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Escribo estas palabras mientras en la calle hay fiesta. Es una celebración lituana y no es para menos. Hoy nos han ganado un partido imposible y comprendo perfectamente que ahora estén gritando, bebiendo y haciendo la ola... seguramente si fuera el revés hasta yo acabaría bañándome en las aguas de Esmirna (y no son las más limpias del mundo).

 

La de ayer es una derrota que difícilmente se puede explicar. Ver las caras de los jugadores era ver la cara de la impotencia. Junto a mí han pasado todos y no sabías que hacer... casi daban ganas de coger a todos y darles un abrazo para animarles. En serio, gente como Garbajosa salía con cara de no saber que había pasado.

 

Este no es un espacio para la reflexión ni tampoco creo que sea la persona más adecuada para hacerla, sólo os puedo decir que la cara de los periodistas que estábamos en la grada era de estupefacción. En estos días es difícil contar o escribir que ha pasado y yo, por ejemplo, lo he pasado mal.

 

Como en el fútbol hoy en la redacción hemos hecho rotaciones y me ha tocado ver el partido desde el banquillo, sin hacer la crónica, y ahora entiendo a los jugadores que dicen que desde fuera se sufre más. Seguramente si hubiera tenido que escribir, el cabreo sería el mismo pero los nervios durante el partido no hubieran existido.

 

Nervios y enfado, porque me ha tocado vivir el duelo junto a compañeros lituanos. A ver, entendiendo y queriendo respetar a todos los profesionales, creo que su actitud no es la correcta porque ante todo somos periodistas, no aficionados y a veces viendo a la prensa lituana (supongo que sólo una parte) no sé donde está el límite entre el fan y el profesional.

 

 

 

Ya ayer creo que os avisé por aquí o el twitter que me daba miedo el compañero de televisión que estaba a mi lado, festejando una de las canastas de su equipo en la remontada ante Canadá tiró el trípode de una cámara (por suerte no se rompió nada). Uno puede, vestirse con las camisetas de la selección, festejar y aplaudir las canastas de su equipo pero hasta un punto que es en el que no se molesta al compañero de al lado que está concentrado y trabajando. Lo bueno que tienen es que son muy correctos, siempre saludan y ayudan en lo que se les pide. Al final creo que lo suyo es pasión y creo que en Lituania el baloncesto es como una segunda religión por eso se les puede perdonar.

 

Tras el trabajo, poco a poco, los compañeros de prensa hemos ido intercambiado opiniones. Y todos llegamos a la conclusión, {Javi, Corti, Tala, Fernando...} todos, pensamos que mientras hay vida hay esperanza y este equipo tiene mucha vida, ahora sólo falta recuperar ánimos y fuerzas porque el camino será duro.

 

Por cierto, me piden algunos amigos que os cuente nuestra salida del pabellón. Ha sido surrealista al más no poder: en un microbus con la prensa hacinada dentro y conduciendo (y girando) marcha atrás durante un rato... creo que es una metáfora de cómo van mis equipos en el SuperManager, cada vez sumo menos puntos aunque mañana puede ser peor. Ya os diré, hasta entonces, animaros que esto es baloncesto.

 

PD: Ahora sólo espero que cuando cierre el ordenador y apague la luz mis vecinos lituanos no me den mucho la noche. Yo mañana, en cualquier caso cuando baje a desayunar procuraré no hablar en español e iré de incógnito... en modo infiltración,