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13/01/2009
Gps
El dichoso GPS

¿Qué tal todo?

 

Hoy, si el frío me permite terminar de teclear el blog, quiero comentaros un par de quejas que la semana me deja.

 

En primer lugar quiero denunciar públicamente a los Reyes Magos y a Papa Noel por falsos ¡Vaya timo! Y es que señores no hay forma de que consiga que me regalen lo que quiero, ya puedo ser el niño más bueno del mundo que me parece que nunca conseguiré que me traigan lo que quiero… ¡a Beyoncé!

 

Mi otra queja es sobre el dichoso GPS; el aparatito de las narices por poco me deja esta semana sin un jugador.

 

Seguramente no os descubriré el mundo si os digo que el 90% de los equipos amateurs y de categorías inferiores vamos en coches. Como suelen ser rutas no muy lejanas y repetidas, normalmente todos los años ya nos sabemos los caminos para cada pabellón.  Sin embargo, de vez en cuando, surgen nuevos campos o nuevos coches. Pues bien esto último es lo que nos sucedió.

 

Mi cadete venía tarde así que se fue con su madre y no sé que dirección que le puso a al maquinita, pero en lugar de entrar por el camino correcto se recorrió todo Castellón para acabar llegando con el partido empezado.

 

La verdad es que no me extraña que llegase tarde mi chaval porque un día regresé con su coche y su GPS y nada más salir del pabellón nos dirigió a una calle cortada. Vamos, que o pretendía que el coche saltase el murete y cruzase campo a través hasta la autopista o el GPS lo compró en los chinos un domingo.

 

Menos mal que cuando llegó el partido ya lo ganamos y sólo hizo falta un par de gritos para que “bajasen el culo” para defender y ganarlo. Creo que ha sido uno de los mejores partidos que hemos hecho y eso a pesar de que al ser parqué flotante los chavales la liaron bastante con el bote. Toda la segunda parte la dominamos por 20 puntos, todos jugaron bastante tiempo e incluso nos dio tiempo a hacer alley hoops que por su puesto no salieron… no sé, los chavales debieron creerse que eran LeBrones y Clavers y empecé a ver balones por el aire… de los “Sagunto Pakete Trotters” pasamos a ser el DKV Joventut de Rudy y Ricky, todos saltando y machacando.

 

Al final del partido, eso sí, hubo bronca para el de GPS, aunque si os soy sinceros el aparatito me hubiera venido muy bien antes de Navidad cuando por poco el que llega tarde soy yo y la lío parda porque soy el que guarda las licencias necesarias para jugar. Y es que yendo por el by pass de Valencia como te equivoques en una salida la cagas del todo.

 

Eso hace unos años no me hubiera pasado porque siempre íbamos todos juntos con un chico que llevaba su propio GPS, en este caso el conocido como Global Puti clubs System. Era increíble, se conocía todos los locales de carretera y llegábamos a los pueblos y pabellones a través de este peculiar GPS.

 

Por cierto, esta semana ya he logrado el imposible que es dirigir a mi tercer equipo (en Federación me comentaron que hubo cachondeo cuando lo vieron). Veréis, oficialmente también soy el entrenador del equipo júnior ya que mi compañero no tiene el título, así que para que no nos caigan  más multas y la Federación se vaya de cena a costa nuestra me toca madrugar los domingos, joderme la resaca y poner mi firma en el acta del partido.

 

Esta semana al menos me llevé una sorpresa al ver como dos chicos del equipo rival me venían a saludar antes del partido. Me reconocieron por el blog (y espero que también por mis artículos) y se agradece el gesto, pero agradecería más que en lugar de tíos peludos y sudorosos se me acercasen dos tías rubias… (o morenas que no estamos en edades de ascos a nada) pidiéndome el teléfono, jajaja.

 

Por cierto, uno de los chicos que vino a saludarme un poco más y me jode la resaca del domingo y con sus triples gana a los júniors, al final salvaron el partido por uno y todos contentos menos yo, que otra noche más mis ojeras aumentaron exponencialmente. Ya veis, to’ explotao que estoy…

31/12/2008

Hola gente de bien,

 

Me imagino que la mayoría de vosotros estaréis delante del ordenador en lo que viene siendo el año nuevo, esto es, el 2009.

 

Sin embargo, antes de hablaros de mis expectativas para el nuevo año, es hora de repasar un poco los últimos días y cerrar el pasado 2008.

 

Para empezar, estas navidades han sido del todo menos relajadas, hemos entrenado todos los días que teníamos pista (el resto de días nos dedicábamos a las cenas como podéis ver en la foto) e incluso disputamos un torneo el pasado fin de semana. Lógicamente palmamos los dos partidos que jugamos ¿por qué digo lógicamente? Pues porque en el segundo (que es el que podíamos haber ganado) los chavales estuvieron más pendientes del partido de baloncesto femenino que jugaban al lado que de nuestro propio partido. Jugaron bien (incluso mejor de lo que me esperaba teniendo en cuenta que delante había un armario de casi dos metros y otro chico con unos gemelos como jamones), pero el “cachondeo” fue inmenso y, para ser sinceros, yo pasé de la historia bastante.

 

Que comiencen a fijarse en mujeres es un motivo de orgullo, porque en estos meses han pasado del mundo de la “play” a comenzar a hacer sus pinitos en estos del golferío. Eso sí, viendo que juegan mejor y más motivados sin mis órdenes y con presencia femenina, creo que nos les importaría que en lugar de tenerme como entrenador, les dirigiese Pilar Rubio... a mí tampoco.

 

 


 

 

 

Y por lo que se refiere al año, pues no me puedo quejar. Viajé a los Estados Unidos (sí mamonasos ya sé que todos habéis visto mi foto con Howard), los equipos que entrené acabaron con más victorias de las esperadas (lástima que una sanción que evitó el ascenso) y conservé los trabajos que tenía, lo cual en época de crisis ya es bastante decir.

 

Pero bueno, ahora queda lo mejor; porque a cada año se le pide que sea mejor que el anterior y este año lo tiene que ser. En el 2009 seguiré mi basketball tour por España y Europa, mientras espero que mis chiquillos sigan evolucionando. De momento ya hay algunos que hacen las “bombas” como se las enseño. Después de varios años entrenando a cadetes femeninos y masculino por fin he conseguido que algunos imiten a Juan Carlos Navarro ( y a mí, claro está jejeje).

 

Para los que ya leen esto en el 2009, espero que la resaca sea buena, que los reyes magos os traigan muchos balones de baloncesto y nos sigamos viendo en las canchas de los polideportivos. Para los que aún no despiden el año, una última recomendación: En Nochevieja no es lo mismo comerse los churros con mojar el churro, esperemos que todos podamos hacer ambas cosas.

 

¡Se os quiere gente!

 

 

24/12/2008

Hola people,

 

No sé cuando estaréis leyendo estas líneas, si antes o después de pegaros una de las típicas comilonas de Navidad. Yo saco un hueco entre plato y plato para acercarme la portátil, ver que todo está en orden y contaros algunas de mis locuras.

 

Hoy paso de hablaros de baloncesto y paso de contaros mis vivencias en los últimos partidos, se quiera o no, estamos en Navidad y es tiempo de echarnos unas risas. Por que sí, todos tenemos familiares que echar de menos, a todos las crisis nos ha llegado, pero por qué estar enfadados… ya tenemos más de 300 días para mosquearnos con el jefe, el marido o los holgazanes que tengo por jugadores en mi equipo del SuperManager. Aunque la Navidad sea una excusa comercial, bendita excusa si al menos nos hace saludar con más cariño al vecino o sonreír a una chica.

 

Yo estoy enfrascado con la cena de Nochebuena. Estoy entre fogones y la tarde promete ser larga. De momento, he acabado con los entrantes y me presto a coger el hacha y atacar al pavo de mi vecino que le ha dado por poner los 40 tontucos a toda leche y entre Melendi y El Canto del Loco, me dan ganas de cortarme la oreja y no la de Van Gogh precisamente.

 

Bueno, si el pavo se libra, tengo un pollo al que le metido mano (es lo único que se ha dejado que le meta mano en mucho tiempo) y creo que estará bueno. Con esto, unos postres del Mercadona (señores vivo en Valencia y hay que hacer equipo) la cena estará lista:

 

Cena de un entrenador en Nochebuena:

 

a) Entrantes:     Esgarraet

Montaditos de solomillo de atún con tomate

Montadito de tortilla, tomate Cherry (sí tíos como el base del Cebé) y lomo

Boquerones

Surtido de ibéricos

b) Sopa Cubierta (que ahora en invierno cualquier cosa caliente entra muy bien)

c) Pollo relleno, ensalada de lechuga y patatas bravas

d) Tarta de Chocolate

 

Como veis, no es gran cosa, pero es que sigo preparándome para ir al programa de Ven a Cenar conmigo que echan en Antena3. El otro día salía Falete, pero yo si voy me pido a Beyonce o a la Rihana, aunque con la suerte que tengo seguro que me meten en casa a cuatro frikis del fútbol con sobrepeso, jejeje.

 

Y hablando de comida y fiestas. El otro día celebramos en el club la cena de Navidad y nos han planteado el reto: padres contra entrenadores con una paella de por medio. Con la comida bromas las justas… hay que ganar.

 

Los sin vergüenzas del primer equipo se fueron de fiesta, pero yo como un tío honesto me recogí para levantarme pronto. Total, como todas las fiestas acabaría de la misma forma: soñando con terminar con un polvorón, pero llegando a casa para darle al turrón del duro.

 

Bueno no seáis malos (o sí, qué carajo!!!), disfrutad de los amig@s, comed mucho y beber con precaución que en breve quiero que estéis de nuevo aquí.

 

PD: Lo siento no puedo irme sin hablar mínimamente de baloncesto y es que el owned (como dirían en el foro y mis cadetes) de la semana es para Santi, jugador del primer equipo. Su técnica por decir pasos ha entrado en los anales de la historia del club. Costó siete puntos de una tajada (dos tiros libres de la falta señalada, otros dos de la técnica y un triple posterior) y la derrota en el partido.

 

Si lo veis no le martiricéis porque, además de ser bloggero (http://santi100.blogspot.com/), es un crack y, total, a quién no le han pitado alguna vez una técnica por gritar pasos… a mi hace menos de un mes, jajajaja.

 

Felices Fiestas a Tod@s

Cappie
Cappie Pondexter, una crack dentro y fuera de las pistas

Hola, gente que está de puente.

 

La entrada la de hoy la hago desde el relax y la comodidad de no ir con el pito en el culo un sábado. Esta semana tocaba descanso, aunque para nosotros era relativo porque faltaban por jugar 10 minutos del partido que dejamos a mitad por la lluvia.

 

Antes de resolver la incógnita del resultado, me deberéis permitir que os cuente lo que me pasó entre semana. Como algunos sabréis hasta este año siempre he entrenado a equipos femeninos y tengo especial predilección por el baloncesto femenino. Quizá por eso a la mínima oportunidad intento vender un producto que a veces desprestigiamos simplemente por machismo o incultura.

 

Bueno, pues la ocasión de hablar de baloncesto femenino vino esta semana porque el Ekaterimburgo jugaba en Valencia. Para quien no lo sepa, el equipo ruso es uno de los mejores del mundo y entre sus jugadoras cuenta con Deanna Nolan, Maria Stepanova, Oxana Rahmatulina, Sandrine Gruda y Cappie Pondexter.

 

Viendo que oportunidades para entrevistar a una de las mejores del mundo se presenta pocas veces, decidí semanas atrás establecer los contactos necesarios para gestionar una entrevista con Cappie Pondexter. Gracias a mi amigo Alex Gozalbo, jefe de prensa de Ciudad Ros Casares, conseguí la autorización para entrevistarla.

 

A priori el plan era sencillo, debía llamar a la habitación de la jugadora tras la siesta y hacer la entrevista vía teléfono. Hasta ahí todo correcto. El problema fue que cuando la llamé ella no sabía nada y, por su puesto, no iba a conceder una entrevista a un periodista que no conoce de nada. Traté que el hotel me pusiera en contacto con el jefe de expedición pero se encerraron en banda así que volvía a llamarla.

 

Imaginaros la cara de vergüenza que tenía mientras la volvía a molestar. Le dije el nombre de todos los contactos rusos que tenía pero a ella no le sonaba ninguno. Como solución de emergencia le pedí entrevistarla el día siguiente después del entrenamiento y ella aceptó.

 

Por la noche volví a contactar con el equipo ruso y me aseguraron que ella estaría avisada para el día siguiente... o no. Y digo que no porque cuando llegué al pabellón y las rusas llegaron ella no sabía nada de nada. Cappie me remitió al manager quien muy amablemente me dijo que la acabar el entrenamiento podría hacer mi entrevista. Por entonces sólo había un problema, quería que fuera en el hotel y yo tenía que pegarme un pateo relativamente molesto a estas alturas de la película.

 

Otra cosa no, pero los rusos fueron siempre amables y quizá al ver mi cara de ¿tengo que ir andando al hotel? el manager del equipo me ofreció subir al autobús del equipo ruso.

 

¿Me imagináis metido en un autobús lleno de rusas que juegan al baloncesto como los ángeles? Yo tampoco. Lo reconozco soy un tío que no aguanta la presión y subirme a un autobús lleno de rusas hubiera sido letal para mí, al minuto me hubiera venido abajo, la situación me superaba.

 

Mientras digería el tema, me tragué todo el entrenamiento ruso... a temperatura rusa. ¡Qué frío hace en la Fuente de San Luis! Viendo que el manager se cascó unos tiros antes de que entrenase el equipo, pensé unirme al grupo, así al menos no me congelaba junto a Penny Taylor (sí un autentico bellezón australiano que en persona gana, más que con el trajecito ajustado que lleva con Australia).

 

Concluido el entrenamiento (por cierto, viendo el resultado del partido, me consuela ver que no soy el único entrenador al que la estrategia no le sale a pesar de machacarla mucho). Hablé con Cappie. Ambos nos dirigíamos al autobús mientras hablábamos, sin embargo al decirle que quería hablar con ella de 10 a 15 minutos le pareció un mundo.  Me pidió que la disculpase pero que debía estar concentrada (me han dicho muchas cosas pero nunca antes que podía desconcentrar a una mujer) y que hablaría conmigo al final del partido. Por si acaso nos intercambiamos correos electrónicos. Aquel era el plan c... o Z, ya había perdido la cuenta de las oportunidades fallidas de entrevista.

 

Para quien no lo siguiera, el partido entre Ciudad Ros casares y UMMC Ekaterimburgo, fue un gran partido. Las valencianas realizaron una primera parte sensacional (36-18 al descanso) y el panorama no pintaba bien para mi entrevista.

 

 

 

 

 

A pesar de que Cappie reaccionó en la segunda parte y las rusas se acercaron en el marcador, la derrota del Ekaterimburgo amenaza con tirar al traste mi entrevista. Dicho y hecho. Tras concluir el partido me dirigí a Cappie y esta me rodeo con su brazo y me dijo: “tío este no es un buen momento”

 

¿Qué no era un buen momento? Y cuándo en los dos últimos días había sido un buen momento. Cappie estaba a punto de sufrir mi ira en versión spam masivo a su correo. Animado por mi ex compañero de equipo en la universidad y tocayo, Álvaro Martínez, volví a dar la tabarra al manager del equipo. Éste me dijo que me esperase y que atacase al salir del vestuario. Y eso hice.

 

Álvaro me recordó que en estos casos suele darse la ley de Murphy y, curiosamente, Cappie Pondexter fue la última jugadora en salir de la ducha. Fue mi momento. Al principio le costó, pero después oírme aceptó una entrevista de tres minutos ¿tres minutos? Si ella me había toreado dos días, esta era mi oportunidad. No fueron tres, porque ya que estábamos, no iba a desaprovechar la oportunidad de hablar con una crack como ella.

 

Mitad engañada por mí, mitad encantada con el devenir de la entrevista. Estuvimos diez minutos hablando y en breve espero mostraros el resultado de aquella conversación. No os llevéis a engaño: costó mucho hablar con ella, pero Cappie se portó de lujo, sé que se divirtió y disfrutó de la entrevista e incluso me pidió que le pasara las fotos y el texto cuando saliera. Entre blogeros surgió un buen feeling.

 

Regresando a la rutina de la segunda zona, contaros que el viernes terminamos los 10 minutos pendientes y que sumamos la cuarta victoria consecutiva con el equipo senior. Si mis cálculos no fallan (riesgo que uno toma cuando no mira la clasificación) debemos ser terceros o cuartos de grupo... estamos al acecho.

 

Por lo que se refiere a mis cadetes. Me dieron el disgusto de la semana al palmar. Jugamos como nunca y perdimos como siempre. Creo que a estos no les voy a tener que decir lo de ¡quiero sangre! Estos tienen sangre y mala uva. Tanta que uno quiso imitar a Zidane y dio un cabezazo a un rival. Claro está yo le castigué dejando sin jugar el resto del partido aunque eso me pudiera costar la victoria (siendo honesto, hubiéramos perdido también con él). Ahora, tampoco es cuestión de hacer sangre con el chaval. Cayó en la provocación de un puñetazo previo y luego se arrepintió y se disculpó conmigo, el equipo y el agredido.

 

Un error lo puede tener cualquiera y lo importante es que no se repita. Para que tampoco fuera a más el tema, quise quitarle dramatismo al asunto y empecé a bromear sobre el tema. Claro está, el famoso gif de Zidane salió a la palestra siendo éste el resultado.


Feliz puente!

 

25/11/2008
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Juan, la "escopeta nacional" del CB Puerto Sagunto

Hola People,

Ya sé que esta ocasión os he hecho esperar más de la cuenta, pero es que literalmente no he tenido tiempo ni para escribir dos líneas. En semanas como la pasada uno básicamente trabaja, come y, si le dejan, duerme. Trabajé más que un tonto y acabé haciendo hasta horas extras en el ayuntamiento, ¡leches que la empresa no la voy a heredar!

 

Pero bueno tanto agobio me sirve para dar paso a esta entrada de blog. Y es que como toda persona estresada yo también tengo mi pequeña válvula de escape. Me encanta cocinar. Desde hace años cocino a la fuerza y parte de la gracia se pierde por el camino. Es lo malo de cocinar tanto, acabas haciendo tantas comida que cuando terminas no tienes ganas de cocinar para ti y acabas con un bocadillo… así estamos como estamos.

 

Siempre que puedo me reservo un día para hacer mis cositas en los fogones. Lo malo es que me encanta el ajo y a prácticamente le hecho ajo a todo. El sábado hice macarrones con atún, pues ajo que tenía el sofrito… por la noche Bacalao con tomate… pues ajo a la sartén; cuando hago pollo sofrío ajos, hago verduras diente de ajo que cae. Total, que por hacer hasta hago tortillas de ajos tiernos.

 

Y ¿qué sucede cuando trabajas con ajos? Pues que las manos te huelen a ajo. Sí, ya sé que estaréis pensando que si te lavas las manos con agua se te va el olor a ajo de las mismas. Pero es que cocino tanto tiempo con ajo que al final tengo complejo de ajo y siempre creo que me huelen las manos a ajo. Claro, eso es un problemas si tienes que dar la mano al entrenador rival o si te pones a dibujar con la pizarra, es muy poco serio oler a ajo y dirigir un partido.

 

Por cierto, ya que hablamos de cocina y de familia, mi hermana y yo somos como los arguiñanos: yo me dedico a la cocina casera y ella a la repostería. El otro día le dio por hacer una torta de cebolla y tuvo la brillante idea de echarle azúcar. Dice que es para evitar que huela tanto… pero vamos a ver, si la gracia de comer cebolla es, si no tienes novi@, echarle todo el cebollar del aliento al que tienes al lado, jejeje.

 

Cambiando y ya que esto es un blog de baloncesto (o eso parece a veces), os diré que desde la última vez que escribí he ganado cuatro partidos. Los dos con mis cadetes y los dos con el senior.

 

Poco a poco los cadetes están pillando la idea del pase extra y sobre todo la idea de que conmigo no se trata de que todos jueguen, sino que todos jueguen BIEN. Por cierto, mis pequeños delincuentes ya me deben dos cenas. Apostaron conmigo (un vicio el de apostar muy extendido en nuestra redacción) y perdieron. Para empezar ya me han invitado a un Mcfurry, el primero que me comía en mi vida. Ahora entiendo porque están todos tan cebados, yo casi no termino mi helado y ellos en un visto y no visto se lo zamparon sin decir ni pio.

 

Mis otros gorditos, los "pro", no jugaron esta semana. El equipo rival se equivocó de pabellón y no se presentaron a tiempo. Lo que suele suceder en estos casos es que los árbitros, tras los 15 minutos de espera (sí, como en el colegio), salen cagando leches.

 

Al menos no perdimos de todo la tarde y entre el McFurry y la victoria del primer equipo nos entretuvimos el sábado. Por cierto, me “piqué” con el escolta de nuestro equipo. En plan coña le dije que le contaría los triples y él siguiendome la coña me dijo que me dedicaría los que metiera en plan Quentin Richardon. Al final fueron 6/19 para Juan “metralleta” Bonachera, a eso se le llama confianza, ¡que crack! Todo un jugón.

 

PD: La última frase va para Víctor y su equipo infantil. Después de más de un año y medio sin ganar (dice que sólo ha ganado en los despachos y gracias al jurista del club, jejeje) este sábado ganaron por uno y con un tiro libre a falta de dos segundos para el final. Víctor tenía el ojete cerrado, pero los peques se llevaron una tremenda alegría.

 

Verles las caras de satisfacción como si hubieran ganado la copa del mundo hace que nos replanteemos muchas cosas. Puede ser que no vuelvan a ganar en todo el año, pero la alegría del sábado bien vale un año de esfuerzo y quizá estos chicos acabarán más contentos que otros que a veces perdemos el norte y no disfrutamos ni siquiera de nuestras victorias. Si señor, unos campeones y toda una lección para los demás... a ver si este sábado vuelven a ganar.

11/11/2008

Si existiera un diccionario que hiciera referencia a esta frase, seguramente ésta vendría ilustrada con el rostro que tenía el sábado a eso de las seis de la tarde. Era la cara de un perdedor, de un looser, que había perdido por la mañana de 66 puntos y por la tarde de uno, pero ¿qué derrota duele más?

 

Evidentemente, perder de un punto y cómo lo hicimos es más doloroso que perder de 66 puntos, pero si me pregunta de qué forma prefiero perder, desde luego que elijo antes perder de uno que de 66.

 

Y todo comenzó por la mañana cuando mis cadetes jugaban en Benicasim. Bueno lo de jugar es un decir, porque hicieron de todo menos jugar a baloncesto. Para empezar parcial de 21-0. Sí tal cual os lo digo, 10 minutos sin meter una sola canasta… desastroso.

 

Tras ello habían dos soluciones: gritar como un energúmeno para que reaccionasen (esto ya lo he hecho pero no con cadetes) o hablar pausadamente e intentar cambiar la lamentable actitud del equipo. Visto lo visto, quizá el grito no fuera educativo, pero lo de hablar tranquilamente no va con ellos. Ojo, nos llegamos a poner a 11 o 12, pero antes de terminar el segundo cuarto, volvieron los 20 puntos.

 

En el descanso les hice decir a cada uno, un motivo de la derrota. Quería que fuesen conscientes de sus errores y los intentasen evitar. De poco o nada sirvió. La ventaja iba creciendo así que al final opté por dejarlo pasar y pensar que un mal día lo tiene cualquiera.

 

Pero vaya con mi mal día. Deprisa y corriendo a casa y a un nuevo partido sin apenas comer. Jugamos contra uno de los rivales directo y palmamos por un punto después de remontar siete puntos en dos minutos y tener el último balón.

 

Una última posesión que explicó a la perfección a qué jugamos aquel día… ¡a nada! Entre la gente que no se movía y el jugador que tenía el balón y no buscaba pase nos tiramos todo el partido, mucho individualismo y mucho tiro exterior. Al final, con 10 segundos en el marcador y balón las instrucciones eran claras, jugar un uno contra uno desde posiciones abiertas, mágico ¿verdad? Pues no, el tío del balón jugo al yo-yo y no quiso entrar y forzar una penetración (estaban en bonus y hubieran sido dos tiros), con dos narices se cascó un triple y lógicamente no entró.

 

No me gustó la forma de definir porque vi a todos muy parados y lógicamente el chico del balón lo que no iba a hacer es forzar un pase, eso sí Luisi, que así se llama el susodicho tirador que no anotador (muy importante este matiz), podía haber entrado a canasta!!!! y dejarse de milongas de “buzzer beater”.

 

Ahora entiendo que diga que no le afecta la presión y que se siente cómodo en tirar los últimos balones… Creo que la próxima vez que tenga la oportunidad de tirar un último tiro, yo ya no estaré entrenándole, jejejeje.

 

Bueno, no sé vosotros pero viendo el panorama quizá no duela perder de 66, pero prefiero sufrir por dentro al perder por uno que hacer el ridículo (porque lo hicimos y yo el primero y el que más) perdiendo de 66. Esta semana toca palo, veremos cuando toca zanahoria.

Esta semana, como en botica, ha habido de todo, cosas buenas y cosas malas. Por extraño que parezca lo mejor fue el partido que perdimos, y ¿por qué una derrota puede ser positiva?

 

Pues porque fue un partido bonito de jugar con dos equipos en formación y con ganas de jugar al ba-lon-ces-to. A pesar de perder, noté mejoría en algunos de los míos, los más jóvenes jugaron más desinhibidos y después de una bronca sentí que el equipo estaba más unido y desde el banquillo se animaba.

 

Además el partido me dio la oportunidad de saludar a un antiguo rival. Es agradable ver como la gente se acuerda y viene a saludar y hablar del equipo, el baloncesto y el blog, es la parte que más me gusta del baloncesto, conocer nueva gente.

 

Pero claro también hubo cosas malas y la primera fue mi lamentable dirección. Nos metieron un parcial de 15-0 en el primer cuarto que fue culpa mía. Dominábamos en el marcador y empecé a rotar al equipo (me gusta que todos jueguen y que, antes del descanso, nadie esté más de cinco o seis minutos seguidos). Sinceramente, me parece que esta vez la jugada me salió mal y enfrié un partido que teníamos controlado.

 

Por delante quedaban treinta minutos, pero al ver el resultado final creo que la cagué en ese momento y quizá sin ese fallo se podía haber ganado el partido. Mea culpa.   

 

También los jugadores tuvieron su parte de culpa porque salieron confiados y poco concentrado, pero claro, es que es un asco jugar un domingo. Entre la fiesta de unos y el atracón de pizzas de otros, es imposible que lleguemos sanos el domingo. Pizzas sí. En vista de que nos faltan kilos en la pintura decidimos hacer una terapia de choque: Pizza familiar por cabeza. Lo malo es que nos reunimos el backcourt y el entrenador que seguramente es al que menos falta le hace ganar kilos ¡Pero si la pizza era más grande que yo!

 

 

 

Pero vayamos al grano de esta entrada. Se acaban de cargar a Katsikaris (injustamente para el miembro número uno de su club de fans) e Isma Cantó es cuestionado con lo que me da que ser entrenador en Valencia es una profesión de alto riesgo.

 

Y es que con el carnet de entrenador también nos dan el título oficial de comedor de marrones, es decir, a browns eater. De hecho tras terminar el partido me llamó mi coordinador y pensé que ya me cesaba, pero no, no coló… una lástima, jejeje.

 

Ahora bien no me libré de mis propios marrones y es que después de echar broncas durante las últimas semanas, en esta ocasión me tocó recibir mi propia medicina. Antes, durante y después del partido recibí recaditos sobre lo que tenía y no tenía que hacer.

 

Algunos más alterados que otros, pero creo que casi todos, en algún momento del partido me preguntaron por mis decisiones. Ojo, no me molestó porque sé que cada uno lo hace por el bien del equipo, pero como entrenador debo de tener la cabeza más fría y pensar en el plano colectivo (de hecho con todo lo mal que lo hicimos unos y otros, el último balón lo tuvimos para empatar, pero el triple no quiso entrar). Como les dije durante el partido, ganamos y perdemos como equipo, no como individualidades.

 

Lo que os quiero decir es que es muy complicado ser entrenador y tener contentos a todos. De hecho es complicado, pero se debe intentar. Aunque claro, al final todo esto va sumando y desgasta y no me quiero imaginar que si a mi me desgasta y no tengo ninguna presión, lo mal que lo puede pasar un entrenador de verdad… Quizá sea esto a lo que se refiere Javier Imbroda al hablar de la soledad del entrenador.

 

PD: Gracias a todos los que escribisteis sobre el post de la semana. Tanto a los que defendían mi postura como, sobre todo, los que la criticaban, gracias.

 

Al final se tata de aprender y de las críticas se aprende mucho. En la medida de lo posible me gustaría pasarme por el foro y contestaros allí ya que considero que es el lugar idóneo.

Hola gente, la entrada de hoy me gustaría que fuera participativa y que, en la medida de lo posible, me dieseis a conocer vuestra opinión sobre una cosa que me ocurrió el pasado sábado y por la que me he estado calentado la cabeza de mala manera.

 

Resulta que durante el encuentro de mi equipo senior solicité un tiempo muerto a falta de nueve segundos para el final del partido y ganando el partido de 18 puntos. Mi idea inicial era ensayar una jugada de saque de fondo porque nos quedaba un segundo de posesión y era algo que ya en pretemporada lo habíamos intentado. Ni siquiera me fijé en lo que restaba de partido, sólo pensaba en aprovechar ese segundo para ir puliendo jugadas. De hecho, ya en la primera parte en una circunstancia similar intenté hacer un cambio para realizar esta jugada de fondo pero, como sabéis, es más complicado que te admitan un cambio que pedir tiempo muerto y perdí mi oportunidad.

 

El problema es que mi acción no sentó nada bien al otro equipo y uno de los rivales lanzó el balón hacía mí en señal de protesta. La verdad, no le di importancia a aquel gesto porque, precisamente, nos llevamos bien (y espero seguir haciéndolo), pero claro al ver al resto de jugadores protestar comencé a ser consciente del posible error que había cometido. Además, por si fuera poco, la jugada no salió (aunque no fue por el diseño de la acción sino por el pase que fue una castaña, jejeje).

 

Entonces mi duda y por lo que pido vuestra opinión es saber ¿estuvo mal lo que hice? Yo tengo dos versiones del mismo hecho:

 

Opción A) Culpable por pedir un tiempo muerto innecesario que no sirve para nada. Total, ¿para qué están los entrenamientos si no es para ensayar? Además ganando de tanto es innecesario alargar el partido, provocar al rival y dar lugar a que se produzca una falta que dañe a un jugador. No fue algo deportivo.

 

Opción B) inocente porque ¿para que están los partidos si no es para practicar y corregir fallos? No hay ninguna ofensa en pedir un tiempo muerto si es para diseñar jugadas o corregir fallos, esto es un deporte y quien quiera ver mala intención en ello es que igual si lo ha hecho con mala fe en alguna ocasión. Fue algo lícito y deportivo

 

Lógicamente, lo justo y correcto estará en un punto intermedio, lo que sucede es que me molestó mucho que malinterpretasen mi gesto. Creo que pensaron que fue con mala intención, con afán de recochineo o algo similar porque incluso recordaron una acción similar ocurrida el año pasado (equivocadamente porque entonces pedí un tiempo muerto con 15 segundos y ganando de cinco, el problema en aquella ocasión fue de una mesa incompetente y malintencionada que dejó correr el tiempo).

 

Después de terminar el partido me dirigí rápidamente a pedir disculpas porque entendí que mi gesto no había sentado nada mal pero ellos no la entendieron. Me sabe mal porque me llevo bien con ellos, antes del partido hablamos amistosamente y no ayudaron en el problema legal que tuvimos el año pasado con árbitro. Ahora bien, si nos ponemos a hilar fino ellos cometieron una falta innecesaria a falta de segundos para que un jugador fuera expulsado. Mi acción no daña a nadie pero esa falta si podía haberlo hecho.

 

De verás que no me molestó sus protestas, ni tan siquiera el hecho que lanzasen el balón hacia mi de forma despectiva, lo entiendo como cosas del calentón del partido. Sólo me extrañé que pensarán mal de mí sin recordar que durante el encuentro mandé devolver un balón cuando el encuentro se interrumpió y por la regla de la alternancia nos tocó un balón que entendí que no nos correspondía.

 

Pedir tiempos muertos o presionar “a muerte” con el partido roto son cosas que todos hemos sufridos y al final todo depende de cómo se hagan (recochineo o no) y como reaccione el rival. Evidentemente, y me reitero, pido disculpas por si alguien se sintió ofendido pero en ningún caso fue esa mi intención.

 

Al final mi problema, como dice mi amigo José Luis, es que quiero quedar bien con todo el mundo y le doy muchas vueltas a la cabeza con cosas que no tienen importancia. Quizá ni siquiera debía haber dado explicaciones (no las he pedido cuando la situación ha sido al revés), pero es que tengo una extraña necesidad de llevarme bien con todo el mundo porque, como digo, la vida son dos días y uno nos lo pasamos durmiendo.

 

Con toda esta historia al final se me ha olvidado contaros que además de mi equipo senior también gané con mis cadetes. Debutamos con una sufrida victoria después de regalar el tercer cuarto y remontar siete puntos en el último. Me gustó la reacción y veo que hay algo de sangre y orgullo en el equipo, ahora el objetivo es que no sólo lo tengan dos o tres o que tengamos que esperar a ir perdiendo para sacarlo a relucir.

 

Bueno, espero vuestras contestaciones en el foro…

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Roc y Xavi, dos de los cracks de ACB.COM

Hola muchachada.

 

Esta semana no os voy hablar de cómo fue el partido del fin de semana, entre otras cosas porque éste aún no ha terminado ya que se suspendió por goteras cuando ganábamos al término del tercer cuarto por 54 a 40. Eso sí, cuando acabe esta historia prometo contárosla porque no tiene desperdicio.

 

El tema de hoy va de lo que uno puede hacer en una ciudad cuando hay un partido de NBA. Para empezar, se pueden hacer muchas cosas y quizá la menos importante sea ver el partido, al menos así me lo tome yo. Cuando uno va de viaje a este tipo de eventos lo hace por varios objetivos: reunirse con amigos, visitar una ciudad, hablar con jugadores y disfrutar del ambiente.

 

Y todo ello gastándose el menor dinero posible. Porque sí, en tiempos de crisis hay que agudizar el ingenio y tirar de amigos para ver de qué forma el viaje te puede salir lo más barato posible. En mi caso tiré mano del jefe, así que dormí en el hostal Pablo. Es el precio que Pablo pagó por tener a un blogger contento.

 

Por mi parte, dos noches en su casa me costó una tortilla de patata y dejarme ganar en la xbox. La tortilla me salió bien aunque hubo un momento de tensión donde pensaba que se me agarraba y quedaba como el culo; al menos Pablo se quedó tranquilo porque, por un instante, su cara parecía decir “este tío me quema la casa”. Lo que sí me tocó la moral fue que mis Clippers perdieran contra los Lakers. Podría deciros que fue una paliza en toda regla, que Kobe me metió 68 puntos, pero como no creo que Pablo entre para contar otra versión os diré que el juego está trucado y, como en la vida misma, a los Clippers están ninguneados. Fue un robo!!!

 

A parte de estar con Pablo, en Barcelona comí con Roc, alias baneos cumplidos, y Xavi el crack de los videos ACB. Como os podéis imaginar, cuando cuatro tíos de baloncesto se juntan se ponen hablar de todo menos de baloncesto. Mujeres, cine, mujeres, series, mujeres, música y... ¿he dicho mujeres?  En fin una comida de lujo (sobre todo porque me libré de pagar) pasada por agua… menuda nos cayó encima.

 

Como el tiempo no ayudó mucho, vi poco de la ciudad. Me encanta Barcelona, sus edificios, urbanismo, su gente… es una ciudad muy acogedora y por lo visto en estos días la belleza de sus mujeres aumenta. Si la película de Woody Allen ha ayudado a que la visiten más extranjeras guapas, el precio de la entrada habrá merecido la pena (de momento no había nada que justificase semejante ¿película?).

 

Pero sin lugar a dudas lo mejor de estas reuniones es volver a ver a viejos amig@s y conocer a otros nuevos. Ahí estaban Raúl Barrigon, el crack de hoopshype.com, David Carro de GIGANTES, Jorge Quiroga de la revista NBA, David Carnicero y Nikola Loncar de Digital+ o la siempre amable Marta Tejel que nos ayudó y coordinó las entrevistas a Pedja Stojakovic y Antawn Jamison en la tienda adidas.

 

También conocí a nuevos amigos como Aitor o Mario de encancha.com, Carlos de solobasket, los cracks de las radios y Antonio Gil, posiblemente el tío que más sepa de streetball y playgrounds en España (eso sí, creo que entre lo jugón que es él y lo amarrategui que me estoy convirtiendo, los dos no sobreviviríamos el mismo equipo). Entre los dos y “Barri” nos echamos unas risas a costa de David Carro, Melvin Ely y JaVale McGee.

 

Y como no todo va a ser fiesta, en Barcelona también trabajamos. De hecho trabajamos mucho, tanto que el jueves comenzamos pronto y acabamos bien tarde. Para empezar, las acreditaciones y la visita a los entrenamientos oficiales para conseguir entrevistas. Aquí, como siempre, nos tocó pelearnos con la organización de la NBA. Nosotros pedimos a todos y ellos nos dan lo que pueden o quieren.

 

Allí estaban Amanda y Shannon, dos encantos con las que había que pelearse para conseguir a los jugadores de turno. Amanda se quedó sorprendida de mi camiseta de los Clippers y juntos pensamos lo mismo “debo ser el único fan internacional de los Clippers”. Un encanto de mujer, como también lo es Sharon, una bella rubia que te puede estar negando el acceso a la pista pero con la que es imposible enfadarse. Más de uno que yo me sé le poníamos un piso para que se viniera… yo el primero.

 

 

 

 

De las entrevistas con los jugadores pues como en botica, de todo un poco. Antonio Gil y yo nos quedamos con las ganas de hablar con DeShawn Stevenson y su polémica con LeBron James, pero más o menos pude conseguir lo que quería. Guardaré con especial cariño la entrevista a Etan Thomas, un tío con mucho que contar y con el que conseguí hablar en exclusiva sobre la vida, la política y la economía. Por cierto, menuda faena es esto de que los jugadores san tan altos y uno tan bajito. Al final acabé con complejo de estatua de la libertad, con el block de notas en una mano y la otra levantada con la grabadora

 

Curiosidades muchas, desde los rumores más picantes hasta los sonidos de móvil de jugadores como Jamison que llevaba a Akon, pasando por las compras de Tyson Chandler o el mamonazo de Caron Butler que me tiró la grabadora y me tocó recoger las pilas que habían caído entre sus piernas (prohibido hacer bromas al respecto).

 

Como veis, un viaje muy provechoso que espero repetir pronto.

A mitad camino de la cocina y la mesa donde cenaban los abuelos, la voz de Homer Simpson que tengo en el móvil me avisaba que tenía un mensaje. Un jugador me cuenta que "Este es el equipo más cagón que he conocido nunca". Minutos antes acababa de realizar unas llamadas y mensajes para anular el entrenamiento del lunes.

 

En Valencia más que llover, diluviaba y no sabía si coger el coche o la patera para ir a entrenar. La verdad es que incluso me había hecho la idea de ir, pero entre que se fue la luz de una parte de la ciudad y ya había hablado con algún que otro jugador, me olía que podíamos entrenar cuatro gatos.

 

Es lo malo de estos días, mucha gente piensa que nadie va a ir a entrenar y al final entre unos y otros nadie avisa y los que van acaban enfadados con los que no acuden y se quedan en casa con la mantita y viendo la tele.

 

Como comenté la semana pasada, llevo varios días bastante “mosqueado” con algunas actitudes y por eso me apetecía acudir y explicarles un par de cosas. Resulta que llevamos dos meses entrenando y ya era hora de echarles la bronca. Todos los años más tarde o más temprano siempre cae un toque de atención porque la gente se relaja y se empieza a aprovechar. Lo que no esperaba es que el sábado por la noche llegara a las 6 de la mañana después de un comité (reuniones que hacemos algunos del equipo generalmente a altas horas de la noche)

 

El primer motivo de enfado es la actitud de cara a los entrenamientos. Cuando estamos en pretemporada y sobran jugadores todo el mundo cumple, si hay que quedarse media hora más entrenando todos se quedan y todos prometen que no faltarán a los entrenamientos; luego llega diciembre y somos cuatro o cinco los que entrenamos. Para evitarlo he preparado un plan para que el que no pueda entrenar por la tarde lo haga por la mañana, veremos si funciona.

 

El segundo motivo de enfado es la actitud hacía mis indicaciones, también conocidas como gritos. Soy amigo de muchos de ellos y a veces esto es peligroso porque no acabo de estar seguro de que ellos lo entiendan. Si grito y rectifico una actitud o una acción lo hago al jugador, no al amigo. Y lo peor de todo es cuando les da el ataque de “es que sólo me gritas a mí”. Yo tengo una máxima que un día me descubrió mi amigo Jairo, a los jugadores les odio por igual, jajaja.

 

Por último, me molestó la actitud del equipo cuando la semana pasada un rival nos pidió cambiar el día del siguiente partido. Vale que la petición estuviera fuera de tiempo y vale que cuando uno juega y tiene otros compromisos sabe que se arriesga a que se solapen, pero ya que nos han pedido cambiarlo y podíamos que menos que intentarlo.

 

La idea de cambiar el partido no me apasionaba porque debo de hacer un viaje relámpago a Barcelona que de no jugar liga podría alargar y disfrutar, pero el deber es el deber y el sábado estaré sin apenas dormir ni descansar dirigiendo el partido. Lo que no me pareció justo fue el no rotundo que recibí del equipo y, aunque entiendo que jugar el domingo a las 10 de la mañanas es un auténtico infierno resacoso para un equipo joven, creo que deberíamos de haberlo pensado dos veces.

 

Y es que puede ser que el rival nos mienta, que simplemente quiera cambiar por recuperar uno o dos jugadores y al final sí acuda, pero quiero recordar a mi equipo que el año pasado se enfadó cuando faltamos varios a un par de partidos nadie nos quiso cambiar el encuentro. Por lo tanto ¿cómo podemos ser tan hipócritas de hacer lo mismo que criticábamos el año pasado?

 

Por cierto, para rematar la faena, la semana pasada también me enfadé con mi equipo cadete. Es cierto que en dos meses es la primera vez que tienen una actitud pasota en un entrenamiento pero es que el miércoles fue demasiado. Algunos decidieron tomarse el puente antes de tiempo y durante el entrenamiento estuvieron de cuerpo presente pero sus mentes estaban somewhere far beyond. No podía ser que mientras yo explicaba un ejercicio unos estuvieran botando la pelotita y otros de espalda pensando en la mona de pascua.

 

El viernes a pesar de ser puente entrenamos porque si queremos ser un equipo serio creo que es la actitud a seguir. Después de hablarles seriamente (con cadetes los gritos están fuera de lugar) y amenazarles con irme si volvían a repetir la actitud, volvieron a entrenar decentemente. No fue una maravilla pero entiendo que para ellos aún es un palo ir a entrenar en mitad de la fiesta. Cruzaré los dedos para que después de la tempestad llegue la calma porque la liga de cadetes está a la vuelta de la esquina.

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A pesar del peso de sus pívots empezamos la temporada con victoria

La semana pasada comentaba Aíto García Reneses que de poco o nada servía acabar invicto la pretemporada si el equipo no lograba empezar la liga con victoria. No le falta razón y es que la pretemporada no es más que un banco de pruebas donde los jugadores se conocen, se ponen a punto y los entrenadores hacen experimentos… con y sin gaseosa.

 

Buena prueba de ello es que mi equipo sénior había jugado tres partidos y había perdido los tres (dos por más de 25 putnos) y el primer partido lo ganamos de muchos, tantos que ni me acuerdo. Después de varios meses sin serlo, volvemos a ser líderes de grupo de la segunda zonal valenciana.

 

La verdad es que quien ha jugado en estas categorías sabe muy bien que de poco sirve hacer cálculos antes de comenzar porque los equipos cambian muchas veces de jugadores y quizá un año te enfrentas a veteranos y el siguiente a júniors. Éste fue nuestro caso.

 

Tradicionalmente el equipo de Puzol estaba compuesto por gente veterana que te pone en problemas porque no corre pero sabe de que va esto. Además a nosotros se nos dan especialmente mal estos equipos mal porque no tenemos pívots. Bueno sí tenemos pero son lo más flojo del conjunto por ser jóvenes y verdes (en zonal un pívot es mejor cuanto más viejo y gordo es).

 

Así que después de que todo el mundo me calentase la cabeza con que debía practicar más con los pívots, buscar más jugadas y demás tonterías cuando hablamos del submundo del baloncesto, decidí jugar sin pívots. Bueno para no mentir sí que jugué con un pívot, pero éste era el júnior que en teoría debía de jugar de alero. Una especie de Víctor Claver en pakete que pasó en una semana de jugar de alero abierto a pívot. Los cuatro restantes, dos bases, dos escoltas y a correr.

 

Dado que el equipo de Puzol era muy joven, nuestra presión les pilló por sorpresa y pronto nos fuimos en el marcador. Al descanso ya no había partido y la única preocupación era la de mantener la tensión.

 

Como nos suele suceder, ésta cayó hasta los suelos y me tocó gritar para que no se despistaran mucho. Puede ser una tontería eso de gritar y llamar al orden con 30 y 40 arriba, pero ya que no tenemos apenas entrenamientos que mejor que un partido para corregir unos fallos, que, por otra parte, se empeñan en cometer constantemente.

 

Y hablando de gritos, la semana pasada hasta tres personas me dieron consejos o recaditos sobre mis gritos. Quizá no les falte razón porque estoy en uno de esos períodos donde mi nivel de irascibilidad se dispara hasta el infinito y más allá.

 

De todos los consejos, el más útil fue el de mi coordinador de cadetes que después de dirigir un amistoso (que ganamos, dicho sea de paso) me recomendó que antes de gritar mucho, era mejor tener una serie de palabras clave. Según él si grito, mejor dicho alzo la voz, para corregir fallos, los cadetes se acostumbran a ese tono de voz y no harán caso cuando de verdad esté enfadado.

 

Curiosamente en un tiempo muerto les advertí a los cadetes de que en defensa el entrenador no puede dedicarse a radiar el partido o pedir tensión constantemente y les dije que la defensa debe ser intrínseca al jugador. Viendo las caras de extrañeza ante la palabreja les mandé que la buscasen en el diccionario; veremos si me han hecho caso.

 

También es cierto que gritar ¡defensa!¡brazos! y demás ánimos en defensa debe ser tarea del banquillo y del segundo entrenador (como hacía yo el año pasado), pero resulta que mi segundo entrenador padece el síndrome del entrenador amigo y de momento no se atreve a gritar o enfadarse con los niños. Grave error porque, como decimos, a estos cadetes como les des la mano te cogen el brazo.

 

Las otras dos personas que me dijeron que debía gritar menos se referían a mis gritos con los séniors. Pueden que tengan razón pero creo que este equipo se está tomando muchas libertades y creen que jugar a baloncesto son todo derechos y nada de obligaciones. Total, que entre gritos y disgustos escribo estas líneas más caliente que el palo de un churrero. La próxima semana os contaré el porqué de mis enfados.

29/09/2008

Seguramente muchos de vosotros habréis visto a lo largo de esta pretemporada como algunos de los equipos ACB se marchaban fuera de sus ciudades para prepararse o simplemente realizar actividades que rompiesen con la monotonía de los entrenamientos.

 

De igual modo, no es extraño ver como durante el año muchos equipos tienen jornadas lúdicas con el fin “hacer equipo” y romper con el estrés de la competición. Pues mi equipo senior, al igual que los equipos ACB, también tuvo su día de disfrute… aunque con diferencias.

 

Claro está que nosotros ni íbamos a ser invitados por ningún balneario o campo de golf, ni tampoco tenemos los recursos económicos para pagarnos un SPA de esos donde el chocolate ni se come ni se fuma, simplemente se unta sobre el cuerpo.

 

Nosotros, ante la precariedad y la crisis económica, decidimos ir a un paintball. El objetivo de esta actividad era hacer piña ya que este año hay varios nuevos que no se conocen y después de los días de carreras, las lesiones y los partidos de pretemporada quise que el último recuerdo de la pretemporada fuera bueno.

 

Para quien no lo sepa (si es que hay alguno) el paintball es lo que vulgarmente se dice guerra de bolas de pinturas. Mi padre dice que es una tontería eso de pagar para que te peguen disparos que realmente sí que duelen, pero lo considero una estupenda terapia antiestrés.

 

Para empezar la tarde, dividimos los equipos según ocupábamos los coches. En el nuestro no faltó la motivación. Rage Against The Machine, Deftones, Limp Bizkit o System of a Down son alguno de los grupos que sonaron en el Ipod motivacional del Opel Castra, vehículo oficial del equipo.

 

Con semejante repertorio no es de extrañar que algunos de los de mi equipo tuvieran el gatillo flojo y tras el primer juego ya estuvieran recargando munición. ¿Los juegos? pues de todo; los primeros eran una especie de invasión donde cada equipo tenía que llegar a la zonal rival. Luego estaban los de ocupación que se basaban en conquistar una fortificación que era ocupada por uno de los equipos. Por último, el típico juego del pañuelo versión Rambo y, mi preferido, el juego de la aniquilación donde empezamos eliminando a los del equipo rival y después acabamos haciendo un todos contra todos donde siempre se termina yendo por el novio, cumpleañero o, en nuestro caso, el que menos golpes se había llevado anteriormente. Aquí es cuando el paintball se convierte en painball.

 

Si hablamos de golpes, lo primero que debo deciros es que sí que duelen las bolas. A pesar de que la presión del arma es baja, se lleva protección y las bolas son de plástico, un impacto duele y quizás por ello todos, además del casco o el chaleco, decidimos proteger ciertas partes donde un golpe puede ser muy doloroso.

 

 

 

 

Sobre los participantes debo decir que no me decepcionaron. Pepe, mi rastaman, cumplió y se movió por los campos de guerra con la misma rapidez que lo hace por la pista. De hecho si no llega a ser por él no hubiéramos ganado un par de juego. Luego teníamos a los pívots que eran la infantería pesada, los amigos del gatillo flojo, especialmente Gallart que iba hipermotivado y parecía el indómito Chuck Norris en desaparecido en combate. El Castro (propietario del Opel Castra) nos dejó vendido en un juego y después de que todos fuéramos acribillados por la espalda (dos días después el disparo que me dieron en el sobaco aún me dolía) nos cobramos nuestra particular venganza disparándole en el culo durante el último juego.

 

De los rivales no quiero hablar mucho porque son todos unos gañanazos que no tuvieron piedad de su pobre entrenador y fueron a saco a por él. No duré ni dos minutos en ser golpeado, en poco tiempo Luisi acertó en mi pistola y tiró por los aires toda mi munición, Víctor dio de pleno en mi cabeza y mano y por último Fede y Agus me rodearon vilmente en el último de los juegos. Como veis toda una banda de impresentables frikis del Counter Strike y demás juegos de gatillo fácil.

 

Para algún curioso, deciros que yo me porté, no hice la croqueta como alguno que se revolcó por el suelo pero tampoco me quedé quieto. Acerté con más de uno a pesar de que mis disparos van por aproximación, es decir, necesito tres o cuatro para atinar con la diana humana. Después de todo me vengué de todos y cada uno de los que me habían disparado, eso sí creo que al final me cargué el arma, porque en lugar de disparar un par de bolas, mi arma parecía una metralleta que no paraba de disparar.

 

Al final la jornada fue un éxito, el tiempo nos aguanto, no llovió hasta que terminamos y acabamos todos riéndonos unos de otros. Lo que resulta más curioso de estos juegos es que te ríes más cuantos más balazos recibes; cuentas cómo los has recibidos, enseñas las marcas y te acabas cagando en todo aquel que te ha disparado.     

Existen temas de los que un entrenador nunca querría hablar. El orden puede ser relativo y variar según la importancia que le dé cada entrenador. Podríamos hablar del dolor de perder títulos o de la impotencia de ser despedido. Como yo nunca pasaré de ser un entrenador de pueblo, ni creo que gane o pierda un título relevante ni tampoco será muy dramático que un día me despidan (algo poco probable, no por mi dudoso nivel sino porque entrenadores en el Puerto de Sagunto se pueden contar con los dedos de una mano).

Sin embargo, y creo que en esto todos los entrenadores estaremos de acuerdo, lo que más puede doler a un entrenador es la lesión de un jugador. Da igual la categoría del equipo, del jugador y del entrenador, cualquier lesión es un problema para el entrenador y en mi caso es peor porque el jugador es además amigo.

 


Sucedió este pasado sábado durante un partido de pretemporada. Llevábamos cinco minutos del tercer cuarto y tras unos minutos de empanada mental estábamos jugando bastante bien. Ganábamos de 14 a un equipo de un categoría superior y algunas de las cosas que habíamos ensayado estaban saliendo decentemente. Entonces sucedió lo peor. José Luis, que es el lesionado en cuestión, quiso atacar por tercera vez en la misma jugada (en él es habitual jugar lo que yo denomino José Luis contra el mundo) con la desgracia de quedársele enganchada en el suelo la pierna derecha.

 


La escena fue brutal y para ahorrarme inútiles descripciones sólo os remito a las imágenes de la lesión de Jorge Garbajosa. Fue idéntica. Él dice que oyó perfectamente como se rompía el hueso y el resto del pabellón oímos su dolor.


Siempre uno se pregunta como responderá ante una situación como la vivida. Yo ya lo sé. Me dedico a correr. Me pegué una carrera para coger hielo, de regreso me dijeron que de nada servía. Luego fui a llamar a una ambulancia y a mitad camino me di cuenta que el padre de un jugador es médico. Otra carrera para avisarle y otra a por la camilla. La última de las carreras fue para coger una camiseta para que no se viera la pierna. El resto de la gente pues de todo: desde el escéptico que pensaba que era un esguince, pasando por los que no querían mirar, hasta acabar con el que no se separa del jodidamente lesionado.

El diagnóstico es rotura del peroné y desplazamiento de la tibia. El martes fue intervenido y le espera una dura recuperación. Digo dura porque aquí no hay un seguro o una mutua que te pague mientras estás lesionado. Al jugador en estos casos le espera baja laboral y como sucede con José Luis, ni eso. Estando en el paro y esperando cubrir una plaza en educación, la prioridad es preguntar si podrá entrar y no perderá los puntos acumulados.

 


 

Ahora está animado y después de la consiguiente bronca paterno familiar (claro, los padres no entienden de nuestra pasión, ellos ven que por la mierda del baloncesto igual no puede trabajar en meses) su única preocupación es no comer mucho para no perder la forma. Pero bueno, de esto último no tiene que preocuparse, porque en la visita del domingo los bombones y donuts ya fueron convenientemente ingeridos durante el buitreo de los amigos.


Por cierto, los amigos somos “un poco” cabrones  (el primero yo), pues a parte de la consiguiente comparación con Garbajosa y las coñas con la Mutua Madrileña (¡cómo se lo han currado!) estuvimos bastante tiempo haciendo bromas sobre la lesión. Vamos que no sé si le dolía más la pierna o los oídos.

 

Dos apuntes más de la tarde: la de José Luis no fue la única lesión; mi base se autodiagnosticó un esguince en el dedo gordo de la mano izquierda. Se ve que cuando un jugador se lesiona varias veces le convalidan un par asignaturas de medicina y está capacitado para realizar diagnósticos con tiempo de recuperación incluido.


Por último, la lesión deja un hueco en la plantilla que será cubierta por Pepe, mi rastaman e hijo del doctor que atendió al tullido el sábado. No sé que opinión tendrá su padre sobre mi decisión, ya que ello implica que deberá venir a vernos jugar y con la marcha que llevamos seguro que el doctor Pepe, como le llamamos, tendrá que hacer horas extras los fines de semana.

Según la RAE, la palabra crisis, entre sus acepciones, hace referencia a la situación de un asunto o proceso cuando está en duda la continuación, modificación o cese. No siempre la palabra crisis debe ser entendida en términos negativos o catastróficos, en ocasiones simplemente se refiere a épocas de cambio.

 

Así pues el verano del 2008 podemos definirlo como el verano de las crisis, porque, a falta de una, en mi período estival ha habido tres crisis.

 

Crisis laboral: Llegaba el mes de junio y ahí me encontraba yo, un ejemplo de pluriempleado estresado, agobiado por el tiempo pero feliz. Tres meses después me queda un trabajo y tengo por segura la fecha de finalización del mismo. Se  puede decir que ahora tengo más tiempo, que no tengo tantos agobios pero en el fondo soy algo menos feliz. Para un tío como yo, al que le va la marcha y es un culo inquieto, tener tiempo libre no es siempre síntoma de felicidad.

 

Han sido tantos los cambios, que incluso en mi ayuntamiento dos partidos han pactado y me han cambiado a la concejala. Pensábamos que íbamos a durar menos que ella, pero resulta que al final nosotros (dicen que mala hierba nunca muere) nos iremos más tarde… aunque tampoco mucho más tarde.

 

Y como la cosa del periodismo está tan complicada, pues al final me he apuntado a un curso para ver si acabo como profesor de geografía. Hace cinco años me hubiera reído sólo con pensarlo porque nunca me he visto como ‘profe’, pero… ¿Quién sabe? Quizás en unos años estoy dando clases, no sé si de geografía, de periodismo o de cine ruso, pero dando clases. Eso sí, mis peguntas de examen serían del rollo: ¿Cuál es el lago que baña la ciudad de los Bulls? ¿Localiza las ciudades del próximo europeo de Polonia? ¿Qué montaña visitarías si fueras a ver un partido del CB Granada?

 

Crisis sentimental: No os voy a engañar, aquí no ha habido cambios y este verano tampoco he abandonado el club de la soltería. Y eso que lo he intentado por activa y por pasiva, incluso acabé cenando una noche con un equipo universitario de Canadá.

 

Ha habido oportunidades, pero siempre me pasaba lo mismo que a Nocioni en la semifinal del Mundial de Japón… al final no la metía. Bueno al menos este verano he comprendido que la música “remember” no es mi tipo. Ya no me gustaba cuando no era “remember” y el paso de los años no ha suavizado mi rechazo hacía este estilo de ¿música? Es lo malo intentar de ligar en verano, acabas en macrodiscotecas o escuchando el “Ella de elle” de Kate Ryan en el chiringuito de la playa. En cualquier caso, la ambientación musical deja mucho que desear.

 

Crisis deportiva: Al contrario de lo que acontece en el plano laboral, a nivel deportivo el verano ha cambiado muchas cosas. Empecé el mismo sin equipo, pero sin muchas prisas por encontrarlo. Al final decidí seguir los pasos de Aíto y hasta que no pasasen los Juegos Olímpicos no iba a decidirme. Dicho y hecho, el lunes no tenía un equipo, tenía a dos y ninguno de ellos era femenino. Como dice un amigo, este año voy a acabar de los tíos hasta la p….

 

Así que, a grandes rasgos, mi verano se puede resumir en que:

 

 

- Tengo menos trabajo y más tiempo libre (lo cual implica que me he vuelto si cabe más friki en esto del baloncesto)

 

- Sigo soltero con lo que si alguna mujer (adinerada a ser posible) se atreve, sólo tiene que dejar sus datos. Con mucho gusto atenderemos a sus demandas.

 

- Volveré a entrenar y, si Pablo no lo impide, seguiré escribiendo mis elucubraciones baloncestísticas.

 

PD: Según he podido leer en otros blogs, me alegra saber que no soy el único que se ha dejado barba mientras jugaba España la olimpiada. Lo mío está a mitad de camino entre la dejadez personal y la superstición (ya llevamos tres chapas con ella). Os hubiera mostrado una foto, pero ya resulta suficientemente friki este blog como para enseñaros mi retrato con el cabello oscuro y mi barba a mitad camino entre rubia y pelirroja… cosas de la genética.

 

Lo peor de todo es que amenazo con ir y presentarme en Polonia con barba. Eso será en el 2009, mientras tanto seguro que pasan muchas cosas que contar.

 

04/07/2008

Hola chavales. Ahora sí que lo podemos decir, ¡Sobrevivimos! En un país inundado por el sentimiento nacional futbolero un pequeño reducto de valientes se mantenía a salvo en la pequeña aldea web de ACB.COM hasta que a uno que yo me sé se le ocurrió darle un espacio en portada...

Sí señores, por fin la hermana pequeña del deporte nacional, la selección de fútbol ha logrado algo relevante y tan imposible de creer, como resulta difícil entender que mis pescadetes terminasen el año con una copa en sus vitrinas. No, no las robamos por más que nos preceda la fama a los de Puerto de Sagunto. La ganamos en un pequeño torneo disputado hace unas semanas en Meliana. Vale que no tiene apenas mérito, pero vamos me dicen a comienzos de año que la selección de fútbol va a ganar la Eurocopa y mi equipo un torneo y aún me estaría riendo.

Por lo demás, se acaba el año y no hay mucho que contar así que, como canta Shaggy, estamos in the Summertime (himno oficial de mi oficina cada mañana, no por lo poco que trabajemos sino por lo cercanía de las vacaciones de muchos). Yo me despido por el momento aunque voy a intentar seguir engañando a Pablo para que me deje colarme en vuestros ordenadores el próximo año. Todavía no sé si será como entrenador de cadetes, de chicos, chicas... Yo, como Aíto, hasta después de los Juegos Olímpicos no decidiré mi futuro, a ver si ahora que con la inflación todo sube, también sube mi caché y puedo pegar el consiguiente atraco veraniego como free agent.

 

Lo que si está claro es que el próximo año no entrenaré a mis pescadetes. Creo que es bueno que en formación las jugadoras cambien de entrenador y, además, mi salud mental me pide ver caras nuevas. Han sido dos años agotadores, aguantándolas (y también ellas a mí) así que lo normal es que cerremos el capítulo de este libro y demos las gracias por los recuerdos vividos.

 

Dos años donde, en un balance global, mis chicas me han enseñado más cosas de las que han podido aprender de su entrenador (me voy con el resquemor de no conseguir que hagan una bomba o Fadeaway con clase). En un principio era reacio a entrenar este tipo de equipo porque entre lo rollero que soy y lo tremendamente friki que resulto, no creía que pudiera entrenar sin hablar del corte de UCLA, defensas mixtas o presión en zonas.

 

El tiempo, como otras tantas veces, me ha quitado la razón. He encontrado un grupo genial, con sus cosas buenas y sus cosas malas pero al que no cambiaría ni por el mejor equipo del mundo (éste es un sentimiento que todos los entrenadores acabamos compartiendo). Disfruto viendo como han evolucionado y como esas “personillas que se acojonaban al primer grito” son pseudopersonas hechas y derechas (aunque alguna se me descarrile por el camino). La sensación de ayudarles a ser mejores personas no se paga ni con el mejor de los trofeos.

 

Estas palabras son extensibles a mi equipo de senior, donde he sobrepasado la barrera de entrenador a amigo ¿Peligroso? Sí, pero es que tampoco me considero entrenador con ellos.

 

No creo que sea entrenador pese al papelito (que por cierto, aún no tengo después de tres años del curso). Ni tengo el nivel, ni el carácter necesario. Prefiero ser, el tipo que les hacer correr y organiza los cambios. Si quisiera ser otra cosa me tendría que armar de paciencia y valerianas porque son demasiado duros de mollera para organizarse tácticamente, ellos son del ghetto del Puerto de Sagunto, ya sabéis freestyle.

 

Y si esta entrada va de agradecimiento, no podía olvidarme de vosotros los lectores. Realmente me sorprende que la gente me reconozca en los partidos (se agradece ese saludo, esa sonrisa o esas palabras al terminar el partido) por el blog. De verás no soy nadie y seguramente otra gente puede hacerlo mucho mejor.

 

Sobra decir que los protagonistas de este blog sois vosotros, jugadores, entrenadores y aficionados. Yo simplemente me limito a contar (a mi alocado estilo) vivencias que a buen seguro muchos de vosotros habéis vivido. Y es esa identificación con vuestras historias lo que le dan valor a un blog que no intenta ser otra cosa que un espacio donde un loco del baloncesto intenta transmitir su pasión por este deporte y por lo que significa entrenar.

 

Han sido muchos meses y muchas historias que contar. Me hubiera gustado tener la lucidez de los grandes entrenadores de la ACB y haberos aportado algo de luz a este, a veces oscuro y complicado mundo del entrenador, pero supongo que de haberlo intentado hubiera fracasado estrepitosamente.

 

Mi intención ha sido bien distinta. Como un día me dijo mi compañera de trabajo, “si no puedes deslumbrar con brillanteces, divierte con gilipolleces” Y esa ha sido la tónica de este espacio: Encarar el mundo del baloncesto de la calle desde la risa y la ironía. Aunque eso sí, no hay que confundir hacer humor con ser gilipollas (aunque muchas veces los parezca).

 

Supongo que muchos ortodoxos se abran echado las manos a la cabeza con algunas de las cosas que conté. A ellos sólo les puedo decir: No me tomen en serio, yo tampoco lo hago. En cualquier caso sí que me gustaría que al menos este blog haya animado a los más jóvenes a adentrarse en el mundo del baloncesto y, en especial, el del entrenador.

 

De verás que es muy gratificante y a pesar de las horas de entrenamientos, madrugones, eternos viajes y derrotas, muchas derrotas, yo sólo puedo que animaros para que entrenéis.

 

Nos vemos en las pistas de baloncesto