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Ya os digo yo que no es así. No todo vale para ganar y mucho menos en edades de formación. Muchos piensan que todo o casi todo está permitido con tal de conseguir el objetivo pero ¿cuál es el objetivo? Creo que se ha distorsionado tanto el baloncesto de base que ahora muchos piensan en el resultado antes que la formación. Y ojo que esto no pasa solamente cuando hablamos de las grandes categorías o los grandes clubes. No, al contrario, cada vez veo más entrenadores de categorías inferiores donde anteponen el ¿éxito? a corto plazo al trabajo futuro.

 

Quiero comentaros dos detalles que desprecio totalmente como técnico de formación. Podría dar un discurso políticamente correcto, pero me he cansado y quiero al menos desahogarme con estas palabras. Un detalle es ajeno, no me incumbe pero lo tengo que sufrir. El otro es propio, duele más y ha motivado esta entrada de blog.

 

Como podréis saber porque ya lo he dicho muchas veces rechazo por completo la zona como recuso táctico para ganar partidos en edades de formación. Es una táctica mediocre en baloncesto femenino y cuanto se es más jóvenes porque intenta sacar provecho de la consabida falta de fuerza en el tiro exterior (imaginaros lo que es una zona en infantiles... me pongo enfermo). Basta ya de defenderla.

 

De cinco partidos he atacado contra cuatro defensas zonales y ninguna ha sido proactiva con lo cual el discurso que alguno podía estar pensando se queda sin fundamentos. ¿Qué enseñamos en una zona que se cierra y deja tirar porque espera que el rival falle? Sí falla pero no porque se defienda bien, sino porque los jugadores no tienen fuerza o cuando tiran de ella les falta la precisión. ¡No! Rotundamente no. Me niego a creer que este es el baloncesto que estamos preparando para el futuro. Por escasos que sean los recursos o limitado el talento, debemos trabajar todos los días para hacer mejores jugadores y eso sólo se consigue jugando en individual desde el 1*1 hasta el 5*5.

 

Mirad hay dos cosas que tengo muy claras. La primera me la enseñó un entrenador al decirme que el progreso de un jugador en formación venía según su rival le pudiera defender mejor. Eso es evidente. Si yo a un chaval le pongo a jugar con otro que le defiende y le pone problemas, el primero intentará encontrar soluciones cogiendo recursos que se practican diariamente. Si al contrario, digo que se defienda en zona y mal, técnicamente no habrá mejoría ofensiva. Se podrá atacar bien o mal esa zona, se podrá tirar mejor o peor, pero formarás a jugadores muy limitados y de recorrido muy corto en el baloncesto. La segunda idea que tengo muy clara y ésta es propia es que en esta vida no puedes esperar verlas venir. No espero nada de nadie y tengo que ser uno mismo quien vaya de frente y a por las cosas que merecen la pena. Llevado al baloncesto mis equipos nunca esperaran el fallo del rival con una zona que deje tirar, buscarán provocar el fallo del rival... y esto también puede conseguirse con una zona, pero sólo si es proactiva.

 

Os había hablado de dos feos detalles y sin duda que éste que cuanto ahora es el peor. Quizá porque estuve a punto de provocarlo y sólo con pensarlo me cuestiono mi actitud como persona y entrenador. Os hablo de la utilización de los jugadores y no dejar  a nadie sin jugar por ganar un partido. Como todos vosotros, en mi equipo tengo buenas y malas jugadoras, gente que juega más o menos... pero todas juegan. Pues bien por ganar un partido estuve a punto de dejar en el banquillo a una jugadora.

 

Normalmente todas mis jugadoras antes del descanso ya han tenido una oportunidad en pista peor esta vez a falta de cinco minutos una no había jugado. En ese momento la separé del grupo y le dije que por la dureza y el desarrollo del partido no creía conveniente que jugara ese final y por consiguiente se quedaría sin jugar en todo el encuentro. Abiertamente le pregunté si quería o no quería jugar porque sí decía que sí saldría a la pista en ese mismo momento. A ella le costó decir articular palabra pero decidió aceptar mi decisión de no jugar. Sin embargo cuando volvió al grupo la noté tremendamente afecta y fue entonces cuando toda la mezquindad de mi decisión sobrevino a mi cabeza. Directamente le di la espalda al partido y le dije que me importaba más ella que ganar y que iba a salir para demostrar que yo me equivocaba dejándola en el banco. Así lo hizo. Con los ojos vidriosos salió y lo hizo por una de las mejores del equipo (esta es otra historia), aunque os mentiría si dijera que ella jugó un gran final y ganamos el partido.

 

No, esto no es Hollywood ni yo ningún galán de película. Perdimos pero ella se sobrepuso a mi injusto impulso y jugó buenos minutos. No grandes pero sí bueno y desde luego no tuvo ninguna culpa de la derrota. Aquel día el único perdedor fui yo porque estuve a punto (y quizá lo hice) de amargar la tarde y la ilusión de una jugadora de baloncesto.

 

En ningún caso los entrenadores no estamos legitimados a impedir que juegue una persona que entrena y se esfuerza diariamente. No debe importarnos que sean mejores o peores, todos deben, cuanto menos, tener la oportunidad de equivocarse sobre una pista de baloncesto. Yo normalmente lo hago (ojo, tampoco regalo minutos porque entonces no se es justo con el resto del equipo) y me gustaría que algunos también lo hicieran porque no siempre es así.

 

Sirvan estos dos errores, uno ajeno y otro propio, como consejos para futuros entrenadores. Insisto puedo ser el entrenador más humilde y entrenar al equipo más humilde del mundo pero quiero ser honesto con mis jugadoras y con el baloncesto. Sirva de ejemplo el video final para exponer como me sentí aquel día. No es que sea una película de culto, pero la escena final donde una Nick Nolte hastiado por el turbio mundo del baloncesto universitario dice que abandona y acto seguido ve jugar a un niño en la calle y se pone a explicar la mecánica de baloncesto me parece genial y me identifico plenamente con ella. No tardará mucho el día en el que deje este mundo de la competición para centrarme en lo importante, formar a jugadores... y personas.