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A pesar del peso de sus pívots empezamos la temporada con victoria

La semana pasada comentaba Aíto García Reneses que de poco o nada servía acabar invicto la pretemporada si el equipo no lograba empezar la liga con victoria. No le falta razón y es que la pretemporada no es más que un banco de pruebas donde los jugadores se conocen, se ponen a punto y los entrenadores hacen experimentos… con y sin gaseosa.

 

Buena prueba de ello es que mi equipo sénior había jugado tres partidos y había perdido los tres (dos por más de 25 putnos) y el primer partido lo ganamos de muchos, tantos que ni me acuerdo. Después de varios meses sin serlo, volvemos a ser líderes de grupo de la segunda zonal valenciana.

 

La verdad es que quien ha jugado en estas categorías sabe muy bien que de poco sirve hacer cálculos antes de comenzar porque los equipos cambian muchas veces de jugadores y quizá un año te enfrentas a veteranos y el siguiente a júniors. Éste fue nuestro caso.

 

Tradicionalmente el equipo de Puzol estaba compuesto por gente veterana que te pone en problemas porque no corre pero sabe de que va esto. Además a nosotros se nos dan especialmente mal estos equipos mal porque no tenemos pívots. Bueno sí tenemos pero son lo más flojo del conjunto por ser jóvenes y verdes (en zonal un pívot es mejor cuanto más viejo y gordo es).

 

Así que después de que todo el mundo me calentase la cabeza con que debía practicar más con los pívots, buscar más jugadas y demás tonterías cuando hablamos del submundo del baloncesto, decidí jugar sin pívots. Bueno para no mentir sí que jugué con un pívot, pero éste era el júnior que en teoría debía de jugar de alero. Una especie de Víctor Claver en pakete que pasó en una semana de jugar de alero abierto a pívot. Los cuatro restantes, dos bases, dos escoltas y a correr.

 

Dado que el equipo de Puzol era muy joven, nuestra presión les pilló por sorpresa y pronto nos fuimos en el marcador. Al descanso ya no había partido y la única preocupación era la de mantener la tensión.

 

Como nos suele suceder, ésta cayó hasta los suelos y me tocó gritar para que no se despistaran mucho. Puede ser una tontería eso de gritar y llamar al orden con 30 y 40 arriba, pero ya que no tenemos apenas entrenamientos que mejor que un partido para corregir unos fallos, que, por otra parte, se empeñan en cometer constantemente.

 

Y hablando de gritos, la semana pasada hasta tres personas me dieron consejos o recaditos sobre mis gritos. Quizá no les falte razón porque estoy en uno de esos períodos donde mi nivel de irascibilidad se dispara hasta el infinito y más allá.

 

De todos los consejos, el más útil fue el de mi coordinador de cadetes que después de dirigir un amistoso (que ganamos, dicho sea de paso) me recomendó que antes de gritar mucho, era mejor tener una serie de palabras clave. Según él si grito, mejor dicho alzo la voz, para corregir fallos, los cadetes se acostumbran a ese tono de voz y no harán caso cuando de verdad esté enfadado.

 

Curiosamente en un tiempo muerto les advertí a los cadetes de que en defensa el entrenador no puede dedicarse a radiar el partido o pedir tensión constantemente y les dije que la defensa debe ser intrínseca al jugador. Viendo las caras de extrañeza ante la palabreja les mandé que la buscasen en el diccionario; veremos si me han hecho caso.

 

También es cierto que gritar ¡defensa!¡brazos! y demás ánimos en defensa debe ser tarea del banquillo y del segundo entrenador (como hacía yo el año pasado), pero resulta que mi segundo entrenador padece el síndrome del entrenador amigo y de momento no se atreve a gritar o enfadarse con los niños. Grave error porque, como decimos, a estos cadetes como les des la mano te cogen el brazo.

 

Las otras dos personas que me dijeron que debía gritar menos se referían a mis gritos con los séniors. Pueden que tengan razón pero creo que este equipo se está tomando muchas libertades y creen que jugar a baloncesto son todo derechos y nada de obligaciones. Total, que entre gritos y disgustos escribo estas líneas más caliente que el palo de un churrero. La próxima semana os contaré el porqué de mis enfados.