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17/05/2012

El pequeño Erazem Lorbek tenía 4 días de vida. San Emeterio un mes, Triguero y los Urtasun un par, Caner-Medley cuatro y Taquean Dean, un añito, mientras que las mamás de Víctor Sada y de Kostas Vasileiadis estaban a punto de dar a luz. A Pablo Prigioni y Andrew Betts, con 7 años, les pillaba en otras latitudes y, con jugadores como el barcelonista Josep Pérez o el taronja Alberto Pérez a más de una década de nacer, probablemente el único que se acuerde de algo sea Nacho Ordín, que ya había cumplido 6 primaveras. 25 de febrero de 1984. Recuerdos en blanco y negro.

 

Allá cuando las manifestaciones cambiaban cosas y los derbis futboleros eran compatibles con el resto de deportes. Entre pancartas en la calle y la expectación por el Real Madrid-FC Barcelona del Bernabeu, había hueco para un deporte al alza, en pleno boom, culminado meses más tarde en el sueño de verano de Los Angeles.

 

El baloncesto crecía en España y, desde aquel día, todo cambió. El Playoff había aterrizado. Ese nombre tan sonoro llegado desde el otro lado del charco, adaptado desde Italia, que prometía un giro de todo lo visto hasta ese momento. “La Liga, transformada en Copa”, explicaban los diarios a aquellos que aún no entendían ese término que, en territorio ACB, llegó a escribirse con guion o sin él, con y sin comillas, junto y separado, en mayúsculas y en minúsculas, o en singular y en plural por parte de todos.

 

En realidad, el Playoff había nacido mucho antes, de la mano del florecimiento de la Asociación de Clubes. La ACEB, que se llamó así, en su gestación, propuso un modelo de competición diferente, que diese un giro de 180 grados y le diese más emoción a una liga que acababa decidiéndose en un par de encuentros de la regular. El modelo fue concretado el 27 de noviembre de 1982 y acabó aprobado de forma firme el 5 de marzo del año siguiente, tras una reunión maratoniana en un hotel de la capital.

 

Se trataba de dividir, en primer lugar, la liga en dos grupos de 8 equipos, ordenados según su clasificación en la pasada campaña: impares (1-3-5-7-9…) y pares (2-4-6-8…). Estos jugarían 14 partidos entre sí y, los primeros cuatro conjuntos de cada liguilla, pasarían, en segunda instancia, al grupo A-1. Los ocho restantes, al A-2. Volvería a jugarse otra fase a ida y vuelta que daría paso, una vez concluida, al esperado Playoff. Todo encajaba.

 

 

Cuadro Playoff
 

 

 

Los cuatro primeros de la A-1, exentos de jugar los cuartos. A partir de ahí, la batalla campal: A5-B4, A6-B3, A7-B2 y A8-B1, mientras que los cuatro últimos de la B-2 jugarían un Playout en dos fases para evitar el descenso. Se garantizaban más partidos, más beneficios para los clubes y mucha más emoción y vida para una liga que no tendría ganador hasta el ecuador del mes de abril.

 

La propia competición, en aquella temporada regular de la 82-83, le hizo un guiño al futuro más próximo del basket nacional. FC Barcelona y Real Madrid, que lo ganaban todo, quedaron en tablas en su doble enfrentamiento, con un triunfo para cada equipo. O alguno tropezaba contra otro rival o el nuevo palabro se usaría antes de lo imaginado. Y se usó. No era exactamente eso, pero toda la prensa habló de adelanto del Playoff cuando ambos conjuntos se vieron a disputar un encuentro de desempate para dirimir la liga.

 

“El Playoff ha llegado”, decía un periódico. “Un Playoff decidirá el campeón”, titulaba otro. Enemigos íntimos, barcelonistas y madridistas tendrían que jugar una batalla a vida o muerte, en campo neutral, para que el trofeo tuviese dueño. Oviedo ganó aquella subasta para acoger el “partido del siglo”, que se lo llevó el Barça, el gran triunfador junto a aquel invento de nombre anglosajón en aquel año. La moda del Playoff había calado.

 

En la posterior 1983-84, ya en época ACB, todos tenían muy presente que no habría nada decidido hasta el último día. “Aunque ganemos, no podremos decir que somos campeones. Aún queda el Playoff”, afirmaba Antonio Serra, técnico barcelonista, antes del Clásico. “Nosotros queremos ganar para llegar al primer puesto y tener ventaja en la fase final de la Liga”, replicaba Lolo Sáinz, que ya pensaba en clave Playoff.

 

Aquella temporada regular acabó a lo grande, con los históricos 54 puntos de Epi contra la Penya en la última jornada y con Real Madrid, Barça, Cajamadrid y Cacaolat, que le robó la plaza al Joventut en el último suspiro, clasificándose directamente para cuartos. Desde allí esperarían rival. Ellos, como otros tantos españoles, no se despegaron de la pequeña pantalla en aquellos días de locura baloncestística. “Como tocada por una varita mágica, la Liga se nos convierte de pronto en Copa. O, para que nos entendamos, en Playoff”, escribía El Mundo Deportivo, a cuya hemeroteca hay que agradecerles los gráficos.

 

El Playoff arrancó un sábado. A las 18:00, Caja de Ronda y OAR Ferrol encendían la mecha. Media hora más tarde, turno para el Licor 43-Baskonia, el primer choque televisado en un Playoff. Lo hizo TV3. Ninguno decepcionó. Fede Ramiro se salió en Málaga, con un 11/11 en el tiro frente al que sería su equipo en el futuro, que sirvió para el triunfo del favorito gallego. En la otra serie, sorpresa, con la pizarra de Manel Comas, técnico entonces del Cotonificio, anulando al anárquico Baskonia de Essie Hollis. 1-0 y para tierras vascas, en un formato en el que el mejor clasificado empezaba jugando fuera. En caso de desempate, tercer partido 24 horas después del segundo, en esa misma cancha. Y ocurrió, precisamente en esa serie.

 

 

Playoff 84
 

 

 

El antiguo Arabatxo Baskonia forzó el tercer partido, aunque los “licoreros” sentenciaron en el tercero. En el resto de las series, 2-0 por la vía rápida para OAR Ferrol, Joventut Massana y CAI Zaragoza. Más emoción habría en cuartos, con tres semifinales yendo al partido de desempate. El propio Licor 43 puso en aprietos al Real Madrid, mientras que Joventut y CAI vencieron, con factor cancha en contra, a Cajamadrid y Cacaolat respectivamente. Incluso en semifinales, el CAI Zaragoza estuvo a punto de dar la campanada (2-1) contra un Barça que entró, junto al Real Madrid, en una final que nunca tuvo final. No obstante, el Playoff había calado en su estreno, allá cuando Erazem Lorbek casi ni abría los ojos. 28 años después solo dos cosas permanecen: el anglosajón término se sigue escribiendo de mil formas… y, de solo oírlo, el corazón late más rápido. Hoy empieza todo.

 

Daniel Barranquero

@danibarranquero

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