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Hoy no os voy a contar nada de Turquía, nada del turismo de Estambul o las compras en el Gran Bazar y mucho menos os voy a contar que ha hecho España porque hoy les he dado un día de tregua a los chicos. Básicamente os voy a contar la forma más tonta de descarrilar que tiene un tranvía.

 

No sé si lo sabéis o ya os lo he contado, pero el tráfico de Estambul es terrible así que mi ruta para el pabellón se basa en coger primero un tranvía, luego un metro (no entiendo muy bien la diferencia porque los dos van por los mismos raíles y al descubierto) para al final andar 10 minutos hasta el pabellón.

 

El martes, como todos los días, estaba dispuesto hacer este recorrido pero el tranvía se ha parado cuando le faltaba 500 metros para llegar al metro. Resulta que estaban en obras (como en media ciudad) y había un cable que impedía seguir por el rail. Rápidamente unos operarios han venido a estirar del cable y con una escoba lo han elevado para que no tocara los cables del tranvía. Hasta aquí todo correcto, el problema es que el tío se ha cansado de sujetar y por las buenas ha soltado el cable cayendo éste sobre el tranvía que todavía no había terminado de cruzar el sitio. De repente han saltado chispas, algún vagón se ha salido de la vía y ha empezado a entrar humo en el tranvía.

 

 

 

 

Poca broma con el caos que se ha montado, por menos en Valencia montamos un pollo de tres pares de narices pero aquí la gente ha salido y ha seguido caminando. Por cierto, el que ha salido y casi no entra es el conductor del tranvía... se había dejado la puerta cerrada y no podía entrar en él. Era de chiste.

 

Al final hemos hecho una marcha pacífica por mitad de la vía cortando el tráfico y formando un gran kilombo, aunque a la gente le daba igual cortar el tráfico y cada uno iba a la suya. Lógicamente el metro se ha retrasado e intuyo que el acceso al pabellón ha sido más caótico que de costumbre.

 

 

 

 

Y hablando del pabellón, hoy tocaba ver a dos selecciones que arrastran mucha prensa como son China y Argentina. Hoy la colonia asiática ha seguido creciendo y se hace de notar porque hagas lo que hagas siempre te están sonriendo y disculpando de no sé que cosa. Por curiosidad he preguntado a una periodista que cuántos eran y ésta, tras previa consulta oficial, me ha dicho que 12... mi compañero de al lado ha soltado un tremendo ¡12 po¿?¿#! que nos hemos reído un rato ¡Si en una sola fila ya hay 12 chinos! Creo que con ellos no va la cosa del mundial, son felices estando aquí y da igual que su selección pierda.

 

 

 

 

A los que no le da lo mismo es a los argentinos. A estos se les nota a una legua porque se les oye en la distancia. Lo viven con pasión, se vuelcan con el equipo y es todo un espectáculo verlos en acción ¡Son muy grandes! Ojalá nuestros caminos se crucen en la final aunque entonces no sé si los lectores de este blog (de piedra me quedé cuando me dijeron que seguían este blog) y el escritor nos llevaremos bien. Hasta entonces ¡Aguante Argentina! y sigan disfrutando del mundial.

 

PD: Dicen que Milos Teodosic podría no jugar porque tiene un dedo roto. No me lo creo aquí también huele a chamusquina