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De Katowice a Cuenca sin tiempo para pensar. Un día estaba pensando en las olimpiadas y casi a la semana siguiente hacía las maletas para viajar a Cuenca. Ciudad ésta que tendrá muchos encantos pero que creo que no se hubiera cruzado en mi camino de no ser por el baloncesto ¿Por qué digo esto? simplemente porque la segunda parte de mi verano tiene que ver con el curso de entrenador de nivel II que realicé en aquella ciudad manchega.

 

 

Por si alguien no lo sabe y está interesado hay tres niveles dentro de las titulaciones de entrenador. Todos conocen el título superior, el que te posibilita entrenar en la Liga Endesa, pero antes hay dos niveles (I y II) que te capacitan para poder entrenar equipos de diferentes categorías. Con el I, que es el que tenía, prácticamente puedes llevar toda la formación, pero poco puedes hacer en categorías senior. Así, después de varios años de pensarlo y ver que en mi comunidad no salía, decidí ir, junto a mi amiga Maribel, y probar suerte en un curso intenso con la Federación de Castilla La Mancha.

 

Recordando los tiempos de estudiante desempolvé mi mochila, saqué punta a un lápiz roñoso que tenía por casa y robé de la oficina un par de bolis (¿para qué más? pensé). Ya lo tenía todo para ir a Cuenca... y allí que me fui con mi super KIA (toma promo que hago a uno de nuestros patrocinadores, jejeje), road to Cuenca.

 

Y para no engañaros la verdad que el primer día es como el de todo estudiante que inicia un curso, con dudas y nervios por lo que estaba por llegar. Por qué sí, uno puede ser muy friki de esto y haber visto o vivido mucho baloncesto, pero una cosa es escribir de baloncesto y otra cosa es que te examinen de ello... y no las tenía todas conmigo. Además, como hace ya cierto tiempo que eso de estudiar lo dejé de lado, mi cagometro se disparó pensando solamente en la posibilidad de tener que hacer muchos exámenes.

 

Está opción pronto quedó desechada ya que la semana intensa estaba exenta de exámenes, sólo teoría y trabajos. Ahora bien quedaba una segunda incógnita por despejar ¿Qué nivel tendría el curso? Para no engañaros uno nunca sabe muy bien el nivel que tiene y bien podría ser un genio de la canasta (va a ser que no) o un paleto de pueblo. La tendencia catastrofista que me asume me inclinaba a esta última opción y más cuando en el curso había gente de Madrid, Fuenlabrada o Barcelona donde el nivel de los equipos suele ser bastante más alto del que nos manejamos aquí en Valencia.

 

Recuerdo la primera noche hablar hasta fundir la batería de mi móvil con Maribel sobre este tema. La verdad es que a ambos nos preocupaba estar al nivel de los compañeros pero pronto se vio que este temor también era infundado. De hecho entre los dos, en la amalgama de compañeros que había, pronto creamos el frente de resistencia al profesorado. ¿Cómo? Sí, os explico.

 

Suelo ser bastante mosca cojonera, alumno puñetero donde los haya que busca los tres pies al gato, no paro de interrumpir las clases... y más cuando me pican, jejeje. Por suerte nos encontramos a unos profesores que nos daban toda la libertad del mundo para participar en clase (es muy de agradecer que pese a ser simples alumnos nos trataran con respeto y atención en cada una de nuestras explicaciones). Ellos no lo sabían, pero esa fue su perdición.

 

Pronto me crecí como un burdo paquete que mete tres triples seguidos y se cree Jordan y al segundo ya estaba dando guerra, casi a cada oportunidad que tenía ahí estaba el frente porteño para dar la réplica a los sufridos profesores. Si profes como Gabi, Higinio o Kiko decían blanco, yo decía negro... y claro como coincidía con Maribel, pues ale yo que salía reforzado, me crecía por momentos y me lanzaba todo motivado a dar charlas. Algunas veces cuando se dejaban preguntas al aire ya nos miraban a los del Puerto a ver si dábamos réplica, sí la escuela porteña dejó huella en Cuenca... aunque sólo fuera por contestarios, jejeje.

 

Fuera de bromas es muy de agradecer que los profesores dieran rienda suelta a nuestra creatividad y no se pusieran en un pedestal. Podrían porque más conocimientos tenían pero su trato fue exquisito tanto en lo profesional como en lo personal. Recuerdo los cafés previos a clase, los paseos nocturnos y las charlas con ellos. Y como no me gusta hablar ni nada... yo en mi salsa, hablando de baloncesto, que tengo cuerda para rato y puedo aburrir hasta el más friki. Lo malo es que hasta los profesores me animaban y si no era uno era el otro el que me picaba (algo que no es muy difícil, para que engañaros)... hasta tengo a un profe en twitter!!!

 

La verdad es que el buen rollito que había con los profesores también lo había con los compañeros. Como buenos valencianos que somos, nosotros nos situamos a mitad camino entre el núcleo fuenlabreño y el de barceloneses. Era divertido ver la forma de plantear contenidos, de hablar, mal por supuesto, de las zonas (en Valencia le llamamos barraquera, mientras que en Tobarra y Castilla la Mancha, zonas baldoseras!!!). No con todos, pero nos echamos unas cuantas risas con el baloncesto como telón de fondo.

 

Recuerdo especialmente la frase del gran Gon en mitad de una clase de anatomía. Ahí, entre las infumables horas de explicación de lesiones, músculos, huesos y demás partes del cuerpo humano, Gon tuvo la genialidad de soltar la ya mítica frase !Hay tantas formas de morir! Qué hipocondríaco estás hecho chaval jajaja.

 

Con la salvedad de aquella tarde donde literalmente di cabezazos contra la mesa, el contenido del curso no fue nada pesado. Para ser crítico, un poquito de más caña no hubiera estado mal. Soy masoca y un poco de más temas en la parte de conceptos baloncestísticos lo hubiera agradecido y de hecho creo que se lo reclamé a alguno de los profes. Por suerte en estos cursos uno puede intercambiar información y entre lo que decía uno y otro pudimos sacar un buen dossier de ejercicios e información que ya estoy poniendo en práctica en mis entrenamientos.

 

Por que sí, queridos profesores, estoy haciendo lo que muchos me decíais. Soy un alumno aplicado y ahora trabajo mucho más en detalle, disecciono los sistemas, mis jugadoras hacen buenos estiramientos y ¡doy charlas de 30 segundos y no de 30 minutos! Con lo que eso a mí me cuesta, jejeje.

 

Con el paso del tiempo Cuenca queda como un agradable recuerdo, una interesante vivencia con gente procedente de la diferente geografía del país y profesores con gran disposición a ayudar. Por delante quedan horas de trabajos en casa, prácticas en clubes y federación y una firmita que diga que soy entrenador de Nivel II. Liga Endesa prepárate, un curso más y ya tendrás un nuevo entrenador!!!