ACBBlogs
ACB
Orange
 

Por mor de las festividades de nuestra comunidad esta semana ha sido un poco especial. Ciertas categorías como mis cadetes no jugaban, pero los equipos seniors sí lo hacían y así que entre cometas y monas de pascua el domingo tuvimos partido.

 

La verdad es que nos salió mejor de lo que yo pensaba y, salvo la empanada habitual de todos los días, el partido lo dominamos y ganamos con claridad a pesar de mis dudas. Vale que uno es de tendencia negativa, pero el jueves tenía tres jugadores sanos y salvos para jugar el partido. Entre lesionados, sancionados (¿os acordáis de la bronca de navidades? pues no se ha salvado ni el apuntador, jugadores y árbitros sancionados), dentro de nada tengo que tirar de infantiles para jugar un partido aunque viendo el panorama igual me visto de corto y me tiro unos tiritos. Total, ¿quién me va a cambiar si soy yo el entrenador?

 

En semanas como la pasada, con tanto tiempo libre y tan poquita gente entrenado, a uno le da tiempo para todo incluso de echar la mirada a tras y ver como ha ido la temporada y empezar a pensar en la siguiente.

 

Ya llevamos mucho tiempo uno escribiendo y otros leyendo este blog para que empecéis a conocer la idiosincrasia del aquí presente (ojo, que no es lo mismo que el idiota sin gracia  aquí presente). A buen seguro que habrá gente que este blog le parezca una perdida de tiempo e incluso que me critique como entrenador; a todos ellos sólo les pediría que antes de quemarme en la hoguera me viera en directo, les prometo que puedo ser mucho peor de lo que aquí reflejo.

 

En mi única defensa permitirme aconsejaros que os deis una vuelta por los patios de colegio de las ciudades y pueblos y miréis cuántos niños están jugando. Si tenéis la suerte de pertenecer a una ciudad grande habrá gente suficiente para tener uno y dos equipos e incluso puede ser que viváis en un pequeño pueblo con tradición o ganas de impulsar el baloncesto como en Morella, donde su entrenador me dijo que habían pactado que los niños no jugaban a baloncesto y las niñas a fútbol y así podrían tener un equipo de fútbol masculino y otro de baloncesto femenino con apenas dos mil habitantes.

 

La verdad es que siento envidia sana de estos casos porque en mi pueblo (me gusta pensar que es un pueblo a pesar de su evidente crecimiento) hay que hacer milagros para reunir niños y niñas que quieran jugar a baloncesto. Ser un municipio grande tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. Por ejemplo, en el Puerto de Sagunto tenemos todos los deportes del mundo que uno se pueda imaginar, así que el baloncesto debe competir con fútbol, balonmano, voleibol, gimnasia, fútbol sala, judo, lucha libre, pero, sobre todo, con los tiempos que corren.

 

Sí, antes uno podía salir al descampado y jugar con una pelota o echarse unas canastas en el colegio, ahora no veo eso en las calles, lo que sí veo es gente cada vez más joven en plan autista ante la maquinita de juegos de turno y demasiada fiesta. ¡Cuanta ganas de fiesta tienen estos jóvenes! Parece que hable como un abuelete, pero os lo juro, flipo con las pocas ganas de sacrificio que hay por entrenar y jugar y la alegría con la que niñ@s de 14 y 15 años aceleran su juventud y juegan a ser adultos.

 

Por eso casi en lugar de agobiarles con tácticas y ejercicios físicos complicados los entrenadores en estos casos debemos de actuar como vendedores ambulantes y captar su atención. Luego pasa lo que pasa, que encuentras equipos con gente involucrada y gente que sólo quiere pasar el tiempo. Pienso que en estos casos tenemos dos opciones: Pretender ser el Ivanovic de turno y querer ser un entrenador puro y duro o bien ser educador.

 

Sí, educador y entrenador porque el objetivo último siempre debe ser el de enseñarles de la mejor forma posible el deporte que practican y si es posible ganar partidos ("el baloncesto es un gran deporte, pero cuando se gana es la ostia", me decía un amigo). Sin embargo, creo que no podemos olvidarnos de la faceta educadora, la de formar a gente porque, al fin y al cabo, y siendo honestos, difícilmente vamos a ver salir en estos clubes a futuros gasoles o calderones, en cambio sí que me gustaría que el día de mañana me pudiera encontrar a la gente que he entrenado y ver que se trata gente de provecho y no los proyecto de delincuentes que son hoy en día y que me encargo de recordarles constantemente jejeje. 

 

Prefiero valorar el esfuerzo que hacen estas "personillas" entregando muchas horas de sus vidas a hacer deporte cuando podrían estar en otros vicios y agradecérselo ofreciendo confianza y diversión. Entrenamientos que lejos de ser una fiesta sí les atraigan y les divierta lo suficiente para quitarles la presión y el agobio que luego les impida jugar un partido... porque, seamos serios ¿si no nos queda la diversión en el baloncesto, qué queda? ¿La competición? Efectivamente, entonces entramos ya en el supuesto de la ciudad con gente o tradición suficiente para desarrollar potentes canteras.

 

Egoístamente me gusta lo que hago porque si fuera más serio implicaría más esfuerzo personal, estar más involucrado y no creo poder ofrecerlo en estos momentos, pero tampoco sé si me interesaría. Primero, porque no estoy capacitado para ser un entrenador mínimamente profesional y segundo, porque me divierte enseñar "mi baloncesto" en "mi pueblo".