Quien sea entrenador/a o tenga hijas quinceañeras sabrá a lo que me refiero, pero ¡que raras son las chiquillas de hoy en día! Resulta que la semana pasada hacemos unos entrenamientos geniales, muy intensos, con mucha atención y va y perdemos claramente y, sin embargo, esta semana realizamos una castaña de entrenamientos y ganamos.
Veníamos de dos entrenamientos (el del jueves y el viernes) lamentables. Un día sólo se acercaron cinco jugadoras y el viernes estaban todas de cuerpo presente, pero a buen seguro que la mente estaba a años luz de nuestro pabellón de entrenamientos. Llegó a tal punto mi mosqueo que paré un ejercicio de cuatro contra cuatro para recibir pívots y lo cambié por un ejercicio de correr.
No, no era un castigo (no me gusta castigar físicamente a un equipo) pero tenía dos opciones: entrenar jugadas o practicar la presión y, visto que la atención era nula, me decidí por enseñar lo segundo, que no sé si servirá de mucho pero al menos corren y están en forma.
Antes del partido ya avisamos de lo decepcionante que había sido la semana y menos mal que Enrique dio el discurso, si llego a ser yo hubiera sido más crítico y catastrofista. Pues con todo, van y se marcan un "partidazo". Partidazo con todas las comillas del mundo, porque seguimos perdiendo balones tontos y fallando lo imposible de fallar, pero claro se nota cuando hay ganas.
Supongo que la charla motivacional surtiría efecto porque todas empezaron a correr y presionar muy bien. En un par de minutos nos fuimos más de 10 puntos arriba y al descanso ganábamos de 15. En la segunda parte sólo era cuestión de mantener el tipo y lo conseguimos sin grandes problemas. No llegamos a remontar la diferencia con la que nos ganó el Vinaroz en la primera vuelta, pero al menos le devolvimos la victoria y lo que nos gusta más a los entrenadores, el entrenador rival nos destacó la mejoría del equipo.
Al final esto del baloncesto de base se trata de hacer un equipo que gane partidos con 20 años no con 14 ó 15. Este mismo rival nos metió tres triples a tablero en la ida y en la vuelta casi ni anotaron en estático, en Vinaroz apenas cruzábamos el campo, aquí fue lo contrario ¡Ojalá todas las semana pusieran las mismas ganas que pusieron el sábado!
Nuestra particular final
Quizá os preguntaréis qué hacía este domingo mientras se disputaba la final de la Copa del Rey. Pues, como otros muchos entrenadores y jugadores de base, estaba disputando nuestro partido semanal con mis chicos.
Esta semana había que viajar a Peñíscola así que el club decidió organizar un viaje conjunto con el equipo júnior y aprovechar para comer en una ciudad turística.
No se puede decir que fuera la mejor de las comidas, de hecho el restaurante dejaba mucho que desear (mi opción era el bar "El Menhir Galo", que igual no se comía mejor pero el nombre molaba más). De primero los macarrones nadaban en aceite, luego había croquetas de jamón sin rebozar rebautizadas como "crolepras", pinchos morunos partidos en dos para aparentar que habían más y por último micro sepias que hacían juego con los micro helados del postre.
Tras el paseo de rigor por la playa (perecíamos un equipo profesional y todo), llegamos al pabellón para ver el partido de los júnior. Desde luego que ninguno de los dos era el DKV Joventut o el TAU Cerámica. Al final del primer cuarto el marcador era evidente, 4 a 2, y uno de nuestros pívots con un espectacular 2 de 10 tiros libres... sin complejos, a lo Fred Weis. Al final ganaron y eso es lo que cuenta, el espectáculo ya lo ponen los mayores.
Era nuestro turno y para que veáis como estaba el panorama sólo teníamos a siete jugadores del primer equipo, de los cuales sólo uno tiene más de 22 años. Conforme estaba la cosa otra vez volvía tirar de júniors y charla previa. Agradecimientos por el sobresfuerzo y advertencia: conmigo juegan los que se lo merecen no me fijo en el carné de identidad.
No miento, en el segundo cuarto nos jugábamos el liderato con cuatro júniors en pista y sólo mi base como senior. Por entonces, mi nivel de "acojone" estaba por las nubes y mis nervios disparados porque Peñíscola en vez de jugadores de baloncesto tenía a dos velocistas ¡Qué manera de correr! Era pillar el rebote o sacar de fondo y cruzar todo el campo para hacer una vez sí y otra también canastas coast to coast.
Decidí poner a Pepe que es nuestra versión velocista de Bob Marley. Lo ves en pista y resulta poquita cosa, no tiene porcentaje de grasa en el cuerpo (quizás sí en las rastas que me lleva) y es un cansino defendiendo. Os lo prometo, agobia al más tranquilo. Con él en pista se empezó a poner bien la cosa, pero nos faltaba rematar en ataque.
Hasta tres tiempos muertos tuve que pedir para que comprendiesen lo que quería. El último cuarto estuvo realmente bien. Desde fuera sería una partido nefasto pero vivirlo desde dentro es inexplicable. Nosotros somos conscientes que nos jugamos el ascenso en estos dos próximos meses y esta semana estábamos bajo mínimos así que las mínimas rentas con las que llegamos a los instantes finales eran vitales. En defensa, mis pívots comenzaron a cerrar las penetraciones e incluso Castro y Gallart barrían del suelo balones para convertirlos en canasta. Desde fuera, Agus (uno de los júniors) remató la faena de Pepe y acabó por desesperar al base rival. Sin él en pista la victoria no se nos escapó. 64 a 71, seguimos segundos y en puestos de ascenso.
PD: Ahora vienen dos semana especiales; por unos días dejaré de lado los entrenamientos para tener otro trabajo también especial. Estaréis al tanto


