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Orange
14/01/2008
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Victoria contundente frente al Villarreal
 

¡Ya tocaba! Después de varias derrotas ajustadas, este fin de semana por fin pudimos vivir un triunfo apacible. Mola de vez en cuando ser el Atlético y sufrir, pero como dice mi abuela "lo mucho cansa", y yo ya estaba aburrido de perder partidos en los últimos momentos.

 

Cosas de la vida y de esta web. Un forero es entrenador del club de Villarreal y ya me había informado de que nuestras rivales eran malillas (son un cadete ‘B'), pero yo ya no me fío de nadie porque aquí el más tonto hace relojes y lo peor es que funcionan.

 

Dominamos el partido de principio a fin y como nos gusta, corriendo y presionando todo el partido. No es que seamos el DKV Joventut (a María ya le gustaría para estar cerca de Ricky Rubio) pero al menos robamos más balones que perdimos y conseguí que alguna llegara a la tarde del sábado algo cansada. Es cierto, mi equipo es de naturaleza vaga y bastante pijo ya que más de una acabó la tarde en las rebajas, pero por el bien de las tarjetas de créditos de sus padres, espero que el cansancio hiciera mella en ellas antes de fundir los ahorros.

 

Al final ganamos 56 a 21 y conseguí que mis cadetes sacaran mala ostia. Poco a poco, comienzo a ver sangre y espero que un día de estos pueda presumir de equipo griego o argentino (como veis, nada de tiki-taka). En este caso me sorprendió mucho que Vega se encarase con una rival, porque entre lo esmirriada y lo tranquila que es, ésta es de las que pone la otra mejilla. Pero no, se encaró y encima con la más peleona del otro equipo; vamos que si se pelean, me destroza a mi chiquilla. La lástima es que Vega no le soltase un calambrazo a la rival.

 

¿Calambrazo? Sí. Resulta que Vega, alias "calambres," acumula electricidad estática por un tubo y la mayoría de los entrenamientos acaba dándote chispazos cada vez que la tocas (una genial forma para que no te defiendan en uno contra uno). Cualquier día creo que si se concentra y acumula toda esa energía es capaz de hacer una onda vital de esas de Son Goku en Bola de Dragón.

 

Por la tarde tocaba el superderby con mis chicos. Nos jugábamos seguir invictos contra el equipo de veteranos de nuestro propio club. La segunda zona es tan surrealista que en el mismo grupo juegan dos equipos de un mismo club y lo peor es que nos llevamos bastante mal. Ellos son una mezcla entre el oso Pinone, Brad Branson o Ramón Rivas, puro estilistas de esto de "repartir estopa". Nosotros no somos hermanas de la caridad, pero su baloncesto está anclado en los 80 (cuando se permitía jugar más duro) y nosotros queremos jugar un baloncesto rápido y ofensivo.

 

Para que os hagáis una idea, la media de edad de ellos pueda ser tranquilamente de 10 años más que la nuestra y claro, eso se nota en la pista. Para empezar jugamos como visitantes y ellos decidieron jugar con un balón de plástico y como me dijo Toni su entrenador, "porque no había un balón de playa". Imaginaros el peor de baloncesto que hayáis comprado en un supermercado y lo eleváis a la enésima potencia, sólo entonces os acercaréis a la calidad de aquel balón.

 

Balón de goma y codos fuera. Ya sabéis cómo se las gastan los equipos veteranos, pues estos son muy veteranos y tienen los codos afilados de tanto utilizarlos. Durante tres cuartos dominamos corriendo, anotando desde fuera y robando balones, pero cuando empezaron a repartir estopa nos atraparon en el marcador.

 

Sobre el nivel de los golpes que nos dieron sólo tengo que contaros que un jugador rival pidió tiempo al árbitro antes de tirar unos tiros libres. Claro, la cara de mis jugadores habían golpeado su codo. El parte de lesiones se limitó a una lentilla rota, una rotura fibrilar, una nariz torcida y el dolor de cuello del Castro (siempre que juega contra ellos, pilla cacho).

 

Nos jugamos el partido en los últimos dos minutos, mejor dicho en el último ataque. Con tres abajo el árbitro pitó una falta sobre un intento de triple nuestro que realmente fue un tapón bastante claro (antes nos habían robado otro no señalado). Teníamos tres libres para empatar y entonces volvió a salir la típica gracia de esta gente. Uno de los veteranos se puso a comerle la oreja a Román para desconcentrarlo. Metió el primero y falló los otros dos pero ¡cogimos el rebote! Teníamos 2 segundos para tirar, pero lastimosamente Román volvió a fallar, falta final y derrota 68-64.

 

Cualquier entrenador bueno hubiera animado al jugador que falla (sólo fallan los que tiran), pero yo no, así que le dije que la próxima vez en vez de tirar de seis metros, que dé un paso atrás y meta un triple. Yo no he venido aquí para empatar con nadie y o ganamos (y Román ya nos ha ganado un par de partidos con triples) o palmamos, pero siempre con Style.

 

Fue una pena porque de meter la última canasta me hubiera reído un rato del listillo que se puso a hablarle antes de los tiros libres. En fin, me queda el consuelo de seguir siendo líderes y haber logrado la canasta más bonita del partido, un alley hoop al estilo que hacían Navarro y Gasol en el Barça... de algo me tiene que servir trabajar en ACB.