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22/10/2009

Ya han pasado varias semanas desde que escribí por última vez. Desde entonces han pasado muchas cosas, la primera de ellas es que comenzó la temporada yendo de boda. Porque sí, nosotros también nos casamos... Bueno yo de momento no, pero un amigo y jugador (términos que no siempre van unidos) se casó en octubre.

 

Al novio, un figura en toda regla, siempre le recordaré como aquel jugador que vino a un partido de resaca, que le pitaron una técnica por insultar a un jugador ¡en valenciano! y por ser el tío que, perdiendo de tres puntos, decidió tirar de dos en el último ataque. Pensaréis que eso puede suceder, que un despiste lo tiene cualquiera, pero no, no queráis justificarle. El mangurrián se cascó un tiro de cinco metros después de que yo gastara los tres tiempos muertos seguidos para explicar la jugada (bloqueo y continuación abierta).

 

El final del partido no tuvo desperdicio entre yo que estaba jodiendo pidiendo los tres tiempos seguidos y el Blasco, que es así como se llama el jugador y ahora recién casado, tirando de dos para sorpresa de todos... Normal que al final del partido viniera el árbitro y me dijera "No sabíais que perdíais de tres".  Incrédulo de mí, sólo pude contestar que "yo sí, pero él creo que no".

 

Pese a todo al Blasco le quiero un montón, nos ha dado momentos gloriosos durante los partidos (un día le pitaron una técnica por decir "estoy más parado que un cepo" y luego no le pitaron otra en el mismo partido cuando insultó al árbitro) pero más en las duchas. Era el rey de las bacanales que se montaban tras los partidos.

 

Por todo eso había que ir a la boda aunque fuera en plena temporada. Si fuéramos ricos y famosos podríamos programar las bodas en verano, pero claro en el amateurismo no le puedes decir a tú mujer (que estará del baloncesto hasta las narices) que se espere 10 meses para casarse. Aquí, como siempre, mandan las mujeres y hay que cumplir y poco importa si al día siguiente hay partido.

 

 

 

Dentro de lo malo, tuve suerte porque mi equipo jugaba el día después de la boda a las cinco de la tarde y pude cumplir como un campeón. Allí estaba uno, plantado con su traje, fumándose un puro con el resto de compañeros de equipo de hace unos años antes de empezar a beber y a bailar lo que pusieran por delante; no importaba que fuera Lolita y su Sarandoga, King Africa o cualquier figura del Operación Triunfo, lo importante era estar allí y cerrar el chiringuito. Porqué sí, de allí sólo unos valientes aguantamos hasta el final y cuando cerraron la "paraeta" nos fuimos a dormirla.

 

Los menos afortunados jugaban el domingo por la mañana con lo que me imagino las caras que llevaron aquel día. Todos nos hemos idos de fiesta o todos hemos ido a una boda antes de jugar un partido y creo que todos sabemos como suelen terminar estos partidos... efectivamente, con derrota.

 

Mi resaca fue más calmada y dulce (entre otras cosas porque me tocó trabajar por la mañana). El desayuno fue un almax para digerir toda la cena y bebida de la noche anterior y al partido me fui con la bocapasta y sin comer de lo hinchado que estaba de la cena. Creo que fue el partido durante el que más agua bebí e incluso creo que superé a alguna de mis jugadoras. El agua, el día después de una fiesta, es un bien necesario.

 

La resaca también fue positiva porque el equipo ganó. Nos estrenamos en competición con una victoria de 20 puntos sobre un equipo que llegó con seis jugadoras y yo disimulé bastante bien mi estado físico y mental. Eso sí nada más terminar el partido me fui a casita que hacía frío en la calle y tenía mucho sueño. Es lo malo de las bodas... siempre hay un día después.