Hola chavales. Ahora sí que lo podemos decir, ¡Sobrevivimos! En un país inundado por el sentimiento nacional futbolero un pequeño reducto de valientes se mantenía a salvo en la pequeña aldea web de ACB.COM hasta que a uno que yo me sé se le ocurrió darle un espacio en portada...
Sí señores, por fin la hermana pequeña del deporte nacional, la selección de fútbol ha logrado algo relevante y tan imposible de creer, como resulta difícil entender que mis pescadetes terminasen el año con una copa en sus vitrinas. No, no las robamos por más que nos preceda la fama a los de Puerto de Sagunto. La ganamos en un pequeño torneo disputado hace unas semanas en Meliana. Vale que no tiene apenas mérito, pero vamos me dicen a comienzos de año que la selección de fútbol va a ganar la Eurocopa y mi equipo un torneo y aún me estaría riendo.
Por lo demás, se acaba el año y no hay mucho que contar así que, como canta Shaggy, estamos in the Summertime (himno oficial de mi oficina cada mañana, no por lo poco que trabajemos sino por lo cercanía de las vacaciones de muchos). Yo me despido por el momento aunque voy a intentar seguir engañando a Pablo para que me deje colarme en vuestros ordenadores el próximo año. Todavía no sé si será como entrenador de cadetes, de chicos, chicas... Yo, como Aíto, hasta después de los Juegos Olímpicos no decidiré mi futuro, a ver si ahora que con la inflación todo sube, también sube mi caché y puedo pegar el consiguiente atraco veraniego como free agent.
Lo que si está claro es que el próximo año no entrenaré a mis pescadetes. Creo que es bueno que en formación las jugadoras cambien de entrenador y, además, mi salud mental me pide ver caras nuevas. Han sido dos años agotadores, aguantándolas (y también ellas a mí) así que lo normal es que cerremos el capítulo de este libro y demos las gracias por los recuerdos vividos.
Dos años donde, en un balance global, mis chicas me han enseñado más cosas de las que han podido aprender de su entrenador (me voy con el resquemor de no conseguir que hagan una bomba o Fadeaway con clase). En un principio era reacio a entrenar este tipo de equipo porque entre lo rollero que soy y lo tremendamente friki que resulto, no creía que pudiera entrenar sin hablar del corte de UCLA, defensas mixtas o presión en zonas.
El tiempo, como otras tantas veces, me ha quitado la razón. He encontrado un grupo genial, con sus cosas buenas y sus cosas malas pero al que no cambiaría ni por el mejor equipo del mundo (éste es un sentimiento que todos los entrenadores acabamos compartiendo). Disfruto viendo como han evolucionado y como esas “personillas que se acojonaban al primer grito” son pseudopersonas hechas y derechas (aunque alguna se me descarrile por el camino). La sensación de ayudarles a ser mejores personas no se paga ni con el mejor de los trofeos.
Estas palabras son extensibles a mi equipo de senior, donde he sobrepasado la barrera de entrenador a amigo ¿Peligroso? Sí, pero es que tampoco me considero entrenador con ellos.
No creo que sea entrenador pese al papelito (que por cierto, aún no tengo después de tres años del curso). Ni tengo el nivel, ni el carácter necesario. Prefiero ser, el tipo que les hacer correr y organiza los cambios. Si quisiera ser otra cosa me tendría que armar de paciencia y valerianas porque son demasiado duros de mollera para organizarse tácticamente, ellos son del ghetto del Puerto de Sagunto, ya sabéis freestyle.
Y si esta entrada va de agradecimiento, no podía olvidarme de vosotros los lectores. Realmente me sorprende que la gente me reconozca en los partidos (se agradece ese saludo, esa sonrisa o esas palabras al terminar el partido) por el blog. De verás no soy nadie y seguramente otra gente puede hacerlo mucho mejor.
Sobra decir que los protagonistas de este blog sois vosotros, jugadores, entrenadores y aficionados. Yo simplemente me limito a contar (a mi alocado estilo) vivencias que a buen seguro muchos de vosotros habéis vivido. Y es esa identificación con vuestras historias lo que le dan valor a un blog que no intenta ser otra cosa que un espacio donde un loco del baloncesto intenta transmitir su pasión por este deporte y por lo que significa entrenar.
Han sido muchos meses y muchas historias que contar. Me hubiera gustado tener la lucidez de los grandes entrenadores de la ACB y haberos aportado algo de luz a este, a veces oscuro y complicado mundo del entrenador, pero supongo que de haberlo intentado hubiera fracasado estrepitosamente.
Mi intención ha sido bien distinta. Como un día me dijo mi compañera de trabajo, “si no puedes deslumbrar con brillanteces, divierte con gilipolleces” Y esa ha sido la tónica de este espacio: Encarar el mundo del baloncesto de la calle desde la risa y la ironía. Aunque eso sí, no hay que confundir hacer humor con ser gilipollas (aunque muchas veces los parezca).
Supongo que muchos ortodoxos se abran echado las manos a la cabeza con algunas de las cosas que conté. A ellos sólo les puedo decir: No me tomen en serio, yo tampoco lo hago. En cualquier caso sí que me gustaría que al menos este blog haya animado a los más jóvenes a adentrarse en el mundo del baloncesto y, en especial, el del entrenador.
De verás que es muy gratificante y a pesar de las horas de entrenamientos, madrugones, eternos viajes y derrotas, muchas derrotas, yo sólo puedo que animaros para que entrenéis.
Nos vemos en las pistas de baloncesto


