A mitad camino de la cocina y la mesa donde cenaban los abuelos, la voz de Homer Simpson que tengo en el móvil me avisaba que tenía un mensaje. Un jugador me cuenta que "Este es el equipo más cagón que he conocido nunca". Minutos antes acababa de realizar unas llamadas y mensajes para anular el entrenamiento del lunes.
En Valencia más que llover, diluviaba y no sabía si coger el coche o la patera para ir a entrenar. La verdad es que incluso me había hecho la idea de ir, pero entre que se fue la luz de una parte de la ciudad y ya había hablado con algún que otro jugador, me olía que podíamos entrenar cuatro gatos.
Es lo malo de estos días, mucha gente piensa que nadie va a ir a entrenar y al final entre unos y otros nadie avisa y los que van acaban enfadados con los que no acuden y se quedan en casa con la mantita y viendo la tele.
Como comenté la semana pasada, llevo varios días bastante “mosqueado” con algunas actitudes y por eso me apetecía acudir y explicarles un par de cosas. Resulta que llevamos dos meses entrenando y ya era hora de echarles la bronca. Todos los años más tarde o más temprano siempre cae un toque de atención porque la gente se relaja y se empieza a aprovechar. Lo que no esperaba es que el sábado por la noche llegara a las 6 de la mañana después de un comité (reuniones que hacemos algunos del equipo generalmente a altas horas de la noche)
El primer motivo de enfado es la actitud de cara a los entrenamientos. Cuando estamos en pretemporada y sobran jugadores todo el mundo cumple, si hay que quedarse media hora más entrenando todos se quedan y todos prometen que no faltarán a los entrenamientos; luego llega diciembre y somos cuatro o cinco los que entrenamos. Para evitarlo he preparado un plan para que el que no pueda entrenar por la tarde lo haga por la mañana, veremos si funciona.
El segundo motivo de enfado es la actitud hacía mis indicaciones, también conocidas como gritos. Soy amigo de muchos de ellos y a veces esto es peligroso porque no acabo de estar seguro de que ellos lo entiendan. Si grito y rectifico una actitud o una acción lo hago al jugador, no al amigo. Y lo peor de todo es cuando les da el ataque de “es que sólo me gritas a mí”. Yo tengo una máxima que un día me descubrió mi amigo Jairo, a los jugadores les odio por igual, jajaja.
Por último, me molestó la actitud del equipo cuando la semana pasada un rival nos pidió cambiar el día del siguiente partido. Vale que la petición estuviera fuera de tiempo y vale que cuando uno juega y tiene otros compromisos sabe que se arriesga a que se solapen, pero ya que nos han pedido cambiarlo y podíamos que menos que intentarlo.
La idea de cambiar el partido no me apasionaba porque debo de hacer un viaje relámpago a Barcelona que de no jugar liga podría alargar y disfrutar, pero el deber es el deber y el sábado estaré sin apenas dormir ni descansar dirigiendo el partido. Lo que no me pareció justo fue el no rotundo que recibí del equipo y, aunque entiendo que jugar el domingo a las 10 de la mañanas es un auténtico infierno resacoso para un equipo joven, creo que deberíamos de haberlo pensado dos veces.
Y es que puede ser que el rival nos mienta, que simplemente quiera cambiar por recuperar uno o dos jugadores y al final sí acuda, pero quiero recordar a mi equipo que el año pasado se enfadó cuando faltamos varios a un par de partidos nadie nos quiso cambiar el encuentro. Por lo tanto ¿cómo podemos ser tan hipócritas de hacer lo mismo que criticábamos el año pasado?
Por cierto, para rematar la faena, la semana pasada también me enfadé con mi equipo cadete. Es cierto que en dos meses es la primera vez que tienen una actitud pasota en un entrenamiento pero es que el miércoles fue demasiado. Algunos decidieron tomarse el puente antes de tiempo y durante el entrenamiento estuvieron de cuerpo presente pero sus mentes estaban somewhere far beyond. No podía ser que mientras yo explicaba un ejercicio unos estuvieran botando la pelotita y otros de espalda pensando en la mona de pascua.
El viernes a pesar de ser puente entrenamos porque si queremos ser un equipo serio creo que es la actitud a seguir. Después de hablarles seriamente (con cadetes los gritos están fuera de lugar) y amenazarles con irme si volvían a repetir la actitud, volvieron a entrenar decentemente. No fue una maravilla pero entiendo que para ellos aún es un palo ir a entrenar en mitad de la fiesta. Cruzaré los dedos para que después de la tempestad llegue la calma porque la liga de cadetes está a la vuelta de la esquina.


