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Siempre he oído decir que el baloncesto es un deporte para altos. Bien no voy a ser yo el temerario que lo niegue, pero tengo una predisposición física y psicológica a cuestionar hasta cierto punto esta afirmación. Es más siempre me gusta pensar (y a veces decir en voz alta) que el baloncesto es un deporte para altos, que dominan los bajos.

 

De verás, por cada ejemplo de jugador dominante en la liga soy capaz de contestarle con el nombre de un base o escolta. Vale que mi estatura nunca me dejó ir más lejos en la pista, pero creo firmemente en la valía del base y de eso voy hablar.

 

Como jugador he disfrutado siempre del hecho de controlar el balón, distribuirlo y ser responsable de organizar al equipo. Tampoco voy a engañarles no soy el típico que dice que una canasta hace feliz a uno y una asistencia a dos. No, yo soy más bien de un pase espectacular mola más que una asistencia. Siempre vi el lado más lúdico y temerario a al posición de base con lo que no tengo la menor duda de que mi YO JUGADOR hubiera durado muy poco con mi YO ENTRENADOR.

 

Lo reconozco, siento admiración por estos jugadores porque son los que más responsabilidad tienen y muchas veces a los que menor reconocimiento se les da. Por eso siempre que puedo barro para casa y les doy bola. Recientemente he podido hablar con dos de las mejores bases de España y Europa. Se trata de Sílvia Domínguez y Laia Palau y en cada una de sus palabras reconozco el orgullo de ser la responsable de mover al equipo y el carácter de una autentica base. Ambas ensalzaban las virtudes de jugar como uno y lo gratificante que era ver jugar bien al equipo. Lo era en sí por el equipo, pero también porque esa es la responsabilidad directa del base, hacer que el juego del equipo tenga sentido.

 

Y por eso el base es tan importante para el entrenador. Dicen que es la prolongación del técnico en la pista y no le falta razón. Seguramente porque muchos entrenadores también han jugado en esa posición. No tengo el dato en la cabeza, pero piensen detenidamente en la cantidad de entrenadores que hay en ACB o NBA y cuántos han sido bases o escoltas. Muchísimos.

 

A otro nivel, de los cinco primeros entrenadores que hay en mi club, cuatro hemos jugado en esa posición y, curiosamente, a los otros tres de ellos les he dirigido. Así que del tema de la confianza que un entrenador deposita en el base sé un poco... aunque en ocasiones no haya sido un buen ejemplo para alguno de ellos.

 

Siempre he pensado que la confianza es un camino de doble sentido: se da y se gana y en el caso del base es fundamental que se la gane. Yo puedo vivir tranquilo sin un pívot de calidad, de verás me he llegado a acostumbrar a no jugar con pivots (de hecho juego mejor con cinco "bajitas"), pero no puedo jugar sin un base.

 

¿Adivinan quién es mi base? Por la atención que me presta es fácil de decir

¿Adivinan quién es mi base? por la atención que presta es fácil de decir

 

Es esencial ver a los ojos del base y sentir que entiende lo que estas pensando y lo intenta hacer. Claro está, cuando hablamos de edades precoces esto es un poco quimérico, pero al menos quiero tener la seguridad de que puede subir el balón y transmitir seguridad a los compañeros. En ataque seguridad y en defensa agresividad. El base suele suponer la primera línea defensiva de cualquier equipo y más cuando se presiona a toda pista, por eso es esencial que este base lo dé todo en defensa. Debe ser el espejo donde se miren sus compañeros y la motivación que encuentren para redoblar esfuerzos.

 

Por suerte, debo decir que siempre he tenido buenos bases en mis equipos e incluso este año donde no parecía tener un base muy definido me he encontrado con una agradabilísima sorpresa. Resulta que en principio tengo una base asignada, pero ésta se empeña en no querer jugar de base y claro esto me resta confianza en su juego (aunque juega bien en esa posición y suelo combinarlas). Sin embargo, hay otra jugadora que nunca dice que no y se esfuerza en ser la mejor base posible.

 

Es de lo poco de lo que puedo estar orgulloso en esta temporada. Ha mejorada muchísimo porque hace un año era la tercera o cuarta opción de su equipo y ahora es fundamental. Ha evolucionado tanto que ya ha debutado con el primer equipo y lo mejor de todo es que todavía es junior de 1º. Ahora le queda el paso más difícil: dar un salto cualitativo es relativamente fácil cuando se viene de abajo, pero cuando ya alcanzas un nivel, cada vez es más difícil progresar y eso es lo que espero (y trabajaré) para el próximo año.

 

Y mientras seguiré fabricando a mi base ideal. Seguro que no es un reflejo mío en la pista, sino algo más cerebral en ataque y con más carácter en defensa. Por que sí, para mí es fundamental el carácter en cualquier jugador, pero sobre todo en un base. Ojalá se le oyera a mis bases en pista, así mi voz descansaría y los oídos del público sentirían alivio.