ACBBlogs
15/12/2010

Vaya por delante que soy consciente de que con esta entrada socavo definitivamente mis posibilidades de ser millonario (o como diría una profesora en la universidad muchimillonario) como entrenador. Después de lo que os voy a contar no creo que ningún directivo ACB quiera ficharme ni como mopero. Hoy toca hablar de mi estrecha relación con la derrota.

 

Convivo diariamente con ella y forma parte ya mi esencia, soy un loser en toda regla. Esto llevado al baloncesto significa que lo único que gano como entrenador son disgustos porque lo que son partidos... los justos. A ver, como todo exagero y de vez en cuando ganamos pero a lo que viene el tema de hoy es que no recuerdo entrenador con peor balance en partidos decididos por tres o menos puntos.

 

El lunes hice acopio mental de partidos igualados y el número de derrotas supera ampliamente a las victorias. Mi curriculum como winner se limita (creo) a un partido en el que quien es ahora mi segundo entrenador metió un triple. Lo recuerdo porque éste llevaba un partido realmente lamentable (incido en lo de lamentable a sabiendas que va a leer estas líneas) pero como las estadísticas pocas veces se equivoca era raro que se fuera del partido sin meter un triple así que la última jugada fue para él y la enchufó.

 

Bueno pues esa victoria es un oasis en el amplio y árido desierto de derrotas que me acompañan. Son muchas y de todos los colores. Remontando, siendo remontado, mereciendo ganar, mereciendo perder, tras prórroga. Créanme que el repertorio me lo sé de memoria y mis equipos lo han recitado. De entre ellas destaco una con mi equipo senior en la que perdíamos de uno y nos jugamos un triple final. Sí, con dos coj... y cero neuronas ¡Qué buenos tiempos donde todo era un run and gun constante y no defendía ni el tato! Luego está la mítica con el primer equipo de chicas que entrené. Fallamos en uno contra uno y perdimos de dos después de que me pitaran técnica por... ¡beber agua! ("es que no sé que hacías" me dijo el árbitro a posteriori)

 

Con cadetes he tenido dos muy interesantes, una en un derbi después de quedarnos sin jugadores en el banquillo y mereciendo ganar en la pista del rival. La segunda fue gloriosa para mi expediente de eterno perdedor. Ganábamos de dos y a un jugador mío le hicieron una antideportiva como un piano, pero sólo nos dieron dos tiros. Falló uno y decidimos defender el triple. El rival falló pero capturó el rebote y anotó una auténtica mandarina, una castaña, un churro o como diría Andrés Montes ¡bonilla a la vista! En la prórroga, teníamos el último balón con uno abajo y pedí jugar un pick and roll abierto con el funesto resultado de que todo salió perfecto pero a mi pívot (que estaba sólo) le entró un ataque de DirkNowitzkismo y en lugar de anotar una fácil entrada se cascó un triple. Zas, en toda la boca.

 

Y así llegamos a la actualidad donde esta temporada ya son tres finales apretados donde no soy capaz de hacer ganar a mis equipos. En esta ocasión creo que lo merecimos porque siendo peor equipo llegamos a los dos últimos minutos tres arriba. Entonces llegó la catástrofe. En cuatro ataques consecutivos (dos en los que mi pívot decidió hacer un coast to coast a lo Pau Gasol sin levantar la cabeza) no conseguimos ni siquiera lanzar y el rival se puso uno por delante. Con todo recuperamos el balón y tuvimos siete segundos para atacar.

 

En el tiempo muerto diseñé una jugada con varias opciones que comenzaba con un doble bloqueo al base para recibir el balón. En previsión de que hiciera zona (lo hicieron todo el partido) la jugada continuaba con un bloqueo entre pívots como distracción para, realmente empezar la acción con unos cinco segundos.

 

 

La idea era sencilla jugar un pick and roll frontal porque la zona era muy estática y en caso de ser individual el pívot podría hacer la continuación.

 

 

Había otra opción donde el alero tras sacar de fondo recibía el bloqueo ciego del escolta (que a su vez se abría). La idea era no jugárnoslo a una carta porque si no salía el equipo podía bloquearse, siempre planifico jugadas con alternativas. Así pues las instrucciones eran:

 

1.- Penetración del base.

 

2.- Si no se podía recibir sería el ‘cuatro' quien recibiría y jugaría un aclarado.

 

3.- Si no salía el bloqueo o penetración siempre estaba el pase al alero que había recibido el bloqueo ciego o el dos tirador.

 

 

Como intuís por todo lo anterior la jugada no salió porque en la penetración la base recibió una falta con el pie (luego hubo un momento fútbol que el árbitro no vio). En mi buena época me hubiera enfadado pero esta vez no. Felicité al árbitro porque me gustó como dirigió el encuentro, también le dije tranquilamente que se había equivocado al final y a mi compañero entrenador que había ganado el partido.

 

Digo esto porque minutos antes él protestó duramente una antideportiva (instantes previos una rival le hizo una zancadilla y no se señaló). Él jugó su baza y lo hizo muy bien porque cambió el arbitraje (dudo que habiendo pitado tres prórrogas el día de antes el árbitro se hubiera arriesgado a pitar falta e ir a prórroga). No pasa nada, los dos lo sabíamos y es lo bueno de hablar entre personas, al final es deporte y nos entendemos.  

 

En fin, supongo que algún día ya les tocará ganar a mis chicas y la pizarra servirá para algo más que gastar tinta de rotulador. Por cierto si todavía hay algún manager dispuesto a contratarme, por favor que deje sus datos en ACB. Sus propuestas serán atendidas :-D