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 “Sentir la camiseta”, “dejarse el alma en la cancha” o “jugar con sangre, sudor y lágrimas” son tópicos del deporte, hipérboles que buscan la conexión total entre el protagonista y el aficionado, capítulos de heroicidad espontáneos que humanizan a las estrellas… para transformarlas en leyendas.


El domingo, dos jugadores llamaron con fuerza a ese club de la épica alcanzada por aquellos que dieron más de lo que tenían, solo por un equipo, por unos colores y por una victoria. Kostas y Ryan, Ryan y Kostas, caminos cruzados para un destino común.

 

ACB Photo/Arrizabalaga

 

 

El 14 de abril empezó la pesadilla para Kostas Vasileiadis. Ese día, su Uxue Bilbao Basket luchó por conquistar la Eurocup pero él, pese a sus 16 puntos, no pudo volver con una sonrisa de Charleroi. Incluso, un par de tiros libres suyos fallados justo antes del descanso era señalado por parte de Katsikaris como ejemplo de la mala suerte vivida durante toda la final.


“Es un momento difícil para nosotros pero esto no nos debe parar. Tenemos que pasar página y que seguir adelante”, afirmaba, ignorando que otro fallo en un tiro libre 7 días más tarde, con un 102-101 adverso en el marcador a falta de 3 segundos, supondría la derrota contra el Canarias pese a sus 21 puntos.


Parecía una mala racha, pero al fin y al cabo todo quedaba en clave deportiva, donde un tiro libre errado, o tres, debían ser pura anécdota al lado de su trayectoria o su misma temporada. Sin embargo, una lesión se cruzó por su camino.  Un hematoma óseo le dejó sin jugar contra el CAI Zaragoza y, a los tres días, solo pudo jugar 9 minutos testimoniales (0 puntos, 0 de valoración) frente al Laboral Kutxa. Habría que parar del todo.


Kostas no viajó a Sevilla. Kostas tampoco estuvo contra Valencia Basket o Blusens Monbus, viendo impotente como el anhelo de luchar por la cuarta plaza se esfumaba sin que él pudiera hacer nada por evitarlo. Para colmo, se probó antes del primer partido de cuartos contra el Barça Regal pero, al ver Katsikaris que el encuentro se le iba a los suyos, decidió no forzar y reservar al griego para el segundo encuentro.

La derrota por 26 puntos pesaba pero el regreso de Vasileiadis suponía el contrapunto. La esperanza. Y ni siquiera disimuló su decisión. “Sí, voy a estar seguro en el partido. Yo creo que podemos ganar, ¿por qué no? Daba igual perder por 1 que por 20. Ahora debemos igualar la serie y seguir soñando”.


Con él, Miribilla lo sabe hacer. Somnífero del sueño dulce, su puesta en escena, tras el impulso inicial de Grimau, permitió el despegue de su Uxue Bilbao Basket y, a la postre, el triunfo final. Renqueante, sin ritmo de juego ni de competición pero con un corazón más grande que su apellido, Vasileiadis regaló 5 minutos y 56 segundos de épica a su afición durante el segundo periodo.


7 puntos (4/5 Tl, 1/1 T3), 4 rebotes, 2 faltas recibidas, 1 robo, 13 de valoración… y una jugada, simbólica y letal. Tras pase de Samb, desde la esquina, a mitad de camino entre el aterrizaje para llegar hasta allí en carrera y el salto para tirar a canasta, soltó el balón como un resorte sin que Lorbek pudiese rozarlo. El pabellón se vino abajo. Triple, máxima en el luminoso (48-30), saludito militar a la grada y un aviso a navegantes. En el tercer partido estará. Y con él, siempre todo es diferente.

Uno nació en Salónica y el otro en el corazón de Salónica. Uno iba de negro y otro, de amarillo. Jugaban a 2.400 kilómetros de distancia y cada uno sufría un dolor diferente. Mas, este domingo, Kostas Vasileiadis y Ryan Toolson fueron hermanos de épica. Parientes muy cercanos en cuanto a compromiso e implicación.

 

ACB Photo/M.Henríquez

Ryan Toolson también sufrió la condena de las lesiones en la recta final de la liga regular, perdiéndose el partido de la Jornada 32, frente al Lagun Aro. Malditas molestias en los isquiotibiales que le impedían entrenarse y que, cuánto le dolió aquello, le dejaron incluso sin poder viajar a Vitoria-Gasteiz para jugar el primer partido de cuartos.

Quizá nunca sabremos si un final menos cruel para su equipo hubiera pospuesto su reaparición. Si la rabia que tuvo tras la derrota agónica de su Herbalife Gran Canaria no le dio aún más fuerzas para intentarlo, para luchar por llegar al segundo partido. El sábado, se probó, necesitando atenciones durante todo el entrenamiento, sin perder la esperanza de poder ayudar el domingo a su equipo.
 
Lo consiguió. Cuando Toolson entró, con 7 minutos del partido ya transcurridos, miró al CID, vestido de amarillo. Imposible no luchar por esa gente. Imposible no luchar por sí mismo. Sus 5 puntos con su firma seguidos nada más empezar el cuarto, los entremeses. Abrían el apetito, sí, pero también los espacios en pista y las opciones de su equipo.

 

El plato principal, el triple en la cara de San Emeterio para hacer creer más que nunca a los suyos en la victoria (63-64), a falta de dos minutos para el final. El postre, sus 4 puntos seguidos para alejar a su Herbalife Gran Canaria en la prórroga, con canastón incluido por el camino.


Mientras subía la bola, cual base, pudo pensar en los trenes perdidos en Italia o en la misma lesión nada más aterrizar en Gran Canaria que le obligó a pasar por el quirófano y le puso cuesta arriba su adaptación al equipo. Mientras celebraba, cuál héroe (17 puntos, 20 de valoración), el dolor físico o el esfuerzo para llegar al encuentro, eran por fin peajes pagados con sentido, una forma algo extrema de transformar la alegría en éxtasis.
 
Las frases hechas tomaron cuerpo y el compromiso se comió a los topicazos. Vasileiadis y Toolson, héroes desde el banquillo, héroes desde el dolor. Hermanos de épica y gloria. ¿Podrán aumentarla el martes?