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05/09/2010
 

Hoy el día ha amanecido gris y chispeando, a media mañana le ha dado por empezar a llover y me han dicho que, cuando se ha puesto en serio, lo ha hecho con intensidad. Manda narices que antes de salir de viaje quitase el paraguas para meter las bermudas y al final me tocará comprar uno.

 

La Selección y algunos compañeros de prensa tenían pensado ir al Gran Bazar, pero con lo que no contaban era con la lluvia y que en domingo el macrocentro comercial cierra.

 

Viendo el panorama creo que he tomado la mejor decisión posible y antes de que cayera la del pulpo yo ya estaba en el pabellón.  Había quedado con Matt Nielsen para hacerle una entrevista y a las once ya estaba yo en el Sinan Erdem Arena con la casa a cuestas.

 

 

 

 

Soy un mochilero de la vida y en mi petate llevo el kit de supervivencia del periodista: portátil, grabadora, cámara de fotos, pasaporte, boli, libreta y los pichurros (nombre común que se le da a cualquier moneda que no sea la española). El problema de cargar con todo ello es que la espalda se resiente, primero por el peso y luego por la sudada que me pego. Porque sí, os he dicho que hoy ha llovido pero la humedad es impresionante y he llegado al pabellón con la espalda empapada de sudor. Nada grave hasta que me he dado cuenta que el pabellón tenía el aire acondicionado a toda potencia.

 

El sábado por la noche no sé si fueron los calores del partido o qué pero sólo al final, casi cuando nos íbamos, la prensa empezamos a notar la baja temperatura a la que está el pabellón y yo casi me convierto en un frigopie. Debe ser para que el público caliente de Turquía se enfríe pero a nosotros nos mata. Creo haber visto a un pingüino salir de una nevera... aunque dos días más así y el pingüino seré yo.

 

Cuando he accedido a la pista Australia todavía estaba entrenando y no me han dejado pasar, ha venido el Manager de la selección y me ha preguntado si era de la tele. "Sí, claro el Matías Prats del baloncesto" y me han tenido esperando hasta que al terminar el entrenamiento periodistas eslovenos y yo hemos ido a por nuestras presas. A mí me estaba esperando Matt con su perenne barba y su habitual simpatía. En Valencia seguro que se le echará de menos, pero creo que él también añorará la ciudad.

 

De vuelta a la sala de trabajo, sólo he visto a Jorge Sierra, editor de Hoopshype, que venía a por Ersan Ilyasova. Del resto de la prensa española ni rastro aunque sí un buen puñado de argentinos. Eran de la ESPN latina y andaban montando un buen kilombo. Pretendían dejar sus trastos en las taquillas del pabellón pero se encontraron que aquí las taquillas no tienen llave así que es como dejarlas en la mesa a la vista de todos. Ha habido un valiente que ha dejado su cámara aludiendo a que "no creo que me la choreen".  Y mientras yo con mi café.

 

Aquí todo es disoluble y hoy me he hecho fan del café de vainilla. Vamos no sé si es café qué, yo he leído que ponía vainilla y he tirado para adelante. Es muy probable que no fuera café porque no me ha quitado el sueño aunque está bueno de narices y creo que antes de irme a España voy a chorear algunas bolsitas para casa.

 

 

 

 

Ir pronto al pabellón tiene dos grandes ventajas: la primera es que te puedes librar de pasar los controles de seguridad, hoy sólo he enseñado mi acreditación una vez y no me han hecho pasar por ningún detector de metales. Vamos que podía llevar perfectamente la mochila llena de napalm que aquí nadie hubiera dicho nada. La segunda ventaja es que puedes pasearte, comer e ir de compras dentro de él sin los agobios de la gente. El paseo ha sido breve porque el pabellón todavía está en condiciones un poco precarias y no hay mucho que ver (eso sí fuera tienen una exposición de los principales monumentos de los países mundialistas... todavía no he visto ni el de España ni el de Costa de Marfil). Comer, bueno digamos que no he comido mal. He comprado un chicken kebab que se dejaba comer y me permitió ahorrar para compras. Lo malo es que aquí las compras no creo que sean muy grandes. Supongo que caerá un recuerdo del mundial, pero nada de camisetas de equipo. Están las de Turquía y Estados Unidos (con el 6 de ¡Lebron James!) pero valen 120 pichurros, es decir, unos 60€. Las de Grecia valían menos y después de perder supongo que aún valdrán menos.

 

Luego ya en los partidos, prohibido moverse. Estamos hacinados en las filas de prensa y casi no tenemos espacio ni para sacar los codos. En un espacio de cinco personas deben caber cinco portátiles, dos televisores para ver las repeticiones, dos monitores con estadísticas y espacio para las hojas y apuntes (si consigues espacio para escribir). Lo dicho no cabe ni un pelo de gamba.

 

 

 

Total que hoy no hay mucho que contar, lo de ir a la torre de Galata y seguir recorriendo lo he dejado para otro día. Mañana comienza la última semana del campeonato, parece que fue ayer cuando empezó pero ya llevamos gran parte del camino recorrido. Lo que queda lo seguiré contando. Hasta entonces, abríguense y no se mojen.

 

PD: Ayer me enseñaron una web para desbloquear el capado a páginas webs que hay en Turquía ¡Es la vida!