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Qué lejos y qué cerca al mismo tiempo queda aquel 25 de junio de 2001, cuando el Gipuzkoa Basket Club tomaba cuerpo y forma para vestirse de equipo de baloncesto dispuesto a crecer sin mesura, aceptando con naturalidad cualquier sonrisa o lágrima que el destino les tuviese preparado.


A veces, cuando el éxito emborracha, el aficionado del equipo poderoso pierde la perspectiva y considera que el único placer del deporte, que el único gozo del baloncesto, es el mero título. Como en otras tantas cosas de la vida, el camino cuenta tanto como la propia meta.

 

¿Quién osaría decir que en este periodo de más de una década ya, en San Sebastián no se ha disfrutado? Las mieles del éxtasis están en un trofeo, sí, mas también, tan salvajes y auténticas como aquellas, en un ascenso, en una permanencia, en una machada, en una clasificación sorprendente.


Pocas veces se puede encontrar un partido más trascendental que el de esta noche para la historia de un club. El 22 de mayo de 2012, sea cual sea el resultado, será siempre ya historia en el baloncesto donostiarra. O para recordar el instante en el que volaron más alto o como simbolismo del día en el que se hicieron mayores.


“Nos sobran los motivos”
, cantaba Sabina. ¿Y a Panko? ¿Y a Doblas? ¿Y a Sito Alonso? Imposible más acicates para luchar por un sueño. Por el espíritu del Askatuak, por los días de anonimato en LEB-2. Por aquella decepción en La Laguna o el posterior boom tras su debut en LEB. Por los 3-0 a Drac Inca y CB León, que bien valieron un ascenso.


Por los recuerdos del pabellón Gasca o aquel debut sin complejos en ACB venciendo en el Martín Carpena y en el Palau. Por las sinceras lágrimas de Fisac tras el descenso o por el resurgir de las cenizas con Laso. Por esa fiesta en Cáceres tras tumbar al Tenerife. Por los derbis vascos conquistados al año siguiente. Por la primera vez que rozaron estar en una Copa, con esa derrota definitiva en Fuenlabrada. Por los ilusionantes inicios, y también por saber sufrir cuando las vacas flacas llegaban. 


Por la paciencia, por la ilusión, por la remontada en Murcia para meterse entre los gigantes coperos. Por la segunda vuelta. Por cada noticia, por cada elogio, por cada salto dado en Illunbe. Por los guerreros, por los modestos, por los que no están, por los dos autobuses que han salido a las 10 de la mañana para cruzar el país por pasión y devoción.


Por la apuesta de Datac, Bruesa y Lagun Aro. Porque, 170 días después de rozar el abismo, con un 2-8 de balance inicial, y 3.984 amaneceres más tarde de aquel que iluminó el nacimiento del club, el GBC tiene en su mano convertirse en el primer debutante en un Playoff –más allá de los participantes en el primero, obviamente- en alcanzar unas semifinales ligueras. Sí, les sobran los motivos.

 

 

Como también les sobran a un Valencia Basket que necesita este impulso para volver a sentirse tan grande como el resto lo ve. Para un equipo que, hace cuatro meses y dos días, no podía imaginar un futuro tan feliz.

 

Loco aquel, que en la pesadilla del 22 de enero, tras la derrota en Badalona, sin Copa, con cambio en el banquillo, sin moral, hubiera vislumbrado un horizonte teñido de taronja y aderazado con finales europeas, puestos de privilegio en liga y partidos a vida o muerte para entrar en semifinales.


Porque Perasovic dio vida, mas la afición supo creer en lugar de reprochar y confiar en vez de hacer balances, con medio año aún por jugar. Porque en aquel momento era más fácil dejarse llevar, entrar en crisis y dejar arder el proyecto en lugar de encontrar la pieza que faltaba para el puzzle de la reacción. Para el puzzle de la reconquista.


Y es que esto, más que un partido de cuartos y más que un desempate, es una reconquista. Regresar a la verdadera elite, volver a meter la cabeza entre los cuatro mejores, enterrar maldiciones absurdas y sacar pecho en su tierra, sin tener que cruzar los Pirineos para acariciar finales. 40 minutos pueden pesar más que 3.281 días, los transcurridos desde ese inolvidable 29 de mayo de 2003, cuando los Montecchia, Liadelis, Hopkins y Rodilla guiaron a la 'Naranja Mecánica' hasta semifinales.


"Ha sido una cita histórica después de 16 años de la entidad"
, exclamaba Olmos. "El Pamesa ya se ha quitado muchas espinas este año", confesaba Rodilla. Aquella vez, como hoy, se hablaba del trauma de pasar los cuartos, del golpe en la mesa de entrar en unas semis, de crecimientos, de anhelos, de presente y futuro.


En esa 2002-03, el entonces denominado Pamesa no se conformó, superando al Unicaja en una agónica serie a 5 partidos para entrar por la puerta grande en la Final ACB. El Barça del triplete cerró por la vía rápida su Playoff más idílico, sí, pero derrumbado un muro psicológico, siempre es más fácil volverse a atrever a hacerlo. Volver a atreverse a soñar.

 

Por los fundadores del 86, por los que vivieron el ascenso ACB logrado en Santa Coloma en 1988 y sufrieron el descenso de 7 años más tarde. Por Rodilla levantando la Copa de Valladolid, y, por qué no, también por la derrotas en la final de la Saporta contra la Benetton de Nicola y el Siena del letal Naumoski. Irá por el mejor conjunto que Valencia vio jamás, aquel de Oberto o Tomasevic que bajó a la tierra el mito de semifinales semanas después  de conquistar la ULEB contra el Novo Mesto. Por la final copera de 2006, el quinto puesto de 2008, la Eurocup de 2010 y el coqueteo con la Final Four de 2011.

 

 


Por enterrar el 5º partido contra Unicaja en 2004, los tiros libres de Reyes en 2007, la exhibición de su ex Rakocevic en 2008, el tapón de Basile en 2009, la canasta sobre la bocina de Dowdell en 2010 o el increíble 12-1 final sufrido en Miribilla la pasada campaña para perder el factor cancha.


Las derrotas, los cambios en el banquillo, la impotencia europea contra el inspirado Planinic, el cabreo tras caer en la prórroga contra el Lagun Aro el pasado domingo. Todo ello puede ser transformado, en un segundo, en la mayor de las euforias pasadas las diez de la noche tras un partido en el que unos y otros rivalizarán cantando los versos de Sabina.

Daniel Barranquero

@danibarranquero

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Cuatro series, cuatro 1-0. Los derrotados, desde el bocinazo final, se prometen a sí mismos intentar forzar de todas las formas posibles el desempate y mantener la esperanza de sus aficionados, sin descartar la remontada. “Queremos regresar a esta pista”, “Hay que alargar el cruce”, “Aprenderemos de nuestros errores”… las declaraciones se suceden y recuerdan a las de cada Playoff, aunque los precedentes nos indican que sus opciones van más allá de la palabrería.


Es complicado prepararse mentalmente para el segundo encuentro, con el abismo a un solo paso y con el único premio de un tercer partido y en cancha contraria, mas hay tres precedentes que deberían animar a Lagun Aro GBC, Gescrap Bizkaia, Banca Cívica y Lucentum Alicante para seguir creyendo. Tres equipos que vencieron sus series de cuartos al mejor de tres, con 1-0 en contra y ganando el tercero en cancha ajena. Estas son sus historias.


CAI Zaragoza 1984: El orgullo de Magee


El ejemplo maño es el más extremo de todos, ya que el formato de la eliminatoria, en aquel primer Playoff de la historia, era diferente al actual, con dos partidos consecutivos en la cancha del mejor clasificado. Los zaragozanos arrancaron en casa con mal pie contra un Cajamadrid liderado por Beirán (26), McKoy (18) y José Luis Llorente (17) que se paseó por la cancha de su rival hasta el 83-96 final.

 

Foto: Gigantes

 

Las semifinales estaban a un paso pero el CAI dio la sorpresa en el segundo duelo, con el mítico Magee (33) y López Rodríguez (23) rompiendo la igualdad en los últimos minutos, a pesar de la inspiración de Beirán (31). El final no pudo ser más agónico, con el Cajamadrid de los {Brabender, Del Corral, Beirán y compañía haciendo faltas a la desesperada (12 en el último minuto) que no impidieron el triunfo final de los maños por 101-103.


Se había ganado una batalla pero la guerra parecía imposible, con un tercer partido, al día siguiente, en la pista del Cajamadrid. Aquel 19 de marzo sería histórico para el antiguo CAI, que tras haber ganado la Copa esa temporada, se doctoró en el Playoff con su segunda machada consecutiva en un duelo que dominó de principio a fin pese a la lesión inicial de Magee. Se lo dedicarían a él. Los aragoneses, guiados por Allen (21), llegaron a mandar por 24 puntos pero se desfondaron y los locales estuvieron a punto de culminar una remontada histórica (83-84). No lo lograron y la verdadera historia la hizo el CAI, que estuvo a punto de redondear la gesta en semifinales frente a un Barça al que intimidó (2-1).

 

Taugrés 1992: La mayoría de edad


Dos caminos se cruzaron en aquel Playoff de la 91-92. El del CAI, que perdió una ocasión histórica para ir a la Liga Europea, y el de un Taugrés al alza que empezó a ser grande, ya sin complejos, desde aquella temporada. Y eso que en cuartos, empezó con un 1-0 adverso, con Gerald Paddio vestido de crack local para sentenciar por 87-83 el primer envite.


En el segundo, los de Herb Brown llevaron el partido a su terreno y, con 7.000 almas empujándoles y un excelso Sibilio (6 triples), tomaron una renta cómoda que les permitió vencer con menos apuros de los previstos: 86-75. Habría tercero. Habría bombazo.


Los aficionados baskonistas que lo vivieron jamás olvidarán aquel 26 de abril del 92. Sin {Carlos Dicenta}, pero con un compromiso inmenso, una zona desquició a un CAI que fue poniéndose más nervioso a medida que los minutos pasaban sin que pudieran escaparse en el luminoso. Los Arcega funcionaban pero, para su desgracia, los Arlauckas (21), Wood (19), Sibilio (17), Laso (13) y compañía, también. Una zona del Taugrés anuló al conjunto de {Comas} y un tapón de Rivas a Paddio confirmó la machada, la enorme remontada y la primera clasificación para las semis del Baskonia (88-92).

 

TDK Manresa 1996: El espíritu de Creus


El Unicaja venía de ser subcampeón liguero, con aquel triple de Ansley que nunca entró, había realizado una fantástica fase regular, llegando incluso a ser líder (acabó 3º) y partía como favorito contra el TDK, algo que se multiplicó tras el primer duelo, un aplastante 90-69 para los de Imbroda, con 20 puntos de Nacho Rodríguez y 16 de Ávalos, en un paseo militar desde el primer minuto que le daban a la serie aroma de 2-0.

Nada más lejos de la realidad. “Es el momento de sacar el orgullo”, afirmaba Salva Maldonado, que contagió con su fe al Nou Congost. Con el público entregado, los de casa plantearon una respuesta excelsa al favoritismo rival y lograron forzar la prórroga, merced al talento de Williams (24) y la sangre fría de Peñarroya. Habría un segundo tiempo extra, con los malacitanos amagando con escaparse, pero un triple de Townes y otra canasta del héroe Peñarroya (20 puntos desde el banquillo), le dieron la vuelta al partido de forma apoteósica (106-100) y forzaron el desempate. Sería su guinda.

 


“Vamos con ilusión. Se pensaban que íban a ganarnos y ahora tienen la presión”, comentaba Rafa Vega, en una sentencia que bien valdría para cualquier conjunto que logre este domingo igualar la serie a 1. Todo le salió al TDK aquel 5 de mayo. Babkov se lesionó, Rodríguez se cargó de faltas, la defensa funcionó, a Esteller le entraba todo (25 puntos) y pese al orgullo de Kenny Miller (34, con 15/16 T2), masacraron al Unicaja en Ciudad Jardín, logrando diferencias que superaron los 20 puntos, y sellando su pase a semifinales con un contundente 82-98 final. Sería la semilla del inolvidable título de Liga ACB, que llegaría dos años después.


Ellos representan el más grande motivo de optimismo para los cuatro derrotados en el primer partido de cuartos, que jugarán como si no hubiera un mañana. A la vez, son el mejor toque de atención para que FC Barcelona Regal, Real Madrid, Caja Laboral y Valencia Basket no se confíen. La historia avisa. El basket juzga.

Daniel Barranquero

@danibarranquero

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18/05/2012

Con voz bajita, tímidos sus gestos, De Colo respondió nada más aterrizar en Valencia, hace ya tres primaveras, a aquella comparación con Antoine Rigaudeau, que siempre fue de la mano de su carrera. Raíces en el Cholet, todoterrenos exteriores, jóvenes precoces forjados con talento. Realeza. ¿La continuación de Le Roi? Por falta de ambición no sería: “No sé si seré el sucesor de Rigaudeau pero sí, los dos tenemos los mismos objetivos”.

 

ACB Photo / M. A. Polo

 

Y si el mítico Antoine se llevó un mal sabor de boca de su experiencia en Playoff, Nando De Colo está dispuesto a usar hasta el final el disfraz de héroe para conducir a su Valencia Bsaket a lo más alto. Por lo pronto, las semifinales están a un solo paso. Él es el gran culpable.

Su hambre, infinita. Un bote, dos, dribling, paso atrás y tiro. Nada más empezar. El balón no entró, ¿y qué más daba? Este sería su partido. A la siguiente jugada, coast-to-coast esquivando a medio Lagun Aro para inaugurar el marcador. A continuación, triple para dejar claro que monólogo, en ocasiones, también es sinónimo de exhibición. Su segundo acierto exterior, dinamitaba el inicio del partido (16-7) y cuando el GBC recuperó el aliento, el francés volvió a escena para anotar cuatro tiros libres consecutivos y taponar a Salgado, para conservar la renta al descanso: 44-37.

Era el mejor en números. Era el mejor en sensaciones. Y, sin embargo, sus dos primeros cuartos parecieron una broma en comparación con el derroche de facultades del tercero. Cuando Vidal anotaba desde 6,75 poco antes del ecuador del periodo, el encuentro parecía más vivo que nunca (49-44), mas un pequeño rey que viste de taronja no estaba dispuesto a que la igualdad se estirase hasta el infinito. Y ya se sabe que es ley la que quiere el rey.

Flashes. Chispazos. Latigazos. Calidad exprimida, zumo de genio. Balón a sus manos y triple. A la siguiente, se viste de Pietrus para aparecer en la zona y anotar a placer tras pase de un Florent con traje de Nando. Diez arriba y al banquillo. Un minuto de tregua y vuelta a la carga. Alley oop de concurso para mate de Faverani y, segundos más tarde, contraataque de libro y pase mágico entre las piernas para Caner-Medley. Por si fuera poco, De Colo elevó el show a categoría de obra maestra con otros cinco puntos consecutivos con olor a 1-0. Cuando regresó al banquillo, simplemente ya no había partido.

65-47. 16-3 en cinco minutos y todas las canastas valencianas con protagonismo directo suyo, excepto una de San Miguel. Y porque Rodrigo encestó en ese minuto que Nando pasó en el banquillo. Según él estuviera en una parte de la pista u otra, hubo dos partidos. Con él de suplemente durante casi 15 minutos, 22-26 para el Lagun Aro. Con él en pista, 60-34 a favor del Valencia Basket. Incontestable.

En total, 26 puntos (5/8 T2, 4/6 T3, 4/4 TL), 4 asistencias, 2 rebotes y 29 de valoración en 26 minutos, en la mejor actuación ofensiva de un taronja en Playoff desde el Shammond Williams en 2008. Y todo, el día en el que se vestía de centenario en la Liga Endesa y jugando una gran cantidad de minutos de base. Pues menos mal que no era fiable…

Elegante, rompedor, eléctrico, estelar. “¿Por qué siempre contra nosotros?”, se preguntará un Lagun Aro para el que De Colo se ha convertido en su más grande verdugo en su historia reciente.

 

En liga regular, 28 puntos, 9 rebotes y 37 de valoración en la ida… ¡en solo 21 minutos de juego! Aquella vez fue el Jugador de la Jornada y estableció topes históricos en la competición, como el máximo número de puntos o la segunda valoración más alta jamás vista en menor tiempo en pista. En la vuelta, 18 puntos, 4 asistencias y 3 rebotes para una media de 24 puntos y 27,3 de valoración cada vez que tiene al GBC enfrente.

 

Un cartel gigante de 5 metros de ancho y 8 de alto preside una de las entradas de La Fonteta. Visual metáfora de aquel que no dejó de crecer, especialmente en los momentos importantes. De los 3 puntos de valoración en el global de los tres partidos de los cuartos del Playoff 2010 o los 7 de valoración media en la lucha por el título de 2011 a un arranque excelso y prometedor del que en Francia apodan ya como el “Rey de España”. Le Petit Roi, al menos, que no el Principito. Él ya rige.

 

 Daniel Barranquero @danibarranquero ACB.COM

17/05/2012

El pequeño Erazem Lorbek tenía 4 días de vida. San Emeterio un mes, Triguero y los Urtasun un par, Caner-Medley cuatro y Taquean Dean, un añito, mientras que las mamás de Víctor Sada y de Kostas Vasileiadis estaban a punto de dar a luz. A Pablo Prigioni y Andrew Betts, con 7 años, les pillaba en otras latitudes y, con jugadores como el barcelonista Josep Pérez o el taronja Alberto Pérez a más de una década de nacer, probablemente el único que se acuerde de algo sea Nacho Ordín, que ya había cumplido 6 primaveras. 25 de febrero de 1984. Recuerdos en blanco y negro.

 

Allá cuando las manifestaciones cambiaban cosas y los derbis futboleros eran compatibles con el resto de deportes. Entre pancartas en la calle y la expectación por el Real Madrid-FC Barcelona del Bernabeu, había hueco para un deporte al alza, en pleno boom, culminado meses más tarde en el sueño de verano de Los Angeles.

 

El baloncesto crecía en España y, desde aquel día, todo cambió. El Playoff había aterrizado. Ese nombre tan sonoro llegado desde el otro lado del charco, adaptado desde Italia, que prometía un giro de todo lo visto hasta ese momento. “La Liga, transformada en Copa”, explicaban los diarios a aquellos que aún no entendían ese término que, en territorio ACB, llegó a escribirse con guion o sin él, con y sin comillas, junto y separado, en mayúsculas y en minúsculas, o en singular y en plural por parte de todos.

 

En realidad, el Playoff había nacido mucho antes, de la mano del florecimiento de la Asociación de Clubes. La ACEB, que se llamó así, en su gestación, propuso un modelo de competición diferente, que diese un giro de 180 grados y le diese más emoción a una liga que acababa decidiéndose en un par de encuentros de la regular. El modelo fue concretado el 27 de noviembre de 1982 y acabó aprobado de forma firme el 5 de marzo del año siguiente, tras una reunión maratoniana en un hotel de la capital.

 

Se trataba de dividir, en primer lugar, la liga en dos grupos de 8 equipos, ordenados según su clasificación en la pasada campaña: impares (1-3-5-7-9…) y pares (2-4-6-8…). Estos jugarían 14 partidos entre sí y, los primeros cuatro conjuntos de cada liguilla, pasarían, en segunda instancia, al grupo A-1. Los ocho restantes, al A-2. Volvería a jugarse otra fase a ida y vuelta que daría paso, una vez concluida, al esperado Playoff. Todo encajaba.

 

 

Cuadro Playoff
 

 

 

Los cuatro primeros de la A-1, exentos de jugar los cuartos. A partir de ahí, la batalla campal: A5-B4, A6-B3, A7-B2 y A8-B1, mientras que los cuatro últimos de la B-2 jugarían un Playout en dos fases para evitar el descenso. Se garantizaban más partidos, más beneficios para los clubes y mucha más emoción y vida para una liga que no tendría ganador hasta el ecuador del mes de abril.

 

La propia competición, en aquella temporada regular de la 82-83, le hizo un guiño al futuro más próximo del basket nacional. FC Barcelona y Real Madrid, que lo ganaban todo, quedaron en tablas en su doble enfrentamiento, con un triunfo para cada equipo. O alguno tropezaba contra otro rival o el nuevo palabro se usaría antes de lo imaginado. Y se usó. No era exactamente eso, pero toda la prensa habló de adelanto del Playoff cuando ambos conjuntos se vieron a disputar un encuentro de desempate para dirimir la liga.

 

“El Playoff ha llegado”, decía un periódico. “Un Playoff decidirá el campeón”, titulaba otro. Enemigos íntimos, barcelonistas y madridistas tendrían que jugar una batalla a vida o muerte, en campo neutral, para que el trofeo tuviese dueño. Oviedo ganó aquella subasta para acoger el “partido del siglo”, que se lo llevó el Barça, el gran triunfador junto a aquel invento de nombre anglosajón en aquel año. La moda del Playoff había calado.

 

En la posterior 1983-84, ya en época ACB, todos tenían muy presente que no habría nada decidido hasta el último día. “Aunque ganemos, no podremos decir que somos campeones. Aún queda el Playoff”, afirmaba Antonio Serra, técnico barcelonista, antes del Clásico. “Nosotros queremos ganar para llegar al primer puesto y tener ventaja en la fase final de la Liga”, replicaba Lolo Sáinz, que ya pensaba en clave Playoff.

 

Aquella temporada regular acabó a lo grande, con los históricos 54 puntos de Epi contra la Penya en la última jornada y con Real Madrid, Barça, Cajamadrid y Cacaolat, que le robó la plaza al Joventut en el último suspiro, clasificándose directamente para cuartos. Desde allí esperarían rival. Ellos, como otros tantos españoles, no se despegaron de la pequeña pantalla en aquellos días de locura baloncestística. “Como tocada por una varita mágica, la Liga se nos convierte de pronto en Copa. O, para que nos entendamos, en Playoff”, escribía El Mundo Deportivo, a cuya hemeroteca hay que agradecerles los gráficos.

 

El Playoff arrancó un sábado. A las 18:00, Caja de Ronda y OAR Ferrol encendían la mecha. Media hora más tarde, turno para el Licor 43-Baskonia, el primer choque televisado en un Playoff. Lo hizo TV3. Ninguno decepcionó. Fede Ramiro se salió en Málaga, con un 11/11 en el tiro frente al que sería su equipo en el futuro, que sirvió para el triunfo del favorito gallego. En la otra serie, sorpresa, con la pizarra de Manel Comas, técnico entonces del Cotonificio, anulando al anárquico Baskonia de Essie Hollis. 1-0 y para tierras vascas, en un formato en el que el mejor clasificado empezaba jugando fuera. En caso de desempate, tercer partido 24 horas después del segundo, en esa misma cancha. Y ocurrió, precisamente en esa serie.

 

 

Playoff 84
 

 

 

El antiguo Arabatxo Baskonia forzó el tercer partido, aunque los “licoreros” sentenciaron en el tercero. En el resto de las series, 2-0 por la vía rápida para OAR Ferrol, Joventut Massana y CAI Zaragoza. Más emoción habría en cuartos, con tres semifinales yendo al partido de desempate. El propio Licor 43 puso en aprietos al Real Madrid, mientras que Joventut y CAI vencieron, con factor cancha en contra, a Cajamadrid y Cacaolat respectivamente. Incluso en semifinales, el CAI Zaragoza estuvo a punto de dar la campanada (2-1) contra un Barça que entró, junto al Real Madrid, en una final que nunca tuvo final. No obstante, el Playoff había calado en su estreno, allá cuando Erazem Lorbek casi ni abría los ojos. 28 años después solo dos cosas permanecen: el anglosajón término se sigue escribiendo de mil formas… y, de solo oírlo, el corazón late más rápido. Hoy empieza todo.

 

Daniel Barranquero

@danibarranquero

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