Existen temas de los que un entrenador nunca querría hablar. El orden puede ser relativo y variar según la importancia que le dé cada entrenador. Podríamos hablar del dolor de perder títulos o de la impotencia de ser despedido. Como yo nunca pasaré de ser un entrenador de pueblo, ni creo que gane o pierda un título relevante ni tampoco será muy dramático que un día me despidan (algo poco probable, no por mi dudoso nivel sino porque entrenadores en el Puerto de Sagunto se pueden contar con los dedos de una mano).
Sin embargo, y creo que en esto todos los entrenadores estaremos de acuerdo, lo que más puede doler a un entrenador es la lesión de un jugador. Da igual la categoría del equipo, del jugador y del entrenador, cualquier lesión es un problema para el entrenador y en mi caso es peor porque el jugador es además amigo.

Sucedió este pasado sábado durante un partido de pretemporada. Llevábamos cinco minutos del tercer cuarto y tras unos minutos de empanada mental estábamos jugando bastante bien. Ganábamos de 14 a un equipo de un categoría superior y algunas de las cosas que habíamos ensayado estaban saliendo decentemente. Entonces sucedió lo peor. José Luis, que es el lesionado en cuestión, quiso atacar por tercera vez en la misma jugada (en él es habitual jugar lo que yo denomino José Luis contra el mundo) con la desgracia de quedársele enganchada en el suelo la pierna derecha.
La escena fue brutal y para ahorrarme inútiles descripciones sólo os remito a las imágenes de la lesión de Jorge Garbajosa. Fue idéntica. Él dice que oyó perfectamente como se rompía el hueso y el resto del pabellón oímos su dolor.
Siempre uno se pregunta como responderá ante una situación como la vivida. Yo ya lo sé. Me dedico a correr. Me pegué una carrera para coger hielo, de regreso me dijeron que de nada servía. Luego fui a llamar a una ambulancia y a mitad camino me di cuenta que el padre de un jugador es médico. Otra carrera para avisarle y otra a por la camilla. La última de las carreras fue para coger una camiseta para que no se viera la pierna. El resto de la gente pues de todo: desde el escéptico que pensaba que era un esguince, pasando por los que no querían mirar, hasta acabar con el que no se separa del jodidamente lesionado.
El diagnóstico es rotura del peroné y desplazamiento de la tibia. El martes fue intervenido y le espera una dura recuperación. Digo dura porque aquí no hay un seguro o una mutua que te pague mientras estás lesionado. Al jugador en estos casos le espera baja laboral y como sucede con José Luis, ni eso. Estando en el paro y esperando cubrir una plaza en educación, la prioridad es preguntar si podrá entrar y no perderá los puntos acumulados.
Ahora está animado y después de la consiguiente bronca paterno familiar (claro, los padres no entienden de nuestra pasión, ellos ven que por la mierda del baloncesto igual no puede trabajar en meses) su única preocupación es no comer mucho para no perder la forma. Pero bueno, de esto último no tiene que preocuparse, porque en la visita del domingo los bombones y donuts ya fueron convenientemente ingeridos durante el buitreo de los amigos.
Por cierto, los amigos somos “un poco” cabrones (el primero yo), pues a parte de la consiguiente comparación con Garbajosa y las coñas con la Mutua Madrileña (¡cómo se lo han currado!) estuvimos bastante tiempo haciendo bromas sobre la lesión. Vamos que no sé si le dolía más la pierna o los oídos.
Dos apuntes más de la tarde: la de José Luis no fue la única lesión; mi base se autodiagnosticó un esguince en el dedo gordo de la mano izquierda. Se ve que cuando un jugador se lesiona varias veces le convalidan un par asignaturas de medicina y está capacitado para realizar diagnósticos con tiempo de recuperación incluido.
Por último, la lesión deja un hueco en la plantilla que será cubierta por Pepe, mi rastaman e hijo del doctor que atendió al tullido el sábado. No sé que opinión tendrá su padre sobre mi decisión, ya que ello implica que deberá venir a vernos jugar y con la marcha que llevamos seguro que el doctor Pepe, como le llamamos, tendrá que hacer horas extras los fines de semana.


