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Escribía el poeta uruguayo Gonzalo Curbelo que la confianza sube por escalera y baja por ascensor. La de Velickovic, aquella perdida en el limbo, entre banquillazos, lesiones y rachas con aroma a maleficio, descendió hasta el sótano en el último año y medio.

Lejos quedaba la expectación de su llegada al Real Madrid. Le preguntaron por Kukoc en su rueda de prensa. Como con Gasol, Navarro o Rubio en España, cualquier talento precoz con sello balcánico pasa por ese filtro y debe responder a las comparaciones con el genio Toni o el malogrado Petrovic.


Velickovic no era Kukoc. Velickovic era Velickovic. Y le daba para ser uno de los jugadores más prometedores de Europa cuando llegó a la ACB y uno de los jugadores más dominadores de la competición en aquella primera parte de la temporada 2009-10. Pero la escalera pareció quedarse sin peldaños y lo que en principio fue un bajón de juego, se convirtió en una temporada aciaga en la 2010-11, con toda la fe en sí mismo derramada por el suelo, ese que tocó de blanco mucho más que el propio cielo.

 

 

 

Laso se propuso recuperarlo en este curso para la causa blanca pero el menisco de su rodilla derecha no tuvo la misma fe que el técnico madridista y Velickovic no volvió a sentirse jugador hasta la segunda vuelta, ilusionando en Copa y regalando destellos, que alternó con presencias más testimoniales que decisivas.

Hasta que llegó el Playoff. “No hay excusas”, decía en la víspera. Primer aviso, al Banca Cívica, con 17 de valoración en el primer duelo y un +25 en la valoración +/- en la gran victoria merengue del segundo, con él como pieza clave y muchos, muchos minutos en su haber. Empero, lo del Caja Laboral sería otra historia.

 
Segundo aviso al Caja Laboral. Y tercero, y cuarto, y quinto… tantos como partidos haya en una serie en la que, junto a Sergio Rodríguez, él es monarca en cuanto a sensaciones y espíritu. Sus 12 puntos en el estreno de la serie contra el Caja Laboral resultaron estériles, mas sus palabras no. El otrora frío Nole hizo un llamamiento a la afición, para que la serie viajase con empate a Vitoria . Sus palabras tuvieron efecto. Su fe y sus 16 puntos, también.

Con 1-1, volvió a dar la cara en el tercer duelo, con otros 13 puntos cargados de fuerza y orgullo. No sirvieron para el 1-2 pero sí para darle más épica a su mayor heroicidad como madridista. Lo de este jueves no fue el mejor partido en cuanto a números, pero por el momento, por la importancia, por el simbolismo y por el baño de confianza, es complicado recordar uno más especial para él en estos últimos tres años en el Real Madrid.
 
¿Qué es poesía?, se preguntaba Bécquer. Sin pupilas azules para responder, Nole se centra en definir otro término cuya riqueza jamás dejará de crecer. ¿Qué es confianza, Novica? ¿Qué diablos es?

Confianza es entrar en el partido con ojos inyectados en sangre, recibir el primer balón , ir de un lado a otro, cual poseso, cambiarse el balón de mano, inventarse un reverso y anotar tras gancho.


Confianza es acariciar el segundo balón del tercer partido y tirar un triple (o eso creía él), que finalmente fue de dos puntos por pisar la línea, y evitar que el Caja Laboral se escapase. O, en la siguiente jugada, postear para atraer a los rivales y asistir entonces a Singler, que le daba la primera ventaja al Real Madrid.


Confianza es su triple escorado y sin pensárselo, para poner el 12-12 en el marcador, con 7 puntos sin fallos en solo cinco minutos, sí, pero también confianza es jugársela otra vez a la siguiente jugada, a pesar de su fallo anterior.

 

 

Confianza es perderse el segundo cuarto entero, comerse las uñas en el descanso y, en frío, sacar las castañas del fuego en el peor momento de su equipo. Buscar fortuna en la zona, pasar, correr hacia el triple, gritarle a Begic para que le devolviese el balón y lanzar como si no hubiera mañana para volver a hacer creer al Real Madrid. 46-40. Había partido.

 

Confianza es recibir, en pleno eléctrico contraataque de Sergio, sin capacidad para frenar, casi debajo del aro, e inventarse una canasta a aro pasado esquivando brazos rivales y, en la siguiente posesión, volver a pedirla con todo tipo de gesticulaciones para lanzar de lejos –y otra vez pisando- y empatar un partido que minutos antes parecía roto.

 

Confianza es mirar fijamente la línea de 6,75 para no volver a acariciarla y, anclado en la lejanía, lanzar como un resorte un minuto más tarde para poner al Real Madrid nuevamente por delante.17 puntos en 17 minutos en aquel momento, tras ese explosivo triple.

 

Pero si todo eso no valía, si acaso su tercer periodo, sus semifinales, sus cuartos o su cambio de actitud no eran suficientemente prueba de que la escalera de la confianza volvía a tener peldaños hasta el infinito, la primera jugada del último cuarto resumió hasta qué punto un jugador puede crecer cuando cree. Simplemente eso. Cree.

 

52-57 para el Real Madrid en el luminoso, ya que Rodríguez también se había apuntado a la fiesta –uno de sus triples tras asistencia de Nole, por otro lado-. El tempo del choque, por primera vez, en las manos del Real Madrid. Las prisas, en el bando rival. No habían pasado ni 10 segundos de cuarto mas él ya estaba gesticulando, poseído, con los brazos en alto mientras Llull botaba el balón, como si fuera la posesión final.

 

 El base jugaba con el tiempo y se olvidaba de su compañero. Balón a Suárez. A Novica solo le faltaba saltar o coger un megáfono para llamar la atención. En silencio, su mirada hablaba. Sus gestos pedían. Sus brazos gritaban. ¡Pasádmela de una vez! Carlos, sin opciones en la pintura, se giró y, cayendo, le envió el balón a Novica. Impertérrito. Imparable.

 

No había lanzado y ese triple ya había entrado. No había encestado y él, su defensor, su equipo, sus rivales, el Buesa Arena, los comentaristas, los telespectadores, Vitoria, Madrid y hasta la misma Belgrado ya sabían el destino de aquel balón. Y acertó, claro, con la emoción de la narración de Marc Brau aún resonando con épica en los oídos de los que le escucharon a través de Orange Arena: “¿Pero cómo puedes ser tan bueno? ¿Dónde te has escondido, Novica, en estos últimos años? ¿Dónde te habías metido?”

 

 

 

52-60. 6-27 de parcial, con 13 puntos salidos de sus manos y 3 de sus ojos en ese arrebato blanco. Y llegaría otra canasta forzada para el 56-66, para acabar con 22 puntos (5/5 T2, 4/7 T3), 5 rebotes, 2 asistencias, 1 robo y 22 de valoración. La dictadura de los números, el imperio de los datos, la moda de las curiosidades.


Que si 4 triples en un momento épico del mismo jugador que hizo un 1/16 en el global de la pasada campaña. Que si el mismo número de triples en los últimos tres partidos (8/15) que en toda la 2011-12 hasta ese momento (8/26), que si cuatro partidos seguidos con dobles figuras en anotación y valoración (63 pt, 61 val) para aquel al que ya no se esperaba. Bendito bucle de cifras que vienen y van, pensará, cuando todo es tan sencilo que cabe en 9 letras. Confianza.


Hojas de estadística a un lado. Triples puntuales a otro. Ya sí, Velickovic es Velickovic. Paso a la realidad, al viejo joven, al joven viejo Velickovic, al que fue lo que fue y lo que una vez dejó de ser para hoy volver a ser. Trabalenguas de emociones, olvidados los bajones, para el quinto es la esperanza con tamaña confianza. Esta vez, sube en ascensor.

 Daniel Barranquero

@danibarranquero

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