Si la semana pasada os hablaba del derby vivido con el equipo de veteranos de mi club, esta semana hemos tenido otro derby: frente a frente mis pescadetes del Puerto de Sagunto, contra el Morvedre, el equipo de Sagunto.
Conocéis el dicho de que España es diferente, pues el Puerto de Sagunto es más que diferente. Todas las cosas raras que puedan suceder en vuestros pueblos o ciudades, en el Puerto de Sagunto se multiplican por dos.
Para empezar, Puerto de Sagunto no es una ciudad como tal, sino que realmente la ciudad es Sagunto, lo que sucede es que Sagunto es la ciudad histórica, la de pelis de romanos, Hanibal y los cartagineses (Vin Diesel vino hace unos años para ver escenarios para una peli); mientras que Puerto de Sagunto es el núcleo costero que nació de la inmigración que llegaba para trabajar en la industria.
La separación física y cultural hace que Puerto de Sagunto sea una ciudad con dos pueblos... y un expediente de segregación. Sí, tenemos un grupo políticos segregacionista que quiere la separación así que os podéis imaginar que gobernar Sagunto es muy difícil.
Evidentemente, este pique político y cultural se traslada al mundo del deporte. Los equipos de cada núcleo, da igual el deporte que sea, siempre quieren quedar por encima del equipo vecino y los piques que puedan haber entre aficionados de MMT Estudiantes y Real Madrid; AXA FC Barcelona y DKV Joventut o Betís y Sevilla, quedan en nada comparados con los que se producen en nuestro pueblo.
Gradas llenas, jugadores motivados y mucha intensidad (he tenido jugadores de Sagunto jugando en el Puerto y motivarse porque cuando juegan contra "su" ciudad no quieren perder), así son los partidos entre el Puerto de Sagunto y el Morvedre. Los de Sagunto son romanos y los del Puerto vikingos, el derby está servido.
Ójala todas las semanas tuviera estos partidos, las niñas están superenchufadas porque saben que si pierden no es un partido normal, si pierden toca sufrir el "cachondeo" de las compañeras de instituto durante toda la semana. Esta semana no hizo darles ninguno de esos discursos que nos gusta dar a los entrenadores (que si no hay rival pequeño, que sí los partidos duran 40 minutos y lo importante son los pequeños detalles, etc.), sí esos topicazos que visto desde fuera suenan a chiste cuando hablas de un partido de niñas de 14 y 15 años y que sólo puedes comprender si estás viviéndolo desde dentro.
Desde el primer momento, nos dimos cuenta de que era nuestro día y tras cinco minutos de tanteo en los que perdíamos 10 a 7, comenzamos a ejercer nuestro dominio bajo la pintura. De verdad, me identifico muy poco con mi equipo ya que puede ser que sea el entrenador más bajo de la competición y el equipo más alto. Dominando el rebote, la clave era cruzar el campo y no perder balones para lograr encontrar a nuestras pívots y es ahí donde Bea y María se salieron. Bea enchufó 26 puntos y 17 rebotes, se notaba que estaban sus padres en la grada.
Porque esa es otra, a un partido normal no nos viene a ver ni el Tato, pero hoy estaban casi todos los padres. Me molesta mucho el pasotismo de los padres, porque minimiza el esfuerzo de sus hijas y le quita valor a lo que hacen cada día en cada entrenamiento. Con los padres delante nadie quiere hacerlo mal y este domingo dieron el máximo nivel, especialmente María que casi roza el triple doble e incluso metió un triple. Habitualmente María corre sin levantar los pies del suelo y con un gesto muy pijo con su mano, a mitad camino entre la risa y la desgana. Sin embargo, el domingo estuvo francamente muy bien. Vamos, que está mas cerca de que un día le presente a Ricky Rubio.
Al descanso ya ganamos de 16 puntos, pero el año pasado también ganábamos con tranquilidad y ellas apretaron un huevo y parte del otro, con lo que el objetivo era seguir al máximo nivel. Para mí, si hay un cuarto importante ese es el tercer. Si ganas, entonces es cuando rematas el partido y bajas la moral del rival, y si pierdes desirve para reaccionar.
Ganamos el tercer cuarto y acabamos el partido dominando por 38 a 63. Creo que es la mayor anotación en dos años y además delante no había un mal equipo, realmente habíamos jugado muy bien e incluso en un cuarto metimos 22 puntos cuando el año pasado creo que algún partido no llegamos ni a 20 puntos en algún que otro partido.
Y claro está, una vez ganado el partido queda la parte más importante para un jugador, el guiño hacía el rival. Salir a mitad de campo y gritar ¡Quién ha ganado! ¡Puerto, Puerto, Puerto! No me hace mucha gracia, sobre todo porque alguna vez nos tocará perder y me joderá que me lo canten. Además, qué lógica está reírse del rival si al año que viene jugarán juntas en junior.


