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05/02/2010

Según la ciencia, un agujero negro nace después del colapso interno de una estrella. Esa estrella se hace, consume su energía y acaba explotando. La estrella sufre un colapso gravitacional, creando una zona en la que la fuerza de atracción es tan grande que nada se puede escapar de ella, ni siquiera la luz.

 

Después de mucho pensarlo creo que esta es la mejor solución que puedo encontrar y explicar a lo ocurrido al equipo este fin de semana. La metáfora del agujero negro sería perfecta para describir lo que le tocó vivir a las jugadoras en el partido que perdimos por 127-12.

 

Nunca antes había vivido una situación parecida y espero no tener que vivirla porque fue muy desagradable. No por el resultado, porque si un equipo ACB puede perder de 50, o el Ciudad Ros Casares es capaz de ganar de 80 puntos en Euroliga femenina, no es una locura pensar que en equipos de formación se pueda dar una diferencia igual o mayor. Y más viendo como la federación valenciana ha organizado la competición, juntando equipos de categorías diferentes en una única. Para que os hagáis una idea es como si se juntara la ACB con la LEB... pero a lo bestia.

 

Digo a lo bestia por las diferencias existentes son mayores, porque el equipo que nos ganó es un equipazo, no sólo por físico sino porque está muy bien trabajado y pretende ir al campeonato de España, mientras que nosotras estamos muy lejos de su nivel de competitividad (tampoco disponemos de los mismo recursos económicos o humanos)... aunque somos el cuarto equipo del grupo, es decir, que no somos ni de lejos los peores de la competición.

 

Dicho esto, no es excusa la mala planificación federativa para justificar el desastre del sábado y menos viendo el inicio del partido. A los siete minutos de partido el marcador era de 10-7. Sí, ellas frescas, presionando a tope y nosotras, a pesar de jugar con nueve y tener varias titulares en casa, manteniendo el tipo.

 

Realmente estaba muy orgulloso de cómo iban las cosas porque pese al miedo existente (todas sabían que tocaba paliza), la disciplina a la hora de salir la presión y atacar en estático estaba dando resultado. Pero entonces llegó el desastre. Hubo un tiempo muerto, hubieron cambios y entonces, como una estrella, nos colapsamos. Se pasó del 10-7 al 72-10 con el que terminó la primera parte.

 

Un parcial de 62-3 en menos de 13 minutos que guardaba en su interior un segundo cuarto donde encajamos 45 puntos. No había forma de atacar, por momentos no se cruzaba el medio campo y las canastas del rival se sucedían en apenas pocos segundos. Éramos absorbidas hacia el interior de un agujero negro deportivo.

 

 

 

Al descanso, pude haberme enfadado, de hecho lo estaba, pero en mi balanza interior pesaba más la decepción. La sensación de bajar los brazos antes de tiempo, de caos (ya nadie se ponía en sus posiciones para atacar ni hacía caso a mis instrucciones) era horrible, pero el ver que a algunas de las jugadoras les daba igual lo que estaba pasando era mucho peor. Era evidente que nos costaba mucho anotar y eso lo podía entender, pero no comprendía que en defensa nadie presionara, nadie incomodase al rival.

 

Habían muchas formas de perder y habíamos elegido la peor de todas, sin luchar. No me cabe duda que todas estaban fastidiadas y que nadie quería ser barrida de la pista, pero pocas o nadie demostraron hacer algo para evitarlo. La charla fue breve porque preferí dejarlas un par de minutos a solas para que hablasen entre sí y cambiaran la cara al salir del vestuario. De lo que dentro se habló no tengo ni idea, pero nada cambió.

 

Ya sin hacer presión el equipo rival (esta competición no les sirve ni para entrenar y tienen que hacerlo jugando amistosos con equipos masculinos), seguimos siendo un autentico desastre. Los 100 puntos llegaron antes de acabar el tercer cuarto y nosotras sólo fuimos capaces de meter una canasta.

 

Llegaron las lágrimas y la impotencia a algunas de las jugadoras. No es que me gustase la imagen pero al menos había orgullo en ese gesto; en otras no había expresión alguna, sus miradas perdidas en el banquillo eran propia de personas cuya mente estaban muy lejos del pabellón donde estaban jugando.

 

Evidentemente con cada fallo nuestro, el equipo se hundió y en toda la segunda parte sólo fue capaz de anotar una canasta, no podía creer que el mismo equipo que había aguantado un cuarto, recibiera un parcial de 102-2 en tres cuartos.

 

Está muy claro que para que se diera ese resultado (dejando ausencias de lado) a nosotras no nos salió nada, pero también es evidente que es una consecuencia lógica de lo mal que he trabajado de un tiempo atrás. Porque sí, no hubo ni lucha, ni orgullo, ni pasión, elementos que siempre intento inculcar a mis equipos. He fracasado porque no vi amor propio o pasión por este juego. Los entrenadores también debemos asumir nuestros errores y este era muy evidente para mí.

 

Lo reconozco soy muy competitivo, quiero ganar todos los partidos incluso en los que juego contra un rival de entidad superior y quizá tenga razón un amigo cuando decía que la diferencia que existe entre mi equipo y su entrenador es que la noche del sábado la pasaría yo jodido pensando en el partido, mientras que la mayoría de las jugadoras estarían de fiesta pasándoselo bien y olvidando lo sucedido.

 

No digo que una cosa sea buena y la otra mala, es más creo que debería de relativizar más las cosas, pero no puedo. Vivo demasiado este juego y la decepción que sentí el sábado (por la actitud, no por el resultado) tardará en irse.

 

Ahora, tengo claro que este partido no va a hacer nada más que motivarme más para que algún día sea uno de mis equipos el que meta los 127 puntos. Si las jugadoras quieren yo les ayudaré entrenando más si cabe. Caer está permitido, levantarse es obligado

 

 

PD: Si duro fue perder, peor ha sido dar explicaciones a todo el mundo. Por desgracia fui el único que vio el partido así que tampoco sé muy bien que decir. "No hablo sin presencia de mi abogado. No voy a decir nada que pueda ir en contra en mi juicio", le dije al padre de una jugadora.

 

Lo único que se me ocurre decir es que para que hayan equipos ganadores, siempre tiene que haber perdedores, para que existan palizas tienen que haber apalizados. Sí, somos unas paketes, pero algún día el mundo será de los paketes y ese día sonreiré como el gran loser que soy.