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11/09/2010

Lo reconozco he caído en la tentación. He pecado y me he dado al vicio de comprar compulsivamente en Estambul. Finalmente me he entregado a la evidencia y he seguido como un elefante más la ruta del consumo, esa que recorre la línea del tranvía y que acaba en la zona de las mezquitas. A falta de rematar este domingo las compras con los pertinentes imanes para la nevera, el sábado me ventilé los últimos compromisos. El premio gordo se lo ha llevado mi hermana que me hizo una lista más larga que la de los reyes magos. Realmente ella disfruta cuando me voy de viaje, sabe que siempre trinca más cosas que yo.

 

 

 

Menos mal que uno ya venía entrenado de Esmirna en las artes del regateo y aquí me he hecho un ‘pro'. Bueno, eso creo yo porque aquí uno nunca sabe a ciencia cierta quién es el que está ganando en el regateo. Eso lo comprobé el primer día en el Gran Bazar cuando pillé una ganga y después de cerrar el trato con la mano le pregunté al vendedor que qué tal había estado y me dijo que aún él había sacado un buen precio. Mejor hubiera estado calladito.

 

Muy importante esto de no hablar porque en el Gran Bazar la gente sabe mil idiomas y enseguida te pillan que eres español y comienzan a agobiarte. Yo opté por hablar en catalán pero ni con esa. Conocí un vendedor que sabía ocho idiomas: turco, hebreo, español, francés, alemán, italiano, francés y portugués. Con éste sólo me faltó sentarme a negociar pero por lo demás seguí todas las fases del regateo. Primero pregunté precio, sistemáticamente dije que muy caro (120 liras), luego él me insistió y me mostró todo el género. Ese fue el momento de lanzar mi primera oferta ¡50 liras! El tío se llevó las manos a la cabeza pero aquí me dijeron que el precio correcto es la mitad de lo que primero digan. Así que me hice el remolón y subí a 60... y el vendedor aceptó ¿chollazo? No creo. Si yo sé el truco del 50%, aquí estos se lo sabrán y seguro que aún así salen ganando.

 

 

 

En cuanto a las mercancías a comprar aquí hay de todo y todo falso. Como un vendedor en Esmirna me dijo aquí uno encuentra "auténtica imitación bonita". Lo mejor es mirar la calidad y si el precio te convence comprar. Yo he pillado algunas camisetas de la selección de baloncesto que están bien para lo que aquí se estila. Al tío que se la pillé le hice el día y a cambio él se estiró menos que un portero de futbolín y sólo me dio un pin de Turquía ¡Tacañón!

 

Ojo con lo de la pela que hasta aquí llega la fama de los catalanes. Un día un tío se puso a venderme una colonia (Acqua de Gio) de la que yo pasaba absolutamente porque tenía una pinta de todo menos de colonia. Por no escucharle le dije que una lira y éste pasó de las 50 a las 10 liras. Como vio que yo no me bajaba de la burra, acabó soltándome en un precioso español ¡Catalán, tacaño! La pela es la pela.

 

Hoy es la traca final y promete ser la repera porque los turcos se la juegan. Durante una semana han estado llenando sus partidos y ha llegado el momento de la recompensa. Aquí la ciudad (y supongo que el país) viven por el baloncesto y el día en el que celebran un referéndum para cambiar la constitución pueden hacer historia. El cambio es una a olla presión turca, se llena una hora antes y no deja de animar bajo el sonido del 12 Dev Adam una canción que sonaba en 2001 y que ahora sigue estando de moda.

 

 

 

Es un himno turco y más o menos viene a decir que todos están con los jugadores animando. Se utiliza tanto en el fútbol como en el baloncesto y aquí la ponen a cada momento. Debe ser el a por ellos!!! turco.

 

No sé cómo lo haré pero prometo contaros lo que acontezca el día de las medallas. Hasta ese momento, disfrutad de la paella del domingo.

 

PD: Después de acabar con los bosques de la Anatolia, a la FIBA ha llegado el reciclaje y ultimamente nos dan las hojas de estadísticas con partidos jugados por la otra cara. Ayer tenía un bonito Turquía-Irán en las de España.