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Como todo equipo, el nuestro tiene sus hábitos, sus tradiciones y costumbres que se respetan dentro del vestuario. Ya sé que muchos equipos hacen a lo largo del año concurso de tiro y que al final del año con las preceptivas cenas se entregan medallas o premios.

 

Ésta es una opción que todavía no he utilizado, básicamente porque: A) si es concurso de tiro nos podemos tirar media hora para meter dos triples y B) si hay premios implica que los entrenadores debemos gastarnos dinero y uno es fiel devoto de la cofradía del puño cerrado ¡No se me escapa ni un céntimo de euro!

 

Ahora bien, lo que sí hacemos es poner multas. De estas hay de dos tipos: las de régimen interno de los entrenamientos y la de los partidos. Nosotros tenemos estipulado que la persona que avise más tarde de las 15 horas del día de entrene o llegue 11 minutos tarde paga una multa de un euro. Esto tiene un problema y es que mi móvil echa humo a eso de las tres menos cuarto y supone que mis juniors interrumpen mis sagradas siestas. Es increíble el número de SMS que tengo a las 14:55, aunque de vez en cuando a alguna se le pasa el tiempo y lo envía tarde. La semana pasada cacé uno a las 15:02 ¡zas, un euro para la hucha!

 

Porque sí, tenemos una hucha y no pequeña precisamente. Me la regalaron por navidad (vaya regalo que me hacen, es como cuando regaláis algo a vuestros padres pero sabéis que acabará siendo vuestro) y dentro de poco esa hucha va a empezar a recibir pasta a mansalva porque también hay multa si no se llega a un porcentaje de tiros libres.

 

Los fieles sufridores de este blog recordarán que el año pasado mi equipo palmó en cuartos de copa por los tiros libres. Pues bien, este año pusimos una norma: si el equipo anota menos del 60% paga un euro cada jugadora, si está entre el 60 y 65% nadie paga y si superan el 65% los entrenadores pagamos. No lo tengo muy claro si pagamos 1 o 10 euros (espero que no pero si es esta última cantidad es por el exceso verbal de Román, mi segundo entrenador) porque ¡todavía no nos ha tocado pagar!

 

De 20 partidos sólo en dos ellas se han librado de pagar (hubo un mítico 63,3% errando los dos últimos del partido -gracias, Patri- y en el resto no han llegado a ese 60% ¿malas? Sí, pero a nosotros la cena de final de temporada nos va a salir por la cara. De hecho estoy pensando seriamente irme a Ibiza con el pastizal que adeuda el equipo.

 

La cuestión empezó como reto a las jugadoras para que se centraran en la importancia de los tiros libres y hasta cierto punto a funcionado ya que de no llegar al 50% ahora casi nunca bajamos del 55%, pero claro cuando, días como el pasado domingo, empiezas el partido con un bonito 0/6 hay cosas que no remontas. Total que hay gente que debe la bonita cantidad de casi 30 euros y ahora estamos gestionando los pagos porque ya hay jugadoras que nos están avisando que no podrán pagar todo de golpe. Yo pienso que a malas siempre pueden una línea ICO que he visto en la tele que el banco no pide aval.   

 

Bueno esta es una de las costumbres que tenemos pero la que sin duda más me interesa a mí es la de los cumpleaños. Comenzó como gracieta pero ahora ya es casi norma estricta el traer a los entrenamientos pasteles cuando una jugadora cumple años. Los entrenadores somos unos gordacos de cuidado y contamos con dos estómagos (uno dulce y uno salado) por lo que somos capaces totalmente de comer una tarta a las 21 de a noche y luego cenar... ¡y tomar postre! Ahora que mis jugadoras no se quedan atrás eh. Un día trajo unas galletas caseras y no veáis como todas sacaban codos y peleaban la posición para coger galletas ¡Ay si el balón fuera una Chip ajoy! No se nos escapa ni un rebote.

 

Esta es una foto momentos antes de que la cumpleañera se llenara la cara de chocolate

 

PD: Digo de traer dulces en un entrenamiento y no en un partido porque hubo una vez que una trajo una tarta después de un partido de palmar 40. Están que me voy a comer una tarta con la mala leche que se me puso, jajajaja