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21/04/2008
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Una victoria siempre alegra y más en un derby
 

Se acerca el final de temporada y por estas fechas a mi equipo senior, como otros muchos equipos, le esperaba este fin de semana una final. Creo que gran parte de los que estamos metidos en este mundillo vivimos por y para estos partidos.

 

Veréis, un día os contaré como es de difícil y farragosa la segunda zonal, pero os adelanto que normalmente sólo hay tres o cuatro partidos al año que merecen la pena. En el resto, o el rival es muy fuerte o muy débil. Este año nos tocó en gracia un grupo donde desde el principio se vio claro que el ascenso nos lo jugábamos cuatro equipos, pues el resto estaba uno, dos e incluso tres escalones por debajo de estos equipos.

 

Durante la primera vuelta dominamos la liga por completo hasta enfrentarnos al equipo de veteranos del Puerto de Sagunto. Tras aquella derrota y la polémica que tuvimos previamente, estuvimos "perdidos" durante varias jornadas. Meses donde rellenábamos la convocatoria con júniors que hoy ya puedo decir que están totalmente aclimatados al equipo y a las ostias de la competición. Les falta madurar, pero es que, como dice el refrán, "la juventud es una enfermedad que se cura con el tiempo".

 

Pues bien, el sábado regresábamos al punto de partida. Otra vez contra los veteranos y con la necesidad de ganar para seguir luchando por una de las dos plazas de ascenso. Pero ¿Quién piensa en ascenso cuando hay por delante un derby?

 

Es un partido especial, ambos equipos queremos ganar para evitar el cachondeo posterior y como siempre hay piques durante el partido, pues no os engañaré: jode mucho perder y más cuando crees que eres mejor. 

 

En otras ocasiones he preparado discursitos antes de estos partidos para motivar a la gente. Hay entrenadores que se les conoce una habilidad especial para la motivación, hay quienes ponen fotos, quienes ponen recortes de prensa criticando al equipo, e incluso alguno futbolero pone al dúo dinámico, pero dado el escaso éxito que tendría cualquier canción que no fuera trash metal, hip-hop o reggae, opté por no poner nada. De hecho, lo más cercano a la motivación fue ir el año pasado a ver 300 antes de un partido que era muy jodido y que ganamos... ¡Por Espartaaaa!

 

Para la ocasión, sólo quise quitar presión a los jóvenes, explicar por enésima vez los sistemas (a pesar de saber que es una batalla perdida con las cabezas cuadradas de mi equipo como veréis más tarde) y, sobre todo, insistir en que jugando a ba-lon-ces-to creo que somos mejores.

 

En nuestros derbis hay tres costumbres que nunca pueden faltar:

  • a) Nos escapamos en el marcador y luego nos remontan
  • b) Un jugador de mi equipo se lesiona
  • c) A un jugador de cada equipo se le va la pinza y se dedican "palabras de amor"

 

Bueno pues ahora toca al adivinanza ¿Cuál de estas tres premisas no se cumplió? TIC-TAC-TIC-TAC....

 

¡Tiempo!

 

Y la respuesta correcta es la  opción A, porque es cierto que nos escapamos en el marcador pero nunca nos remontaron.

 

La sensación que tuve es que el partido lo dominamos de principio a fin, no nos fuimos más allá de los 15 puntos pero tampoco creo recordar estar por debajo de cinco. Siempre era una distancia de cercana a los 10 puntos que nos permitió pensar desde el comienzo del último cuarto en el basketaverage. Porque esa es otra, debíamos de ganar pero a ser posible por más de cuatro puntos. Al final 69-60, la alegría no es del todo completa porque nos ha caído una sanción de un partido por perdido por una alineación indebida. Vamos a ver si el recurso sale bien, sino adiós al ascenso.

 

Pero recuperemos el hilo perdido ¿sabéis por qué es imposible ensayar táctica con mi equipo? Pues por ejemplos como el siguiente.

 

Quedan cuatro décimas y tenemos un saque de fondo para atacar. Preparo una jugada bien sencilla: bloqueo para mi pívot y que este palmee el balón. Pues bien, José Luis, que para más inri es el capitán, por sus santos huevos pasó de hacer el bloqueo y directamente se fue a sacar de fondo. Su idea era que en cuatro décimas le daba tiempo a tirar el balón a la espalda de un jugador (sí, como Scottie Pippen), coger el balón y levantarse para anotar... Eso mismo que estáis pensando es lo que pensamos todos en el pabellón, menos él.

 

La cuestión es que nos picamos los dos en un descanso entre cuartos, pero como no somos serios ni para las broncas, el tío no hizo otra cosa que descojonarse en plena discusión ¡Santa paciencia!