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La psicología en el deporte. Seguro que muchos lectores habrán leído algo sobre ella, quizá incluso sus bibliotecas particulares luzcan libros que versan sobre esta materia pero ¿hasta qué punto influye la mente en un deportista? Y es más ¿de qué manera un entrenador puede influir en un grupo?

 

Desde estas líneas voy a exponer mi punto de vista, el cual, como es lógico, poco tiene que ver con la ortodoxia del baloncesto. Desde luego que no se tratará de sentar cátedra con lo que aquí diga, pero me daré por satisfecho si alguien reconoce lo aquí expuesto y algún temerario decide poner en práctica lo comentado.

 

De primeras debo reconocer que soy un psicólogo confeso. Creo absolutamente en el poder de la mente de las personas y quizá sea por mi escaso bagaje técnico-táctico pero soy un apasionado de la faceta psicológica de los entrenadores. De hecho yo tengo una máxima y es que un entrenador tiene una escasa capacidad de influencia en los grupos. Sinceramente creo que un mal entrenador puede hacer mucho daño a un grupo, pero un gran entrenador influye menos en un grupo.... pues bien esa moderada influencia estará íntimamente ligada a la habilidad del técnico para influir en la mentalidad y la capacidad de respuesta emocional de sus jugadores (en mi caso jugadoras).

 

Siempre he sido un apasionado de los entrenadores de grandes discursos, posiblemente esta devoción venga de mi poca capacidad para la oratoria. Muy cerca tengo a una entrenadora que con pocas palabras logra grandes locuciones y la admiro por ello, pero a mí me cuesta mucho y debo fijarme atentamente en estas personas que tienen un brillante don para dirigirse a grupos.

 

Dicho esto, siempre he practicado mucho la palabra, confieso que hace años mis entrenamientos perdían mucho dinamismo porque hablaba más de la cuenta. En tono de broma ahora digo que he pasado de los 30 minutos de charla a los 30 segundos de discurso. Como cualquier faceta de la dirección del equipo, intento aprender.

 

También tengo mis truquillos pues aunque mis jugadoras piensan que me preparo las charlas como un psicólogo, no es cierto. Sólo marco un leitmotiv de la conversación, lo demás es improvisación como un buen monologuista.

 

Y es que me encanta buscar temas para motivar. Estuve en el Eurobasket de 2009 y comprobé la capacidad que tiene un entrenador para motivar, vi como Sergio Scariolo preparó una charla antes de la final enfocándola sobre las dificultades separadas y no sé si aquellas palabras fueron o no el motivo, pero ya sabéis como se ganó aquel torneo. Admiro a gente como Scariolo, Mourinho o Guardiola pues con diferencias, pero todos sacan la mejor mentalidad de sus jugadores.... Y en edades de formación la mentalidad es fundamental.

 

 

 

 

Las y los jóvenes se despistan con gran facilidad, cuesta mucho motivarlas por ello es clave planificar retos y temas al igual que entrenamientos y partidos. Eso me pasó hace una semanas cuando teníamos por delante un partido muy importante. Nos medíamos a un rival contra el que perdimos cuatro veces el año pasado, dos de ellas por un punto y una por tres (la otra fue por siete). Era como un muro psicológico y planteé esa batalla desde la semana previa.

 

Antes teníamos a un rival imposible de ganar y como tal perdimos. Lo malo es que lo hicimos de la peor forma posible y eso me enfureció. Era la excusa perfecta para conseguir lo que quería: ponerles las pilas, y ésta se presentó sin buscarla. Las cosas se dieron de tal manera que yo, con mis palabras y enfado postpartido en el vestuario, me convertí en el foco del enfado del grupo.

 

Sé que se enfadaron por mis formas y desde el primer entrenamiento de esa semana quisieron tener reunión. Por uno u otro motivo la fui eludiendo y aumentando el cabreo y cuando llegó aquella reunión no di mi brazo a torcer. Me había encontrado la excusa perfecta para que el equipo sintiera un punto de unión y orgullo, debían de demostrar que, aquel que les dijo que no venía a hacer amigas, era un tonto y que iban a callarme la boca. En definitiva, era ponerme en su contra para motivarlas.

 

Lógicamente antes del partido la charla fue muy sencilla y básicamente se resumió en "pensáis que estoy equivocado, pues salid allí y cerrarme la boca". Me gustaría pensar que llegamos a ir ganando por 20 puntos antes del descanso por aquellas palabras, pero sería sobrevalorar mi capacidad de manipular mentes (por mucho que alguno se empeñe en decir que yo manipulo, jejeje). Supongo que después de esa semanita de cuchillos voladores y algo más que tensión en los entrenes, el equipo salió muy motivado y con el punto de acierto necesario para ganar. Ojo, luego casi nos remontan, pero habíamos trabajado tan bien durante 20 minutos que el partido se había decidido antes.

 

Al final del partido suelo comentar dos o tres cosas (nada técnico, para eso están los entrenamientos), pero aquel día sólo les dije que sí, durante una semana había sido el malo de la película (bueno, a decir verdad, dije algo más fuerte) pero que ahora ellas sonreían... y eso les debía hacer pensar un poco.

 

Sirva este ejemplo para muchos otros. Creo que nosotros los entrenadores debemos jugar con la psicología del grupo, ser los más fríos en los planteamientos y distanciarnos de posiciones emocionales. Lo fácil en la formación es hacerse amiguito del grupo pero eso no es ser honesto con nuestro trabajo. Tengo claro que no quiero ser amigo de mis jugadores/as, sino que debe ser la honestidad de mi trabajo y forma de actuar la que hable por mí.

 

Este año tengo el orgullo de decir que algunas ex jugadoras vienen a entrenar con el equipo junior y ahora seguramente hablamos mucho más que hace unos meses cuando les entrenaba. No sé lo he preguntado pero quizá ahora me vean con mejores ojos, incluso puede que alguna piense en mí (en mi segundo tengo claro que sí, pero desde mucho antes) como un amigo.

 

Por cierto, como tampoco soy el ogro Shrek del baloncesto, la semana siguiente fue la del relax. Incluso jugué una pachanguita con ellas para que la que quisiera me diera un par de "palos" jugando. De eso se trata, de jugar al palo y la zanahoria.

 

La psicología es tan compleja que seguiré estudiando a los/las mejores, a los/las que tengo al lado como a los que están lejos para quizá algún día sí poder decir con orgullo que soy un psicólogo manipulador de colectivos.... de momento no paso de ser un mero aprendiz, jajaja.