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Este sábado, Barça Regal y Real Madrid se citan para la madre de todas las batallas. Es una Final, es una Liga Endesa, es un quinto. Es emoción, es un todo o nada, es un vida o muerte. Es el presente. Es el futuro. Es el pasado.


Ricos de títulos y de recuerdos, ambos conjuntos conocen las dos caras del basket, y no es complicado encontrar dos precedentes, uno por equipo, de situaciones similares con las que poder motivarse cada uno de los equipos.

 

El feliz adiós de Epi

 

Si el FC Barcelona Regal gana, será completar del todo el guiño al 95. Y es que, solo una vez en toda la historia un equipo que fue perdiendo por 1-2, acabó conquistando el título. Cómo lo sudó aquel Barça.

 

16 de mayo de 1995. Se caía Ciudad Jardín, entregado a un sueño pintado de verde, a uno de esos momentos mágicos que vive una ciudad con el deporte, con el baloncesto. El Unicaja de Imbroda. Soplo de aire fresco, juego descarado, sin complejos, sorprendente, arrollador. Con más de cinco mil personas empujando y 26 puntos de Ansley, los malagueños superaron en el tercer choque a su rival, para el que de nada sirvieron los 18 puntos de Crowder o los 4 triples en el último minuto. 88-87. 1-2 en la eliminatoria y un cuarto en el horizonte con todos los elementos en contra.


“Esto es lo más importante que ha pasado en la ciudad desde la reconquista por parte de los Reyes Católicos”
, se escuchaba en una radio local. “Esto será Sarajevo”, anunciaba una pancarta en el pabellón malacitano. Resultaba un reto mantener la mente fría, mas el Barça supo crecerse en la situación más adversa imaginada.

 

“La eliminatoria no está resuelta. El próximo partido será muy complicado pero vamos a ganar nosotros”, exclamaba confiado Salva Díaz. “No estamos vencidos, ni mucho menos”, añadía Xavi Fernández. Y no lo estuvieron. El cruce de declaraciones, los árbitros, la polémica… todo se olvidó cuando comenzó un cuarto partido que batió récords de audiencia (4,4 millones de espectadores y 6,5 en los últimos 15 minutos, con 40,4 % de share), con pantallas gigantes en Málaga y un ambiente auténticamente infernal en Ciudad Jardín.

 

El cuadro blaugrana salió a tumba abierta desde el inicio, sin reservar nada, con Ferran Martínez (24) y Crowder (15) de líderes, si bien acabó sufriendo y el partido se puso agónico. Ansley, que había anotado 37 puntos, se jugó el no-triple más importante de la historia de la ACB y el balón no entró, por lo que habría quinto partido. ¡Y qué quinto!

 

 

 


Como en la actual Final, el Barça salvó el match-ball en el cuarto pero no tenía aún la Liga en el bolsillo. “Falta lo más difícil”, repetían una y otra vez los jugadores barcelonistas. “Nos mentalizamos para ir al infierno”, confesaba Javier Imbroda. Vaya si se mentalizaron. Tanto que, durante muchos minutos, pusieron en jaque al favorito y a la propia Liga, dominando desde el inicio, aunque la entrada de Andreu y Salva Díez le dio la vuelta al partido y permitió vivir unos últimos minutos de fiesta absoluta en un Palau desbordado de gente y pasión.

 

Cuando quedaban 32 segundos, Aíto García Reneses pidió tiempo muerto y dio entrada a Epi, que viviría sus últimos segundos como jugador barcelonista en un final idílico, con el colofón de dos tiros libres y la ovación general antes de descorchar el cava y brindar por una Liga (73-64) en la que la lucha del vencido engrandeció aún más el mérito del vencedor.

 

La Liga de Djordjevic

 

La historia, caprichosa, quiso que se viviera una situación similar justo un lustro después de aquella inolvidable final. Guion diferente, rival distinto, desenlace opuesto. Esta vez, el aspirante era un Real Madrid que le arrebató el factor cancha a su rival en el primer partido, aunque acabó naufragando en el segundo, cayendo por 28 puntos.

 

Poco le duró la alegría al Barça, que vio como su rival le devolvía el baño 48 horas después, con victoria blanca por 26 puntos en el tercero. El golpe fue muy duro aunque, como en este ocasión, el orgullo prevalecía: “Ganaremos, seguro”. Palabras de Gurovic en el túnel de vestuarios, nada más ser arrollados en el tercer asalto por el Real Madrid.

 

Aíto intentaba picar el amor propio de los suyos comentando que no veía a su equipo capacitado para reaccionar y, al igual que en la Final de 1995, la serie se vio salpicada por la polémica, aderezada con polémica y cintas de vídeo. El Barça supo jugar mejor con la presión y, una vez más, sobrevivió para salvar el match-ball madridista, gracias a la actuación de Digbeu y al dúo Pau Gasol-Juan Carlos Navarro, con 13 puntos cada uno. 2-2 y la serie de vuelta al Palau.

 

El Barcelona, como en 1995, como en 2012, había logrado lo más complicado, mas esta vez el rival sí reservaba fuerzas para dar la última estocada, en el precedente que más puede ilusionar al Real Madrid, superando incluso el de 2005 con el triple de Herreros en Vitoria, tanto por tratarse esta vez del mismo rival como por el desarrollo de la serie, calcado al de entonces.

 

“El Barça lo tiene todo de cara pero confío en mis jugadores y esperaría antes de darnos por muerto”, señalaba Sergio Scariolo que, una vez más, tenía un plan. Y eso que el Barça, que jamás había perdido en casa un partido de desempate, pareció durante muchos minutos capaz de ganar el título, mandando durante una gran parte del encuentro, llegando a dominar por 11 puntos y entrando en la recta final del choque con una renta cómoda.

 

A falta de 7 minutos, con 7 puntos abajo, Scariolo puso en pista a Djordjevic, el gran protagonista de la serie. El serbio, que había declarado horas antes sentirse madridista, inauguró su casillero de puntos nada más entrar y lideró la reacción visitante, con 8 más en los últimos minutos.


A falta de 6 minutos empataría Scott (16) y entre Alberto Angulo (19) y Struelens (15) hicieron el resto, desquiciando al conjunto blaugrana, que acabó viendo impotente como el Real Madrid acertaba en cada una de sus acciones finales, incluido el carrusel de tiros libres, para acabar llevándose el partido (73-82), la Liga y el trofeo a casa.


La imagen de Djordjevic, con el brazo en alto y dirigiéndose hacia el centro de la pista, con su antiguo compañero Nacho Rodríguez corriendo para recriminarle y meterle en el túnel de vestuario, ya es historia de la ACB.


¿Cuál será la de este año? ¿Tendrá aroma a 1995 o a 2000? Ambos tienen motivos para la ilusión. Ambos tienen motivos para la cautela en la madre de todas las batallas.

 Daniel Barranquero

@danibarranquero

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