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08/03/2011
 

¿Cómo se puede pasar de la sensación de la más absoluta felicidad a la tristeza de la incomprensión? ¿Cómo un sentimiento puro por el deporte puede ofrecer sensaciones tan contrarias? Es difícil de explicar pero quién ha dicho que la vida sea fácil de entender y razonar.

 

Como entrenador puede ser que haya sido una de las semanas más intensas que recuerde, una bipolaridad de sensaciones que han ido de un extremo a otro sin término medio ni lógica explicativa. Y el motivo de todo ello ha sido una jugadora que ni siquiera entreno.

 

Veréis, se trata de una persona muy especial porque pocas veces he visto una chica con tantas ganas de jugar a baloncesto. En estos tiempos que corren no es fácil verlo y por eso cuando se conoce a una persona así sientes que debes cuidarla. ELLA es un torbellino de energía en la pista, el ímpetu propio de la edad le hace comerse el balón y darlo todo en cada partido o entrenamiento, pero, sobre todo, es una jugadora con una tremenda inquietud y deseo por aprender.

 

Eso se ve en su rostro, en su sonrisa o en su enfado cuando no le salen las cosas. Quiere ser la mejor, pero no por el hecho de serlo, sino porque disfruta como nadie de este deporte...y sin embargo el baloncesto le ha hecho sufrir más de lo debido. Su autoexigencia y la notable calidad que tiene le han hecho vivir estos últimos meses con la presión de no querer fallar a nadie y con la obligación externa de responder a las expectativas que todos tenemos en ella.  

 

Expectativas que se tradujeron hace tiempo en la voluntad de nuestra federación de contar con ELLA para los entrenamientos de la selección, motivo que desencadenó toda esta situación. ELLA tiene la virtud y el talento para estar con las mejores de su edad y por eso todos en el club hemos querido que ELLA no se cerrara puertas y fuera con la selección autonómica, pero quizá nuestros deseos chocaban de frente con su voluntad. Tener un talento especial también supone una mayor responsabilidad pero a veces nos olvidamos de su juventud y de lo esencial del deporte, disfrutar.

 

Tras una mala experiencia (ya sabéis como de crueles pueden ser l@s niñ@s), en el club estuvimos luchando para que superara sus propios miedo y volviera este año a probar suerte con los entrenamientos de la selección. Personalmente me daba igual que lo hiciera bien o mal (aunque sabía perfectamente como de bien lo haría), sólo quería que superara esa frustración porque nadie puede vivir con miedo o a expensas de la voluntad de terceras personas. Aquel que os diga dónde está vuestra limitaciones será un mediocre, el cielo es el límite y la ilusión el motor de la vida que cada uno de nosotros lleva dentro.

 

Quizá por ese deseo de que superara una mala experiencia, sentí una de las mejores sensaciones que el baloncesto me ha dado cuando hace unos domingos hablé con ella tras su entrenamiento con la selección. Sabiendo todos los miedos mostrados y las lágrimas derramadas en los días previos, era muy importante saber que habíamos ayudado a superar ese temor al rechazo y de ahí que sintiera una gran felicidad al llamarla por teléfono y oír lo bien que le había ido. Cada palabra que escuchaba dibujaba en mi mente el rostro de una persona contenta e ilusionada; con una sonrisa que no le entraba en el cuerpo. ELLA tiene la virtud de que cuando es feliz hace feliz a mucha gente... y en estos tiempos que corren muchos necesitábamos verla sonreír.

 

El martes después el entrenamiento fue una fiesta. No paraba de contar lo duro pero satisfactorio que había sido el día y las ganas que tenía por volver. Era todo perfecto. Pero la felicidad completa dura muy poco y el viernes me encontré con la vuelta al drama. No quería volver a entrenar con la selección.

 

Todavía no ser el motivo exacto de su preocupación. No sé si es la familia, el entorno o los entrenadores, pero sí tengo claro que entre todos le hemos sometido a una presión que le supera y su deseo de no fallar a nadie le ha vuelto a replantearse la situación.

 

Muchas personas suelen ser sinónimo de muchas opiniones (en ocasiones contrarias) y, generalmente, también dolores de cabeza que en este caso han provocado más lágrimas de las necesarias. En este caso todos queríamos que ELLA superara su miedo inicial y viera que en esta vida nada ni nadie puede dirigir nuestros designios o controlar nuestros deseos.

 

ELLA es por muchos motivos muy especial. Es de ese tipo de personas puras y nobles a la que sólo le deseas que sea feliz y que nadie le ate sus alas porque tienes la certeza de que cuando extienda sus alas volará muy alto.

 

Por el momento, ELLA sólo quiere ser feliz jugando y le da igual hacerlo en un club pequeño, porque es allí, en la sencillez y la familiaridad de la entidad, donde radica su bienestar. Y eso es lo único que importa porque si ELLA es feliz, todos somos felices.