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01/05/2010
 

A la quinta fue la vencida. Después de cuatro temporada intentando subir de categoría por fin mi primer equipo logró la semana pasada subir de categoría. Fue el equipo con el que empecé a entrena, un grupo de amigos que, año tras año, fue progresando pero que por dos veces no pudo ascender.

 

Lo tuvimos en la mano, pero siempre el día clave se falló. Este año no ha sido así y me alegro mucho por ellos. Yo ya no les dirijo pero supongo que ese siempre será mi equipo, el Senior B del Puerto de Sagunto; da igual el tiempo que pase o quien esté jugando con ellos, empecé allí y, como el primer amor, siempre recordaré a mi primer equipo.

 

Recuerdo como si fuera ayer la reunión que tuvimos con la directiva y como uno dijo que no quería un filial donde no hubiera ningún jugador que sirviera al primer equipo. Hoy, casualidades de la vida, esa persona está fuera del club y este año algunos del ‘b' le han ganado partidos al primer equipo.

 

Fue genial vivir el partido del ascenso y la posterior celebración. Pueden haber muchas diferencias entre los profesionales y los amateurs, pero creo que a la hora de celebrar cosas importantes todos hacemos lo mismo. El vestuario se llenó de cava, el entrenador acabó en la ducha, el presidente bebió con los jugadores y estos salieron por el pabellón completamente mojados... al menos respetaron al fotógrafo.

 

Viéndoles reconozco que me entró envidia sana. Un entrenador siempre dice que lo importante es disfrutar, que tus jugadores/as disfruten y es verdad, pero una vez estás compitiendo y el objetivo está tan cerca es inevitable querer ganar. Espero que algún día algún equipo de los que entreno pueda celebrar algo (y espero que no sea el que me despidan, jajaja.)

 

Bueno al menos siempre puedo decir que yo también ayudé a que el equipo ascendiera, igual si hubiera seguido no hubieran subido. Veis, un tipo clave en el ascenso.

 

 

Esta era mi primera felicitación, pero la otra es al equipo de Cullera al que mis juniors se enfrentaron. Me gustó mucho la actitud del equipo porque pese a la notable diferencia que había, el entrenador y las chicas fueron honestas en todo momento.

 

¿Qué quiero decir con honestas? Pues que intentaron jugar al baloncesto. Mirad muchas veces ya os he dicho que los equipos intentan limitarse a poner una zona barraquera y jugar con los fallos del rival. El entrenador de Cullera me lo dijo y los dos sabíamos que seguramente así el resultado hubiera sido diferente, pero hubieran perdido igual.

 

Me gustó la actitud en pista y fuera de ella, siempre buscando el lado educativo del baloncesto. La verdad es que el equipo era justito (seis jugadoras) y mandé una presión sobre la base a todo el campo. Era una jugadora cadete de primero muy rápida, yo siempre presiono, pero me supo mal ver que tenía la cara al final del partido.

 

En estos casos siempre digo lo mismo, que un entrenador rival mande un dos contra uno o le preste una atención especial a un/a jugador/a rival tiene que ser motivo de orgullo para el/ella. Ahora no se dará cuenta, pero todo esto seguro que le hace mejor jugadora. Como era tan malo, a mí nunca me hicieron un dos contra uno...

 

Ojalá el ejemplo de Cullera lo siguiera más equipos y se dejaran de tonterías de zonas para no jugar y afear este deporte. Al final, todo el que trabaja y reesfuerza tiene su recompensa y un día ellas se darán cuenta.

 

PS: La anécdota del partido es que los dos equipos teníamos el mismo color de traje y me tocó dejarles nuestros petos. Hasta ahí todo correcto, pero es que los petos de nuestros entrenamientos son los que llevan los fotógrafos de la Copa del Rey y que siempre cojo.