pelota en el saque de fondo, y Antonio Martín acabó sentenciando con un mate (98-101).

La remontada de Epi (1989-90)

Los madridistas se vieron con el triunfo en el bolsillo, pero se quedaron sin fuerzas en el momento clave, anotando un solo punto en los últimos cinco minutos. El Barcelona endosó un parcial de 1-11 a su rival, con Epi de estrella. Primero para empatar a 85 y luego para poner el 85-87 que Llorente, con un triple fallado en los últimos segundos, ya no pudo modificar.

La venganza de Cargol (1990-91)

Cuatro años después y con más madurez, le llegó la oportunidad a Pep Cargol de desquitarse. No fue un final tan agónico como otros de esta lista, pero sí importante por lo simbólico y por el protagonista. Con empate en el luminoso, una jugada ensayada dejó a Pep Cargol en posición franca para el triple, que no falló: 76-73 para el Real Madrid.

Dos tapones que valen un triunfo (1991-92)

La historia es cíclica y caprichosa. Si la temporada anterior fue Cargol el que se vengó de sus pasos de antaño, en esta campaña fue el propio Real Madrid el que le devolvió el parcial de dos años antes al Barça. El cuadro blaugrana tenía el partido en el bolsillo pero acabó sorprendido e impotente por un 0-9 final del Real Madrid. En los últimos segundos, Simpson taponó el tiro de Epi, Lisard cogió el rebote y lanzó para forzar la prórroga, pero Romay, con otro tapón, confimó el triunfo visitante por 86-88.

La tradición de los parciales se tiñe de blaugrana (2002-03)

 

Pasó más de una década y, en ella, varios clásicos llenos de igualdad y con finales de todos los colores, pero en este de 2002-03 volvió a sonar el manido "no hay dos sin tres". Los madridistas saboreaban la victoria cuando el Barça, con Navarro de líder, le endosó un 11-0 de parcial. Con uno arriba, Mulaomerovic falló la que pudo ser canasta ganadora y Jasikevicius no perdonó desde la personal para poner el 92-91 definitivo.

 

 

 

 

 

Burke se viste de héroe (2004-05)

 

Uno de los finales más igualados se vivió hace relativamente poco tiempo. A falta de 4,8 segundos, con el Barça perdiendo por uno, Ilievski tenía la opción de darle el triunfo a su equipo con dos tiros libres, pero falló uno. Sacaba bajo canasta el Real Madrid y el balón fue para Sonko, en lugar de a Bullock. El francés avanzó raudo y asistió a Burke, que fintó sobre Fucka y anotó con el reloj a cero la canasta de la victoria, que ponía fin a una racha de 8 triunfos consecutivos del Barça en los clásicos.

 

La duda de Marko Tomas (2005-06)

 

En resultados tan reñidos siempre hay lugar para la polémica. La hubo en el 58 y la habrá siempre. La última sonada, aquel final en diciembre de 2005, cuando se medía el líder Real Madrid contra el vigente campeón Barcelona. El cuadro blaugrana se había puesto 3 por delante en la última jugada, aunque el equipo de casa tuvo tiempo para buscar un último lanzamiento. Marko Tomas buscó el triple y el silbato sonó. ¿Tres tiros? ¿Dos? El colegiado dijo que fue antes de la acción de tiro y el croata solo pudo anotar para poner el partido en 72-73, ante las quejas de Maljkovic y la alegría de su oponente, muy sólido durante todo el partido.

¿Aumentará la lista esta Final de la Liga Endesa?

 Daniel Barranquero

@danibarranquero

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Momento X – La primera celebración (1999)

Una temporada antes llegó el debut, pero no fue hasta la 1998-99 cuando Navarro llegó a su primera final. Llegar, que no jugar, pues no disputó un minuto en aquel título barcelonista. No obstante, apareció en el Playoff, en todo un partido de semifinales, aún con 18 años, y sus minutos eran algo más que una anécdota.

Jordi Román, en El Mundo Deportivo, lo definía así: “El basket tiene estas cosas maravillosas. Si a principio de temporada nos hubieran jurado que en el 2º partido de una semifinal de la última Liga del tercer extranjero acabarían jugando cinco minutos (todo un partido, a estas alturas), muchachos como Gasol y Navarro, no nos lo habríamos creído. Pero ocurrió ayer, y también fue maravilloso”. Como su celebración, con la célebre imagen suya y de Pau pintando “Campeones” en el vestuario. Llegarían mucho más.

 

 

 

 

Momento IX Resistencia en el Clásico (2007)

Habían pasado tres años desde la última vez que pisó la Final ACB y Juan Carlos Navarro tenía ganas de dar que hablar. Ya había hecho 17 y 14 puntos en los duelos anteriores, estériles para su equipo. Era otro match-ball contra el Real Madrid… y volvió a superarse, hambriento tras fallar una suspensión 48 horas antes en el 2º partido que pudo haber forzado la prórroga.

Con 59-59 a 5 minutos para el final, la estrella blaugrana rompió la igualdad con un triple y dos canastas que impulsaron un parcial de 11-0, sinónimo de victoria para su equipo (75-70). Su rival acabaría venciendo en el cuarto partido, aunque sin Navarro, lo hubiera hecho por la vía rápida.

Momento VIII – El orgullo del derrotado (2010)

El Caja Laboral estaba a punto de dar una de las grandes sorpresas de la historia de la ACB. El Barça de los récords, el campeón de la regular, el rey de Europa, el gran favorito… contra las cuerdas, con 0-2 en contra tras el primer par de partidos en el Palau. Los baskonistas rozaban el triunfo en el tercero, si bien Navarro hizo que lo sudara hasta el último segundo.

Cuestionado por su naufragio 48 horas antes (4 puntos, 1 valoración en el 2º partido), brilló con luz propia en el tercero, especialmente en los minutos claves. Otro 3+1 para el recuerdo fue esencial para forzar la prórroga, donde acabó hincando la rodilla con la cabeza bien alta.

Momento VII – Oda a la sangre fría (2004)

Momento inseparable al que encabeza esta lista. Él, que ya había salvado al Barça en cuartos frente al Granca, se convirtió en el primer partido en la gran pesadilla de un Estudiantes irreverente que a punto estuvo de dar la sorpresa. Con 75 a 75, los visitantes perdieron el balón y cometieron falta sobre Navarro. Dos tiros libres sin fallo. Brewer replicó desde la línea de tiros libres y Pepu ordenó otra falta. Balón a Navarro, que regresó a la línea de personal a 7 segundos para el final.

Un bote, dos. Dentro el primero. Un bote, dos. Dentro el segundo. 79-77. Brewer, a continuación, fallaría uno de sus tiros libres y el Barça ganó por un agónico 79-78, que acabó valiendo un título, teniendo en cuenta que el Estu ganó los dos partidos en su casa. El gran héroe.

Momento VI – Talento eclipsado (2001)
 
La Final ACB de 2001, como la de Copa, será para la historia la de Gasol. No es extraño. En aquel tercer partido del 3-0 frente al Real Madrid, Pau se fue hasta los 37 de valoración, aunque Navarro dio un paso al frente y tuvo mucho que ver con ese trofeo. Héroe en cuartos de final contra el Forum, en esa final, a punto de cumplir los 21 años, fue de menos a más y terminó anotando 12 puntos y 13 de valoración.

Para el recuerdo, el triple que rompió del todo el partido en la capital (puso un 55-69 imposible de remontar por los madridistas). Pau se llevó los honores, pero el Barça comprendía que no era la única estrella que había salido de su cantera.

Momento V – El deleite (2011)

Fue la última final liguera y el último título también para Juan Carlos Navarro. Temporada pasada. El Bilbao Basket, la víctima. El escolta, crecido hasta el límite, se inventó un autopase en un contraataque que, con la confianza por las nubes, culminó con un triple. Puñetazo en la moral bilbaína. En el tercero y último de una Final ACB en la que promedió 15 puntos por choque, emergió con fuerza cuando más quemaba el balón.

 

 

Le regaló una canasta a Lorbek, anotó un triple y encestó a la siguiente jugada. Un oasis en un choque de muy pocos puntos. Un 2-11 decisivo para ganar la Liga y su segundo MVP. Un deleite, una gozada.

Momento IV – Este chico es una mina (2000)

19 añitos tenía el chico. Final frente al Real Madrid, que dominaba por 1-2 y jugaba el cuarto en casa para celebrar la Liga, en caso de victoria, delante de los suyos. Ese día, junto a Pau Gasol, se quita complejos y se convierte en un quebradero de cabeza para los de Scariolo, rompiendo los esquemas de su rival en el primer tiempo y culminando su gesta en tiempo récord tras el descanso. En solo 16 minutos, 13 puntos… ¡y 20 de valoración!

Su Barça salvó el match-ball y forzó el quinto. Aquella Final de la temporada 1999-00 se la llevó el Real Madrid, pero en esa derrota se vio mejor que nunca lo grande que podía llegar a ser.

Momento III – Una estrella más (2003)

Era aquel el Barça del Triplete. El más mítico, el de las estrellas. Y en esa Final demostró que él era una más, con tres partidos en dobles figuras y un partido clave en el primer asalto, cuando el Pamesa estuvo a punto de llevarse el triunfo a Valencia y recuperar el factor cancha. Entonces, Navarro apareció con un 3+1 para cambiar por siempre el rumbo del partido (71-72).

Luego, Jasikevicius, con otro triple y una canasta a falta de un segundo, completaría la gesta del de Sant Feliu, que hizo ese día 16 puntos, 3 triples y 21 de valoración. El primer paso para un título que llevó su sello.

Momento II – Su dictadura (2009)

Después de su año en la NBA, en la que tuvo que ver en la grada como su equipo perdía frente al Baskonia en la final, regresó con hambre y confirmó que era el mejor escolta de Europa con una actuación prodigiosa. Capaz de transformarse cuando no tenía el día en el tiro (8 asistencias tras su 3/11 en el primer encuentro), de anotar 21 puntos en el segundo y de ser el héroe del cuarto y definitivo (1-3), el que le dio el título a su Barça.

 

 

 

19 puntos, 5 triples, 9 asistencias, 28 de valoración, un alley oop a Fran Vázquez y un triple para certificar la victoria barcelonista, volver a abrazar, un lustro después, el trofeo y conquistar su primer MVP en una Final ACB. Simplemente, fue el mejor.

Momento I – El Mio Cid (2004)

13 de junio de 2004. Juan Carlos Navarro cumple 24 años el mismo día en el que se disputa el quinto y decisivo encuentro de la inolvidable Final ACB entre Barça y el Estu. De repente, en el segundo cuarto, con su equipo mandando, Navarro se lesiona. Dolorido, abandona la pista, quedándose casi sin opciones de saltar a la pista. Esguince de ligamentos en el tobillo izquierdo. El colmo para una temporada de mala suerte, con un dedo roto en la Copa y condenado a las infiltraciones para no dejar solo a su equipo.

Roto de dolor, el escolta quiere ayudar a resolver un partido que tras el descanso era ya todo un thriller. Carreras de un lado a otro al fondo de la pista, para probar su tobillo. No estaba bien pero pidió volver a la cancha. Y lo hizo. Nada más hacerlo, triple para alejar al Barça (54-48). Cojeando, el escolta jugó sus minutos más épicos, con un valor simbólico, por lo que contagió a sus compañeros, y efectivo, ya que dos tiros libres con su firma acaban sentenciando el partido. 69-64. El abrazo de Bodiroga, nada más recoger el MVP, demostró que ese título tuvo mucho que ver con Juan Carlos, que creció más que nunca en aquel 24º aniversario. A los Willis Reed.

 

 Daniel Barranquero

@danibarranquero

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Escribía el poeta uruguayo Gonzalo Curbelo que la confianza sube por escalera y baja por ascensor. La de Velickovic, aquella perdida en el limbo, entre banquillazos, lesiones y rachas con aroma a maleficio, descendió hasta el sótano en el último año y medio.

Lejos quedaba la expectación de su llegada al Real Madrid. Le preguntaron por Kukoc en su rueda de prensa. Como con Gasol, Navarro o Rubio en España, cualquier talento precoz con sello balcánico pasa por ese filtro y debe responder a las comparaciones con el genio Toni o el malogrado Petrovic.


Velickovic no era Kukoc. Velickovic era Velickovic. Y le daba para ser uno de los jugadores más prometedores de Europa cuando llegó a la ACB y uno de los jugadores más dominadores de la competición en aquella primera parte de la temporada 2009-10. Pero la escalera pareció quedarse sin peldaños y lo que en principio fue un bajón de juego, se convirtió en una temporada aciaga en la 2010-11, con toda la fe en sí mismo derramada por el suelo, ese que tocó de blanco mucho más que el propio cielo.

 

 

 

Laso se propuso recuperarlo en este curso para la causa blanca pero el menisco de su rodilla derecha no tuvo la misma fe que el técnico madridista y Velickovic no volvió a sentirse jugador hasta la segunda vuelta, ilusionando en Copa y regalando destellos, que alternó con presencias más testimoniales que decisivas.

Hasta que llegó el Playoff. “No hay excusas”, decía en la víspera. Primer aviso, al Banca Cívica, con 17 de valoración en el primer duelo y un +25 en la valoración +/- en la gran victoria merengue del segundo, con él como pieza clave y muchos, muchos minutos en su haber. Empero, lo del Caja Laboral sería otra historia.

 
Segundo aviso al Caja Laboral. Y tercero, y cuarto, y quinto… tantos como partidos haya en una serie en la que, junto a Sergio Rodríguez, él es monarca en cuanto a sensaciones y espíritu. Sus 12 puntos en el estreno de la serie contra el Caja Laboral resultaron estériles, mas sus palabras no. El otrora frío Nole hizo un llamamiento a la afición, para que la serie viajase con empate a Vitoria . Sus palabras tuvieron efecto. Su fe y sus 16 puntos, también.

Con 1-1, volvió a dar la cara en el tercer duelo, con otros 13 puntos cargados de fuerza y orgullo. No sirvieron para el 1-2 pero sí para darle más épica a su mayor heroicidad como madridista. Lo de este jueves no fue el mejor partido en cuanto a números, pero por el momento, por la importancia, por el simbolismo y por el baño de confianza, es complicado recordar uno más especial para él en estos últimos tres años en el Real Madrid.
 
¿Qué es poesía?, se preguntaba Bécquer. Sin pupilas azules para responder, Nole se centra en definir otro término cuya riqueza jamás dejará de crecer. ¿Qué es confianza, Novica? ¿Qué diablos es?

Confianza es entrar en el partido con ojos inyectados en sangre, recibir el primer balón , ir de un lado a otro, cual poseso, cambiarse el balón de mano, inventarse un reverso y anotar tras gancho.


Confianza es acariciar el segundo balón del tercer partido y tirar un triple (o eso creía él), que finalmente fue de dos puntos por pisar la línea, y evitar que el Caja Laboral se escapase. O, en la siguiente jugada, postear para atraer a los rivales y asistir entonces a Singler, que le daba la primera ventaja al Real Madrid.


Confianza es su triple escorado y sin pensárselo, para poner el 12-12 en el marcador, con 7 puntos sin fallos en solo cinco minutos, sí, pero también confianza es jugársela otra vez a la siguiente jugada, a pesar de su fallo anterior.

 

 

Confianza es perderse el segundo cuarto entero, comerse las uñas en el descanso y, en frío, sacar las castañas del fuego en el peor momento de su equipo. Buscar fortuna en la zona, pasar, correr hacia el triple, gritarle a Begic para que le devolviese el balón y lanzar como si no hubiera mañana para volver a hacer creer al Real Madrid. 46-40. Había partido.

 

Confianza es recibir, en pleno eléctrico contraataque de Sergio, sin capacidad para frenar, casi debajo del aro, e inventarse una canasta a aro pasado esquivando brazos rivales y, en la siguiente posesión, volver a pedirla con todo tipo de gesticulaciones para lanzar de lejos –y otra vez pisando- y empatar un partido que minutos antes parecía roto.

 

Confianza es mirar fijamente la línea de 6,75 para no volver a acariciarla y, anclado en la lejanía, lanzar como un resorte un minuto más tarde para poner al Real Madrid nuevamente por delante.17 puntos en 17 minutos en aquel momento, tras ese explosivo triple.

 

Pero si todo eso no valía, si acaso su tercer periodo, sus semifinales, sus cuartos o su cambio de actitud no eran suficientemente prueba de que la escalera de la confianza volvía a tener peldaños hasta el infinito, la primera jugada del último cuarto resumió hasta qué punto un jugador puede crecer cuando cree. Simplemente eso. Cree.

 

52-57 para el Real Madrid en el luminoso, ya que Rodríguez también se había apuntado a la fiesta –uno de sus triples tras asistencia de Nole, por otro lado-. El tempo del choque, por primera vez, en las manos del Real Madrid. Las prisas, en el bando rival. No habían pasado ni 10 segundos de cuarto mas él ya estaba gesticulando, poseído, con los brazos en alto mientras Llull botaba el balón, como si fuera la posesión final.

 

 El base jugaba con el tiempo y se olvidaba de su compañero. Balón a Suárez. A Novica solo le faltaba saltar o coger un megáfono para llamar la atención. En silencio, su mirada hablaba. Sus gestos pedían. Sus brazos gritaban. ¡Pasádmela de una vez! Carlos, sin opciones en la pintura, se giró y, cayendo, le envió el balón a Novica. Impertérrito. Imparable.

 

No había lanzado y ese triple ya había entrado. No había encestado y él, su defensor, su equipo, sus rivales, el Buesa Arena, los comentaristas, los telespectadores, Vitoria, Madrid y hasta la misma Belgrado ya sabían el destino de aquel balón. Y acertó, claro, con la emoción de la narración de Marc Brau aún resonando con épica en los oídos de los que le escucharon a través de Orange Arena: “¿Pero cómo puedes ser tan bueno? ¿Dónde te has escondido, Novica, en estos últimos años? ¿Dónde te habías metido?”

 

 

 

52-60. 6-27 de parcial, con 13 puntos salidos de sus manos y 3 de sus ojos en ese arrebato blanco. Y llegaría otra canasta forzada para el 56-66, para acabar con 22 puntos (5/5 T2, 4/7 T3), 5 rebotes, 2 asistencias, 1 robo y 22 de valoración. La dictadura de los números, el imperio de los datos, la moda de las curiosidades.


Que si 4 triples en un momento épico del mismo jugador que hizo un 1/16 en el global de la pasada campaña. Que si el mismo número de triples en los últimos tres partidos (8/15) que en toda la 2011-12 hasta ese momento (8/26), que si cuatro partidos seguidos con dobles figuras en anotación y valoración (63 pt, 61 val) para aquel al que ya no se esperaba. Bendito bucle de cifras que vienen y van, pensará, cuando todo es tan sencilo que cabe en 9 letras. Confianza.


Hojas de estadística a un lado. Triples puntuales a otro. Ya sí, Velickovic es Velickovic. Paso a la realidad, al viejo joven, al joven viejo Velickovic, al que fue lo que fue y lo que una vez dejó de ser para hoy volver a ser. Trabalenguas de emociones, olvidados los bajones, para el quinto es la esperanza con tamaña confianza. Esta vez, sube en ascensor.

 Daniel Barranquero

@danibarranquero

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Cuando Mirza Teletovic lanzó el triple, Nemanja Bjelica aún estaba en posición de recibir el balón. Aún pedía el pase, aún quería ser héroe. Quedaban menos de dos minutos, Sergio Rodríguez parecía dinamitar la prórroga segundos antes con un triple que colocaba por delante al Real Madrid y la serie pendía de un hilo.


Era su momento. Como lo está siendo esta serie, como lo está siendo el Playoff. El Nemanja perdido, el bloqueado, el del infortunio, el frío, el estancado, el de las dudas. Todo eso, tan poco ahora comparado con la inmensidad de la nueva versión, más bien la auténtica… al viento. Papel mojado, papel quemado, papel volado.

 

 

 

No era un espejismo. Ni efectos ópticos, ni rachas pasajeras. Realidad, golpe de realidad del jugador más entonado, hasta el momento, del Playoff de la Liga Endesa. Del más valorado (16,6 de media), tercero en rebotes (5,8), cuarto en puntos (12,6) y en tapones (1), capaz de ser, al mismo tiempo, el segundo triplista más certero (dos por partido, con un 47 % de acierto) y el segundo con un porcentaje más elevado en tiros de 2 (71%), además de sumar, en estos partidos, 8 asistencias (la mitad, este martes), 4 robos… y un mate. El Mate.

Él, que encontró al fin la luz en el último partido de la regular, con 17 puntos, 9 rebotes y 25 de valoración contra el Gescrap Bizkaia, al que aniquiló el cuartos. Él, que tan importante había sido en los dos partidos previos de semifinales. Él, que solo en 5 encuentros de Playoff suma más valoración (83) que en los 22 partidos de la pasada temporada (73) o que casi dobla sus números del global de la primera vuelta (48).

Él, que empezó el último cuarto con 4 puntos y 3 de valoración y que acabó arrasando en la prórroga hasta alcanzar los 19 de valoración merced a una exhibición de recursos sin igual. Él, el de la asistencia desde el cielo, en pleno salto, para que Teletovic se colgara nada más empezar el tiempo extra. Él, el de la penetración frente a Sergio Rodríguez culminada en un reverso fugaz y apoteósico que convirtió, segundos antes del Mate, el lanzamiento más forzado en la canasta más sencilla. El de los malabares, el de la clase, el resucitado. Nemanja.

Cuando Mirza probó fortuna desde más allá de 6,75, Bjelica se olvidó por siempre de pedir el balón para jugársela. Nemanja, situado tan lejos del aro como el propio Teletovic, bajó los brazos, impulsó sus piernas y corrió. Corrió y corrió para volar, como si el destino ya estuviera escrito, como si hubiera tenido algún sueño, en aquel verano de 2010 en el que se debatía entre las ofertas de media Europa, que culminaba en ese orgásmico mate. Perdón, Mate. Él ya lo sabía. Pasillo hacia la gloria, salto hasta el cielo. Y mil recuerdos por el camino.

 

 

Aquella paliza recibida por una banda callejera en Belgrado en su adolescencia, que rompió mucho más que su codo: su sueño de triunfar en el Partizan. Su caída al olvido, su viaje al otracismo en Austria, donde incluso la burocracia y los papeles se aliaban para dejarle sin jugar. Su tentación de abandonar el baloncesto tras romperse allí la pierna, los consejos de su padre, la rehabilitación en Belgrado, el encuentro con Pesic, que se enamoró de él y le vistió de base, de alero todoterreno, de jugador total. La Universiada de 2009, el bombazo de su convocatoria para el Europeo, la plata, la celebración. La explosión definitiva en la segunda parte de la temporada en el Estrella Roja tras la marcha de varios referentes (ahora, curiosamente, su salto llegó tras la llegada de Nocioni) o esa margarita con tantos pétalos del verano de 2010, con aroma baskonista.


“Es la mejor decisión de mi vida”
, afirmaba radiante en su primer día en Vitoria, tras desoír los cantos de sirena del Olympiacos. “La paciencia ha de ser el abono perfecto para que Bjelica explote definitivamente”, escribía Iván Fernández en su apasionada radiografía de 2010 de la estrella en ciernes. Casi dos años después, la confianza encontró premio.


Cuando el aro escupió el balón de Teletovic y lo impulsaba hasta el infinito, el destino parecía ya escrito. Bjelica, que había corrido veloz y sin oposición -¿acaso hubiera podido pararle alguien?- saltó alto, muy alto. Hasta la nueva cúpula si hubiera hecho falta. Se disponía a matar. Pero a matar de verdad.

Un flash, dos, tropecientos. Los días grises, la mala suerte, los momentos en el banquillo, los errores de antaño, los nervios y la lesión, ay, la lesión. Aquella fractura de escafoides en la muñeca izquierda que tanto le había frenado. Aquel maldito 26 de abril de 2011 en el que le confirmaban que su temporada se había terminado. Aquellos extraños términos, en serbio o en castellano (“técnicas artroscópicas percutáneas”) que dejaban helado a aquel que solo entendía la jerga del baloncesto.

¿Cómo no iba a machacar con rabia por encima de Velickovic? Que alguien diera un motivo, ¡solo uno!, por el que esa canasta no debiera convertirse en algo más que una canasta y ese mate en algo más que un mate. Macedonia de recuerdos, de frustraciones, de energía, de ilusión por el futuro, del entusiasmo de un Buesa Arena hipnotizado, entre abrazos, saltos y manos en la cabeza. Tan solo habían pasado 2,4 segundos desde que el balón salió de las manos de Teletovic. Suficiente tiempo para cambiar una trayectoria y quién sabe si incluso, una eliminatoria. De Timinskas a Bjelica. El Mate ya encontró secuela.

 

 

 

 


Tras mirar desafiante con sus ojos a la altura del aro y hacer el mate, con el pabellón entero gritando, Nemanja se retorció un par de veces más en lo más alto, jugando desde los 3,05 de altura como el niño que lo hace en un parque. Piernas arriba, flexionadas. Cabeza al frente. El pabellón, por los aires. El Caja Laboral, por delante. Gritos de MVP. Y él, aterrizando con inocente faz, con sus manos pidiendo calma. Como si solo hubiese anotado una sencilla bandeja en algún momento del primer periodo, solo supo caminar hasta la línea de los tiros libres para lanzar impaciente y romper, con su 2+1, un encuentro que acabó teñido con su clase, inclasificable mezcla de talento, locura, frialdad y elegancia. Dos años en dos segundos. Dos segundos para dos victorias. Dos segundos para una resurreción, una esperanza, un regreso. El basket sonríe. Él no cambia la cara.

 

Daniel Barranquero

@danibarranquero

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“Del éxtasis a la agonía, oscila nuestro historial”, cantaba el grupo de rock argentino Bersuit Vergarabat, el favorito de Pablo Prigioni, viaje de ida y vuelta el suyo, conocedor como nadie de las dos caras, la más extrema y la más cruel, de los siempre igualados Real Madrid-Baskonia.

24 años han pasado ya desde el primer duelo entre ambos en un Playoff. Corría 1988 y los cuartos se pusieron al rojo vivo muy pronto, con victoria inicial del entonces denominado Taugrés. Los madridistas remontaron, pero aquel 2-1 sería el mejor aviso de lo que vendría en los años siguientes. El cruce de los canastones.

 

 

ACB Photo / L. García
 

 

 

Playoff 89: El 2+1 de Llorente


Nadie mejor que Pablo Laso, hoy técnico del Real Madrid, pare recordar el apoteósico final de la serie de cuartos de final del Playoff 89. Los de la capital habían ganado en la ida, aunque aquel Taugrés era mucho Taugrés y, en el infierno de Mendizorroza, se atrevió a desafiar al cuadro liderado por Petrovic.


Aquel 30 de abril, Drazen pareció humano. Totalmente anulado por los baskonistas (2/13 en el tiro), su rival aguantó a duras penas en el partido, con la amenaza del 1-1 cada vez más importante por las diabluras de McPherson y Micheaux. Sin embargo, cuando quedaba un minuto y el marcador estaba 72-72, Petrovic falló pero cogió su propio rebote para anotar. Dos arriba.


A la siguiente jugada, que decidía el partido, Llorente le robó el balón a Laso y corrió de una parte a otra de la pista para anotar, recibir la falta y sentenciar el partido desde la personal. A semifinales. A pesar de aquella mítica canasta de Llorente, la afición alavesa se mostró orgullosa de su equipo y los jugadores tuvieron que salir incluso a recibir una emocionante ovación al terminar el encuentro. Y todos contentos.


Playoff 90: El triple de Cargol


La historia se repetía. Otro Real Madrid-Baskonia en cuartos. Tres años seguidos ya. El primer partido fue ganado de forma cómoda por los madridistas (96-85), aunque el Taugrés se propuso dar otra vez guerra como local y planteó una batalla que desarboló al Real Madrid durante muchos minutos.


Los vitorianos rozaron la machada, tras un partidazo de Rivas (27), y llegaron a mandar por 13 puntos, ya en la segunda mitad (62-49). Sin embargo, los visitantes se enchufaron al partido con Antonio Martín en estado de gracia y se pusieron un punto arriba. La afición del Taugrés seguía animando, hasta que Llorente, otra vez verdugo y, especialmente, Cargol, con un triple final totalmente letal, dictó sentencia: 93-100.

Playoff 2001: Lucio Angulo decide


Tras esas tres primeras eliminatorias entre baskonistas y madridistas, hubo otras dos más, y además, de forma consecutiva, en 1991 y 1992, aunque sin canastas finales tan decisivas como las mencionadas. En 2001 se recuperó la tradición, de la mano precisamente de otro jugador que pasó por los dos equipos, Lucio Angulo.


Eran las semifinales. El entonces llamado TAU Cerámica había vencido por 72-81 el primer encuentro y quería volver a su tierra con un 0-2 en el bolsillo, lo que estuvo a punto de conseguir, con un partidazo de Scola. Tras un 0-11 de parcial, se puso a un solo punto a falta de dos minutos y el mido inundó a su rival… hasta que le llegó el balón a Lucio.


Angulo no tuvo miedo a tirar y su triple dinamitó el partido, con un intento final de Corchiani para forzar la prórroga que no encontró fortuna. 65-63 y 1-1 en la serie, que acabó 3-2 para los madridistas. Sin ese triple, el billete a la final podría haber sido sellado por otro pasajero.


Playoff 2005: El rebote de Felipe


La Final del Playoff 2005 fue la del triple de Herreros, la canasta decisiva más importante de todas las vistas en estos duelos. Pero hubo mucho más. En el primer partido, el Real Madrid le arrebató el factor cancha al TAU Cerámica gracias a un final in extremis en el que Felipe Reyes fue el más listo de la clase.


80-82, 40 segundos por jugar. Macijauskas había remontado (29 puntos aquel día) y el Real Madrid empezaba a notar la presión. Tanto que Pat Burke falló un tiro sencillo... aunque ahí apareció Felipe Reyes para atrapar un rebote en ataque que valió un partido. Bullock sentenció segundos después desde el tiro libre (82-84 acabó el partido) y el 0-1 fue el primer ladrillo hasta el título liguero blanco.


Playoff 2005: Scola recupera el factor cancha


El TAU había igualado la eliminatoria en el segundo partido y todos querían ponerse por delante en ese tercer round, disputado en Madrid. El choque fue precioso, un homenaje al basket. Tenso, igualado, trepidante, ofensivo… y tuvo un protagonista que brilló con luz propia: Luis Scola.


El argentino se picó con Louis Bullock (26 puntos para el estadounidense) con 21 puntos de todos los colores, todos simbólicos y logrados en momentos clave del partido. Con 82-81 para el Real Madrid, Luis recibió en la zona, se inventó un reverso finalizado en semigancho, y consumó la venganza baskonista sobre la bocina, dejando helado Vistalegre. Los vitorianos, a un paso de un triunfo final que nunca llegó gracias a la heroicidad de Herreros.

 

 


Playoff 2010: El triple imposible de Marcelinho


Un año antes, se las habían visto en semifinales, con 2-1 para el TAU, que quería repetir en aquellas semis de 2010 para regresar a la final. El primer partido, muy igualado, no dio opción a canastas heroicas, ya que Bullock falló el triple que le hubiera dado el triunfo a los suyos, con 62-60 final para los de casa, para alegría del Buesa Arena.


Eso sí, el segundo encuentro reservaba como regalo una de las canastas más impresionantes y que más daño han hecho a un rival en un Playoff de la Liga Endesa. 68-69, quedaba un minuto para el bocinazo final. Los baskonistas habían fallado un tiro pero el balón no tocó aro, por lo que la cuenta de posesión no volvió a 24.

Cuando Marcelinho recuperó la posesión, 4 segundos antes de que sonase el bocinazo, se dio cuenta de la situación y corrió, saltando para lanzar, desde más desde 8 metros, en plena carrera y en situación forzada, un triple que acabó entrando y haciendo saltar por los aires el segundo choque. Gracias a esa canasta, el partido llegó a la prórroga, decidida finalmente para el cuadro baskonista por 85-80.

Playoff 2010: Eliyahu, el invitado sorpresa


La serie, bella y épica, se merecía un quinto partido. El Real Madrid no se dejó intimidar por el 2-0 inicial de su oponente e igualó la serie jugando como local, por lo que habría desempate para llegar a la gran final.

Pocas veces una canasta decisiva llega a tres minutos para el final, pero aquel día, con tan pocos puntos y tanta emoción, lo que hizo Eliyahu fue realmente demoledor. Cuatro puntos consecutivos del invitado sorpresa, que despertó al fin, habían alejado a su Caja Laboral por primera vez en el cuarto final.


Con 58-54, el invitado sorpresa Lior Eliyahu cogió el balón a media pista, corrió hacia canasta, se sacó de la manga un uno contra uno, hizo en plena carrera el reverso y anotó. 60-54. La final, en el bolsillo (el cuadro blanco solo anotó 2 puntos más). A la postre, el título liguero... también.

¿Crecerá la lista este año?

 

Daniel Barranquero

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