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11/11/2008

Si existiera un diccionario que hiciera referencia a esta frase, seguramente ésta vendría ilustrada con el rostro que tenía el sábado a eso de las seis de la tarde. Era la cara de un perdedor, de un looser, que había perdido por la mañana de 66 puntos y por la tarde de uno, pero ¿qué derrota duele más?

 

Evidentemente, perder de un punto y cómo lo hicimos es más doloroso que perder de 66 puntos, pero si me pregunta de qué forma prefiero perder, desde luego que elijo antes perder de uno que de 66.

 

Y todo comenzó por la mañana cuando mis cadetes jugaban en Benicasim. Bueno lo de jugar es un decir, porque hicieron de todo menos jugar a baloncesto. Para empezar parcial de 21-0. Sí tal cual os lo digo, 10 minutos sin meter una sola canasta… desastroso.

 

Tras ello habían dos soluciones: gritar como un energúmeno para que reaccionasen (esto ya lo he hecho pero no con cadetes) o hablar pausadamente e intentar cambiar la lamentable actitud del equipo. Visto lo visto, quizá el grito no fuera educativo, pero lo de hablar tranquilamente no va con ellos. Ojo, nos llegamos a poner a 11 o 12, pero antes de terminar el segundo cuarto, volvieron los 20 puntos.

 

En el descanso les hice decir a cada uno, un motivo de la derrota. Quería que fuesen conscientes de sus errores y los intentasen evitar. De poco o nada sirvió. La ventaja iba creciendo así que al final opté por dejarlo pasar y pensar que un mal día lo tiene cualquiera.

 

Pero vaya con mi mal día. Deprisa y corriendo a casa y a un nuevo partido sin apenas comer. Jugamos contra uno de los rivales directo y palmamos por un punto después de remontar siete puntos en dos minutos y tener el último balón.

 

Una última posesión que explicó a la perfección a qué jugamos aquel día… ¡a nada! Entre la gente que no se movía y el jugador que tenía el balón y no buscaba pase nos tiramos todo el partido, mucho individualismo y mucho tiro exterior. Al final, con 10 segundos en el marcador y balón las instrucciones eran claras, jugar un uno contra uno desde posiciones abiertas, mágico ¿verdad? Pues no, el tío del balón jugo al yo-yo y no quiso entrar y forzar una penetración (estaban en bonus y hubieran sido dos tiros), con dos narices se cascó un triple y lógicamente no entró.

 

No me gustó la forma de definir porque vi a todos muy parados y lógicamente el chico del balón lo que no iba a hacer es forzar un pase, eso sí Luisi, que así se llama el susodicho tirador que no anotador (muy importante este matiz), podía haber entrado a canasta!!!! y dejarse de milongas de “buzzer beater”.

 

Ahora entiendo que diga que no le afecta la presión y que se siente cómodo en tirar los últimos balones… Creo que la próxima vez que tenga la oportunidad de tirar un último tiro, yo ya no estaré entrenándole, jejejeje.

 

Bueno, no sé vosotros pero viendo el panorama quizá no duela perder de 66, pero prefiero sufrir por dentro al perder por uno que hacer el ridículo (porque lo hicimos y yo el primero y el que más) perdiendo de 66. Esta semana toca palo, veremos cuando toca zanahoria.