Hola, gente que está de puente.
La entrada la de hoy la hago desde el relax y la comodidad de no ir con el pito en el culo un sábado. Esta semana tocaba descanso, aunque para nosotros era relativo porque faltaban por jugar 10 minutos del partido que dejamos a mitad por la lluvia.
Antes de resolver la incógnita del resultado, me deberéis permitir que os cuente lo que me pasó entre semana. Como algunos sabréis hasta este año siempre he entrenado a equipos femeninos y tengo especial predilección por el baloncesto femenino. Quizá por eso a la mínima oportunidad intento vender un producto que a veces desprestigiamos simplemente por machismo o incultura.
Bueno, pues la ocasión de hablar de baloncesto femenino vino esta semana porque el Ekaterimburgo jugaba en Valencia. Para quien no lo sepa, el equipo ruso es uno de los mejores del mundo y entre sus jugadoras cuenta con Deanna Nolan, Maria Stepanova, Oxana Rahmatulina, Sandrine Gruda y Cappie Pondexter.
Viendo que oportunidades para entrevistar a una de las mejores del mundo se presenta pocas veces, decidí semanas atrás establecer los contactos necesarios para gestionar una entrevista con Cappie Pondexter. Gracias a mi amigo Alex Gozalbo, jefe de prensa de Ciudad Ros Casares, conseguí la autorización para entrevistarla.
A priori el plan era sencillo, debía llamar a la habitación de la jugadora tras la siesta y hacer la entrevista vía teléfono. Hasta ahí todo correcto. El problema fue que cuando la llamé ella no sabía nada y, por su puesto, no iba a conceder una entrevista a un periodista que no conoce de nada. Traté que el hotel me pusiera en contacto con el jefe de expedición pero se encerraron en banda así que volvía a llamarla.
Imaginaros la cara de vergüenza que tenía mientras la volvía a molestar. Le dije el nombre de todos los contactos rusos que tenía pero a ella no le sonaba ninguno. Como solución de emergencia le pedí entrevistarla el día siguiente después del entrenamiento y ella aceptó.
Por la noche volví a contactar con el equipo ruso y me aseguraron que ella estaría avisada para el día siguiente... o no. Y digo que no porque cuando llegué al pabellón y las rusas llegaron ella no sabía nada de nada. Cappie me remitió al manager quien muy amablemente me dijo que la acabar el entrenamiento podría hacer mi entrevista. Por entonces sólo había un problema, quería que fuera en el hotel y yo tenía que pegarme un pateo relativamente molesto a estas alturas de la película.
Otra cosa no, pero los rusos fueron siempre amables y quizá al ver mi cara de ¿tengo que ir andando al hotel? el manager del equipo me ofreció subir al autobús del equipo ruso.
¿Me imagináis metido en un autobús lleno de rusas que juegan al baloncesto como los ángeles? Yo tampoco. Lo reconozco soy un tío que no aguanta la presión y subirme a un autobús lleno de rusas hubiera sido letal para mí, al minuto me hubiera venido abajo, la situación me superaba.
Mientras digería el tema, me tragué todo el entrenamiento ruso... a temperatura rusa. ¡Qué frío hace en la Fuente de San Luis! Viendo que el manager se cascó unos tiros antes de que entrenase el equipo, pensé unirme al grupo, así al menos no me congelaba junto a Penny Taylor (sí un autentico bellezón australiano que en persona gana, más que con el trajecito ajustado que lleva con Australia).
Concluido el entrenamiento (por cierto, viendo el resultado del partido, me consuela ver que no soy el único entrenador al que la estrategia no le sale a pesar de machacarla mucho). Hablé con Cappie. Ambos nos dirigíamos al autobús mientras hablábamos, sin embargo al decirle que quería hablar con ella de 10 a 15 minutos le pareció un mundo. Me pidió que la disculpase pero que debía estar concentrada (me han dicho muchas cosas pero nunca antes que podía desconcentrar a una mujer) y que hablaría conmigo al final del partido. Por si acaso nos intercambiamos correos electrónicos. Aquel era el plan c... o Z, ya había perdido la cuenta de las oportunidades fallidas de entrevista.
Para quien no lo siguiera, el partido entre Ciudad Ros casares y UMMC Ekaterimburgo, fue un gran partido. Las valencianas realizaron una primera parte sensacional (36-18 al descanso) y el panorama no pintaba bien para mi entrevista.

A pesar de que Cappie reaccionó en la segunda parte y las rusas se acercaron en el marcador, la derrota del Ekaterimburgo amenaza con tirar al traste mi entrevista. Dicho y hecho. Tras concluir el partido me dirigí a Cappie y esta me rodeo con su brazo y me dijo: “tío este no es un buen momento”
¿Qué no era un buen momento? Y cuándo en los dos últimos días había sido un buen momento. Cappie estaba a punto de sufrir mi ira en versión spam masivo a su correo. Animado por mi ex compañero de equipo en la universidad y tocayo, Álvaro Martínez, volví a dar la tabarra al manager del equipo. Éste me dijo que me esperase y que atacase al salir del vestuario. Y eso hice.
Álvaro me recordó que en estos casos suele darse la ley de Murphy y, curiosamente, Cappie Pondexter fue la última jugadora en salir de la ducha. Fue mi momento. Al principio le costó, pero después oírme aceptó una entrevista de tres minutos ¿tres minutos? Si ella me había toreado dos días, esta era mi oportunidad. No fueron tres, porque ya que estábamos, no iba a desaprovechar la oportunidad de hablar con una crack como ella.
Mitad engañada por mí, mitad encantada con el devenir de la entrevista. Estuvimos diez minutos hablando y en breve espero mostraros el resultado de aquella conversación. No os llevéis a engaño: costó mucho hablar con ella, pero Cappie se portó de lujo, sé que se divirtió y disfrutó de la entrevista e incluso me pidió que le pasara las fotos y el texto cuando saliera. Entre blogeros surgió un buen feeling.
Regresando a la rutina de la segunda zona, contaros que el viernes terminamos los 10 minutos pendientes y que sumamos la cuarta victoria consecutiva con el equipo senior. Si mis cálculos no fallan (riesgo que uno toma cuando no mira la clasificación) debemos ser terceros o cuartos de grupo... estamos al acecho.
Por lo que se refiere a mis cadetes. Me dieron el disgusto de la semana al palmar. Jugamos como nunca y perdimos como siempre. Creo que a estos no les voy a tener que decir lo de ¡quiero sangre! Estos tienen sangre y mala uva. Tanta que uno quiso imitar a Zidane y dio un cabezazo a un rival. Claro está yo le castigué dejando sin jugar el resto del partido aunque eso me pudiera costar la victoria (siendo honesto, hubiéramos perdido también con él). Ahora, tampoco es cuestión de hacer sangre con el chaval. Cayó en la provocación de un puñetazo previo y luego se arrepintió y se disculpó conmigo, el equipo y el agredido.
Un error lo puede tener cualquiera y lo importante es que no se repita. Para que tampoco fuera a más el tema, quise quitarle dramatismo al asunto y empecé a bromear sobre el tema. Claro está, el famoso gif de Zidane salió a la palestra siendo éste el resultado.
Feliz puente!


