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Victoria de las chicas de Álvaro en Llíria
Conocemos el día a día de los jugadores, pero ¿quién se preocupa de los entrenadores? Los técnicos también tenemos nuestro corazoncito, sufrimos y reímos como los demás, pero, sin embargo, somos los grandes olvidados en esto del baloncesto. Si tu equipo gana, seguro que es porque los jugadores son magníficos, pero si pierde es porque el entrenador es un "manta".

 

Ahora bien, cuando en ACB.COM me pidieron que fuera el encargado de hablar de los técnicos en los Blogs pensé dos cosas: o a alguien le ha sentado mal la última copa del viernes o están locos ¿Por qué interesarse en un técnico cadete femenino y de segunda zonal masculino? Como el control de alcoholemia por móvil no tiene validez por el momento, pensé que estaban locos. Pero claro ¿acaso no piensa eso la gente de mí cuando digo que soy entrenador?

 

Estoy la mitad del día trabajando (o sea, 12 horas como poco), en los ratos libres me escapo para ver baloncesto (¡viva la televisión china por Internet!) y para colmo entreno cuatro días a la semana y los fines de semana me recorro una o dos veces la Comunidad Valenciana.

 

Una advertencia: nunca toméis en serio este Blog, puede ser perjudicial para vuestra salud. De haber buscado un tipo serio hubieran hablado con alguno de los geniales técnicos que hay en España y, sin embargo, aquí os escribe un tipo que acude a los entrenamientos con la camiseta de Earl Boykins (en Denver, of course) y que cuando tiene un rato libre enseña a niñas de 14 y 15 años a hacer una "bomba" o un fade away al más puro estilo Jordan.

 

Ser entrenador significa que durante siete meses voy a sufrir madrugones post-resaca, horas y horas de carreteras en autobuses de ínfima calidad y con los cuarenta principales martilleando mis oídos. Ser entrenador es eso y recibir broncas, porque ya os adelanto una cosa: cuando entrenas recibes broncas y gritos de todos los lados.

 

Las niñas te gritan para que las cambies, los padres de las niñas te gritan para que las saques a jugar, el árbitro te grita para que te sientes y dejes de incordiar preguntando el marcador, los mesas -evidentemente- te gritan para que no les molestes y mientras todo el mundo grita, tú solo quieres que se acabe el partido porque la noche anterior has visto el partido de cuatro con Loncar y Carnicero y tus ojeras te llegan a los tobillos. Si Imbroda hablaba en su libro de la soledad del entrenador, sin duda que es ésta; aunque siempre te queda una opción: gritar más que nadie

 

Entonces, ¿qué le hace a uno ser entrenador de un equipo cadete femenino? Descartando el aburrimiento y la vocación docente que no tengo ni tendré, o bien eres un friki o un apasionado del baloncesto. Me declaro culpable de ambos cargos. El friki que llevo dentro me pide explicarles que deben imitar a Juan Carlos Navarro o festejar un triple como Calderón. Además el entrenar me permite seguir vinculado con esta pasión que es el baloncesto después de haber jugado de forma amateur en la Universidad, porque sí, yo también fui rookie un día.

 

Espero que os podáis divertir en este blog tanto como yo preparándolo. De momento, la temporada acaba de empezar y mis pescadetes (ya os explicaré un día el origen del nombre) han perdido un partido y ganado otro. Aquí os dejo algunas fotos del partido que ganamos contra Llíria.

 

PD: Mi otro equipo, el de chicos, es líder invicto (5-0) de su liga. Si no lo digo me matan cuando acuda al próximo entrenamiento.