Bueno chic@s, después de mucho tiempo de ausencia ya era hora de que me pusiese delante del ordenador para seguir contando como marcha la temporada. La verdad es que he esperado tanto tiempo porque entre el viaje a Estados Unidos y las cuatro derrotas que llevo seguidas no había mucho que contar.
Cuatro partidos y cuatro derrotas, dos con mis cadetes y dos con los seniors. En teoría, la sensación debería ser distinta en cada derrota porque mis cadetes han perdido de ocho contra la invictas campeonas en su casa y sólo de tres, y tras dominar 37 minutos, ante las segundas. En cambio, mis chicos han pasado de ser colíderes a ser cuartos y perder de paliza con segundos y terceros. Sí, deberían ser distintas, pero para mí perder es siempre igual y me jode lo mismo.
Engañar a los ideales
Si os fijáis en mi perfil, me gustan los equipos que corren y que presionan todo el tiempo, pues bien a mi vuelta de USA, me he encontrado que mis pescadetes ya no presionan tanto y hemos pasado de una defensa individual a zonal. Mi compañero de dirección ha pensado que es la mejor solución y, la verdad, no le falta razón porque el equipo ha estado muy serio en los dos encuentros. Sin embargo, me duele poner una zona y jugar con ellas en categorías de formación, y aún más cuando las critico tanto.
Una zona enmascara la debilidad del equipo y se aprovecha de la falta de puntería y fuerza en el tiro del rival para convertir partidos de baloncesto en auténticos peñazos. Sé que nuestra intención es buena y, ojo, nuestra zona es presionante y muy activa, pero ¿qué enseñamos a unas niñas de 14 y 15 años con una zona?
Evidentemente la zona tiene muchos recursos técnicos y tácticos (he practicado este año con mis chicos todas las zonas imaginables), pero creo que para formar jugadoras es mejor que sepan los fundamentos de una defensa individual y, sobre todo, aprendan a sufrir defensivamente y, como me gusta decirles, bajar el culo para no permitir canastas fáciles.
Tampoco presionamos, pero bueno quizás eso lo veo menos grave porque no creo que tengamos las mejores jugadoras para presionar y más si tenemos en cuenta que hacemos coincidir en pista a tres "altas" durante más de 30 minutos.
El baloncesto B
Como el dinero, en el baloncesto hay un baloncesto A (el de los puntos, rebotes, contraataques, asistencias, etc...) y un baloncesto B (el de los golpes bajos, la intimidación, la picardía y el del saber jugar con los árbitros). Todo es baloncesto y, dentro de lo legal, es correcto. Pero qué queréis que os diga, me da mucha rabia este baloncesto B y lo digo porque este fin de semana me ha tocado sufrirlo con mis seniors.
Jugábamos contra los cuartos y al descanso perdíamos de cinco tras una primera parte lamentable donde unos veteranos nos ganaron a correr y un simple pick and roll como único argumento ofensivo.
Creo que nunca antes he abroncado tanto y he chillado tanto a un equipo al descanso. No sé si se lo merecían o si es la mejor forma, pero con tíos ya creciditos, a veces es mejor dos palabras mal sonantes y dos gritos que buenas palabras (aunque seguramente el resultado sería el mismo o creo que es incluso mejor). Las cosas se dieron como se dieron y me quedé muy a gusto porque no podíamos estar empanadillas justo el día donde podíamos dar un salto cualitativo en la liga.
El resultado no fue del todo el esperado, porque por mucho que grite hay gente que no reacciona, pero al menos el hipermotivado de mi capitán reaccionó y tras ir 15 a bajo nos pusimos a cinco. Ahí se acabó el baloncesto A.
El técnico rival se olvidó de su gente joven y sacó a los treintañeros para rematar la faena. Dicho por ellos mismos, sabían de que sólo jugando duro nos ganarían. Efectivamente, para empezar codazo en la cara a un pívot de 16 años. Ya por entonces mi nivel de mosqueo alcanzaba límites insospechables y la gota que colmó el vaso fue cuando este mismo jugador reclamo una técnica contra mí por hablar con el árbitro.
Al final sucede lo mismo en las ligas mayores que en las pequeñas, el árbitro no puede pitar todo y el partido se convierte en bronca constante y el más duro gana. Como protesta a lo que consideraba una actitud injusta e irrespetuosa (resulta gracioso que tuviéramos más eliminados y más faltas que ellos), jugamos los últimos cuatro segundos con cuatro jugadores en pista aunque tenía gente en el banquillo. Sí, seguramente es una gilipollez, pero en esos dos segundos no sólo rompimos su estúpida e incomprensible presión sino que además Agus, un júnior, les metió una canasta.
Aunque de primeras y tras peder de paliza me negué a saludar al jugador con el que me enfadé, minutos después hablamos y demostró este jugador ser buen tío. Me reconoció que tenía razón, pero que dentro del campo nos olvidamos de todo y todo vale.
Me niego a aceptarlo y reconocer que para ganar un partido tengo que jugar con el reglamento e intimidando a un equipo de chavales. Si es así, prefiero no ascender (nuestra cuatro derrotas han llegado con equipos que nos sacan más de diez años de media) y ganar los partidos que pueda corriendo, presionando y dando espectáculo ofensivo.


