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No más partidos los domingos por la mañana.

 

Siempre he pensado que uno de los grandes inconvenientes que tiene ser entrenador es el tener que ir a un partido un domingo por la mañana. Sí ya sé que suena muy poco profesional (¿alguien os ha dicho que yo lo sea?) pero al menos me gustaría levantarme un día a la semana más tarde de las ocho de la mañana.

 

Esta vez no pudo ser y no porque mi equipo junior jugará pronto, sino porque tenía que echar un cable al club y llevar el encuentro del alevín que, para colmo de males, jugaba en un pueblo a una hora de viaje. Total que la broma era que tenía que levantarme a las 7,30 de la mañana. Ya no era cuestión de no salir el sábado, el problema fue que me quedé sin ver All Star, el partido de Liga Femenina en Teledeporte y el de la ACB lo vi empezado ¡Todo un drama!

 

Y luego está eso de llevar a un equipo alevín. Para empezar era el primer partido que jugaban este año y eso suponía que era la primera vez que jugaban todas juntas con lo que os podéis imaginar el descontrol que fue aquello. Claro tampoco ayudaba el entrenador que, entre otras cosas, no las había visto en la vida y nunca había estado en un partido de alevín. Si yo pensaba que un infantil era caótico, lo de alevín fue de traca.

 

Bueno realmente un partido en esas edades es como la NBA y más concretamente un All Star. Todo el mundo hace pasos de salida, no hay una jugada con dos pases seguidos y, por supuesto, nadie tira de fuera de la zona, todo son entradas a canastas. Además el ambiente es de fiesta, tanto que empezó el partido y los padres de las niñas estaban tomándose un café mientras yo, pringao de mí, todavía no había tomado nada por apurar las horas de sueño en casa.

 

Antes del partido  me habían avisado que el equipo era flojito así que cuando comenzamos ganando 8-9 y vi a un padre le dije que hiciera una foto al marcador por si no se volvía a repetir. Evidentemente no os puedo contar nada táctico del partido porque no hubo nada táctico. Yo sólo les dije que tenía que jugar todas por fueras pasar e ir a canasta... evidentemente no me hicieron caso y aquello fue "Yo me los guiso, yo me lo como". Cada vez que una cogía el balón entraba a canasta a lo Juan Palomo... veis, idéntico a la NBA.

 

Lo bueno que tiene ir a estos fregaos es que vas sin preocupación, te preocupas más por cuadrar la quiniela (que viene a ser que todas las jugadoras jueguen el mínimo y máximo de cuartos exigidos) y que nadie sangre o llore que propiamente por ganar, aunque debo reconocer que el árbitro me llegó a enfadar. Hubo un cambio de criterio cuando mis peques se pusieron 8-14 y luego vimos que el árbitro (no federado) era familia de una jugadora. Claro, los padres cuando se enteraron se enfadaron. El hombre que estaba haciendo fotos con la cámara no sé que le dijo, pero el árbitro me amenazó con técnica si no se iba de la pista ¿Cómo me podía pitar una técnica por un persona del público?

 

Aquel momento de surrealismo sólo fue superado por mi actuación final. Resulta que después de todo mi alevín ganó (28-31, catenaccio puro) pero yo me fui pensando que la mesa se había equivocado y nos había dado puntos de más. Por dentro pensé "mira lo que nos quita el árbitro nos da la mesa". Y así se lo hice saber a los padres hasta que uno me dijo que no se habían equivocado, sino que en alevín si metes canasta de fuera de la zona vale un triple. Sí, quedé como un auténtico tonto porque dirigí un partido donde no me sabía ni el reglamento.

 

Pero bueno ahora ya puedo presumir de ser uno de los pocos o el único entrenador del mundo mundial que ha ganado todos los partidos que ha jugado en alevín. También os anuncio que, si todo sale bien, me retiro invicto de esta categoría. Lo dejó. Ya sé que a más no puedo aspirar y que todo lo que haga será a peor en alevín. Me voy en la cresta de la ola, en la cima deportiva :-D

Blog150
Nunca antes una resaca fue tan provechosa
 

¿Hay algo peor que jugar un domingo a las 10.00 de la mañana? Sí, hacerlo un domingo de Fallas. El baloncesto en Valencia gira alrededor de dos principios básicos que son la cena de Navidad y la cena de Fallas. Sin estos dos principios el baloncesto dejaría de tener sentido y, además, como se trata de tradiciones muy arraigadas en la tierra uno no puede ir en contra de ellas, es mejor unirse a ellas.

 

Cronológicamente hablando, el fin de semana empezó con un nuevo milagro deportivo de mis chicos. No tiene otro nombre lo que cada semana hacen, cada partido es un misterio el número de seniors que vendrán o estarán sancionados y a este paso los júniors van a estar rodados antes de comenzar la pretemporada. ¡Somos el Atleti de las segunda zonal!

 

Como en estos momentos no estamos para muchas florituras lo mejor fue el resultado, victoria por cinco puntos y a seguir creyendo en el milagro. Bueno lo que también estuvo bien fue el mosqueo de José Luis cuando un rival le agarró la pierna. El árbitro no la vio, pitó pasos y entonces se le fue la pinza.

 

Empezó a decir que si eso no era ético y que podía lesionarle y no ir a trabajar (seamos serios José, tú el martes terminas contrato y hasta el próximo curro te da tiempo de lesionarte dos veces y recuperarte cuatro). Fue tal el escándalo que el chaval se iba a disculpar y se acojonó como el árbitro que no sabía si pitar antideportiva, técnica o tiempo muerto... Como ya le conozco y sé que su pinza no dura más de cuatro minutos en pista el cambio ya estaba pedido; banquillo y pastillita para la tensión.

 

Por la noche tocaba cena, pero nada de esas de club inglés de Gentlemen, no las nuestras son de sepia, calamares, bravas y bocata, y para beber, cerveza y sangría; para terminar con el typical spanish botellón. No fue gran cosa, tampoco os creáis que somos el Club Baloncesto Alcohólicos Anónimos de puerto de Sagunto, pero entre unas risas y otras casi vemos al Lobato con Fernandito Alonso.

 

Total, que entre lo poco que dormí y las agujetas que arrastraba del viernes, el domingo por la mañana parecía la niña del exorcista bailando a lo Robocop del Chiquilicuatre. Y encima, me tocaba irme con mis pescadetes a Villarreal.

 

El partido no era gran cosa, pero el jueves y el viernes tuvimos bronca porque las muy golferas querían irse de marcha hasta las tantas y "desfasarse"(es decir, pillarse un ciego del copón). Desde luego que no seré yo quien les prohíba beber, porque, entre otras cosas un entrenador no se puede meter en labores de padre, pero ya les advertía que si llegaban muy mal no les iba a chillar me iba a cagar directamente en ellas (viva la psicología deportiva de pueblo).

 

Como se mosquearon bastante ante el presumible enfado de sus entrenadores, el viernes tuvimos comité de alcohólicos. Entrenador y jugadoras "propensas a la diversión", llegamos a un pacto para controlarnos con lo que más o menos me quedé tranquilo.

 

Visto lo visto el domingo creo que debemos repetir más eso de salir por las noches, porque se ve que algunas de mis pescadetes son como Romario, cuanta más fiesta mejor juegan. No os digo más 29 a 83 fue el resultado y ¡no!, el equipo rival sí se presentó y jugaron cinco contra cinco. De hecho nos costó romper el partido dos cuartos ya que Sofía se empecinó a fallar lo impensable (acabó con un lamentable 3 de 16 en tiros libres y partiéndose el ojete cada vez que iba a la línea de personal).

 

Por suerte, en el tercer cuarto mi equipo sufrió una especie de posesión infernal y por momentos parecía el DKV Joventut. Anotamos 34 puntos en 10 minutos con cuatro triples logrados. No os digo más, en todo el año habíamos metido tres triples y Cristina en poco menos de cinco minutos ya había metido ella solita otros tres.

 

Claro tal milagro se debe festejar como se debe y tras previas instrucciones desde la banda a cada triple le siguió gesto a cada cual más friki. Primero imitando la celebración de Quentin Richardson (sí, soy muy molón, jejeje) y luego la de José Calderón. Menos mal que ya no metió ninguno porque se me acababan las ideas y sólo quedaba la opción Gasol, algo por su puesto menos glamuroso.

 

¿Qué por qué de estas celebraciones? Pues porque si no les digo nada hacen como Marta que metió su primer triple en dos años y se puso a saltar como una loca. Veis eso no mola, así no nos pueden tomar en serios y ser un equipo mínimamente gangsta como yo quiero. Ya le he dicho que el próximo que meta (y espero que no tarde otros dos años) tiene que poner una cara vacilona de "sí, soy muy buena y el siguiente si quieres lo meto de espaldas". 

 

La verdad es que fue una gozada, después de sufrir dos años el no ganar ningún partido de paliza (paliza en estas categorías es ganar por más de 30 puntos), no dejar cruzar el campo al equipo rival fue lo más parecido a un orgasmo deportivo para un entrenador. Nos dio tiempo de todo, practicar la presión, el ataque contra zona e incluso Sofía se marcó un coast to coast.

 

Era su último partido como cadete así que supongo que la risa de los tiros libres no sólo sería por pensar en la cara de mala leche que se nos ponía, algo de nervios tendría también. Al final tuvo su jugada de gloria y tras coger el rebote se cruzó toda la pista. Eso sí, no esperéis nada de florituras y freestyle, fue lo más parecido a ver correr al actual Shaquille O'Neal o Potapenko. Por el camino arrolló a una rival, pero como el árbitro no pitó nada, ésta siguió hasta la otra canasta.

 

Hubiera sido un bonito punto y final a sus dos años de cadete, pero como no tiene style se empecinó en meter otra canasta a poco del final. No sólo no fue una canasta regulera sino que fue más bien "feucha", eso sí como se apostó con Enrique pagar una cena si superaba 20 puntos la muy cabrita necesitaba esa canasta para ganar la apuesta. Veis por ese tipo de cosa no me apuesto nada con mis jugadoras, al final se las apañan para que nos toque amoquinar la pasta y hace años ya pagué un botellón a un equipo senior.

 

Bueno ahora a disfrutar de las Fallas y la Semana Santa. Nos esperan varias semanas de descanso antes de afrontar el último partido de liga y de cadetes. Eso será en abril cuando tengamos la segunda parte del derby contra el equipo de Sagunto.