¿Hay algo peor que jugar un domingo a las 10.00 de la mañana? Sí, hacerlo un domingo de Fallas. El baloncesto en Valencia gira alrededor de dos principios básicos que son la cena de Navidad y la cena de Fallas. Sin estos dos principios el baloncesto dejaría de tener sentido y, además, como se trata de tradiciones muy arraigadas en la tierra uno no puede ir en contra de ellas, es mejor unirse a ellas.
Cronológicamente hablando, el fin de semana empezó con un nuevo milagro deportivo de mis chicos. No tiene otro nombre lo que cada semana hacen, cada partido es un misterio el número de seniors que vendrán o estarán sancionados y a este paso los júniors van a estar rodados antes de comenzar la pretemporada. ¡Somos el Atleti de las segunda zonal!
Como en estos momentos no estamos para muchas florituras lo mejor fue el resultado, victoria por cinco puntos y a seguir creyendo en el milagro. Bueno lo que también estuvo bien fue el mosqueo de José Luis cuando un rival le agarró la pierna. El árbitro no la vio, pitó pasos y entonces se le fue la pinza.
Empezó a decir que si eso no era ético y que podía lesionarle y no ir a trabajar (seamos serios José, tú el martes terminas contrato y hasta el próximo curro te da tiempo de lesionarte dos veces y recuperarte cuatro). Fue tal el escándalo que el chaval se iba a disculpar y se acojonó como el árbitro que no sabía si pitar antideportiva, técnica o tiempo muerto... Como ya le conozco y sé que su pinza no dura más de cuatro minutos en pista el cambio ya estaba pedido; banquillo y pastillita para la tensión.
Por la noche tocaba cena, pero nada de esas de club inglés de Gentlemen, no las nuestras son de sepia, calamares, bravas y bocata, y para beber, cerveza y sangría; para terminar con el typical spanish botellón. No fue gran cosa, tampoco os creáis que somos el Club Baloncesto Alcohólicos Anónimos de puerto de Sagunto, pero entre unas risas y otras casi vemos al Lobato con Fernandito Alonso.
Total, que entre lo poco que dormí y las agujetas que arrastraba del viernes, el domingo por la mañana parecía la niña del exorcista bailando a lo Robocop del Chiquilicuatre. Y encima, me tocaba irme con mis pescadetes a Villarreal.
El partido no era gran cosa, pero el jueves y el viernes tuvimos bronca porque las muy golferas querían irse de marcha hasta las tantas y "desfasarse"(es decir, pillarse un ciego del copón). Desde luego que no seré yo quien les prohíba beber, porque, entre otras cosas un entrenador no se puede meter en labores de padre, pero ya les advertía que si llegaban muy mal no les iba a chillar me iba a cagar directamente en ellas (viva la psicología deportiva de pueblo).
Como se mosquearon bastante ante el presumible enfado de sus entrenadores, el viernes tuvimos comité de alcohólicos. Entrenador y jugadoras "propensas a la diversión", llegamos a un pacto para controlarnos con lo que más o menos me quedé tranquilo.
Visto lo visto el domingo creo que debemos repetir más eso de salir por las noches, porque se ve que algunas de mis pescadetes son como Romario, cuanta más fiesta mejor juegan. No os digo más 29 a 83 fue el resultado y ¡no!, el equipo rival sí se presentó y jugaron cinco contra cinco. De hecho nos costó romper el partido dos cuartos ya que Sofía se empecinó a fallar lo impensable (acabó con un lamentable 3 de 16 en tiros libres y partiéndose el ojete cada vez que iba a la línea de personal).
Por suerte, en el tercer cuarto mi equipo sufrió una especie de posesión infernal y por momentos parecía el DKV Joventut. Anotamos 34 puntos en 10 minutos con cuatro triples logrados. No os digo más, en todo el año habíamos metido tres triples y Cristina en poco menos de cinco minutos ya había metido ella solita otros tres.
Claro tal milagro se debe festejar como se debe y tras previas instrucciones desde la banda a cada triple le siguió gesto a cada cual más friki. Primero imitando la celebración de Quentin Richardson (sí, soy muy molón, jejeje) y luego la de José Calderón. Menos mal que ya no metió ninguno porque se me acababan las ideas y sólo quedaba la opción Gasol, algo por su puesto menos glamuroso.
¿Qué por qué de estas celebraciones? Pues porque si no les digo nada hacen como Marta que metió su primer triple en dos años y se puso a saltar como una loca. Veis eso no mola, así no nos pueden tomar en serios y ser un equipo mínimamente gangsta como yo quiero. Ya le he dicho que el próximo que meta (y espero que no tarde otros dos años) tiene que poner una cara vacilona de "sí, soy muy buena y el siguiente si quieres lo meto de espaldas".
La verdad es que fue una gozada, después de sufrir dos años el no ganar ningún partido de paliza (paliza en estas categorías es ganar por más de 30 puntos), no dejar cruzar el campo al equipo rival fue lo más parecido a un orgasmo deportivo para un entrenador. Nos dio tiempo de todo, practicar la presión, el ataque contra zona e incluso Sofía se marcó un coast to coast.
Era su último partido como cadete así que supongo que la risa de los tiros libres no sólo sería por pensar en la cara de mala leche que se nos ponía, algo de nervios tendría también. Al final tuvo su jugada de gloria y tras coger el rebote se cruzó toda la pista. Eso sí, no esperéis nada de florituras y freestyle, fue lo más parecido a ver correr al actual Shaquille O'Neal o Potapenko. Por el camino arrolló a una rival, pero como el árbitro no pitó nada, ésta siguió hasta la otra canasta.
Hubiera sido un bonito punto y final a sus dos años de cadete, pero como no tiene style se empecinó en meter otra canasta a poco del final. No sólo no fue una canasta regulera sino que fue más bien "feucha", eso sí como se apostó con Enrique pagar una cena si superaba 20 puntos la muy cabrita necesitaba esa canasta para ganar la apuesta. Veis por ese tipo de cosa no me apuesto nada con mis jugadoras, al final se las apañan para que nos toque amoquinar la pasta y hace años ya pagué un botellón a un equipo senior.



