ACBBlogs
 

Por mucho que se quiera negar a veces, un entrenador sabe cuando va a perder. Puede ser que pienses que vas a ganar y luego tu equipo pierda, pero muy pocas veces uno se equivoca y da la sorpresa ganando.

 

Durante la semana quería pensar que podía ganar, lo repetía una y otra vez pero cuanto más dice uno las cosas más duda de ellas. A lo largo de la semana se fueron cayendo jugadoras y las que se incorporaban lo hacían después de semanas sin entrenar por lesión; realmente listas y en forma llegaba con seis al partido.

 

Además tocaba jugar en Castellón, un pabellón con parqué flotante donde, al jugar cruzado (así se juegan tres partidos a la vez), el bote de balón es peor, por lo menos diferente. Todos los años se quejan mis jugadores que apenas bota el balón, pero luego llega el verano va la selección y no sé porqué a Calderón y compañía no se les escapa la pelota como a l@s mí@s.

 

Estando así las cosas, me tocó dar una charla motivacional. Quien me conoce sabe que me gusta hablar mucho y que soy bastante rollero, pero es que además creo firmemente en el papel del entrenador como psicólogo. Básicamente les dije a las jugadoras que a pesar de la falta de gente y lesiones era un buen momento para que las menos habituales dieran un paso adelante y cogieran confianza.

 

Por momentos fue bien la cosa, llegué al tercer cuarto ganando, pero ya hacía muchos minutos que la pívot titular tenía cuatro faltas y un golpe en el muslo. Además la única base, perdón la única que sabe subir el balón, jugó desde el primer cuarto con un golpe en el tobillo. Jugó unos 35 minutos y pese a que no le gusta ser base lo hizo muy bien. Al final creo que la convenceré de que es la posición más divertida del baloncesto.

 

Pero claro, jugar en el alambre a veces hace que te caigas y yo no tenía red. No todo el mundo dio ese paso adelante que pedí y el equipo perdió de nueve. No es ningún trauma, son cuartas y a lo sumo podremos ser quintas que para ser el primer año en categoría autonómica está muy bien.

 

Podría haber sido duro con ellas tras perder, pero me di cuenta que este sábado lo peor no había sido la derrota sino la tristeza de un par de jugadoras.

 

Resulta que una chica se va a Cádiz con su familia y, por lo tanto, sabe que está jugando los últimos partidos con este grupo. Yo la noto apagada y por si fuera poco, en los partidos no le están saliendo bien las cosas.

 

En su caso no hay mucho que pueda hacer, pero sí con una jugadora que dijo que no se divertía con el equipo y que al año siguiente no jugaría. En teoría jugará en el primer equipo así que no deberían ser un problema mío ninguno de los dos casos, pero yo creo que los entrenadores somos algo más que los que enseñan a jugar.

 

Creo que en estos casos tan importante es que demos ánimos como hacer más fuerte al grupo, así que el martes nada más empezar les dije a todas que pensaran en por qué querían jugar el próximo año en este equipo. No sé si funcionará o no, porque creo que el problema es que la persona en cuestión se agobia por la llegada del selectivo y la universidad; hace tanto tiempo que pasé esa época que ya no recuerdo lo mal que lo pasaría aquel año.

 

Como buen cansino que soy, seguiré dando el coñazo con este tema y seguiré inventándome cosas para hacer que dentro de la pista el equipo funcione, pero fuera de ella también, porque los jugones no son nada sin esa sonrisa que les hace tan especiales mientras juegan a baloncesto.

 

PD: No me resisto a contaros, la última que me hicieron las de mi equipo. Resulta que en mitad del partido sale mi tiradora, le digo que coja a una jugadora que tiene en frente y ella me dice que no ve el número que le estoy diciendo. "Es que no veo", replica.

 

¡Tócate las narices con la killer de mi equipo! si no ve un número grande que tiene delante como quiero que vea el aro y meta triples... lamentable :-D

 

Por cierto siguen los progresos de Pakete dentro del equipo. Siguiendo al pie de la letra las instrucciones de su mentor, cada partido se tira hasta las zapatillas. Meter no mete mucho, aunque esta semana en el acta le pusieron 15 puntos. Realmente serían unos 7 o 9 puntos (2+1 incluido), pero vamos eso es lo que metió el año pasado en toda la temporada. Si es que convierto Paketes en Navarros, ¡Tiembla Amaya Valdemoro!

09/01/2010
 

Año nuevo entrada de blog nueva. Ya han pasado las fiestas y el 2010 nos ha traído de momento, frío mucho frío y nieve. Por primera vez en mi vida he visto nevar en mi ciudad. Os parecerá raro pero es que vivo al nivel del mar... en el mediterráneo.

 

Como esto no es una conversacion de ascensor sino un blog de baloncesto, dejo de un lado las cuestiones meteorológicas para contaros como han ido estas vacaciones.

 

Las navidades han sido...las navidades: mucho turrón, mucho pavo ( y no todo servido en la mesa) y pocos entrenamientos. Porque si las navidades sirven para algo en mi equipo es para cumplir todos los rituales de estas fechas.

 

Para empezar, el de la lotería. Este año me tocó "pringar" vendiendo papeletas del club de chicos, nunca lo había hecho y voy a ver si nunca más lo hago. En primer lugar porque es un fastidio ir metiendo presión a la gente para que pague una participación y no se puede decir que la nuestra fuera barata... cinco eurazos, que la economía del club está mal y hay que sacar dinero de debajo de las piedras. Dentro de lo que cabe conseguí en noviembre haberlas vendido todas (vender antes que nadie es la mejor estrategia), lo peor de todo es que tocó la devolución y ahora todo el mundo que me para por la calle me pide dinero... ¡tengo complejo de moroso!

 

Y si la lotería es un clásico, la cena de navidad es otro. Ya puedes entrenar toda esa semana con cuatro o cinco que el sábado te viene todo el equipo. Uno que es un poco sibarita para las comidas eso de cenar por 10 euros suena mal y eso que con los amiguetes seguro que no vamos al Txistu. Eso sí como dice un amigo "somos los únicos con los que ir a un chino sale caro".

 

Durante la cena hice lo que tenía que hacer, convertirme en una maruja y cotillear. Esos son los momentos donde uno se entera de quien tiene novio, quien tontea con quien y como muchas veces es con gente del club de chicos pues me monto mi propio Sálvame Deluxe. Evidentemente yo soy Jorge Javier (sí bajito y con poco pelo), aunque me falta mi Belén Esteban para dar la campanada.

 

Porque a punto estoy de dar la campanada al ver los regalos que me hizo mi equipo. Todo un clásico navideño: el tanga de la tienda de los chinos. En esta ocasión el motivo fue el de cigüeña... creo que son muy optimistas. Bromas a parte me regalaron, unos pantalones de los Sixers, saben que el rollo gangsta de Iverson me pone, jajaja.

 

De la fiesta posterior sólo os diré que fui de los primeros en regresar a casa. Hice de taxista y pronto estaba en casa. Y es que la edad no perdona y llevo un par de semanas con la ciática que está fastidiando. Quería haber corrido la San Silvestre con mi equipo, pero entre que tenía que cambiar horarios en el trabajo y que no estaba yo para correr mucho, me quedé en casita.

 

Lo de correr la San Silvestre está dentro de lo que llamo "hacer equipo". Ya que estas fechas son complicadas para las jóvenes porque tienden a desaparecer pensé que con un par de cosas fuera de lo normal se animaría. Me equivoqué.

 

Ni correr ni pachanga navideña, les cuesta mucho encontrar motivos para divertirse con el baloncesto y con las compañeras de equipo. Ojo, no todas. Como buen enfermo de esto de entrenar, preparé un entrenamiento especial el sábado 26 ¡por la mañana! y Ahí que vinieron unas cuantas. Otro día, también con las mismas, jugué un pachanguita y comprobé que mi nivel baja cada año y estoy a la altura de un junior femenino. Lo peor de todo es que jugando un KOs a triples perdí... contra pakete. Como lo oís...lamentable.

 

Mi juego va cuesta abajo y sin frenos, pero al menos me queda el consuelo de que las mías mejoran. Por perder, me toca pagar una apuesta que es llevarlas a ver el partido entre Power Electronics Valencia y el Regal FC Barcelona. Aunque el verdadero motivo es que quieren ver a Ricky Rubio...veremos lo que se puede hacer.

 

De momento esto es todo, la semana que viene más y mejor.

 

Según esa gran fuente de información que es la Wikipedia, el Grinch es una criatura verde, peluda y cascarrabias con un corazón "dos tallas menor" que vive en una cueva en lo alto de una montaña y que quiere robar la Navidad.

 

De verde tengo poco, como tampoco tengo mucho pelo, aunque cascarrabias sí que soy un rato, por lo que, sinceramente, no me veo mucho en el papel de Grinch, por mucho que me empeñe.

 

Cierto es que la Navidad no es mi mejor época del año y cierto también es que para estas navidades he planeado un plan especial de entrenamientos que incluye jornadas "extras", por ejemplo, un sábado... pero vamos tampoco es que me quiera cargar la Navidad y toda la maquinaria consumista que hay tras ella.

 

Pero lo que si que es cierto es que justo antes de la Navidad un espíritu gruñón y cascarrabias me invadió en el último partido de liga. Más concretamente en el descanso del mismo y mientras caminaba al vestuario.

 

 

 

Ya os dije que durante semanas habíamos bajado el nivel de intensidad de nuestro juego, que habíamos jugado con fuego durante los partidos, pero que siempre había mantenido la calma... hasta entonces.

 

Por fin estallé y me puse a gritar. No ha sido la mayor bronca que he tenido como entrenador, pero sí una de las gordas. ¡Ya está, ya lo habéis conseguido! ¿No queríais verme cabreado y gritar? ¡Pues ya estoy gritando! Con estas palabras comencé a darles la bronca. Evidentemente que ellas agacharon la cabeza y se comieron mis gritos sin rechistar. No hubo nada educativo, ni inspirador en mis palabras; sólo una pregunta final ¿Queréis ganar el partido? ¡Pues jugad con el corazón!

 

Era el resumen a lo que ya les había dicho muchas veces. Podemos perder la concentración, no estar bien en ataque, pero no nos podemos relajar en defensa y mucho menos jugar sin alma. Perdíamos de nueve pero podía ser peor, porque el equipo no tenía ni pies ni cabeza, ni alma ni corazón.

 

Estuve a punto de cambiar a zona por primera vez en la temporada, pero soy de los que mueren fieles a sus principios y continuaron en individual y presionando. No les descubrí nada nuevo durante el descanso, pero el cambio fue brutal.

 

De perder de nueve y encajar 32 puntos en 20minutos, pasamos a ganar de 22 y sólo encajar 13 puntos (siete y seis en cada cuarto). Me gustó que instantes antes del comienzo del tercer cuarto la capitana del equipo diera palabras de ánimo, que les quitará la "pachorra" de encima y eliminara cualquier atisbo de negativismo que según ellas invade el vestuario.

 

Me sentí muy orgulloso de su reacción, de cómo jugaron esa segunda parte (ya antes del último cuarto ganábamos con tranquilidad) e incluso diría que si no hubiera visto los primeros 20 minutos bien pudiera haber sido el mejor partido de los últimos meses. Pero hay una cosa de la que no me siento orgulloso y es de gritar a mis jugadoras.

 

Se puede lazar la voz y echar la bronca, pero gritarles como lo hice no. Es cierto que ellas llegaron a decir que lo necesitaban y que prefieren eso a una charla calmada, pero yo no lo creo y así se lo hice saber tras el partido y el martes cuando en la charla que siempre tenemos me disculpé por mi actitud. Entre otras cosas porque en mitad del partido y casi sin que nadie me viera le pegué un patadón a un balón (sí, se me fue la pinza, se me cruzaron los cables... patiné).

 

Suena a cuento de Navidad eso de la bronca, la motivación y la victoria final, pero creedme que de bonito y de cuento en mi equipo hay poco. En todo caso surrealismo como cuando se paró el partido cuando entre cuarto y cuarto se me ocurrió la idea de pedir un tiempo muerto.

 

¿Sabéis si se puede pedir un tiempo muerto antes de empezar un cuarto? Se me había olvidado decirles una cosa antes del último período y pedí a la mesa un tiempo. Como ninguno del partido lo tenía claro me lo concedieron y pude decir lo que se me había quedado pendiente. Al final del partido los árbitros me dijeron que no tenían muy claro si podía pedir aquel tiempo muerto... entiendo que no era normal aquello pero ¿quién ha dicho que yo sea normal?

 

Bueno amiguetes, nos vemos en el 2010 para contaros que tal nos van las cosas y cómo nos han ido las navidades. Sed buenos, pero no mucho

10/12/2009

Resulta paradójico que con las victorias llegue el mal juego y la confusión, pero así es. Mi equipo lleva tres victorias pero arrastra un alarmante déficit en su juego. No puedo entender que seamos un equipo tan tonto que nos creamos mejores que alguien en nuestra liga y se peque de confianza, pero así es.

 

Hay pocas cosas que tengo claras en esta vida pero una de ellas es que cuando las cosas te van bien si sacas mucho la cabeza en cualquier momento de la pueden cortar y mi equipo ha visto cerca ese momento... dos veces.

 

Tres victorias sí, pero muy diferentes. La primera jugando bien y contra un buen rival, la segunda jugando mal pero contra un rival que al menos sabía lo que tenía que hacer y la tercera jugando rematadamente mal y con todos los defectos del mundo. La verdad me cansa pensar siempre en la excusa de que se juega peor cuando el rival es inferior. Creo que si un equipo, por muy humilde que sea como el mío, quiere ser grande debe ser ambicioso y demostrarlo cada día, sin importarle el rival

 

Un entrenador me comentó hace unas semanas que el león era el rey de la selva porque cazaba con la misma voracidad a una gacela que al más insignificante de los animales. El símil me gusta y se asemeja a la actitud que quiero transmitir, pero que, visto lo visto, no acabo de hacerlo.

 

Al terminar el último partido no tenía ganas de enfadarme, no se lo merecían porque no reconocía al equipo que tenía enfrente. La charla postpartido se alargó y les dije que de ser un equipo atrevido, honrado y luchador nos habíamos convertido en un equipo con miedo y vulgar.    

 

Alguna jugadora sigue insistiendo que la bronca debe incluir algún que otro grito, pero me niego. Puntualmente puedo levantar la voz y enfadarme, pero esta semana más que enfadado estaba decepcionado... yo no quiero al equipo que vi el domingo.

 

Al parecer la excusa (como jóvenes que son siempre hay una excusa) al mal juego es que la defensa zonal se nos atraganta. Bueno lo entendería si fueran las primeras a las que nos enfrentamos, pero hemos ganado partidos de 40 y de 50 contra zonas, el problema es la actitud. Para mí hay una jugada que define el partido: una jugadora rival (que no era precisamente la mejor) se fue de tres para lanzar a canasta con tal parsimonia que falló y la misma jugadora consiguió su propio rebote y anotó.

 

Total, que ahora tengo hacerles cambiar el chip y animarlas porque al verme el domingo ellas se vinieron un poco abajo. Para este viernes tengo preparado un entrenamiento dividido en dos partes; una a través de juegos y ejercicios de competición para que suelten tensión y una dedicada a la zona 3-2. Fácil, esquemática, haciendo hincapié en dos conceptos claves desde mi punto de vista: circulación rápida de balón y penetrar y doblar.

 

Se aceptan sugerencias para atacar la zona, pero vamos, no soy muy partidario de sistemas cerrados (tampoco es que me hagan mucho caso) y más de jugar con conceptos claros de pasar, dividir, buscar a los pivots e invertir el balón con rapidez.

 

Ya os contaré como fue el partido, pero me imagino que perderemos porque es mejor equipo que el nuestro, ahora yo ya me conformo con jugar bien... que no es poco.

04/12/2009

No descubro nada si os cuento que siempre me han gustado las historias de perdedores. Gente que no es una superestrella y que tienen algo que contar. Como consumidor de baloncesto prefiero ver historias trágicas, de superación (aunque no siempre con final feliz)... vidas que se salgan de los convencionalismos.

 

En esta sociedad donde las personas se miden por el valor de sus éxitos, creo que hay jugadores mucho más interesantes que los que siempre salen en la tele. Claramente me identifico con losers, proscritos y gente que va a contracorriente; quizá sea porque soy el mayor loser de todos.

 

Como entrenador, no os engaño si os digo que me gustaría tener un equipo de estrellas, esas que meten triples a "cascoporro", que hacen malabares con el balón y flotan sobre la pista. Pero de esos hay poquitos y en el ámbito donde me muevo menos aún.

 

Cierto es que, salvando las enormes distancias que puedan existir, siempre he tenido pequeños cracks en mis equipos. Gente que da gusto ver jugar a baloncesto y que en nuestras categorías marca la diferencia, pero, pese a todo, siempre han tenido un lugar predilecto en mis equipos los "otros". Jugadores a los que les cuesta botar el balón, anotar pero que son todo voluntad.

 

El año pasado entrené a un chico que venía del fútbol y nunca había jugado a baloncesto; tenía todos los defectos del mundo (apenas corría botando el balón, no sabía tirar y defendía como un futbolero... con las manos) pero tenía una gran virtud: se esforzaba por aprender cada día. Al final de la temporada no era una estrella, pero acabó jugando más minutos que muchos otros que llevaban años y años jugando a baloncesto.

 

Este año vuelvo a tener en el equipo a una jugadora que reúne este perfil. Comenzó a entrenar a mitad del año pasado con 15 años y apenas le corrigieron los defectos que tenía. Cuando le pregunté de que jugaba me dijo que de todo. "Cuando uno juega de todo es porque no juega a nada y es muy malo".

 

 

Cariñosamente le llamo Pakete y digo cariñosamente porque aquí el más "pakete" de todos soy yo, que cuando jugaba a baloncesto era más lento y torpe que el caballo del malo. Pakete apenas sabe botar sin mirar el suelo (lo mira tanto que siempre le pregunto de qué color es) y le cuesta mucho tirar de cuatro o cinco metros, pero es una de las jugadoras de la que más orgulloso me siento. Y lo estoy por tres motivos.

 

Desde hace semanas estoy intentando cambiarle la mecánica de tiro (lanza con dos manos y cruzando los brazos) y va progresando, se esfuerza tanto que incluso cuando tiene tiempo libre la practica. Ahora bien un día se fue a la casa del monte a practicar y se hizo un esguince. Ya sabemos que esas casas está cimentadas como buenamente  se puede y ya me imagino que jugaría sobre un cemento desnivelado y con todos los baches del mundo (al menos en la canasta de mi monte pasa eso... mi padre que es un chapuzas).

 

El segundo motivo es porque siempre quiere entrenar y jugar, su fe es incansable. El otro día se pegó una buena piña mientras jugaba, se había torcido el tobillo lesionado pero, tras un minuto en el banquillo, salió como un torito a la pista. No metió ningún punto, pero mientras otras jugadoras siguen teniendo miedo a las entradas a canasta, ella va directa sin miedo al choque... lo da todo.

 

El tercer y mayor motivo de satisfacción es porque es una jugadora que hace equipo. En la última victoria fuera de casa ella se quedó sin jugar en la segunda parte y, a diferencia de otras, no tuvo ningún mal gesto... era la jugadora más feliz del mundo porque el equipo había ganado. Yo no suelo dejar a la gente sin jugar ni siquiera media parte, pero como el equipo estaba jugando tan bien y ella no había tenido una buena tarde, preferí no sacarla en el tercer y cuarto período.

 

No se enfado, de hecho creo fue la que más animó desde el banquillo y la que más contenta iba en el autobús. Cuando dije la semana pasada que lo mejor de entrenar era ver la felicidad de tus jugadores, ella era el claro ejemplo de ello.

 

Ya se ha quedado con el apodo de Pakete, me seguiré metiendo con ella, pero también seré el que más se esfuerce porque mejore.

 

Ante la apatía de mi equipo en la última victoria, les reconocí al resto de jugadoras que prefiero entrenar a un equipo de 12 "paketes" y perder de 100 que tener un equipo sin ganas de jugar. Al menos sé que los "paketes" van a darlo todo en el baloncesto.Si todas tuvieran las mismas ganas y la voluntad que ella, no sé si tendría un mejor equipo (creo que sí), pero seguro que sería más honesto.

 

Ella nunca será Lebron James, Kobe Bryant, Diana Taurasi o Candace Parker... no hace falta yo siempre fui más de Chris Andersen.

 

¿Tiene sentido realizar largos viajes los fines de semana? ¿Compensa la dedicación de horas planificando entrenamientos y partidos? ¿Merecen la pena todos esos enfados y disgustos? Seguro que sí.

 

Muchas veces cuando uno entrena se pregunta si no está perdiendo el tiempo. Está claro que la inmensa mayoría no lo hacemos como una alternativa laboral, tampoco es una solución económica entonces ¿por qué entrenamos?

 

Razones o excusas tenemos muchas, pero la única realidad es que este deporte nos apasiona y por eso le dedicamos tantas horas, esfuerzo y horas de sueño a una actividad en la que sufrimos más que disfrutamos. Eso sí cuando disfrutamos, lo hacemos a lo grande.

 

Yo encontré en un autobús la razón por la cual me merece seguir entrenador. Eran las 22 de la noche del domingo y el equipo regresaba de jugar en Castellón y ver la sonrisa de mis juniors era la mejor recompensa que podía tener. Allí en el autobús, mezclado entre ellas, haciendo bromas y riéndome con ellas comprendí que por mucho que me queje (y escriba aquí mis quejas) al final estos pequeños ratos, estos pequeños gestos hacen que merezca la pena entrenar.

 

Horas antes jugábamos contra un rival directo en nuestra particular liga. Enfrente teníamos un equipo de verdad, que quiere correr, presionar, defender y, lo más importante, defender. Y, para ser sinceros, yo pensaba que íbamos a perder.

 

No sé si os ocurrirá a vosotros, pero normalmente cuando viajamos fuera mi equipo se "dispersa" en el autobús. Siempre nos cuesta ganar partidos fuera y es porque muchas veces empezamos desconcentradas. Además, algunas jugadoras habían pasado gripe A y los exámenes y otras lesiones me dejaban con 10 jugadoras.

 

Si a todo ello añadimos un rival fuerte y un mal inicio, a los cinco minutos yo pensaba que nos caía la del pulpo. Empezamos 12-3 y me dijeron que llegamos a ir perdiendo de 16, pero de repente todo cambio. En un par de minutos la presión que no nos salía, funcionó y la defensa inexistente comenzó a aparecer. Por primera vez, los típicos minutos de locura que hay en estas categorías nos ayudaban y al descanso perdíamos "sólo" de tres.

 

No parecía mal panorama, pero tenía dos problemas: el cansancio de alguna jugadora importante y las faltas personales. Veréis, llegué al descanso con la más jugona del equipo (que no quiero decir que sea la mejor) con 4 faltas y me la jugué poniéndola en el inicio de la segunda mitad.

 

Tenía claro que no podía permitir una segunda escapada y en el banquillo no me servía. Todo o nada. Una jugadora inteligente puede jugar fuerte sin hacer faltas y la jugada me salió perfecta. Fue todo tan bien que la senté pronto y cuando entró era para rematar la faena. El partido lo habían ganado otras.

 

Ganamos el partido en el aspecto emocional. Antes del encuentro, en la charla, les recalqué el hecho de que no eran ni mejores ni peores que nadie si se esforzaban y que un partido tan duro duraba 40 minutos y había que aguantar hasta el último segundo.

 

Por una vez y sin que sirva de precedente me hicieron caso y fueron a más. Cada acción positiva en defensa les hacía mejores en ataque (para ser justos, nos entró todo al final y no creo que tengamos tanto acierto muchas veces más). Ellas se crecían tanto que hasta dos de mis chicas se tiraban al suelo. Al ver esa acción, desde el banquillo me apuntaron: ¿estarás contento, no? Respondí en tono de broma: Contento no, excitado. Eso es lo que quiero en mi equipo que luchen todas, porque si lo hacen en defensa confío plenamente en su capacidad de ataque (es lo que mejor puedo entrenar).

 

Debo reconocer que nos faltaron cosas, porque si bien es cierto que el run and gun del último cuarto me "pone" mucho, también creo que deben de leer el partido y controlar ciertas situaciones... cuando tenga a Nash y Stoudemire en el equipo ya jugaremos ataque de cinco segundos.

 

La cosa fue tan redonda que al final del partido los padres incluso me felicitaron (por un momento pensaba que era en plan de coña, pero al ver que era en serio aluciné... ¡Si no he hecho nada nuevo!) Tengo claro que no tengo ningún mérito en la victoria, sólo quizá el ser el pesado que cuando sus jugadoras pierden o ganan por 50 puntos les sigue metiendo caña para que corran y defiendan.

 

Tras el partido, mi compañero les dijo (y sé que les gustó) que ganaron por el corazón y no por la calidad. No le falta razón, pero quiero pensar y así se lo dije, que la victoria no se había producido en la segunda parte, sino mucho antes. Era una victoria que venía del día a día, de mis enfados, del parar entrenamientos para corregir detalles, del hacer cosas "diferentes", pero, sobre todo, de hacerles pensar que si bien esto es un juego para divertirse, competir y esforzarse hace que todo sea más divertido.

 

Estoy seguro que todos nosotros disfrutamos más de una victoria trabajada, quizá inesperada, que cuando se gana de paliza. Yo les veía su cara de felicidad en el bus y entendía que ellas compartían esa sensación. Hasta la jugadora que nunca sonríe reconocía que había disfrutado.

 

Ese es el premio que nos llevamos los entrenadores, ver a nuestros jugadores felices. Quizá nunca agradezcan el esfuerzo que hacemos, pero implícitamente lo hacen con su felicidad.

 

Esta ha sido la razón que tengo para seguir entrenando ¿Cuál es la vuestra?

 

¿Cuál es el sexo de los ángeles?¿A qué huelen las nubes?¿En qué piensa un entrenador cuando está deprimido? Se trata de preguntas sin respuesta...

 

Bueno quizá a la última pueda responder. Normalmente la tarea del entrenador es levantar los ánimos de los jugadores o jugadoras. Siempre nos preocupamos de qué podemos hacer para recuperar la alegría de un equipo, pero a veces nadie piensa en animar al entrenador o entrenadora.

 

Veréis, llevo un par de semanas donde creo que no hago nada bien y para colmo tengo la sensación que decirme todas las cosas que hago mal se ha convertido en deporte nacional en todo este tiempo. Por un momento esta situación puede llegar a instalarte en un estado de mosqueo permanente y claro cuando todo el mundo te echa la bronca, con o sin razón, acabas estallando en plan Michael Douglas en "Un Día de Furia".

 

Normalmente la vía de escape en estos casos suele ser el deporte, me gusta nadar y correr con lo que trato de "reventarme" mucho para no pensar en las posibles cagadas cometidas, pero sin duda que la mejor terapia es el baloncesto. Si me preguntan un momento mágico yo diría que mi pachanga de baloncesto con los amigos. Entonces, y sólo entonces creo que llego a ser feliz.

 

Y a falta de tiempo para jugar una pachanguita está entrenar que también alivia la penas... aunque no siempre. Resulta que ahora lejos de alegrarme ir a entrenar me entristece y deprime más. Entre los exámenes y la gripe A llevo dos semanas sin poder completar entrenamientos de 10 personas.

 

Lo de la gripe es algo inevitable e incluso tiene su punto bueno si la pillo el lunes y me escaqueo del trabajo un par de días (así me libro de la bronca que me va a caer), pero lo de los exámenes es un martirio para los entrenadores de base. Por que claro, ¿cómo le voy a decir a un profesor "mire, podría quitarle a las chiquillas los exámenes porque tenemos que jugar un partido importante"? Se ríe en mi cara.

 

Entrenando con cinco o seis jugadoras, ocho como máximo intento hacer ejercicios de fundamentos de la calle que ya debían controlar como el traspié, el fadeaway, crossover, lanzar una "bomba", hacer un poco de teatro y "trahstalking". Cosas que luego nunca las harán en un partido pero que llena mi ego de entrenador-jugón-friki.... Por practicar hasta se pusieron a hacer alley-oops, ver para crear. Y sin embargo, ni eso ha conseguido sacarme de mi estado de bajón.

 

Claro con este panorama y por delante el partido más complicado de la temporada es imposible que a mí me salga una charla positiva. Lo siento pero no puedo. Si yo estoy fastidiado y sé que mi equipo va a recibir una paliza contra un equipo de una categoría superior ¿qué se supone que debo decirles? No creo que deba mentirles y crearles falsas expectativas. A mí me va el rollito  Doctor House, brutalmente honesto.

 

Una de mis jugadoras me dice que eso no surte efecto y que tenía que animarles... lo intenté el domingo, pero lo que empecé a contarles no me lo creía ni yo mismo, prefiero ir a mi style. Mi segundo entrenador dice que soy filosófico en las charlas, yo más bien creo que soy filochorra.

 

Para la charla del domingo puse un símil cuanto menos curioso. Les dije que se pensaran que estaban en un baile al que nadie les había invitado y que tratasen ser ellas mismas y disfrutar. Comparé la dificultad del partido con mis posibilidades de ligar con Beyoncé  (en estos días ni pensar en mi diosa de ébano me levanta el ánimo).

 

¿Qué quería decir con todo esto? Algo muy sencillo. Cuando estás donde no te corresponde lo único que puedes hacer es disfrutar y si tenemos que perder que mejor que hacerlo siendo fieles a nuestra forma de jugar.

 

Ellas entendían que había que perder con orgullo, pero yo no veo nada de orgulloso en la derrota. Perder siempre jode y lo único que nos queda es darlo todo

 

Hubiera estado genial deciros que conseguí un estado de motivación extremo, que ni Guardiola poniendo Gladiator ni Scariolo y los Black Eyed Peas me superaron. Pero estaba claro que poniendo un ejemplo donde mi equipo está en una fiesta, nada bueno podía salir.

 

Como era de prever perdimos y de mucho (18-72). Ya os dije que este no es un blog de un entrenador exitoso, sino más bien de un loser de la vida. Durante el primer cuarto no metimos ni un punto, pero como no todo iba a ser negativo me quedo con dos cosas positivas: Les ganamos un cuarto y ellas tuvieron que hacer presión toda la segunda parte.

 

Me consta que para el rival (que debe jugar amistosos con chicos para mantener la intensidad durante la temporada) este tipo de partido es un problema más que otra cosa. El nivel de uno y otro equipo y, sobre todo, el ritmo es muy diferente así que sólo nos queda hacer todo lo posible para que no pierdan la tarde y al menos les ayudemos para futuros partidos. No sé si lo conseguimos, pero yo felicité a mis chicas porque entendí que lo dieron todo.

 

Honestas. Esa es la palabra. Con mi pívot titular fuera por faltas a los tres minutos de empezar y sin las dos bases, creo que mantuvimos la dignidad 30 minutos, el último parcial (3-26) fue para olvidar.

 

Y ahora toca derbi forero.

 

He coincidido con árbitros y jugadores que siguen este blog, pero hasta ahora nunca me había enfrentado a un forero. Esta semana jugaré contra JJVila y me consta que también habrá otro derbi entre foreros (creo que el equipo de JW22 también juega) que habitualmente escriben en el post del entrenador.

 

Desde aquí les lanzo un reto, yo abandono el blog por una semana y que ellos tomen el relevo y cuenten cómo se viven esos partidos.

 

Por fin va quedar al descubierto la gran mentira que soy, el Mili Vanilli de los entrenadores jejeje.

Como todos los años, noviembre llegó con la noche de Hallowen. Una nueva tradición importada de Estados Unidos que a los más viejos nos suena a excusa para gastar dinero y beber, sobre todo, beber por la noche. Puestos a copiar tradiciones propongo añadir a nuestro calendario festivo el día de San Patricio, el Día de Acción de Gracias y si me apuráis el 4 de julio.

 

Entiendo que para la juventud esta sea una oportunidad más para salir de fiesta hasta bien tarde, pero lo que no entiendo es que eso suponga llegar cuando sale el sol o incluso no dormir... teniendo partido el día siguiente. Porque sí, esta es la escala de prioridades de muchas de mi equipo: primero la fiesta y luego el resto de cosas, entre ellas el baloncesto.

 

Ya sé que los tiempos cambian pero uno no se acostumbra, así que les leí la cartilla antes de empezar el calentamiento. Con cada "charla" voy gastando una bala y a este paso en un par de semanas me quedo sin munición para motivar y meter en vereda a mi equipo. Eso sí, mientras ellas me den motivos yo seguiré enfadado.

 

Total que el partido no era ninguna risa, era de esos pocos que creo que serán competitivos esta temporada y en los que se podía valorar si habían o no habían avances en el equipo. Era evidente que yo no podía hacer nada contra la resaca de alguna o el cansancio de una noche excesivamente larga, pero al menos sí que podía cambiarles el rostro y hacer que se pusieran el mono de faena.

 

Y vaya si se lo pusieron. Contra un equipo al cual ya había que presionar bien y no perdonar, empezaron muy bien, sobre todo en defensa, robando balones y dejando la rival en nuevos. Ya os lo digo el karate press aitiano tiene estas cosas, me pitan faltas hasta que se cansan los árbitros; luego el partido es nuestro.

 

En ocasiones uno tiene la sensación de jugar mal e ir perdiendo cuando realmente gana (y a veces con comodidad), pero este domingo la sensación era otra bien distinta. Cierto es que el resultado al descanso (25-9) parecía abultado, pero me daba a mí que para el trabajo realizado la diferencia no era la más justa.

 

Por cosas del club, tocaba la presentación y quería que nos hiciéramos la foto al descanso pero me negué. He visto muchos partidos donde el Atleti celebraba algo y luego palmaba en el Calderón. Así que nada de relajación. Sí, es una gilipollez, pero cuando se juega es para competir y el partido casi me dio la razón.

 

La segunda parte nuestra fue un desastre. Hallowen comenzó a pesar en la cabeza y las piernas de más de una y si bien ganamos el tercer cuarto por un punto, en el último período nos recortaron hasta ponerse a seis puntos.

 

Cierto es que jugaron el cuarto las que menos habían jugado, pero me fastidió cambiar y tener que poner a dos titulares. Como todos, tengo en el equipo mejores y peores jugadoras pero incluso las peores tienen que jugar y era un buen momento para no arrugarse y meter esa canasta que hubiera matado el partido. Al final y con dos minutos hice el cambio, metieron la canasta y se terminó.

 

No terminé contento porque cuando las que menos jugan podían hacerlo y sumar canasta se dedicaron a pasar "marrones" en forma de balón. Era en plan "tira tú que a mí me da miedo" y eso no me gusta. Tienen que ser unas "jugosas" para que luego yo pueda presumir de ellas en este blog

 

Es una pasada ver la clasificación de la liga autonómica. Vamos terceras empatadas con las segundas aunque ya os digo que en tres semanas igual no vuelvo a ganar, ahora toca recibir palizas. Pero bueno, como diría el presidente del Alcorcón... Que nos quiten lo bailao.

 

No sé que entrenador dijo que una bronca a los jugadores no es didáctico, pero seguro que no entrenó en my ghetto. Porque sí, señores hoy el tema de broncas, clases de broncas y de cómo me fue a con la que pegué esta semana.

 

Va por delante decir que no soy un entrenador bronca, es más me incordia mucho el típico tío que en mitad del partido se pone a gritar y culpar a un jugador o jugadora. Yo soy más sibilino, me he adiestrado en las artes de Maquivelo y me preparo las broncas durante la semana.

 

¿Preparar una bronca? Sí, es muy fácil y uno que tiene experiencia ya sabe los tiempos de cuando enfadarse con el equipo. Veréis normalmente la concentración y el ánimo de un equipo es cíclico. Si ganas todos se animan pero pierdes concentración y te esfuerzas menos por lo que, de vez en cuando, hay que darles un toque de atención para que se pongan las pilas. Mis chicas, que no son nada del otro mundo, han acumulado un par de victorias claras y han comenzado a dispersarse.

 

La semana pasada jugamos mal y ganamos de 55. Al final del partido les avisé, pero no porque quiera ganar de más sino porque lo que quiero es que mi equipo sea honesto, es decir que lo mucho o poco que tengan dentro lo den durante el partido... y eso no sucedió.

 

El martes el entrenamiento comenzó a ser decepcionante y el miércoles no fue a mejor. Me jode especialmente porque es un día donde no hay grandes ejercicios físicos pero sí mucho uno contra uno, dos contra dos y técnica individual, vamos el ABC del baloncesto.

 

Total que mientras me iba para casa pensaba que todavía no había abroncado a las jugadoras este año, de hecho no creo que me hubieran visto enfadado nunca antes y pensé que a poco que se torciera el entrenamiento del viernes, les iba a caer una buena...

 

Y vaya si se torció el entrenamiento del viernes. Entrenamos dos horas los viernes para tener tiempo de entrenar bien la táctica y jugar cinco contra cinco, pero este viernes las niñas no estaban por la labor.

 

Empezamos casi 10 minutos tarde con lo que decidí que corrieran las líneas (como en la película Hoosiers) el mismo tiempo que estábamos esperándolas. Como el sprint final era poco menos que el <i> trote cochinero</i> esperé a que la más calmada de todas se pusiera las pilas y se pegase cuatro sprints para terminar de correr.

 

¡A buena hora se me ocurre parar! Al menos corriendo estaban calladas. Tengo la teoría de que cuando un equipo se pone a hablar es que el ejercicio es flojo a nivel defensivo o mental.   Yo pensaba que jugar un uno contra uno con un solo bote y un constante  tres contra tres (con reglas y movimientos concretos) no era ninguna tontería, pero ellas debieron pensar lo contrario.

 

Total que ya les advertimos de que no iban por el camino del hombre recto que diría Samuel L. Jackson en Pulp Fiction y nos pusimos cinco contra cinco. Por un lado las que debían ser titulares y por otro lado tres cadetes y suplentes... el resultado fue lamentable. Ganó el equipo B y la imagen de las que tenía que jugar bien fue bochornosa. Apatía, pasotismo y una falta total del mayor interés por rectificar lo que les decimos.

 

Era mi momento, apartaditas del centro de la pista, en un rincón para que no nos vieran me convertir en Super Sayan o el increíble Hulk y les dije las cuatro cosas que en mi guión ya llevaba escrito. "Estoy muy decepcionado...", "No sabéis el esfuerzo y la ilusión que ponemos los entrenadores en...", "Esto es por vosotros y si no queréis mejorar..." y mi favorita, mi Greatest Hit "si no queréis correr y aprender os quedáis en casa".

 

Representación gráfica de la bronca del viernes a mi equipo

 

Y esto no lo digo gritando como un energúmeno sino en una media voz en plan Vito Corleone que creo que acojona más. Básicamente porque tan importante es la forma como el fondo y si yo pierdo la forma el fondo no tiene sentido y, precisamente, lo que quería es entendieran que aunque sea una diversión el baloncesto, es mucho más divertido si todos nos esforzamos e intentamos mejorar.

 

Creo que la bronca surtió efecto por dos motivos: el primero es porque ganamos de 40 puntos el domingo, el segundo y más evidente es porque recibí el mismo viernes un correo de esos que son cadenas. Se titulaba "AL, animate jopé!‏" y bajo el lema ORACION PARA HOY..... 'No volveré a quejarme de mi trabajo NUNCA MAS'   incluía fotos de todo tipo trabajos "desagradables"... ¿sabéis qué correo os digo?

 

Antes del partido del domingo les quise aclarar el porqué de mi enfado. Les expliqué lo que era para mí ser honesto, básicamente dar el mucho o poco baloncesto que se tiene dentro, sobre todo en defensa y que si no nos salen las cosas en ataque lo importante siempre es defender cada balón como si fuera el último.

 

El resultado ya lo sabéis, victoria cómoda (un día con calma os comentaré como es mi liga) y eso que el equipo rival tenía una chica altísima que sin saltar cogía todos los rebotes y anotaba. Por momentos, la imagen era ella, Blancanieves, y las cinco enanitas de mi equipo. La chica anotó 35 de los 43 puntos que consiguió el equipo, craaaaack.

 

Yo lo intenté de todas las formas (nota mental: hablar más bajo porque como no hay público se oye todo y los árbitros oyeron como les decía que había que sacarla de la zona empujándola con el culo), pero la mejor estrategia era presionar arriba y que no le llegara el balón. Eso hicieron y ganaron.

 

PD: Para que veáis la poca autoridad y respeto que tengo dentro del equipo. A mitad del último cuarto les dije que no presionaran y estas no me hacen caso y siguieron presionando a todo el campo hasta el último segundo. ¿Les habrá absorbido mi espíritu del karate press? No, no creo, estas chicas con tal de no hacerme caso y joderme son capaces de todo, hasta de presionar y correr.

22/10/2009

Ya han pasado varias semanas desde que escribí por última vez. Desde entonces han pasado muchas cosas, la primera de ellas es que comenzó la temporada yendo de boda. Porque sí, nosotros también nos casamos... Bueno yo de momento no, pero un amigo y jugador (términos que no siempre van unidos) se casó en octubre.

 

Al novio, un figura en toda regla, siempre le recordaré como aquel jugador que vino a un partido de resaca, que le pitaron una técnica por insultar a un jugador ¡en valenciano! y por ser el tío que, perdiendo de tres puntos, decidió tirar de dos en el último ataque. Pensaréis que eso puede suceder, que un despiste lo tiene cualquiera, pero no, no queráis justificarle. El mangurrián se cascó un tiro de cinco metros después de que yo gastara los tres tiempos muertos seguidos para explicar la jugada (bloqueo y continuación abierta).

 

El final del partido no tuvo desperdicio entre yo que estaba jodiendo pidiendo los tres tiempos seguidos y el Blasco, que es así como se llama el jugador y ahora recién casado, tirando de dos para sorpresa de todos... Normal que al final del partido viniera el árbitro y me dijera "No sabíais que perdíais de tres".  Incrédulo de mí, sólo pude contestar que "yo sí, pero él creo que no".

 

Pese a todo al Blasco le quiero un montón, nos ha dado momentos gloriosos durante los partidos (un día le pitaron una técnica por decir "estoy más parado que un cepo" y luego no le pitaron otra en el mismo partido cuando insultó al árbitro) pero más en las duchas. Era el rey de las bacanales que se montaban tras los partidos.

 

Por todo eso había que ir a la boda aunque fuera en plena temporada. Si fuéramos ricos y famosos podríamos programar las bodas en verano, pero claro en el amateurismo no le puedes decir a tú mujer (que estará del baloncesto hasta las narices) que se espere 10 meses para casarse. Aquí, como siempre, mandan las mujeres y hay que cumplir y poco importa si al día siguiente hay partido.

 

 

 

Dentro de lo malo, tuve suerte porque mi equipo jugaba el día después de la boda a las cinco de la tarde y pude cumplir como un campeón. Allí estaba uno, plantado con su traje, fumándose un puro con el resto de compañeros de equipo de hace unos años antes de empezar a beber y a bailar lo que pusieran por delante; no importaba que fuera Lolita y su Sarandoga, King Africa o cualquier figura del Operación Triunfo, lo importante era estar allí y cerrar el chiringuito. Porqué sí, de allí sólo unos valientes aguantamos hasta el final y cuando cerraron la "paraeta" nos fuimos a dormirla.

 

Los menos afortunados jugaban el domingo por la mañana con lo que me imagino las caras que llevaron aquel día. Todos nos hemos idos de fiesta o todos hemos ido a una boda antes de jugar un partido y creo que todos sabemos como suelen terminar estos partidos... efectivamente, con derrota.

 

Mi resaca fue más calmada y dulce (entre otras cosas porque me tocó trabajar por la mañana). El desayuno fue un almax para digerir toda la cena y bebida de la noche anterior y al partido me fui con la bocapasta y sin comer de lo hinchado que estaba de la cena. Creo que fue el partido durante el que más agua bebí e incluso creo que superé a alguna de mis jugadoras. El agua, el día después de una fiesta, es un bien necesario.

 

La resaca también fue positiva porque el equipo ganó. Nos estrenamos en competición con una victoria de 20 puntos sobre un equipo que llegó con seis jugadoras y yo disimulé bastante bien mi estado físico y mental. Eso sí nada más terminar el partido me fui a casita que hacía frío en la calle y tenía mucho sueño. Es lo malo de las bodas... siempre hay un día después.

03/10/2009
Hace días que acabó el verano. Lo sé porque estoy de regreso de mis ¿vacaciones? Tengo un resfriado que no se termina de ir y en más de una semana han llovido 300 l/m2... cosas de la gota fría en el Levante.

 

Es octubre y faltan pocos días para que la temporada eche a rodar. La de las estrellas, la ACB, y la de los estrellados. Como cada año (y ya van unos cuantos) volveré a estar dirigiendo un equipo; una temporada más volverán las prisas, el ir corriendo a todos los sitios y siempre llegar tarde, los entrenamientos planificados, los enfados... y total ¿para qué?

 

En casa se preguntan qué necesidad tengo yo de meterme en semejante jaleo. No les falta razón. Con dos trabajos por delante y dos casas que llevar, lo único que tengo garantizado es que si no hiciera nada más no estaría aburrido... ¿o si?

 

La respuesta a por qué entreno es bien sencilla. Porque me gusta el baloncesto. Tengo asumido que eso de jugar ya es cosa del verano por lo que tengo que matar el vicio escribiendo y entrenando. Reconozco que como entrenador soy muy limitado, ni tengo el carácter, ni tampoco el conocimiento necesario para llevar la contraria a los puristas que leen y critican este blog.

 

Entonces ¿por qué entrenar? Pues porque existe otra realidad ajena a las medallas, a las estrellas, a la NBA, ACB o la Euroliga. Existe una realidad donde entrenar supone practicar un deporte que te gusta, tratar de mejorar desde la humildad y el conocimiento del que sabe que no llegará lejos y pasarlo bien sin grandes intenciones. Esa es la realidad en la que me muevo.

 

Los especialistas reflexionan sobre si las ligas españolas (e incluyo la femenina) sabrán aprovechar los éxitos de las selecciones (y destaco los de las femeninas) durante el verano. Mi problema es otro.

 

Antes de irme de vacaciones empecé a entrenar a un equipo junior femenino con 12 jugadoras; a mi vuelta tenía sólo 9. Una chica comenzó a trabajar, las otras dos tenían diferentes dudas. Por suerte, he convencido a estas dos últimas para que jueguen. Y digo suerte porque parece ser que encontrar a gente que quiera practicar baloncesto es una suerte o una bendición.

 

Yo no entiendo que no haya 12 mujeres en edad junior que no quieran jugar al deporte que tanto me apasiona. Vivo en un municipio de casi 75.000 así que podéis imaginaros la gracia que me hace cuando escucho que el número de licencias se dispara.

 

 

 

 

La escasez de entrenadores y entrenadoras con título creo que es lo que me permite a estas alturas de la historia poder seguir vendiendo humo en el club e incluso elegir equipo. Este año el estrés laboral aconsejó elegir sólo uno (llevo cuatro años con dos equipos) y elegí a un grupo de chicas que conocía de etapa cadete.

 

Quería entrenarlas y ahora me cuestiono el querer hacerlo antes de empezar la primera jornada. No penséis que es porque nos han ascendido a una categoría muy superior a nuestro nivel o porque las jugadoras no tengan la calidad que yo puedo exigir (si es que estoy para exigir algo). Simplemente se trata de un tema de egoísmo.

 

Los entrenadores, este año somos dos, ponemos todo nuestro esfuerzo y tiempo en hacerlo lo mejor posible y de momento sólo percibo indiferencia y mucho egoísmo. Lejos de agradecer el detalle de entrenar algún día dos horas, lo critican... al igual que critican los horarios.

 

Lo que no saben es que en un municipio con cinco pabellones apenas tenemos disponibilidad de horarios. Todas tienen diferentes actividades extraescolares y para hacer cuadrar horarios  hay que entrenar un día no previsto en un colegio cuya pista no tiene ni las dimensiones ni las líneas propias de una cancha de baloncesto.

 

Quizá hoy todo lo vea en negativo (creo que es la única manera de ver las cosas si queremos cambiarlas y mejorar) pero cuando nos hablan de la edad dorada del baloncesto yo siempre les recuerdo que hay otro baloncesto, el de abajo. Un baloncesto donde se recortan licencias, se reducen categorías y los equipos que hay no luchan por ser profesionales, ganar trofeos o sacar estrellas; sino que está formado por gente que sólo quiere pasar un buen rato aprendiendo y mejorando, si las condiciones externas se lo permiten, en un deporte que más o menos les gusta. Esta es mi realidad y el día a día con el que voy a convivir toda esta temporada.

 

Perdónenme si hoy no tengo motivos para alegrarles este rato de lectura, pero prometo que la próxima vez seré más positivo. Al fin y al cabo, después de la gota fría hoy el sol brilla en el cielo.

 

 

Como suele ser habitual por estas fechas, una vez al año descuelgo mis botas de baloncesto para volver a jugar. Y cuando digo que descuelgo me refiero a que, literalmente, las descuelgo porque cada año dejo mis viejas zapatillas (unas con una enorme patata) donde Cristo perdió el gorro y este año a pocas ni las encuentro.

 

Después de todo el año entrenando, los meses de verano los aprovecho para ser yo quien entrena y se pone en forma. Cierto es que durante el invierno voy a la piscina (ojo que ya ganó a las abuelas nadadoras, sí esas que hacen trampas llevando bañadores no reglamentarios y flotadores), pero lo mío es el baloncesto y en el 3x3 de la playa me desfogo.

 

Nuestro 3x3 es muy diferente al resto por tres motivos. El primero, porque se hace en mitad del paseo marítimo, a escaso metros del mar por lo que cuando entra arena en la pista aquello parece una pista de patinaje y los tobillos empiezan a temblar. El segundo es porque igual comienzas a las cuatro de la tarde con un calor asfixiantes que acabas a las 10 de la noche mientras te invade el olor de fritanga de la paradeta de churros que han puesto al lado. El tercero, evidentemente, es que en ningún otro torneo juego yo, un jugador determinante y que da espectáculo.

 

No lo digo porque sea yo, pero no conozco a nadie tan determinante en una pista de baloncesto. ¿Queréis que os diga por qué? Ejemplo 1: Este año salí de titular dos partidos (esto es como la escuela, el equipo es mío y yo decido quién sale) y las dos veces comenzamos palmando...  claramente. Ejemplo 2: Que luego se remonta y nos jugamos un final apretado, todas las miradas van al mismo jugador. A mí. Pero básicamente para que ni se me ocurra tirar a canasta y cuanto antes me cambie para no cagarla. Como veis, un tío lo que se dice determinante y resolutivo.

 

Por otro lado soy un jugador que da mucho espectáculo, del bueno o del malo no lo sé, pero doy espectáculo. A ver quien sino iba a dar pases para alley-oops con la brisa marina, iba hacer una "bomba" que se va por encima del aro, la canasta y casi también del recinto, o iba a festejar los triples tocándose la oreja a lo Berni Rodríguez o a lo Quentin Richardson... sólo un friki como yo podría hacer todo eso y hacerlo con estilo.

 

Y por si todo esto no fuera suficiente, creo que tengo el honor de ser el jugador con más airball del torneo. Mi ranking de lanzamientos que no tocan el aro por minuto es espectacular. A ver, no es que lo haga a propósito, es que soy así de malo. Yo tengo una serie de tiros que tengo que hacer por decreto (os he dicho que es mi equipo y las normas las pongo yo) y viendo que cada vez me hago más viejo y me canso antes, cada año el número de "castañas" por minuto crece exponencialmente.

 

Centrándonos en el torneo de este año, la verdad es que no tuvimos suerte porque nos tocó el grupo de la muerte. Ya sé que resulta a excusa de mal perdedor, pero de aquel grupo salió el campeón y el quinto puesto. Nosotros nos jugábamos pasar a cuartos con los junior de Sagunto y claro, estos no son como los del Puerto de Sagunto, estos son buenos.

 

Contra su calidad y juventud nos tocó tirar de manual del leñero y repartir como buenos marrulleros que somos. Dimos bastante, yo el primero, pero no fue suficiente. Después de perder comprendí que irremediablemente no todos los jugadores de la generación del 80 tenemos calidad para jugar a esto.

 

Por suerte salvamos el honor y ganamos al equipo de nuestros júniors. No es broma lo que os digo, si hubiéramos perdido se hubieran cachondeado de nosotros todo el año y ya sabéis que a los mayores no se no se le puede faltar al respeto. Ellos se picaron porque no decían que éramos muy guarros... ¡vaya novedad! ¿Es que a caso no nos han visto jugar nunca? REGLA Nº 1: En un 3x3 primero se pega y luego se pregunta

 

El ser marrullero se da por supuesto en estos partidos. No hay árbitro y las faltas las pitan los defensores. Vamos un lujo para amigos de la estopa. Una cualidad que, por otra parte, sólo se adquiere con la edad y los kilos que engordas y se almacenan en un tripa cada vez más grande.

 

De todas maneras, los torneos de la playa están para picarse. No concebiría un torneo donde no nos mosqueáramos, es la salsa de los 3x3... ¡Es la vida! En este torneo he visto hasta volar sillas de plástico (aquí monedas no tiramos porque seguro que alguno las roba).

 

Yo sigo una táctica a la hora de pitar faltas; pito todas hasta que me dan una hostia y no la pitan, desde entonces no es que deje de pitar, es que no pito ni una. Luego, tenemos un extraño método de compensar si pitan pasos, dobles o fuera, nosotros pitamos dos veces más.

 

El sábado unos amigos de Madrid nos pitaron pasos, pues bien a mí la pinza se me fue y acto seguido pité pasos de salida. A ver que lo fueron, pero si no lo hubieran sido, tengan por seguro que yo los hubiera pitado igualmente. Lo mejor fue que en el ataque siguiente mi amigo Juan les volvió a pitar pasos (es lo bueno que tiene tener un abogado en tu equipo, la ley siempre está de tu parte). REGLA Nº2: En un torneo 3x3 nunca se pitan pasos o dobles, si lo haces corres el riesgo de que te los piten a ti.

 

Bueno como supongo que os preguntaréis cómo de mal lo hizo mi equipo, debo de decir que quedamos novenos (de 17) y que sólo perdimos dos partidos. Nos pasó lo mismo que España en la Olimpiada de Atenas, tuvimos un mal cruce...

 

El sábado logramos ganar los tres partidos que jugamos, uno incluso contra las chicas que entrené hace unos años. Me alegró saber que en ese equipo no se han perdido las buenas costumbres y que "reparten" como siempre. Al menos me consuela saber que si a mí me hostiaron, a mis cadetes más. Luego los mangurrianes venían a mí a quejarse; decían que les habían pegado y no habían pitado nada. Síiiiiii, qué se note quien les entrenó, jejeje.

 

PD: No todos los años no ha ido tan mal, en algunos incluso hemos llegado a semifinales y si no os lo creéis aquí os dejo una foto de hace un par de años cuando jugamos el tercer y cuarto puesto con el otro equipo de los amiguetes

 

 

PD 2: Hago saber a los de mi equipo que el hecho de que llevara la camiseta de Berni no fue el motivo de que perdiéramos el viernes. Como se puede apreciar en la foto, también cuando ganamos llevo la camiseta de San Bernardo Rodríguez. Berni Rules!!!!

La temporada ha tocado a su fin con los cadetes y la verdad no puedo decir que se me haya hecho corta. Han sido nueve meses larguísimos, donde hemos dado zanahorias, palos y sacado el látigo cuando era necesario, aunque como siempre los pescadetes se me han subido a las barbas. Y es que a estos chavales les das la mano y te cogen el brazo.

 

Ahora estoy en plan Bisbal o Bustamante, es decir, haciendo bolos veraniegos por los pueblos. El espectáculo es como el de las varietés de antaño: yo hago de ventrílocuo loco cuando empiezo a hacer aspavientos y maldecir en varios idiomas, también tenemos a los típicos graciosos e incluso alguno que otro que da el cante... vamos que sólo nos falta la mujer que se destape y enseñe algo de pechuga.

 

Bueno el tema de hoy viene, precisamente, de uno de los bolos de este final de curso. Resulta que la semana pasada me tocó ir a Valencia a jugar y sólo se digno a venir con nosotros los padres de un jugador. Durante todo el año he ido sorteando el desinterés creciente de los padres y, más o menos, he conseguido que a todos los viajes hubieran los suficientes coches para no coger el mío ¿Por qué no quiero coger mi coche?

 

Primero porque tengo más peligro al volante que Takuma Sato en uno de esos días gloriosos donde se empotraba contra todo el que se pusiera en medio. Segundo porque no me pagan para compensar la gasolina, que mi coche no es diesel y chupa un copón. Y, por último, paso de tener algún toque y que me pidan explicaciones los padres. Porque sí, para llevar a sus hijos igual no tienen tiempo, pero para reclamar seguro que sacarían tiempo, ganas y mala leche.

 

Puede que me moleste el hecho de no tener medios de transporte, pero lo que más me molesta es el desinterés que tienen los padres por lo que hacen sus hijos. Bien es cierto que no todos son así y muchos han cumplido desde el primer al último día, pero hay padres a los que ni conozco. Ni siquiera vinieron un día que jugamos en Navidad y acabamos viendo un partido del Pamesa Valencia en la fonteta.

 

Hace meses leía con tristeza el blog de Naia Fernández. Y digo con tristeza porque al leerla (esto sí que es un blog serio y no como éste) me daba envidia de ver como los padres de sus equipos acudían y animaban sin parar. También recordaba una charla que dio para la Copa del Rey gente como Pepu Hernández, EpiEsteve Rubio (padre de Ricky Rubio) y donde se enfatizó la importancia de los padres.

 

Supongo que cada familia es un mundo y que todos tienen agendas apretadas, pero yo echo de menos ver a los padres que se interesan por lo que hacen sus hijos, les animan y ayudan a practicar su ocio. Luego nos quejamos del desinterés de los jóvenes de hoy en día y que no pegan un palo al agua, pero claro, viendo lo que he visto este año, empiezo a entenderlo.

 

Resulta muy triste ver como en cada partido como local habían más padres del rival que de los nuestros y cómo se oían más sus ánimos y protestas a los árbitros que los nuestros ¡todo el año he jugado como visitante!

 

No soy muy optimista de cara la futuro, pero bueno. Dios no quiera por el bien de la humanidad y la salud mental de la criatura, pero si yo algún día tengo un hijo (Martin Quentin o LaMarcus  de nombre) intentaré estar encima y ayudarle sin agobiar y dejando al os entrenadores que hagan su trabajo (que todos conocemos al típico padre que se cree entrenador). Eso sí, si mi hijo sale futbolista lo desheredo.

_3
Nuevo partido del CB Puerto Sagunto
 

No, no os penséis que os tengo abandonados, simplemente no he sido persona durante mucho tiempo por causas ajenas a mi voluntad. Bueno me dejo de historias y vamos al grano. Hace una semana terminó la liga y ya hemos empezado el trofeo federación.

 

Se trata de una especie de Copa que se organiza para alargar la temporada y en la que en formato breve se acaba en un fin de semana de finales. El año pasado estuve porque me tocó hacer de chico estadística, pero este año espero estar porque el equipo que se ha hecho esté en la final de la categoría

 

Para la ocasión, se han juntado los dos equipos inferiores de club, es decir, mis chicos y el equipo de veteranos. De momento, este sábado debutamos con victoria (+18), pero no sé como acabará el invento porque es una mezcla rara aunque interesante.

 

Tras el partido, la primera conclusión (y única porque un sábado las neuronas no están para pensar mucho) es que ver a este equipo es como ver a los Bad Boys de Detroit y a los Suns del Run and Gun. Y no es por la edad. Resulta que los dos jugadores que jugaron el partido están acostumbrados a un ritmo muy alto de partido, presionar y realizar ataque cortos (me extrañaba atacar una zona sin apenas tirar unos 30 triples), mientras que el resto del equipo es gente muy alta que se mueve perfectamente en la pintura.

 

Si sale bien la cosa podremos tener gente que corra al contraataque y meta triples y gente que intimide, si sale mal el equipo se romperá y será como ver a Nash buscando un pase a... Mahorn. Por cierto, yo estoy como segundo y sólo estaré para animar que llevo 15 días que entre la alergia y una afonía mal curada apenas tengo voz para decir hola y adiós.

 

Pero bueno, vamos a lo interesante del tema de hoy que es el tema ascenso. Ya ha terminado la temporada y mi equipo senior (curioso mi word siempre me cambia la palabra senior por señor y este equipo es cualquier cosa menos un equipo señor...por la edad, no penséis mal) concluyó el año como tercero de su grupo. No esta mal, sobre todo, porque hemos perdido sólo seis partidos y cuatro de ellos fueron por tres o menos puntos y siempre con el último balón para ganar (en cinco ocasiones) o empatar. ¿Qué quiere decir este tercer puesto? Todo y nada.

 

Acostumbrados a los múltiples cambios de ligas y reestructuraciones un año puede ser que ningún equipo suba o puede ser que suban cuatro. Normalmente en nuestra categoría suben dos, pero no es de extrañar que suba el tercero directamente o por renuncia. En principio el quipo que nos precede ya renunció el año pasado y creo que este año volverían a renunciar, lo cual directamente nos asciende, una posibilidad que aterra al director deportivo porque sabe que si finalmente se produce se lo voy a estar restregando constantemente (el terrorismo verbal ya lo empecé hace un par de semanas, jejeje).

 

Ahora bien lo que sí es seguro es que el equipo junior ha subido como segundo de grupo y el año que viene jugará en Preferente. ¿Por qué os digo esto? Pues porque no les entreno, pero sí que aparezco como entrenador del equipo ya que el oficial no tiene el título reglamentario. Incluso voy más a la hora de llevar reconocimientos inmerecidos, yo estuve presente y firmé el acta de un partido. Con lo que este año tengo un inmaculado récord de un partido ganado y cero perdidos. Señor Director Deportivo del CB Puerto de Sagunto tenga a bien recordar este dato porque pudiera ser que sin aquella firma aquel día, el equipo no hubiera ascendido.

 

Jamás un entrenador salió más rentable: cero entrenamientos, un partido = un ascenso.... más el de los míos, dos ascensos. Hablaré con Pablo que es en ACB.COM quien controla los datos y veré si eso es un récord, aunque seguro que me dice que fulanito o menganito ya ascendió un año con dos equipos diferentes. Él, al menos, tiene la buena memoria que yo no tengo.

 

 

Como si de una trilogía cinematográfica se tratase, mi pasado fin de semana se pudo dividir en tres capítulos. Eso sí, si tuviera que llevar a la gran pantalla, el director de la película no sería de Spielberg, ni George Lucas, ni de Tim Burton, sería más una trilogía de Mariano Ozores... más que nada por lo cómico y poco glamuroso.

 

Dormir

 

La primavera dicen que es la estación de la vida, pero para los alérgicos es la muerte. Entre los estornudos, los picores y el sueño que da la medicación, me he pasado la semana en estado de catacroker. Lo peor de todo es que ya puedes dormir ocho u ochenta horas, sigues teniendo sueño... si es que te dejan, porque esa es otra.

 

¿A qué es bonito oír cantar a los pájaros? Pues sí, pero no a las nueve de la mañana cuando hace una hora que te has acostado porque has visto palmar a los Blazers. Qué asco de pájaros, de verdad. Es como un martilleo constante que sólo es superado por el politono de la Marcha Imperial de Star Wars.

 

Como buen friki que soy en mi móvil siempre que alguien no registrado me llama suena Darth Vader y su marcha imperial. Así que este sábado, una vez superado el "celestial" cloro de gorriones y demás pajarracos (las ratas del aire como diría uno que yo sé) me cantó el bueno de Darth Vader. Eran las 12 y era una mera pregunta informativa, pero consiguió despertarme lo suficiente para despertarme dos horas antes de lo previsto.

 

Baloncesto

 

¿Y qué hacer mientras uno no se cae de sueño? Pues baloncestear, o lo que es lo mismo, ver/leer/escribir/dirigir baloncesto. Después del pseudodescanso matinal tocaba partido. El último de la temporada con el equipo senior y contra unos viejos amigos. Siempre es agradable jugar contra Moncofar, ya nos conocemos y quizá por ello me sorprendió lo farragoso del partido. Hubo bronca... para que nos vamos a engañar, pero como estoy narcotizado por la alergia apenas protesté (apenas significa taladrar a la mesa y árbitro, jejeje). Lo bueno es que ganamos con tranquilidad; lo malo es que a pesar de presionar a todo el campo, recuperar unos cuantos balones, nos quedamos en 74 puntos, lo cual, irremediablemente, significó que Luismi no cumplió si objetivo que era anotar 20 puntos y abrazar a Damián.

 

Lo lleva intentando todo el año y a pesar de que en algún partido se ha tirado algo más que las zapatillas no lo ha conseguido. Sí ya sé que suena poco serio eso de buscar que un jugador meta 20 puntos, pero ¿alguien dijo que mi equipo era serio? Nunca un equipo al que yo entrene puede ser serio.

 

 

 

El otro partido era en domingo, por la mañana y en Castellón. Tostón de tres pares de narices y encima tocaba perder. Era lo lógico si pensamos que me dejaba a la "estrellita" en casa y jugábamos contra un equipo que nos ganó en nuestra pista.

 

Pero como estos chavales son impredecibles, este domingo tocaba jugar de categoría. A veces sin las estrellas chuponas los equipos juegan mejor y por momentos nosotros jugamos bastante bien, robando, presionando, corriendo y anotando. Llegamos a ir 15 arriba.

 

Pero todo cambió cuando el rival pasó de zona 2-3 a 1-3-1. Insisto, es correctamente correcto utilizar zonas, se ganan partidos, pero son ¿instructivas? Creo que no. Más que nada porque la reacción del rival fue porque recuperaron balones con la presión, no con una zona que cuando se llegó se atacó decentemente.

 

Así que tocó ir a un final abocado al infarto. Con uno arriba y 15 segundos pasó lo que suele pasar en estos casos: falta del rival. Agarrón como un piano pero que el árbitro deja en simple falta. Más tres, ellos fallan un triple, rebotean y meten el segundo intento de triple. Prórroga.

 

Cinco minutos demás y de nuevo  1 arriba y 10 segundos. Pitan falta (que lo es), meten los dos tiros libres y nos queda un último ataque con unos ocho segundos. Buscamos un bloqueo directo con el que mejor está tirando y, como me imagino, le hacen un dos contra uno dejando al jugador que bloquea solo, quedan tres segundos cuando recibe el balón.

 

Recibe y en lugar de penetrar decide tirar y lo que sucede es esto por lo que me viene una imagen a mi cabeza.

 

Joan Plaza

 

Termina el partido y como siempre felicitamos al rival y saludamos al árbitro. A pesar del calentón del partido tengo costumbre de no protestarles. Sí, lo reconozco, puedo ser muy cansino durante un partido y calentar la cabeza como un bombo, pero distingo cuando el partido está o no en juego y eso que el domingo estaba más caliente que el palo de un churrero.

 

Por raro que parezca para quien me conozca, por una vez el problema no fui yo, sino el árbitro que me pregunto que por qué no había mandado hacer falta para que no tirasen de tres y forzasen la prórroga. Yo le intenté razonar mi respuesta:

-          En cadete es más fácil anotar tiros libres y robar en presión que meter un triple con prisas y cruzando todo el campo.

-          Confío en mi defensa más que en mi ataque (sobre todo sin la "estrellita")

-          Quién me dice que si mando falta no me pitan antideportiva

-          Esto es formación y más importante que ganar es formar y las instrucciones eran claras: evitar los triples y no hacer faltas debajo del aro (para evitar el 2+1).

 

Lo que nadie me dijo es que después de puntear el triple, cogerían el rebote y volverían a tirar a la desesperada.

 

Bueno el tema es que el árbitro llegó a comparar mis pescadetes con el Real Madrid  (¿quién sería Papadopoulos? Por kilos tengo un par que pesan como el griego, jejeje) y a mi con Joan Plaza (ya quisiera ser la mitad de bueno que Plaza, un tío que conozco y me cae genial) por no pedir la falta como el día del Maccabi hace un año.

 

Total, que creo que el árbitro, que es conocido y nos llevamos bien, no quedó contento con mi explicación y fue a hablar con el otro entrenador que sin decirlo dejó caer que él pediría hacer falta (veis que tío más legal que soy :-D). Yo creo que el árbitro se molestó que le reclamase el no castigar con antideportiva el agarrón que hubo antes de la prórroga. Con tres arriba y balón, entonces ni triple ni nada... hubiéramos ganado

 

Lo gracioso del asunto es que después de bromear un poco sobre el tema y despedirnos, llegué a casa y me vi que algo similar había sucedido en Zaragoza. En el foro hay post que debate sobre la conveniencia o no de hacer faltas en este tipo de jugadas

 

¿Qué opináis? Rubias o morenas? Digo... ¿falta o defender?