ACBBlogs

Pelea con el presidente Zapatero el honor de ser el hombre del momento. Sin embargo, a diferencia del político, José Mourinho no es cuestionado, sino alabado en sus virtudes. No hay tertulia de bar o telediario que no le tenga en mente o en boca. Es el hombre de moda... pese a todo.

 

Digo esto porque analizando fríamente este personaje no debiera tener muchas virtudes para que media España lo pida a gritos como su próximo entrenador. Siendo justos es un tipo cuya apuesta deportiva se basa en el orden y rigor táctico lo cual viene a ser tan sinónimo de éxito como de aburrimiento. Pero es sin duda su carácter el que más me llama la atención.

 

Puede llegar un tipo de esos de difícil sonrisa, un entrenador que no regala elogios ni abrazos y cuya aureola de irascibilidad le convierte en una estatua de permanente enfado. Sin embargo, todo ello me provoca una profunda admiración.

 

No, nos confundamos, no es que quiera tener el carácter del portugués, hace tiempo que tengo la mala costumbre de intentar caer a todo el mundo bien (sociabilidad creo que me dijo una compañera) y por eso no podría vivir con el peso de la polaridad de afinidades. No podría soportar el estigma de "querido y odiado a partes iguales" con el que parece convivir Mourinho.

 

Sin embargo, admiro profundamente el permanente control de la situación que irradia su figura. Creo que Mourinho puede estar en plena batalla campal, provocar a todo el mundo y no perder nunca el norte. Viéndole me maravilla la capacidad que tiene de desestabilizar a todo el mundo a la par que mantiene una organización perfecta de su equipo y plan de juego.

 

 

 

Para mí, Mourinho llevado al baloncesto sería como mezclar el lado provocativo de Dennis Rodman y la inteligencia emocional de Aíto García Reneses. Dos figuras opuestas por las que tengo fascinación. El jugador de la NBA era, por encima de todas las cosas, un jugador de sangre caliente, capaz de desquiciar a todos sin perder la sonrisa... y su juego. Aíto me da la sensación de que siempre sabe lo que tiene que hacer, tiene la cabeza fría en todo momento, pocas veces comete un error en situaciones de estrés y en una pista me da la sensación de que siempre es la persona más inteligente sobre el parqué. Sangre caliente, cabeza fría. Mourinho la tiene y, como entrenador, no negaré que me gustaría tenerla para transmitirla a mis equipos y no vivir situaciones como la del pasado domingo.

 

Como sabéis, mis chicas jugaban el partido de ida de cuartos y lo hacían con un viejo conocido. Entiendo que  habían motivos suficientes para que todas dieran los mejor de su juego y fuera un partido bello de jugar. Pero el partido no fue el esperado.

 

Desde el principio tuvimos tanta urgencia por hacer cosas, que olvidamos lo único importante: jugar a baloncesto. Porque pecamos de precipitación y de ir un paso por delante del partido. Nunca esperamos a que el encuentro nos llegara y perdimos nuestra identidad.

 

Nunca fuimos conscientes que el baloncesto de cinco contra cinco era el nuestro, sólo había que organizar el ataque y saber leer las ventajas que dejaba una defensa intensa a la par que vulnerable. Casi a remolque desde el primer minuto el partido se fue acelerando y caldeando hasta que explotó a falta de cinco minutos para el descanso.

 

Entonces, digamos que mi sangre hirvió y la cabeza se calentó. En una acción en la que creía que eran unos dobles muy claros tuvo la desafortunada idea de gritar a los árbitros "son dobles, no es nuestro problema que no sepa botar". Entiendo que puede ser interpretadas estas palabras como un menosprecio a la jugadora y que la labor educadora en ese momento podía quedar en entredicho, por ello si hubo un error lo asumo como así se lo hice saber al árbitro.

 

Lo que no voy a tolerar es que el entrenador rival me dé lecciones de civismo deportivo. Y no lo acepto porque esa persona no se acordará pero yo tengo grabada en mi mente su imagen dos años atrás diciendo a sus jugadoras "dejadlas que pierden el balón solas". Aquel día casi la tenemos y, como aquí todos nos conocemos y como somos, él y yo intercambiamos opiniones.

 

Para qué engañaros, yo sé que no le caigo bien al otro entrenador y a mí tampoco me cae bien, así que el motivo era lo suficientemente bueno para olvidarnos de nuestras falsas apariencias previas. Al final, la persona con más juicio de esta situación fue la árbitro del partido. La lógica de sus palabras tenían una demoledora sentencia: habían 12 personas en pista jugando el partido y lo menos justo es que los dos tipos de fuera adquirieran una cuota de protagonismo inmerecida.

 

El partido siguió y pese a que lo intentamos de todas las maneras, la intensidad del rival nos superó en todo momento. Es lo malo de estar toda temporada jugando sin tensión, llega un equipo que juega fuerte y no sabes como reaccionar.

 

El recurso fácil es decir que el arbitraje consistió más al otro equipo, pero cuando anotas 10/41 tiros libres o tienes tantas canastas falladas bajo el aro no puedes pensar en otra cosa que no sea en tus propios errores. Nunca me quejaré de un arbitraje y menos si es porque el rival aprieta en defensa. Ojalá nuestro equipo hubiera tenido su agresividad porque todos sabemos que un equipo que defiende muy fuerte pronto se carga de faltas pero luego no le pitan todas las que son. De esto hay varios entrenadores con son unos maestros y es lo que quisiera inculcar en mis equipos, una gran intensidad defensiva.

 

No salieron las cosas y el ánimo tampoco fue el más oportuno. Creo que la situación del partido nos superó, mentalmente no estuvimos preparadas para competir (nunca se habían visto en una igual antes) y con el marcador abajo las caras eran auténticos poemas. Eso me molestó más que perder porque tengo claro que podemos jugar peor que el rival, pero nunca podemos jugar con menos ganas o ilusión.

 

Ahora toca remontar 11 puntos en pista contraria ¿Imposible? Seguramente, pero yo tengo claro que el domingo no me subo a un autobús para perder un partido o una eliminatoria así que tampoco quiero que nadie que se suba a él si no cree que vamos a ganar. Si jugando mal y fallando 31 tiros libres aún tenemos opciones por qué con un buen día no podemos eliminarlas.