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La vida no es un camino de rosas. O, al menos, para mí no lo ha sido nunca. A lo largo de los años he aprendido que es imposible tener una vida completa y perfecta, pues si es perfecta,  si tienes todo lo que quieres,  dejas de darle importancia a lo que tienes. Lo que no te cuesta conseguir, no vale nada. Es por ello, por lo que no debe ser magistral, debe mantenerse el orden y para que algunos aspectos de tu vida sean ejemplares,  debes sacrificar algunos otros. Así es como se consigue la felicidad…

Tal vez no todos estéis de acuerdo con mi filosofía pero es tal y como yo veo la vida. Esta forma de pensar me da fuerzas para seguir hasta en los momentos más difíciles, pues siempre pienso que toda tragedia trae algo bueno en un futuro.

Y os preguntareis… ¿A qué viene esto en un blog de baloncesto? Pues mucho, este viaje que tengo la suerte de contaros es precisamente eso, un sueño hecho realidad; es posiblemente una de las cosas más felices de mi vida, una de las mayores experiencias que podré contar en un futuro a mis hijos y nietos. Si realmente aprecio lo que ahora tengo, si me siento un afortunado, es precisamente porque no ha sido fácil conseguirlo.

Así que hoy, os contaré la historia desde sus inicios: ¡los pilares de esta aventura! Y sobre todo, algunas curiosidades de la diferencia de dos culturas con las que nos encontramos, que os harán reír un poco.

El primer problema fue la elección de la universidad y la firma de la beca. Realmente fue un proceso lento y difícil: papeles, exámenes, decenas de e-mails diarios a los entrenadores interesados.  Fue complicado, no os engañéis. Tienes que ver que te ofrece cada universidad, cuál reúne todo lo que buscas, cuáles tienen carreras que te interesen (en mi caso, muchas se desligaron de mi lista porque no tenían ingenierías ni arquitectura, que era lo que quería estudiar), después mirar el nivel académico de la universidad, el tamaño, localización, cantidad de estudiantes, etc. Después viene el momento del baloncesto, cuáles son mejores y cuáles peores, dónde vas a tener minutos y dónde no. A continuación, qué es mejor: ¿jugar en NCAA o bajar una liga para tener más minutos? Bueno, fue complicado, para qué engañaros; pero gracias a la ayuda de Gonzalo y del resto del equipo de AGM Sports… ¡lo conseguimos!

Más tarde, llegó la hora del visado. Si os cuento que lo recibimos la mañana antes de nuestra partida alucinaríais. Pues sí, ¡así fue! Hubo muchos momentos en los que creímos que no llegarían a tiempo. Con los visados en la mano, era el momento de la maleta, la temida maleta. Realmente preparar una maleta para estar un año entero viviendo fuera no es muy fácil,  y la dificultad se incrementa notablemente cuando tenemos en cuenta lo siguiente. Primero, sólo podemos hacer 2 maletas de 20 kg cada una (las mías fue 20.3 kg y 19.8 kg… justito, justito). Segundo, la ropa de invierno (pues los inviernos de Ohio no son los de Madrid), ahí se te va media maleta. Posteriormente llega la hora de las zapatillas.  Creo que metiendo las zapatillas de correr, las de baloncesto, unas para el día a día y unos zapatos para los actos de la universidad, teniendo en cuenta que uso un 48, había desaparecido media maleta más. Así que nos quedaba, sin exagerar, una sola maleta para el resto de cosas. Sin la ayuda de mi madre y mi novia Elena, os puedo decir que eso habría sido un desastre.

Después de todo, el día había llegado, era 21 de Agosto, el sol aún no había despertado, las calles estaban solitarias pero dos muchachos españoles se preparaban para embarcarse en un sueño que unos meses antes no habían podido ni imaginar…

Dani había viajado toda la noche desde Valencia a Madrid así que se durmió nada más entrar en el avión. Bueno, eso después de que las azafatas cambiaran a tres personas de asiento sólo para que nosotros tuviéramos sitios un poco más amplios, ya que nueve horas de viaje a Chicago con asientos normales es realmente una tortura.

Aterrizamos en Chicago y, con el lento proceso de Inmigración y sus habituales preguntas (¿Sabes hacer bombas? ¿Vienes a USA con intenciones terroristas? Y yo pensaba… “A ti te lo voy a decir”) perdimos nuestro vuelo de enlace,  así que, hasta ahora el viaje iba “tal y como estaba planeado”, sí señor. Menos mal que lo pudimos cambiar a dos horas más tarde. Dos horas que el coach estuvo esperándonos en el aeropuerto. Pero al fin y al cabo, ¡después de todo habíamos llegado! Estábamos en Columbus, capital de Ohio. Así que como os dije, la pérdida del vuelo y todo lo demás se había convertido en una anécdota más para contaros a vosotros o a mi familia, pues yo no tenía preocupaciones entonces. ¡Era 100% feliz!

 

 

 

 

Llegamos a la universidad y ahora viene lo bueno de esta historia, nos enseñaron las instalaciones (increíbles) y el vestuario (apasionante); sillas con el eslogan de la universidad, una televisión de plasma para hacer los seguimientos de los partidos que no cabe en mi habitación de la residencia, y cada sitio con su nombre. Realmente, un sueño. Además, una semana después, pusieron una moqueta nueva azul que lo deja inmaculado. Pero había más, en la taquilla de Dani y en la mía nos esperaba un desodorante, y preguntaréis por qué. Esa misma cuestión nos hicimos nosotros… hasta que unas semanas después nos enteramos de que en América creen que los europeos no usamos desodorante, porque como el clima es más frío, no se suda, entonces no lo usamos… Ahora estaréis pensando lo mismo que nosotros (qué tontería)… pero si hubierais visto la cara de Dani cuando nos enteramos, veríais que es de lo más gracioso. El pobre alucinaba.

La ultima anécdota antes de acabar mi entrada tiene algo que ver con los besos… los besos que le dimos a una jugadora del equipo de baloncesto cuando nos la presentaron y el “cachondeito” que hubo después en el equipo con aquel momento, pues aquí nadie se da besos para saludarse, sólo se dan la mano, sean chicos o chicas, sólo la mano. Así que si os queréis reír un rato solo tenéis que imaginarnos a Dani y a mí, el segundo día después de llegar, en americano (porque eso no es inglés, es una lengua diferente) e intentado explicar que en España se dan dos besos y que realmente no queríamos nada con esa chica… ¡reconozco que fue de los más embarazoso!

 

 

 
Y bueno, ya para concluir… os quiero contar un secreto que no dijimos a la familia para que no se preocupara. Ahora claro está se va a enterar toda España pero no pasa nada, es para explicaros todos los detalles divertidos de nuestro viaje. Cuando llegamos a la universidad nos encontramos con un detalle interesante: la residencia de estudiantes no tiene almohadas, ni sábanas, ni mantas, así que los primeros dos días fueron de lo más divertidos; durmiendo con la mini-almohada y la manta del avión. A ello hay que incluirle un par de calcetines en cada pie pues si querías tapar el torso, los pies quedaban al descubierto y por supuesto una pequeña contractura en el cuello debido a las malas condiciones. Pero yo pienso ahora… ¡pudo ser peor!

Así que tranquilos todos, que ya hemos aprendido la lección. Y espero que vosotros también la hayáis aprendido:

“Coged siempre la almohada y manta del avión… nunca sabréis de lo que os puede salvar”

 

Esta es una pregunta que me hago muy a menudo. Es una sensación fuera de lo normal, un elixir que lo cura todo y te hace que no puedas imaginar un día de tu vida sin él. Es una actividad educativa, que te enseña de forma directa los valores de la vida; valores como la superación, el sacrificio, el trabajo en equipo... Te muestra el orgullo de la victoria, y la pena e impotencia de la derrota, haciéndote que salgas impune de ellas y puedas aprender de ambas. Es un viaje a lo inconcebible, un mundo en la frontera entre lo real y lo imaginario, que te desconecta de todo. Todos tus problemas desaparecen en el momento en el que atraviesas esas líneas blancas, esas líneas que limitan tu territorio… esas líneas que te separan de la vida real, como una frontera entre dos países vecinos. Creo que todos los que inviertan su tiempo leyendo Blogs de baloncesto realmente saben a qué me refiero.

 

Mi historia tiene algo que ver con fronteras, con baloncesto; claro está… y con qué es real y qué imaginario.

 

Pero antes de todo me presentaré: Mi nombre es Víctor Sánchez Bande, o Vic Bande como aquí me llaman; (los americanos son auténticos aficionados de la acotación de los nombres; en mi equipo hay un P.J, un J.D y un G...) Tengo 19 años y puedo decir que  mi historia con el baloncesto se la debo ante todo a mis padres. Cuando tenía tan sólo 6 años me apunté a un equipo de fútbol (toda mi clase iba a fútbol así que no iba a ser yo menos, ya sabéis) y mis padres me pusieron la condición de ir a baloncesto miércoles y viernes si quería ir a fútbol. Así fue como descubrí esas indescriptibles sensaciones que os conté antes. También debo decir que mi aventura futbolera (o soccer como aquí lo llaman) no duró más que ese primer año.

 

Con 8 años empecé a jugar en la Dehesa, un pequeño equipo que luchaba por victorias contadas pero donde realmente descubrí mi afición por este deporte. Con 11 entré en el alevín del Adecco Estudiantes donde jugué 7 años, hasta mi último año de junior. Esos años los compaginé con Selecciones Madrileñas y Selecciones Españolas (hasta sub-15) y el año pasado jugué mi primer año senior en Fuenlabrada antes de embarcarme en la maravillosa aventura que será la protagonista de este blog durante el resto de ediciones...

 

¿Qué lleva a una persona a dejarlo todo atrás por un sueño? ¿Qué es lo que da fuerzas a alguien para embarcarse a lo desconocido? ¿Para empezar una nueva vida a más de 6000 km? ¿Qué es más importante: el baloncesto o los estudios?

 

Estas son preguntas que debería responderos antes de entender mi historia.

 

Yo amo el baloncesto por encima de todo, disfruto de él cada segundo pero, como dijo una vez en una entrevista que hizo mi compañero Nacho Guigou en esta web: “Mi carrera deportiva depende de un montón de factores y la mayoría de ellos son factores externos a mí. Sin embargo, mi carrera como estudiante depende sólo de mí". Todo el mundo sabemos que los estudios son lo primero, pero hay mucha gente que lo olvida por el camino. Una lesión puede ser el final de tu carrera baloncestística, pero no de tu carrera académica. Y así de real y dura es la vida. Por tanto, traté de no dejarme llevar por ese mundo perfecto e imaginario que parece el baloncesto, y apoyé mis pies en la vida real, mi futuro real.

 

Nunca imagine una vida sin baloncesto, pero sabia que no podía dejar mis estudios a un lado tampoco; entonces pensé… ¿Por qué no? ¿Por qué no usar todo mi sacrificio a lo largo de los años, mi trabajo y esfuerzo, para labrarme un futuro mientras juego al baloncesto? Esa pregunta fue realmente el inicio de esta historia, lo que me empujó a dejar todo atrás, a mi familia, a mis amigos, a mi novia Elena y embarcarme hacia lo desconocido, igual que Cristóbal Colón se embarcó en su carabela hace 517 años.

 

Ahora, varios meses después de que esa pregunta surgiera en mi cabeza, me encuentro en University of Rio Grande, en Ohio, disfrutando de una beca baloncestística completa, jugando a nivel universitario americano y estudiando una Ingeniería Industrial, lo que se dice totalmente por la cara...

 

Vic Bande, en el pabellón de la University of Rio Grande

 

Así que ésta será la protagonista de mis próximos escritos. Cada vez más gente está tomando este camino; Dani Martí (Pamesa Valencia) tomó el mismo camino y ahora es mi compañero de equipo y de habitación.

 

Mi intención es que conozcáis este mundo, que tengáis información; una información que yo no tuve y que todos los amantes del baloncesto, disfrutemos de esta aventura, que yo he tenido la suerte de vivir.