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15/12/2010

Vaya por delante que soy consciente de que con esta entrada socavo definitivamente mis posibilidades de ser millonario (o como diría una profesora en la universidad muchimillonario) como entrenador. Después de lo que os voy a contar no creo que ningún directivo ACB quiera ficharme ni como mopero. Hoy toca hablar de mi estrecha relación con la derrota.

 

Convivo diariamente con ella y forma parte ya mi esencia, soy un loser en toda regla. Esto llevado al baloncesto significa que lo único que gano como entrenador son disgustos porque lo que son partidos... los justos. A ver, como todo exagero y de vez en cuando ganamos pero a lo que viene el tema de hoy es que no recuerdo entrenador con peor balance en partidos decididos por tres o menos puntos.

 

El lunes hice acopio mental de partidos igualados y el número de derrotas supera ampliamente a las victorias. Mi curriculum como winner se limita (creo) a un partido en el que quien es ahora mi segundo entrenador metió un triple. Lo recuerdo porque éste llevaba un partido realmente lamentable (incido en lo de lamentable a sabiendas que va a leer estas líneas) pero como las estadísticas pocas veces se equivoca era raro que se fuera del partido sin meter un triple así que la última jugada fue para él y la enchufó.

 

Bueno pues esa victoria es un oasis en el amplio y árido desierto de derrotas que me acompañan. Son muchas y de todos los colores. Remontando, siendo remontado, mereciendo ganar, mereciendo perder, tras prórroga. Créanme que el repertorio me lo sé de memoria y mis equipos lo han recitado. De entre ellas destaco una con mi equipo senior en la que perdíamos de uno y nos jugamos un triple final. Sí, con dos coj... y cero neuronas ¡Qué buenos tiempos donde todo era un run and gun constante y no defendía ni el tato! Luego está la mítica con el primer equipo de chicas que entrené. Fallamos en uno contra uno y perdimos de dos después de que me pitaran técnica por... ¡beber agua! ("es que no sé que hacías" me dijo el árbitro a posteriori)

 

Con cadetes he tenido dos muy interesantes, una en un derbi después de quedarnos sin jugadores en el banquillo y mereciendo ganar en la pista del rival. La segunda fue gloriosa para mi expediente de eterno perdedor. Ganábamos de dos y a un jugador mío le hicieron una antideportiva como un piano, pero sólo nos dieron dos tiros. Falló uno y decidimos defender el triple. El rival falló pero capturó el rebote y anotó una auténtica mandarina, una castaña, un churro o como diría Andrés Montes ¡bonilla a la vista! En la prórroga, teníamos el último balón con uno abajo y pedí jugar un pick and roll abierto con el funesto resultado de que todo salió perfecto pero a mi pívot (que estaba sólo) le entró un ataque de DirkNowitzkismo y en lugar de anotar una fácil entrada se cascó un triple. Zas, en toda la boca.

 

Y así llegamos a la actualidad donde esta temporada ya son tres finales apretados donde no soy capaz de hacer ganar a mis equipos. En esta ocasión creo que lo merecimos porque siendo peor equipo llegamos a los dos últimos minutos tres arriba. Entonces llegó la catástrofe. En cuatro ataques consecutivos (dos en los que mi pívot decidió hacer un coast to coast a lo Pau Gasol sin levantar la cabeza) no conseguimos ni siquiera lanzar y el rival se puso uno por delante. Con todo recuperamos el balón y tuvimos siete segundos para atacar.

 

En el tiempo muerto diseñé una jugada con varias opciones que comenzaba con un doble bloqueo al base para recibir el balón. En previsión de que hiciera zona (lo hicieron todo el partido) la jugada continuaba con un bloqueo entre pívots como distracción para, realmente empezar la acción con unos cinco segundos.

 

 

La idea era sencilla jugar un pick and roll frontal porque la zona era muy estática y en caso de ser individual el pívot podría hacer la continuación.

 

 

Había otra opción donde el alero tras sacar de fondo recibía el bloqueo ciego del escolta (que a su vez se abría). La idea era no jugárnoslo a una carta porque si no salía el equipo podía bloquearse, siempre planifico jugadas con alternativas. Así pues las instrucciones eran:

 

1.- Penetración del base.

 

2.- Si no se podía recibir sería el ‘cuatro' quien recibiría y jugaría un aclarado.

 

3.- Si no salía el bloqueo o penetración siempre estaba el pase al alero que había recibido el bloqueo ciego o el dos tirador.

 

 

Como intuís por todo lo anterior la jugada no salió porque en la penetración la base recibió una falta con el pie (luego hubo un momento fútbol que el árbitro no vio). En mi buena época me hubiera enfadado pero esta vez no. Felicité al árbitro porque me gustó como dirigió el encuentro, también le dije tranquilamente que se había equivocado al final y a mi compañero entrenador que había ganado el partido.

 

Digo esto porque minutos antes él protestó duramente una antideportiva (instantes previos una rival le hizo una zancadilla y no se señaló). Él jugó su baza y lo hizo muy bien porque cambió el arbitraje (dudo que habiendo pitado tres prórrogas el día de antes el árbitro se hubiera arriesgado a pitar falta e ir a prórroga). No pasa nada, los dos lo sabíamos y es lo bueno de hablar entre personas, al final es deporte y nos entendemos.  

 

En fin, supongo que algún día ya les tocará ganar a mis chicas y la pizarra servirá para algo más que gastar tinta de rotulador. Por cierto si todavía hay algún manager dispuesto a contratarme, por favor que deje sus datos en ACB. Sus propuestas serán atendidas :-D

Ya os digo yo que no es así. No todo vale para ganar y mucho menos en edades de formación. Muchos piensan que todo o casi todo está permitido con tal de conseguir el objetivo pero ¿cuál es el objetivo? Creo que se ha distorsionado tanto el baloncesto de base que ahora muchos piensan en el resultado antes que la formación. Y ojo que esto no pasa solamente cuando hablamos de las grandes categorías o los grandes clubes. No, al contrario, cada vez veo más entrenadores de categorías inferiores donde anteponen el ¿éxito? a corto plazo al trabajo futuro.

 

Quiero comentaros dos detalles que desprecio totalmente como técnico de formación. Podría dar un discurso políticamente correcto, pero me he cansado y quiero al menos desahogarme con estas palabras. Un detalle es ajeno, no me incumbe pero lo tengo que sufrir. El otro es propio, duele más y ha motivado esta entrada de blog.

 

Como podréis saber porque ya lo he dicho muchas veces rechazo por completo la zona como recuso táctico para ganar partidos en edades de formación. Es una táctica mediocre en baloncesto femenino y cuanto se es más jóvenes porque intenta sacar provecho de la consabida falta de fuerza en el tiro exterior (imaginaros lo que es una zona en infantiles... me pongo enfermo). Basta ya de defenderla.

 

De cinco partidos he atacado contra cuatro defensas zonales y ninguna ha sido proactiva con lo cual el discurso que alguno podía estar pensando se queda sin fundamentos. ¿Qué enseñamos en una zona que se cierra y deja tirar porque espera que el rival falle? Sí falla pero no porque se defienda bien, sino porque los jugadores no tienen fuerza o cuando tiran de ella les falta la precisión. ¡No! Rotundamente no. Me niego a creer que este es el baloncesto que estamos preparando para el futuro. Por escasos que sean los recursos o limitado el talento, debemos trabajar todos los días para hacer mejores jugadores y eso sólo se consigue jugando en individual desde el 1*1 hasta el 5*5.

 

Mirad hay dos cosas que tengo muy claras. La primera me la enseñó un entrenador al decirme que el progreso de un jugador en formación venía según su rival le pudiera defender mejor. Eso es evidente. Si yo a un chaval le pongo a jugar con otro que le defiende y le pone problemas, el primero intentará encontrar soluciones cogiendo recursos que se practican diariamente. Si al contrario, digo que se defienda en zona y mal, técnicamente no habrá mejoría ofensiva. Se podrá atacar bien o mal esa zona, se podrá tirar mejor o peor, pero formarás a jugadores muy limitados y de recorrido muy corto en el baloncesto. La segunda idea que tengo muy clara y ésta es propia es que en esta vida no puedes esperar verlas venir. No espero nada de nadie y tengo que ser uno mismo quien vaya de frente y a por las cosas que merecen la pena. Llevado al baloncesto mis equipos nunca esperaran el fallo del rival con una zona que deje tirar, buscarán provocar el fallo del rival... y esto también puede conseguirse con una zona, pero sólo si es proactiva.

 

Os había hablado de dos feos detalles y sin duda que éste que cuanto ahora es el peor. Quizá porque estuve a punto de provocarlo y sólo con pensarlo me cuestiono mi actitud como persona y entrenador. Os hablo de la utilización de los jugadores y no dejar  a nadie sin jugar por ganar un partido. Como todos vosotros, en mi equipo tengo buenas y malas jugadoras, gente que juega más o menos... pero todas juegan. Pues bien por ganar un partido estuve a punto de dejar en el banquillo a una jugadora.

 

Normalmente todas mis jugadoras antes del descanso ya han tenido una oportunidad en pista peor esta vez a falta de cinco minutos una no había jugado. En ese momento la separé del grupo y le dije que por la dureza y el desarrollo del partido no creía conveniente que jugara ese final y por consiguiente se quedaría sin jugar en todo el encuentro. Abiertamente le pregunté si quería o no quería jugar porque sí decía que sí saldría a la pista en ese mismo momento. A ella le costó decir articular palabra pero decidió aceptar mi decisión de no jugar. Sin embargo cuando volvió al grupo la noté tremendamente afecta y fue entonces cuando toda la mezquindad de mi decisión sobrevino a mi cabeza. Directamente le di la espalda al partido y le dije que me importaba más ella que ganar y que iba a salir para demostrar que yo me equivocaba dejándola en el banco. Así lo hizo. Con los ojos vidriosos salió y lo hizo por una de las mejores del equipo (esta es otra historia), aunque os mentiría si dijera que ella jugó un gran final y ganamos el partido.

 

No, esto no es Hollywood ni yo ningún galán de película. Perdimos pero ella se sobrepuso a mi injusto impulso y jugó buenos minutos. No grandes pero sí bueno y desde luego no tuvo ninguna culpa de la derrota. Aquel día el único perdedor fui yo porque estuve a punto (y quizá lo hice) de amargar la tarde y la ilusión de una jugadora de baloncesto.

 

En ningún caso los entrenadores no estamos legitimados a impedir que juegue una persona que entrena y se esfuerza diariamente. No debe importarnos que sean mejores o peores, todos deben, cuanto menos, tener la oportunidad de equivocarse sobre una pista de baloncesto. Yo normalmente lo hago (ojo, tampoco regalo minutos porque entonces no se es justo con el resto del equipo) y me gustaría que algunos también lo hicieran porque no siempre es así.

 

Sirvan estos dos errores, uno ajeno y otro propio, como consejos para futuros entrenadores. Insisto puedo ser el entrenador más humilde y entrenar al equipo más humilde del mundo pero quiero ser honesto con mis jugadoras y con el baloncesto. Sirva de ejemplo el video final para exponer como me sentí aquel día. No es que sea una película de culto, pero la escena final donde una Nick Nolte hastiado por el turbio mundo del baloncesto universitario dice que abandona y acto seguido ve jugar a un niño en la calle y se pone a explicar la mecánica de baloncesto me parece genial y me identifico plenamente con ella. No tardará mucho el día en el que deje este mundo de la competición para centrarme en lo importante, formar a jugadores... y personas.

 

Estimado lector tenga a bien disculpar mi tardanza por actualizar este pequeño espacio que renuevo periódicamente con las habituales dosis de mucha locura, poca gracia y nulo raciocinio que me permiten mis neuronas. Podría decirle que anduve atareado en verano, que la vuelta al cole fue extremadamente ajetreada y que la frágil estabilidad emocional de un servidor sufrió más de algún movimiento convulso. Todas son respuestas extremadamente ciertas y banales. La única verdad es que no me atrevía a ponerme de nuevo delante del ordenador para seguir contando historias a las que no siempre encuentro la utilidad para el lector (salvo para construir un compendio del qué no hacer) y por su puesto no sé hasta qué punto resultan del interés.

 

Sin embargo,  lo malo de hablar mucho y pensar más es que de repente te llega el más simple de los sucesos y te hace escribir de ello. Certifico que mi vuelta al mundo bloggero estaba programada de otra forma, pero lo ocurrido este domingo me ha obligado a dar un giro de 180º al discurso programado.

 

Quien sea habitual lector de estas paginas recordará que muy difícilmente he realizado exposición alguna sobre mi relación con los árbitros, sólo en una ocasión me refería a uno de ellos cuando vilmente puso una demanda contra un jugador y me tocó declarar en los juzgados (que quede constancia que el juez nos dio la razón). Sin embargo, hoy voy a romper la costumbre para contaros la anécdota que sucedió este domingo.

 

No sé si lo sabrán pero desde hace un tiempo mi federación autonómica anda metiendo a nuevos árbitros en los partidos. Normalmente les hacen coincidir con otros expertos para aprender, coger experiencia y si se equivocan pues que no tenga mucha incidencia. Me parece una idea fantástica porque todo lo que sea fomentar la participación y llegada de nueva gente creo que debe ser, por lo menos aplaudida. Pues bien, este domingo me pitó un árbitro que era la primera vez que dirigía un encuentro. No os voy a engañar, se le vio algo nervioso, errático en decisiones y señalizaciones, pero honesto. Desde luego que no lo hizo mal, o vaya, no intervino en el resultado (y os digo esto habiendo perdido) por lo que me sorprendió que al final del encuentro viniera y me dijera. "Disculpa si me he equivocado más de la cuenta porque es el primer partido que pito".

 

¿Disculpa por qué? ¿Por invertir tu tiempo haciendo una actividad mal pagada y muchas veces desagradecida? Miren no. Las gracias las tenemos que dar los jugadores y entrenadores porque sin árbitros no habría partidos de baloncesto.

 

Muchas veces me habréis oído quejarme de la falta de jugadores/as, cuesta un mundo encontrar a gente implicada en la práctica del deporte. Sé que a nivel de clubs pasa lo mismo con los entrenadores (nuestra federación tampoco ayuda en nada a que hayan más entrenadores), pues imaginaros lo que debe ser encontrar gente joven que quiera pitar. Mi trabajo es fácil, me gusta y a veces tengo la recompensa de ganar algún partido y/o hacer amistades, pero ¿qué premio tiene un árbitro? Lo suyo sí que es vocacional porque para lo que les pagan no merece la pena meterse en viajes de fin de semana y tener que sufrir a los pesados de los entrenadores, jugadores y mucho menos los típicos insultos de la grada.

 

 

 

Me impacto el gesto y de veras que es muy de agradecer, pero no hacía falta y creo que no debe hacerlo más porque un árbitro tiene que transmitir seguridad y no permitir que nadie se le suba a la chepa... sin tampoco caer en posturas dictatoriales (que también los hay). Lo que tiene que hacer es aprender de sus errores y confiar en lo que ve, eso siempre será sinónimo de buen arbitraje. Como entrenador no pido más, si se equivoca pero es honesto no pasa nada, seguro que yo me equivoco mucho más que él.

 

En ocasiones creo que los que estamos metidos en el baloncesto infravaloramos y despreciamos su labor sin saber lo difícil que es. Partiendo de la base de su total honestidad, creo que es muy difícil arbitrar porque todo el mundo protesta. He pitado algunos partidos e incluso mis jugadores/as me han protestado lo que pitaba por lo que no me quiero imaginar lo fácil y cobarde resulta insultar a una persona que no conoces y no sabes si vas a volver a ver.

 

Con esto no quiero que penséis que soy un santo, sería una hipocresía por mi parte. Yo soy el primero que protesta. Como siempre digo soy un entrenador efervescente, el típico que ve una cosa y grita ¡falta! ¡pasos! pero que rápidamente se calla. Antes me pitaban más técnicas porque estaba acostumbrado a ver a los colegiados ACB y pensaba que se podía protestar y dialogar más, ahora me he acostumbrado a que debo medir más mi ímpetu y, aunque me paso todo el partido hablando con ellos, intento tener bastante buen rollo y siempre intento ver que más allá del árbitro hay un chaval joven o un hombre que intenta disfrutar de mi misma afición aunque de manera diferente.

 

Ojalá el chico que este domingo comenzó su experiencia en el arbitraje, pueda pitarme muchos años porque estoy seguro que, si es honesto, lo hará mejor. No sé si todos los entrenadores podremos decir lo mismo.

 

PD: Mi yo cabroncete no podía quedarse al margen en este regreso y debo deciros que viendo que el árbitro era novato intenté meterle cierta presión para ver si podía pitarme algo a favor. Sí lo sé, está mal hecho, pero nunca os dije que fuera un entrenador modélico.

Para ser la última entrada de la temporada podía haber escogido otro título, pero este me parece de todos los pensados el más significado. Y no es porque, como España, nos hayan eliminado en cuartos de final o porque el aire acondicionado de la oficina me esté matando silenciosamente, es simple y llanamente porque la semana pasada concluyó la serie más friki de la televisión actual, Qué vida más triste.

 

Y vosotros os preguntaréis ¿será capaz éste de hablarnos de una serie de televisión en un blog de baloncesto? Pues sí. ¿Se me habrá ido por completo la pinza? No os diré que no, que ya sabéis que el calor aprieta y derrite las neuronas, pero estos tíos son unos genios y tiene frases míticas perfectamente adaptables a un partido de baloncesto. Veamos

 

¿Cómo se celebra una canasta importante? Pues que mejor forma que con un ¡Toma, toma, toma!

 

 

Qué tu equipo no da pie con bola... ¡flipa, flipa, flipa! y si Borja recuerda que "Al Joseba no le da"; nosotros, los entrenadores, le decimos al árbitro que "no le da, mi jugadora no le da".

 

Ahora sólo espero que La Sexta tenga en consideración que Borja vuelva en septiembre para alegrarme las tardes antes de los entrenamientos. Porque yo volveré. Sí ya sé que no deja de ser esta una mala noticia para muchos, pero si hay suerte y sigo engañando al jefe volveré a vender humo en este blog una temporada más.

 

Y eso que no paso de cuartos. El año pasado al menos en la copa llegó mi equipo semis pero este año, como los cangrejos, vamos para atrás. Eso sí el domingo disfruté como hacía tiempo que no lo hacía. Fue un partidazo. Bueno, intenso, con pocos errores y donde pudimos ganar. De hecho a falta de tres minutos perdíamos de uno. Fue entonces cuando decidí apostar por canastas rápidas y triples. Pensé que de poco o nada servía ganar el partido y no pasar la eliminatoria. Era remontar 11 puntos o nada.

 

Alguno pensará que mejor ganar ese partido para que al menos la jugadoras vieran que se les podía ganar, pero es que yo sé que pueden ganarles y ellas también lo saben. Pese a que el equipo de delante era muy bueno y tenía unas cuantas jugadoras más que interesantes, realmente nunca hemos sido inferiores. La diferencia ha estado en el lamentable porcentaje de tiros libres del partido de ida. Total, que al final palmamos, pero viendo como el rival celebraba el pase a semis comprendí que lo habían pasado mal.

 

Bueno, para ser honestos ya lo veía. Los nervios en el otro banquillo, la bronca o los improperios desde la grada denotaban la tensión del momento. Pero, como ya os he dicho, estoy en un procesos de simbiosis con Mou (ojo no confundir con Moe, el del bar de Moe) y no sólo me salen canas o me dejo barba de varios días, sino que además ya "me ponen" estas situaciones.

 

Me lo pasé genial viendo como se aceleraba el partido y las cosas que suceden sobre la pista cuando esto se produce. Que a la gente le molesta que hable con los árbitros, pues yo que hablo más (sí, señor de la camisa de cuadros yo no escuché lo que me dijo pero mis jugadoras sí). Además resulta que los árbitros estuvieron muy bien y uno de ellos estuvo genial cuando le dijo a una jugadora mía que protestaba "el baloncesto es un deporte de contacto, sino quieres contacto juega al ajedrez". Me parece fantástico que entre tanta tensión se puedan dar estas gotas de humor y la verdad es que se agradece que hayan árbitros con los que puedes hablar (de hecho la jugadora estuvo mucho mejor desde entonces)... por mucho que le moleste al público.

 

Porque sí, como me dijo este árbitro, yo lo vivo y me gusta hablar con todos. Que hace un calor que te mueres, pues me pongo a abanicarme con mi pizarra junto a las anotadoras de la mesa, que a una jugadora mía le dan hasta el carné de identidad o algún padre se mete con ella pues yo le digo, "dientes, dientes, que es lo que les...". Esto lo dice una folclórica y va a misa. Porque seamos serios ¿qué mejor respuesta que el humor o la ironía ante situaciones de mosqueo generalizado? Que no estamos en el baloncesto para sufrir, sino para divertirnos.

 

Fue una lástima no ganar ni siquiera el partido, pero bueno fue como un "doble o nada" y al final fue un ¡zas en toda la boca! de los buenos. Y no me gustaría despedirme sin dos apuntes finales. Uno al amable padre que vino el domingo a decirme "a ver que escribes esta semana". Es agradable tener conversaciones tras los partidos, que a la gente le guste estas líneas de locura y que sepa entender la ironía.

 

El otro apunte es más una idea. ¿Nunca habéis pensado las historias que tendrán que contar los y las conserjes de los pabellones? Pensando en la agradable mujer del último domingo y su santa paciencia al aguantarnos mientras le esperaba al paella, en lugar de escribir yo el blog debería de hacerlo alguna de estas personas. Habrán visto de todo, tendrán un montón de anécdotas que contar y seguro que más de uno agradece el cambio de blogero.

 

Bueno, cuídenseme estas semanas, disfruten del verano y no se confíen que amenazo con volver pronto

Pelea con el presidente Zapatero el honor de ser el hombre del momento. Sin embargo, a diferencia del político, José Mourinho no es cuestionado, sino alabado en sus virtudes. No hay tertulia de bar o telediario que no le tenga en mente o en boca. Es el hombre de moda... pese a todo.

 

Digo esto porque analizando fríamente este personaje no debiera tener muchas virtudes para que media España lo pida a gritos como su próximo entrenador. Siendo justos es un tipo cuya apuesta deportiva se basa en el orden y rigor táctico lo cual viene a ser tan sinónimo de éxito como de aburrimiento. Pero es sin duda su carácter el que más me llama la atención.

 

Puede llegar un tipo de esos de difícil sonrisa, un entrenador que no regala elogios ni abrazos y cuya aureola de irascibilidad le convierte en una estatua de permanente enfado. Sin embargo, todo ello me provoca una profunda admiración.

 

No, nos confundamos, no es que quiera tener el carácter del portugués, hace tiempo que tengo la mala costumbre de intentar caer a todo el mundo bien (sociabilidad creo que me dijo una compañera) y por eso no podría vivir con el peso de la polaridad de afinidades. No podría soportar el estigma de "querido y odiado a partes iguales" con el que parece convivir Mourinho.

 

Sin embargo, admiro profundamente el permanente control de la situación que irradia su figura. Creo que Mourinho puede estar en plena batalla campal, provocar a todo el mundo y no perder nunca el norte. Viéndole me maravilla la capacidad que tiene de desestabilizar a todo el mundo a la par que mantiene una organización perfecta de su equipo y plan de juego.

 

 

 

Para mí, Mourinho llevado al baloncesto sería como mezclar el lado provocativo de Dennis Rodman y la inteligencia emocional de Aíto García Reneses. Dos figuras opuestas por las que tengo fascinación. El jugador de la NBA era, por encima de todas las cosas, un jugador de sangre caliente, capaz de desquiciar a todos sin perder la sonrisa... y su juego. Aíto me da la sensación de que siempre sabe lo que tiene que hacer, tiene la cabeza fría en todo momento, pocas veces comete un error en situaciones de estrés y en una pista me da la sensación de que siempre es la persona más inteligente sobre el parqué. Sangre caliente, cabeza fría. Mourinho la tiene y, como entrenador, no negaré que me gustaría tenerla para transmitirla a mis equipos y no vivir situaciones como la del pasado domingo.

 

Como sabéis, mis chicas jugaban el partido de ida de cuartos y lo hacían con un viejo conocido. Entiendo que  habían motivos suficientes para que todas dieran los mejor de su juego y fuera un partido bello de jugar. Pero el partido no fue el esperado.

 

Desde el principio tuvimos tanta urgencia por hacer cosas, que olvidamos lo único importante: jugar a baloncesto. Porque pecamos de precipitación y de ir un paso por delante del partido. Nunca esperamos a que el encuentro nos llegara y perdimos nuestra identidad.

 

Nunca fuimos conscientes que el baloncesto de cinco contra cinco era el nuestro, sólo había que organizar el ataque y saber leer las ventajas que dejaba una defensa intensa a la par que vulnerable. Casi a remolque desde el primer minuto el partido se fue acelerando y caldeando hasta que explotó a falta de cinco minutos para el descanso.

 

Entonces, digamos que mi sangre hirvió y la cabeza se calentó. En una acción en la que creía que eran unos dobles muy claros tuvo la desafortunada idea de gritar a los árbitros "son dobles, no es nuestro problema que no sepa botar". Entiendo que puede ser interpretadas estas palabras como un menosprecio a la jugadora y que la labor educadora en ese momento podía quedar en entredicho, por ello si hubo un error lo asumo como así se lo hice saber al árbitro.

 

Lo que no voy a tolerar es que el entrenador rival me dé lecciones de civismo deportivo. Y no lo acepto porque esa persona no se acordará pero yo tengo grabada en mi mente su imagen dos años atrás diciendo a sus jugadoras "dejadlas que pierden el balón solas". Aquel día casi la tenemos y, como aquí todos nos conocemos y como somos, él y yo intercambiamos opiniones.

 

Para qué engañaros, yo sé que no le caigo bien al otro entrenador y a mí tampoco me cae bien, así que el motivo era lo suficientemente bueno para olvidarnos de nuestras falsas apariencias previas. Al final, la persona con más juicio de esta situación fue la árbitro del partido. La lógica de sus palabras tenían una demoledora sentencia: habían 12 personas en pista jugando el partido y lo menos justo es que los dos tipos de fuera adquirieran una cuota de protagonismo inmerecida.

 

El partido siguió y pese a que lo intentamos de todas las maneras, la intensidad del rival nos superó en todo momento. Es lo malo de estar toda temporada jugando sin tensión, llega un equipo que juega fuerte y no sabes como reaccionar.

 

El recurso fácil es decir que el arbitraje consistió más al otro equipo, pero cuando anotas 10/41 tiros libres o tienes tantas canastas falladas bajo el aro no puedes pensar en otra cosa que no sea en tus propios errores. Nunca me quejaré de un arbitraje y menos si es porque el rival aprieta en defensa. Ojalá nuestro equipo hubiera tenido su agresividad porque todos sabemos que un equipo que defiende muy fuerte pronto se carga de faltas pero luego no le pitan todas las que son. De esto hay varios entrenadores con son unos maestros y es lo que quisiera inculcar en mis equipos, una gran intensidad defensiva.

 

No salieron las cosas y el ánimo tampoco fue el más oportuno. Creo que la situación del partido nos superó, mentalmente no estuvimos preparadas para competir (nunca se habían visto en una igual antes) y con el marcador abajo las caras eran auténticos poemas. Eso me molestó más que perder porque tengo claro que podemos jugar peor que el rival, pero nunca podemos jugar con menos ganas o ilusión.

 

Ahora toca remontar 11 puntos en pista contraria ¿Imposible? Seguramente, pero yo tengo claro que el domingo no me subo a un autobús para perder un partido o una eliminatoria así que tampoco quiero que nadie que se suba a él si no cree que vamos a ganar. Si jugando mal y fallando 31 tiros libres aún tenemos opciones por qué con un buen día no podemos eliminarlas.

19/05/2010

La temporada se acerca inexorablemente a su final. Se ha terminado la fase de grupos y a partir de este fin de semana el equipo que entreno juega los cuartos de final de la Copa Federación.

 

Ya era hora que empezara lo bueno, porque si algo echo de menos en muchas categorías de formación es la ausencia de la figura del Playoff. Jugar una liga regular está muy bien pero eso de ganar o irte a casa hace que vivas los partidos de forma especial. No hay vuelta de hoja ni lugar para la especulación, ahora sólo depende de lo que haga mi equipo y el rival, una eliminatoria de ida y vuelta donde si te equivocas se acaba la eliminatoria... y eso "me pone".

 

Mis júniors no paran de preguntarme sobre este domingo ¿qué pasa si ganamos? ¿Y si perdemos? Entiendo que para muchas es algo nuevo, pero no es tan complicado: hay que ganar cinco partidos para ganar el torneo. Así de sencillo. Ahora que el final de la temporada está tan cerca no importa ni lo bien o mal que lo hemos hecho antes, ni los exámenes o lesiones, sólo hay que jugar y ganar.

 

Porque miente si un entrenador cuando está en este momento del campeonato dice que lo importante es formar. No. Mire, mi equipo se ha formado desde agosto, ha aprendido todo lo que podía (o he sabido transmitir) y ahora toca, como diría Luis Aragonés, ganar, ganar y ganar. La victoria también refuerza la formación.

 

No sé si el sorteo ha sido bueno o malo con el equipo, pero la realidad es que nos ha tocado jugarnos los cuartos con el mejor equipo de esta fase. Personalmente era el equipo que quería y no me preocupa para nada que presuntamente nos vayan a eliminar porque estoy convencido que les vamos a ganar (pa' chulo yo que luego ya me llevaré el ¡zas, en toda la boca!).

 

El rival es un equipo con el que ya jugamos varias veces en edad cadete. En casa ganábamos y fuera perdíamos con lo que, dos años después, es un buen momento para saber la progresión de unas y de otras. Luego hay otra parte que es la de la rivalidad entre los clubes y una personal. Hace años tuvimos una bronca en su pista y a mí todas estas cosas me ponen muchísimo. Por último, siempre es más fácil plantear un partido contra un equipo superior porque la motivación viene por si sola.

 

No encuentro una mejor situación para un jugador o entrenador. Eliminatoria por un título, rivalidad y no ser favorito. Cuando me pregunto que por qué estamos en el baloncesto, esta es la respuesta ¡Estamos para jugar estos partidos! No quiero pensar como vive un jugador o un entrenador un Playoff de la ACB, pero vamos yo me comería la pista. Son estos momentos los que le dan vida al baloncesto, el jugar en el alambre y sin red es la sal del baloncesto... y si luego lo entrenadores añadimos un poco de picante, mejor.

 

Me gustaría decir que estamos preparando de forma especial la eliminatoria o que si no lo hacemos es porque creo que lo mejor es mantener la normalidad, pero sería mentiros. No hemos cambiado en nada la rutina de los entrenamientos porque no hay gente para entrenar. Sí, es tan triste como real. No puedo exigir a las chicas que no estudien para los exámenes finales así que me toca apechugar con lo que hay y sacar el máximo partido a los entrenamientos.

 

Sólo queda preparar psicológicamente y motivar al equipo. Ojalá Prigioni, Jasen, Herrmann o Printezis estuvieran en mi equipo. Me encanta la raza y el carácter argentino o la forma de competir de los equipos griegos. Son dos estilos de juego por los que siento debilidad ya que tienen la virtud de motivarse con facilidad y salir a morder en el campo o luchar cada balón hasta el límite. A nosotras nos queda la ilusión y por ahí irá el discurso de este domingo. No importa que juegues en ACB o en el patio de tu colegio, tod@s estamos legitimad@s para soñar en ser campeones/as

 

Liquidado el último partido de fase regular, estamos a la espera de saber su el equipo se mete o no en los cuartos de la Copa Federación. Como todos queremos cuando empezamos la temporada, el equipo ha ido a más y en esta segunda fase sólo se ha perdido un partido (jugando aquel día con cinco jugadoras).

 

De no ser por las complicaciones del sistema de clasificación tengo claro que el equipo estaría en la siguiente fase, pero ahora es todo un misterio y, además, en la última jornada de grupos nos toca descansar.

 

De lo jugado pocas pegas. Cierto es que han habido partidos en los que han ido cinco o siete jugadoras, pero esto también tiene su parte positiva en la mejoría individual de las que no han fallado. A nivel de grupo tampoco tengo mucha queja, sobre todo si pensamos que hemos metido casi el doble de puntos (440) que los que hemos encajado (221).

 

Después de toda una temporada el equipo ya se ha hecho a la idea de presionar a todo el campo y hacer siempre que se pueda dos contra uno en los laterales. Lo han practicado todo el año, desde el día que se perdió de 100, hasta cuando se ganaba de más de 50. La idea es que, como equipo, no me importa el rival o las circunstancias, si tengo que ganar o perder siempre quiero que ser fiel a mis principios de correr, presionar y anotar.

 

Soy un enamorado del run&gun y no me importa que mis equipos hagan ataques de menos de 15 segundos. Está claro que distan mucho mis chicas de ser Phoenix Suns o el DKV Joventut de Rudy y Ricky, pero esa es la idea que llevo en mente y que hemos practicado todo el año. Lo hice jugando con cinco jugadoras y, ahora que son 11, es una gozada.   

 

En el último partido de liga hice "cambios a lo NBA" que me decían desde la grada. Cada cinco minutos salían tres, cuatro y hasta cinco jugadoras. La idea era que las cinco que estuvieran en pista siempre estuvieran frescas para correr y asfixiar al rival.

 

Así fue y después del primer cuarto ya teníamos claro quien iba a ganar el partido. Aún así seguimos presionando, la ventaja crecía y eso hacía que la defensa se motivara aún más. Hasta tres veces una jugadora robó el balón antes de cruzar el campo, lástima que fallara las tres bandejas... pero ya os he dicho que en mi equipo no hay un Stoudemire o un Rudy. De momento, en mi equipo sólo hay un run-run y, con suerte, el próximo año podré hablar de run&gun.

 

No me importa la precipitación (normalmente estas edades siempre juegan aceleradas) y mucho menos fallar pases largos, tiros en contraataque o bandejas. Mi teoría es que si mis chicas fallan 20 contraataques seguro que eso significa que han robado 30 balones y han metido10. Cuando falló las tres bandejas mi jugadora este domingo sólo hubo palabras de ánimo para que robase un cuarto balón.

 

Y es que por fin mis jugadoras se tiran al suelo con ferocidad. Ya las hay que incluso se queman las piernas o les salen moratones por el parqué y eso, queda mal decirlo, pero me gusta. Antes iban con miedo y ahora van con ganas a cualquier dividido. Pocos méritos puedo tener como entrenador, pero éste es uno.

 

Entiendo que presionar todo el tiempo no sea del gusto de muchos entrenadores rivales, y así me li hicieron saber en el último partido. Antes de comenzar el último cuarto me pidieron que "les dejara respirar". La verdad me sorprende que un entrenador junior pida a otro que cambie su forma de jugar. Cierto es que la ventaja era clara y que ellas eran cinco, pero:

  • a) Nosotras estamos buscando el mejor basketaverage para entrar en los cuartos
  • b) Si no presionaban, ellas tenían pivots muy grandes a las que les llegaban el balón fácilmente y sumaban canastas (la mayoría que nos metieron fue bajo el aro)
  • c) Con lo que ha costado que se mentalicen en salir a ganar sin importar el marcador, no me parece lógico pedirles relajación.

 

Lo siento por el equipo rival y el mayor de mis respetos a las jugadoras, pero si consideran que no es ético o de buenas personas presionar todo el partido (el último cuarto hice presión a medio campo para probar cosas nuevas) no es mi problema. Yo les respeto y si los demás equipos hacen zona para sacar ventaja de sus jugadoras altas o jugar al fallo del rival negándose a jugar a baloncesto, mis "pequeñajas" corren y asfixian al rival cuando pueden para hacer un juego atractivo.

 

Muchos pensarán que de qué sirve presionar cuando se gana de mucho, pues lo mismo que servía cuando se perdía con los mejores de la categoría: para practicar, coger hábitos, pulir defectos y coger fondo físico.

 

Al final de todo se trata de ser honestos y yo como entrenador debo ser justo con mi filosofía del baloncesto. Por suerte el equipo está empezando a entenderla y esa será la mayor satisfacción que me lleve de la temporada.

01/05/2010
 

A la quinta fue la vencida. Después de cuatro temporada intentando subir de categoría por fin mi primer equipo logró la semana pasada subir de categoría. Fue el equipo con el que empecé a entrena, un grupo de amigos que, año tras año, fue progresando pero que por dos veces no pudo ascender.

 

Lo tuvimos en la mano, pero siempre el día clave se falló. Este año no ha sido así y me alegro mucho por ellos. Yo ya no les dirijo pero supongo que ese siempre será mi equipo, el Senior B del Puerto de Sagunto; da igual el tiempo que pase o quien esté jugando con ellos, empecé allí y, como el primer amor, siempre recordaré a mi primer equipo.

 

Recuerdo como si fuera ayer la reunión que tuvimos con la directiva y como uno dijo que no quería un filial donde no hubiera ningún jugador que sirviera al primer equipo. Hoy, casualidades de la vida, esa persona está fuera del club y este año algunos del ‘b' le han ganado partidos al primer equipo.

 

Fue genial vivir el partido del ascenso y la posterior celebración. Pueden haber muchas diferencias entre los profesionales y los amateurs, pero creo que a la hora de celebrar cosas importantes todos hacemos lo mismo. El vestuario se llenó de cava, el entrenador acabó en la ducha, el presidente bebió con los jugadores y estos salieron por el pabellón completamente mojados... al menos respetaron al fotógrafo.

 

Viéndoles reconozco que me entró envidia sana. Un entrenador siempre dice que lo importante es disfrutar, que tus jugadores/as disfruten y es verdad, pero una vez estás compitiendo y el objetivo está tan cerca es inevitable querer ganar. Espero que algún día algún equipo de los que entreno pueda celebrar algo (y espero que no sea el que me despidan, jajaja.)

 

Bueno al menos siempre puedo decir que yo también ayudé a que el equipo ascendiera, igual si hubiera seguido no hubieran subido. Veis, un tipo clave en el ascenso.

 

 

Esta era mi primera felicitación, pero la otra es al equipo de Cullera al que mis juniors se enfrentaron. Me gustó mucho la actitud del equipo porque pese a la notable diferencia que había, el entrenador y las chicas fueron honestas en todo momento.

 

¿Qué quiero decir con honestas? Pues que intentaron jugar al baloncesto. Mirad muchas veces ya os he dicho que los equipos intentan limitarse a poner una zona barraquera y jugar con los fallos del rival. El entrenador de Cullera me lo dijo y los dos sabíamos que seguramente así el resultado hubiera sido diferente, pero hubieran perdido igual.

 

Me gustó la actitud en pista y fuera de ella, siempre buscando el lado educativo del baloncesto. La verdad es que el equipo era justito (seis jugadoras) y mandé una presión sobre la base a todo el campo. Era una jugadora cadete de primero muy rápida, yo siempre presiono, pero me supo mal ver que tenía la cara al final del partido.

 

En estos casos siempre digo lo mismo, que un entrenador rival mande un dos contra uno o le preste una atención especial a un/a jugador/a rival tiene que ser motivo de orgullo para el/ella. Ahora no se dará cuenta, pero todo esto seguro que le hace mejor jugadora. Como era tan malo, a mí nunca me hicieron un dos contra uno...

 

Ojalá el ejemplo de Cullera lo siguiera más equipos y se dejaran de tonterías de zonas para no jugar y afear este deporte. Al final, todo el que trabaja y reesfuerza tiene su recompensa y un día ellas se darán cuenta.

 

PS: La anécdota del partido es que los dos equipos teníamos el mismo color de traje y me tocó dejarles nuestros petos. Hasta ahí todo correcto, pero es que los petos de nuestros entrenamientos son los que llevan los fotógrafos de la Copa del Rey y que siempre cojo.

 

Quizá porque estoy acostumbrado a ver el pabellón casi vacío me sorprendió que este domingo hubiera bastante gente. Cierto es que era el partido más interesante de ver de los que no s quedaban, pero me extrañó el ambiente. Normalmente no viene a vernos ni el Tato, pero el domingo hasta me encontré a una ex profesora mía del colegio ¡Ay madre mía que mayor se hace uno!

 

Luego me enteré de que mis jugadoras habían creado un evento en la red social Tuenti. Resulta que ponen una foto, un acto e invitan a todos... y da resultado. No es que se llenara el campo pero al menos no estaba triste y desangelado como siempre.

 

Hubo ambientillo porque mis jugadoras comentaron que el partido era importante. Querían ganar de 25 para compensar la derrota en la ida y salieron tan motivadas que, como suele suceder la cagaron. Víspera de mucho, día de poco. Pese a la insistencia previa en que lo importante era ganar de uno los tres partidos que quedaban estas se encabezonaron en lo contrario y así nos fue. 9-10 de inicio.

 

Luego llegó la reacción y creo que estuvieron a un par de canastas de remontar, pero 26 puntos en 30 minutos era demasiado. Al final sólo fueron 16.

 

Lo bueno es que ya he encontrado una utilidad al Tuenti, bueno ya son dos porque también me dijeron que para comentar la anulación de entrenamientos o ausencias puede ser útil, sobre todo ahora que se vuelven vagas y pierden las buenas costumbres de enviar un sms antes de faltar a un entrenamiento.

 

Cuento esta historieta porque hace unas semanas el forero Jalo_2 me decía que por qué nunca hablaba de los padres que tenía en el equipo. Y no es que no quisiera contestar, simplemente tenía poca cosa que contar.

 

Siento no poderte ayudar mucho porque la verdad es que no vienen muchos padres a ver los partidos del equipo. En casa vienen más pero cuando hay que salir a penas dos o tres van. Creo que ya lo comenté hace tiempo que esta desconexión me molesta y no porque cada vez que se juegue en casa venga a animar más gente de fuera que familiares y conocidos. Yo creo que la familia en estas edades es un apoyo fundamental y debe servir para reforzar los ánimos de las jugadoras. Leyendo un blog de Naia Fernández me entró envidia de ver como ella tenía padres muy comprometidos.

 

Como todo, hablo en general porque hay padres que casi no fallan a ningún partido, pero por ejemplo, hace dos fines de semanas nos tocó coger un autobús a las nueve de la mañana un domingo y sólo un valiente nos acompañó. 10 jugadoras, 1 un padre... pero es que del otro equipo creo que no había nadie. Era muy triste ver un partido a primera hora de la mañana sin nadie animando. Así no es extraño que la gente se desanime y se lo deje.

 

Pero ya que está sacando el tema de los progenitores. Sólo quiero hacer una petición a padres y madres, tanto presentes como futuros (porque sí a todo el mundo nos acaba llegando el momento de procrear), ¡Por favor no castiguen a los hijos sin deporte! No hay cosa que más me toque la moral que oír que a un/a jugador/a le quitan del baloncesto porque ha suspendido en el instituto. A ver si tu hijo/a va mal en las clases y crees que pierde el tiempo  ¿no será mejor prohibirle la play, el messenger o el botellón del sábado?

 

Hace unas semanas una compañera del trabajo que está haciendo el CAP, me pidió que pasara a mis jugadoras un cuestionario sobre las claves del éxito y fracaso en sus estudios. Como buen cotilla que soy miré y no encontré a nadie que dijera que el baloncesto le quitaba tiempo, pero sí mucho tonteo con el interné  que diría mi padre.

03/04/2010

¿Cómo reaccionaríais si en mitad de la competición se decidiese cambiar el sistema de clasificación? Si vuestro equipo saliera beneficiado sonreiríais y si, por el contrario, os perjudicara el cambio, cuanto menos, pondríais mala cara. En cualquier caso, seguro que os extrañaríais del cambio. Pues bien eso ha sucedido en la liga que estoy disputando.  

 

Resulta que mi federación autonómica ha decidido cambiar el sistema de competición porque el anterior no lo consideraba ecuánime. En el fondo tiene toda la razón del mundo porque empezamos una segunda fase (realmente no es segunda fase, pero bueno llamémosle así) con una disparidad de partidos. Los equipos de mi grupo empezaron con cuatro partidos y los del grupo con el que nos fusionábamos con sólo dos. Claro eso no era muy lógico porque el equipo al que entreno pasaba con cuatro victorias y con un par de triunfos casi era inalcanzable.

 

Habían dos opciones para arreglar este problema: reducir los partidos y no volver a cruzarse con los equipos del mismo grupo o anular los resultados. Eso era lo lógico antes, durante y después del sorteo. Pero no se hizo nada como tampoco se hizo nada la primera semana de competición, ni la segunda, ni la tercera, ni la cuarta. Hasta la quinta no se ha tocado nada.

 

No ha sido hasta la mitad de la competición que se ha modificado el sistema y ahora se han anulado los resultados de la primera competición. Que quede claro que me parece lo más lógico, pero si bien en el fondo llevan razón, en la forma creo que se equivocan.

 

Entiendo que existan equipos que antes se pudieran enfadar por la injusticia existente, pero es que antes del torneo y antes de empezar todos a competir TODOS sabían las normas, lo lógico hubiera sido cambiarlas antes y no ahora.

 

Si antes otros equipos se sentían perjudicados ahora es el mío el que puede protestar. Nosotras empezamos a competir con una ventaja que nos permitía relajarnos, no llamar a jugadoras cadetes y "regalar" partidos porque la ventaja era suficiente. ¿Ahora quién da marcha atrás? Porque si nosotros sabemos que se va a cambiar el sistema igual hubiera actuado de diferente manera. De estar virtualmente clasificado, ahora tenemos que ganar los cuatros partidos que me quedan. Se perdió un partido sin fijarnos en el resultado porque pensábamos que no haría falta y ahora hay que remontar 24 puntos de basquetaverage. Fijaros como cambian las cosas.

 

Sinceramente, clasificarnos o no me la trae entre floja y muy floja (y perdón por la expresión). Porque ya he llegado a un momento donde creo que sólo a los entrenadores y a las jugadoras nos interesa lo que hacemos.

 

Ya empezamos mal con una competición descompensada donde juntaban a equipos de dos categorías distintas y se producían resultados descompensados. A esto hay que unirle el hecho que entrenar a júnior es más complicado de lo que pensaba por la edad en sí misma y porque muchas tienen el selectivo y a las faltas normales por exámenes ahora se exacerba todo un poco con la prueba de acceso a la universidad (a ver cómo le digo yo a un padre que no estudie su hija para que venga a entrenar).

 

Total que ha llegado un punto de la competición que tampoco sé si me apetece tirar para adelante. Primero porque en el trabajo estoy hasta el cuello de faena (y más que está por venir) y no puedo ir a muchos entrenamientos, segundo porque los propios entrenamientos están bajo mínimos entre lesiones, exámenes y ausencias, y tercero porque no tengo claro si merece la pena seguir compitiendo.

 

¿Qué sentido tiene lo que estamos haciendo ahora?  Yo sólo se lo encuentro a través de las ganas de progresar y en el mismo progreso que ofrecen algunas de las chicas... cada vez estoy más seguro de que en esto del baloncesto sólo merecen la pena los/as jugadores/as. Ni entrenadores, ni directivos, ni nadie. El baloncesto les pertenece a ellos y ellas y nadie se lo debe robar con ciertas actitudes.

21/03/2010
 

Domingo después de Fallas y seguimos en competición. Hasta ahora no me había dado cuenta de lo difícil que es entrenar en la categoría júnior ya que los descansos que normalmente se tienen por puentes y festividades se minimizan en estas edades.

 

El selectivo hace que se comprima el calendario para que se puedan compaginar estudios y deporte (sobre todo los equipos que aspiran al campeonato de España) y esto provoca jugar cuando otros no lo hacen. Jugar después de Fallas tampoco es el mayor problema que tengo en estos momentos, más o menos todos los equipos que juegan contra nosotros tienen Fallas en sus pueblos así que entiendo que si mis jugadoras se han ido de fiestas las demás también lo han hecho.

 

Sin embargo, ha llegado un momento de la temporada donde se puede decir que estoy bajo mínimos de efectivos. Comenzamos el año con 11 jugadoras y el último partido jugaron cuatro, una coja y una cadete ¿Cómo hemos llegado a esta situación?

 

Fácil, las matemáticas no fallan. Dos jugadoras dejaron de venir a entrenar de repente y sin avisar. Todo comenzó cuando en un partido jugaron menos de cinco minutos, eso entiendo yo que no les gustó. No quiero ser tan prepotente para pensar que la culpa no es mía. Sabía lo que hacía en todo momento y sí ellas piensan que soy el culpable no le quitaré la razón, pero yo también tengo mi versión y me gustaría que la hubieran escuchado.

 

Desde aquel partido nadie del equipo sabe nada de estas jugadoras, ni siquiera sus compañeras han encontrado una explicación a su comportamiento. Personalmente siempre he opinado que los jugadores se pueden enfadar con los entrenadores, pero que entre los compañeros debe haber un apoyo extremo porque, al fin y al cabo, los entrenadores van y vienen pero los compañeros te acompañan durante muchos años.

 

Si a once les restamos dos, nos quedan nueve jugadoras. Pues bien, de esas nueve tengo dos con esguinces de tobillo. Ahí no podemos hacer nada, sólo agradecer que la que menos dolor tenía jugara en los dos últimos partidos. Coja no iba pero desde luego que tampoco estaba bien. Viéndole las ganas con las que venía a jugar, uno no entiende que no todas tengan las mismas ganas de jugar.

 

Y si a siete le quitas una que está fuera de la ciudad y otra que se lo quiere dejar nos quedan cinco. Mirad esto sí que me duele. Siempre he dicho que si en algo puedo ser bueno es a la hora de transmitir mis ganas dejugar a esto, pero creo que cada vez lo consigo en menos medida. Si fuera otra persona me podría molestar menos, pero a esta chica la conozco desde pequeña y siempre ha tenido una altura que le hacía determinante. Además siempre he congeniado con ella y por eso me duele que abandone un deporte donde tengo tanta ilusión (preparaos, llega el momento lacrimógeno de la semana).

 

En su caso no sé qué hacer porque dice que ha perdido las ganas de jugar al baloncesto, aunque sé por experiencia que al final siempre acabas volviendo y lamentando el tiempo que no has jugado. Lo he intentado de todas las formas, de buenas y de malas, porque claro me pareció triste que la semana pasada prefiriera irse de fiesta antes que jugar un partido de baloncesto donde iban a ir cinco jugadoras y una coja. No por ganar o perder, sino porque todo el mundo sabe lo difícil que puede ser jugar un partido sin cambios. Más que fallar al entrenador, falló a las compañeras cuando hacía falta y, aunque ahora no se dé cuenta de ello, se falló a sí misma porque tiene equivocadas las prioridades de esta vida.

 

Y en esas estamos, una semana más en cuadro. Lo bueno es que las cinco que vienen cumplen y, sin ser las mejores, progresan. Muchas han hecho más avances en este mes que en dos años y nos alegramos por ello... aunque también indica que quizá debíamos de haberles dado más confianza antes. Fallo nuestro.

 

Veremos como acaba el año, pero si al final el equipo junior de la próxima temporada está mejor preparado y, sobre todo, tiene más confianza en sus posibilidades, daremos por bueno estos problemas. A mí sólo me quedará dar las gracias y felicitar a las que han estado durante todo el año.

Uno de los privilegios de trabajar en ACB es que conoces a muchas personas del mundo del baloncesto y, claro, cuando eres entrenador siempre surge la curiosidad de preguntar y aprender de auténticos profesionales.

 

Vivir la Copa del Rey es, además, una gozada si lo que quieres es hablar con jugadores y, como es mi caso, entrenadores. En los pocos metros cuadrados que tiene el hall del hotel de concentración están todos los que tienen que estar y siempre puedes aprovechar algún momento para conversar. En otros casos, son ellos los que llegan a tu punto de trabajo.

 

Esto es lo que sucedió con Pepu Hernández quien acudió a realizar un Túentrevistas a la sala donde estábamos trabajando (porque sí, también trabajamos). Quienes lo conocen saben que no descubro nada al decir que es un tío encantador, muy próximo y brillante en su discurso. Como siempre, Pepu Hernández estuvo genial con nosotros y por lo que pudimos comprobar creo que los internautas también disfrutaron con sus contestaciones.  

 

Tenerlo tan cerca y no poderle preguntar sobre cuestiones tácticas me pareció un error imperdonable así que cuando terminó la entrevista le pregunté si me podía echar un cable a la hora de atacar las defensas zonales. La verdad es que uno nunca sabe si es oportuno o no preguntar estas cosas, pero Pepu demostró que es un crack y con papel y bolígrafo no dudó ni un momento en darme una lección magistral.

 

Coincido con él en que es un error poner zonas en edades de formación sólo con el propósito de ganar partidos, pero como es lo queme encuentro cada día y veía que últimamente mis juniors no las atacaban con la claridad que me gusta, decidí hacerle un mini interrogatorio.

 

Pepu Hernández me comentó desde diferentes sistemas para iniciar el ataque según el tipo de zona hasta varios trucos y claves para encontrar las ventajas. He de decir que me sorprendió la humildad con la que también escuchaba mis explicaciones, me pareció de autentico crack porque según veía que me podía equivocar él me explicaba porqué y me daba alternativas. Conservo la chuleta como recuerdo porque no todos los días te da clases particulares el entrenador campeón del mundo. Le tenía que haber pedido que me firmara los apuntes pero ya me parecía demasiado... incluso para mí.

 

 

Después de nuestra conversación me quedaron dos cosas muy claras: la primera es que Pepu es un tipo genial al que seguro le van bien las cosas en su nueva etapa y, la segunda, es que no tengo ni idea de baloncesto... aunque para esto no hacía falta que viniera un campeón del mundo a decírmelo, todos vosotros ya lo sabéis.

 

Pero bueno, vamos a lo importante ¿Habrán servido de algo las explicaciones? ¡Claro que sí! Fue llegar a casa y ponerlo en práctica. Cierto que sólo hemos tenido de tiempo un entrenamiento, pero el partido del domingo fue realmente esclarecedor. La zona del rival no fue un problema, se atacó muy bien y si no llega a ser por el desacierto el partido puedo ser más cómodo.

 

Tanto en 2-3 como en 1-3-1 movimos el balón como pocas veces y conseguimos también evitar contraataques porque el equipo estaba bien puesto en ataque. Me gustó especialmente que pese al cambio táctico de la entrenadora rival siguiéramos haciendo daño contra la 1-3-1. Esto es en parte gracias a mi nuevo segundo, entre los dos marcamos las pautas para atacar y las jugadoras lo hicieron a la perfección.

 

Viendo el resultado que ha dado la charla de Pepu, creo que puedo convertirme en una pesadilla para los entrenadores ACB y preguntarles cada vez que los vea. Cada día me apetece aprender más cosas y si puede ser de los mejores, perfecto. Tiembla Messina.

¿Qué os pensabais, que os iba a dejar sin saber como fue la semana después de la paliza? Pues estáis equivocados, después de aquel partido no os iba a dejar sin la segunda parte de la historia.

 

Evidentemente no fue una semana típica y la programación previa tuvo que ser variada. Normalmente planifico entrenamientos con una o dos semanas de antelación, siempre dejando espacio para incidir en aspectos concretos que se hayan visto en el partido anterior. Pero claro, es que no hubo partido como tal y en lugar de preparar física y tácticamente el próximo choque lo que quise es preparar al equipo mentalmente.

 

Lo primero fue preparar la charla post partido que siempre tenemos. Sin apuntes técnicos o tácticos que hacer, lo que buscaba era que todas nos miráramos la cara y el equipo entendiera mi postura. Planifiqué las palabras y las ideas clave con las que quería que se quedaran. Lo primero era comprender la magnitud de lo sucedido. Les dije que el resultado era lo de menos, lo preocupante era  la actitud, porque un mal día lo puede tener cualquiera pero repetir aquella actitud era inadmisible.

 

Fui mi claro en mi postura al respecto, como también lo fui a la hora de exponerles que yo necesito tener la total seguridad de que el equipo confía en lo que hago y planifico y, de igual modo, tengo que tener la seguridad que puedo enfadarme o ser totalmente sincero con una jugadora sin que ésta se lo tome de forma personal.

 

Muchas veces, las jugadoras piensan que el entrenador, como el profesor, les tiene manía y siempre le está corrigiendo y diciendo lo que hacen mal. Sé que igual no es lo correcto, pero yo me enfado y corrijo más a la que sé que puede hacerlo mejor y tiene más interés. A la pobre que apenas bota y tira medianamente bien no le pido tanto porque también sé que no me puede (o quiere) dar más.

 

Como creo en la táctica del palo y la zanahoria. Durante la semana fui alternando los enfados y las alusiones al partido anterior con mis típicas tonterías sobre la paliza, simplemente se trata de ir mintiéndoles en la cabeza pero sin agobiarles la idea de que la derrota no es sólo cosa de las jugadoras o el entrenador, sino también del club que hay detrás.

 

Me gusta la psicología en el deporte y más cuando trabajas en categorías de base. Creo que una buena charla motivacional puede ser más beneficiosa que cualquier entrenamiento por eso siempre pienso la charla antes del partido. A veces la inspiración sale de otros entrenadores, pero en otras ocasiones surge de frases célebres  o incluso de canciones y películas. Pensé pedirles un listado con canciones favoritas y grabar un cd, pero conociendo sus gustos creo que no hubiéramos pasado del tecno-house, Bisbal o Bustamante.

 

Descartada la opción musical, me dediqué a lo que llamé "contracharla". Les dije que el domingo las palabras sobraban y que era el tiempo de la acción. No había discurso que valiera y que para ganar había que trabajar duro y confiar en una misma.

 

Me vino de maravillas que antes del partido una dirigente del club rival viniera a hablar conmigo. Era lectora del blog y eso nunca sabes si es bueno o malo, igual me echan una bronca o se hacen fotos conmigo. No fue ni lo uno ni lo otro. Agradecí especialmente que me dijera que su club siempre que juega contra el nuestro viene con mucho respeto. Esto del respeto es algo que valoro mucho y por eso le dije que sí había acabado tan decepcionado la semana pasada era por la imagen dada. No se puede tirar a la basura la credibilidad de un equipo o un club en un partido.

 

En el vestuario les hice partícipesde esta charla, sobre todo para responsabilizarles. "Está permitido caerse, es obligado levantarse", les dije. Ya sé que todo esto puede sonar a tontería, pero yo me motivo con cualquier cosa... el colofón fue aumentar al volumen de la música que siempre les pongo (un día os comentaré mi selección musical).

 

Me gustaría contaros que toda la psicología sirvió para ganar, pero ya os he dicho muchas veces que este no es un blog de ganadores, sino de perdedores y el domingo perdimos. Sería injusto deciros que nos merecimos ganar porque el entrenador rival (que también es forero de ACB.COM) pensará lo mismo, pero ¿qué queréis que os diga? Yo creo que merecimos ganar.

 

Perdimos por cuatro puntos, pero recuperamos la imagen de semanas atrás. Fue un partido duro en el que el equipo pagó un mal comienzo de tercer cuarto. Siempre se dice que los pequeños detalles deciden los partidos, pero es que es verdad, cuando ves un partido en el que hay un constante intercambio de canastas, recibir un 0-8 puede ser decisivo.

 

Tuvimos nuestras opciones, hubo un par de jugadas de pizarra donde el triple se salió y, eso sí, lo que no comprendí es como en el último minuto y medio no hicimos faltas personales. Entre que la categoría no permite jugar finales igualados y no tienen práctica en ellos y que ellas no terminan de ser conscientes del juego, no hicimos personales. ¡Qué deportivas somos y ¡qué mal me sabe eso! ¡ no quiero hermanitas de la caridad en el equipo!

 

Esta semana se termina la liga y en pleno temporal de frío, las chicas juegan el domingo a las 10.30 de la mañana ¡al aire libre! La previsión del tiempo es de frío y lluvia (jugaremos porque está techado el campo), mi previsión es de pocos puntos y enfado del entrenador. Y es que no sé si hacer la táctica de la tortuga (uno bota y cuatro le rodean hasta llegar a la canasta contraria) o seguir al maestro Javier Clemente, patapum pa' arriba.

05/02/2010

Según la ciencia, un agujero negro nace después del colapso interno de una estrella. Esa estrella se hace, consume su energía y acaba explotando. La estrella sufre un colapso gravitacional, creando una zona en la que la fuerza de atracción es tan grande que nada se puede escapar de ella, ni siquiera la luz.

 

Después de mucho pensarlo creo que esta es la mejor solución que puedo encontrar y explicar a lo ocurrido al equipo este fin de semana. La metáfora del agujero negro sería perfecta para describir lo que le tocó vivir a las jugadoras en el partido que perdimos por 127-12.

 

Nunca antes había vivido una situación parecida y espero no tener que vivirla porque fue muy desagradable. No por el resultado, porque si un equipo ACB puede perder de 50, o el Ciudad Ros Casares es capaz de ganar de 80 puntos en Euroliga femenina, no es una locura pensar que en equipos de formación se pueda dar una diferencia igual o mayor. Y más viendo como la federación valenciana ha organizado la competición, juntando equipos de categorías diferentes en una única. Para que os hagáis una idea es como si se juntara la ACB con la LEB... pero a lo bestia.

 

Digo a lo bestia por las diferencias existentes son mayores, porque el equipo que nos ganó es un equipazo, no sólo por físico sino porque está muy bien trabajado y pretende ir al campeonato de España, mientras que nosotras estamos muy lejos de su nivel de competitividad (tampoco disponemos de los mismo recursos económicos o humanos)... aunque somos el cuarto equipo del grupo, es decir, que no somos ni de lejos los peores de la competición.

 

Dicho esto, no es excusa la mala planificación federativa para justificar el desastre del sábado y menos viendo el inicio del partido. A los siete minutos de partido el marcador era de 10-7. Sí, ellas frescas, presionando a tope y nosotras, a pesar de jugar con nueve y tener varias titulares en casa, manteniendo el tipo.

 

Realmente estaba muy orgulloso de cómo iban las cosas porque pese al miedo existente (todas sabían que tocaba paliza), la disciplina a la hora de salir la presión y atacar en estático estaba dando resultado. Pero entonces llegó el desastre. Hubo un tiempo muerto, hubieron cambios y entonces, como una estrella, nos colapsamos. Se pasó del 10-7 al 72-10 con el que terminó la primera parte.

 

Un parcial de 62-3 en menos de 13 minutos que guardaba en su interior un segundo cuarto donde encajamos 45 puntos. No había forma de atacar, por momentos no se cruzaba el medio campo y las canastas del rival se sucedían en apenas pocos segundos. Éramos absorbidas hacia el interior de un agujero negro deportivo.

 

 

 

Al descanso, pude haberme enfadado, de hecho lo estaba, pero en mi balanza interior pesaba más la decepción. La sensación de bajar los brazos antes de tiempo, de caos (ya nadie se ponía en sus posiciones para atacar ni hacía caso a mis instrucciones) era horrible, pero el ver que a algunas de las jugadoras les daba igual lo que estaba pasando era mucho peor. Era evidente que nos costaba mucho anotar y eso lo podía entender, pero no comprendía que en defensa nadie presionara, nadie incomodase al rival.

 

Habían muchas formas de perder y habíamos elegido la peor de todas, sin luchar. No me cabe duda que todas estaban fastidiadas y que nadie quería ser barrida de la pista, pero pocas o nadie demostraron hacer algo para evitarlo. La charla fue breve porque preferí dejarlas un par de minutos a solas para que hablasen entre sí y cambiaran la cara al salir del vestuario. De lo que dentro se habló no tengo ni idea, pero nada cambió.

 

Ya sin hacer presión el equipo rival (esta competición no les sirve ni para entrenar y tienen que hacerlo jugando amistosos con equipos masculinos), seguimos siendo un autentico desastre. Los 100 puntos llegaron antes de acabar el tercer cuarto y nosotras sólo fuimos capaces de meter una canasta.

 

Llegaron las lágrimas y la impotencia a algunas de las jugadoras. No es que me gustase la imagen pero al menos había orgullo en ese gesto; en otras no había expresión alguna, sus miradas perdidas en el banquillo eran propia de personas cuya mente estaban muy lejos del pabellón donde estaban jugando.

 

Evidentemente con cada fallo nuestro, el equipo se hundió y en toda la segunda parte sólo fue capaz de anotar una canasta, no podía creer que el mismo equipo que había aguantado un cuarto, recibiera un parcial de 102-2 en tres cuartos.

 

Está muy claro que para que se diera ese resultado (dejando ausencias de lado) a nosotras no nos salió nada, pero también es evidente que es una consecuencia lógica de lo mal que he trabajado de un tiempo atrás. Porque sí, no hubo ni lucha, ni orgullo, ni pasión, elementos que siempre intento inculcar a mis equipos. He fracasado porque no vi amor propio o pasión por este juego. Los entrenadores también debemos asumir nuestros errores y este era muy evidente para mí.

 

Lo reconozco soy muy competitivo, quiero ganar todos los partidos incluso en los que juego contra un rival de entidad superior y quizá tenga razón un amigo cuando decía que la diferencia que existe entre mi equipo y su entrenador es que la noche del sábado la pasaría yo jodido pensando en el partido, mientras que la mayoría de las jugadoras estarían de fiesta pasándoselo bien y olvidando lo sucedido.

 

No digo que una cosa sea buena y la otra mala, es más creo que debería de relativizar más las cosas, pero no puedo. Vivo demasiado este juego y la decepción que sentí el sábado (por la actitud, no por el resultado) tardará en irse.

 

Ahora, tengo claro que este partido no va a hacer nada más que motivarme más para que algún día sea uno de mis equipos el que meta los 127 puntos. Si las jugadoras quieren yo les ayudaré entrenando más si cabe. Caer está permitido, levantarse es obligado

 

 

PD: Si duro fue perder, peor ha sido dar explicaciones a todo el mundo. Por desgracia fui el único que vio el partido así que tampoco sé muy bien que decir. "No hablo sin presencia de mi abogado. No voy a decir nada que pueda ir en contra en mi juicio", le dije al padre de una jugadora.

 

Lo único que se me ocurre decir es que para que hayan equipos ganadores, siempre tiene que haber perdedores, para que existan palizas tienen que haber apalizados. Sí, somos unas paketes, pero algún día el mundo será de los paketes y ese día sonreiré como el gran loser que soy.

 

Vale, que a lo mejor me lo merezco
bueno, pero mi voz no te la vendo
puerta, y lo que opinen de nosotros...

 

En un alarde de originalidad sin precedentes, empiezo esta entrada al blog con el estribillo de la canción "No es lo mismo" de Alejandro Sanz. Y no es que sea uno de mis cantantes favoritos (aunque sabe rodearse para hacer las colaboraciones), pero es que me viene de perlas para explicar lo que fue mi primera técnica del año.

 

Ya hacía tiempo que no me pitaban ninguna; de hecho creo que hasta me sentía raro, es como si me estuviera controlando, volviendo más sereno y, lo que es peor, mayor y más inteligente...

 

No os voy a engañar, la técnica me la merecía, fue una técnica como un piano aunque "barata" porque pensándolo bien ya que me pitan una técnica me podía haber desfogado un poco más. Bromas a parte, la realidad es que me pitaron una técnica porque en un momento dado dije repetidamente "no ves que le están dando de hostias a mis jugadoras".

 

Evidentemente eso no se puede permitir y el árbitro hizo bien en pitármela y por muy provocador que yo sea, le reconocí al árbitro, en ese mismo momento y tras el partido, que había estado bien pitada. Yo siempre lo digo, puedo ser un poco energúmeno en el banquillo pero también honesto.

 

El problema es que yo a esas alturas del partido estaba más caliente que el palo de un churrero y estallé cuando, en un rebote, el codo de una rival fue a parar "por casualidad" al rostro de una de mis jugadoras. No entendí que dijeran que no lo habían visto... ¿Qué estarían viendo si eran las dos únicas que estaban al rebote?

 

Como podéis comprobar nunca hablo mal de los árbitros, es más creo que es una solemne tontería enfadarse con ellos, primero porque sin los árbitros no podríamos jugar y hay que darles las gracias por su esfuerzo y, segundo, por que no sacas nada positivo metiéndoles presión, es más puedes irte tú y tus jugadores del partido y cagarla más aún.

 

A ver no me entendáis mal, quien reconoce sabe que protesto mucho, gesticulo y pongo malas caras, pero forma parte de mi show... si saliera en "lo que el ojo no ve" que emitía el plus se pondrían las botas los cámaras. Pero tras el partido también soy el primero en hablar con los árbitros tras los partidos, de hecho muchos de ellos leen este blog y cuando nos vemos fueras de las pistas nos reímos con ello.

 

Pero bueno también hay cosas de ellos que no me gustan y el domingo me pasó una de esas. Tras el partido, que perdimos con todo merecimiento y, por su puesto, por nuestra culpa, fui a recriminar al árbitro la excesiva dureza del equipo rival, a mi parecer no se les había penado eso que tantas veces digo el otro baloncesto. Muchos codos y brazos a destiempo a mi parecer.

 

Bueno pues la respuesta que obtuve es que él había visto diferente "intensidad". Que yo sepa la intensidad se puede medir en un terremoto según la escala Richter, pero en baloncesto yo sólo conozco un tipo de terremoto, Chicho Terremoto... ¡qué grande el perro que hablaba!  

 

Fuera coñas, entiendo lo que me quería decir el árbitro y no le faltaba razón, es decir, ellas fueron más fuertes desde el primer minuto, apartaban con el brazo cuando defendíamos fuerte, empujaban con el brazo cuando mis pivots posteaban y hacían toda una serie de cosas que yo les he explicado a las mías que también hagan... pero no hacen. Evidentemente el día que lo hagan no protestaré, pero como el sufridor era yo pues me toca llorar aquí.

 

Eso sí, otra veces, y de ahí mi queja, es mi equipo el que "barre" al rival en intensidad, queremos jugar a baloncesto con presión, dos contra uno constantes sobre el rival y no nos dejan. La razón es la misma, la intensidad.

 

Por favor, vamos a ponernos todos de acuerdos, todos sabemos que en estas categorías el mejor equipo siempre juega mejor, porque, entre otras cosas defiende mucho más fuerte e intenso. Entonces, si sabemos y todos aceptamos esta realidad, vamos a aplicarla siempre y el día en que mi equipo sea peor pues la sufriré, pero ¡ojo! que cuando mi equipo sea mejor también quiero disfrutar de la intensidad... se mida en grados, megahercios o faltas personales.

 

PD: Un saludo a la aficionada del Barça que me reconoció y se hizo una foto conmigo el otro día en la Fonteta, estas cosas me dan mucha vergüenza pero me gustan. ¿Quién sabe? Se empieza haciéndose fotos y a lo mejor este blog acaba sacándome del club de las calabazas. Si es así mi jefe tiene garantizado un monumento a la puerta de mi casa :-D