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No sé si lo habéis pensado alguna vez o incluso si lo habéis dicho en voz alta, pero después de tanto tiempo dedicado a él ¿no se os ha ocurrido la idea de dejar el baloncesto?  Reconozco que no es mi caso porque, a pesar de dedicarle más de 40 horas semanales ya sea por trabajo u ocio, sigo disfrutando del baloncesto. No diré como el primer día, ni mejor ni peor,  ahora disfruto de forma diferente.

 

Aunque es cierto que no soy una persona objetiva y que me cuesta dar un punto de vista neutral sobre esta cuestión, no voy a esconder que como entrenador ya me estoy empezando a acostumbrar a ver como la gente se "deja" el baloncesto.

 

Os cuento todo esto porque esta semana me llegó el mensaje de una jugadora que se había cansado de jugar. No tenía ni ánimos ni fuerzas para seguir e incluso me temo que no tenía ganas de decirlo telefónicamente. Más adelante tendré una conversación con ella, pero lejos de intentar convencerla para que siga, sólo le preguntaré si está bien. Realmente es lo único que me importa llegados a este punto.

 

Seguramente hace un año hubiera intentado convencerla y hace dos me hubiera enfadado, pero ahora no. Y no es que me de igual, pero si algo bueno tiene hacerse mayor es que uno aprende de las experiencias y se vuelve más empático. Ahora entiendo muchos de los dolores de cabeza que puede ocasionar jugar a baloncesto en una joven y aunque yo no los comprenda (ya os digo que soy un yonki de este deporte) debo de respetarlos. Familia, estudios, pareja... sea cual sea la edad que se tenga nunca es fácil y al menos se debe ser honesto y reconocer que no se está con ganas para seguir entrenando.

 

Por segundo año hay gente de mi equipo que se lo deja y, aunque la gente pueda decirme lo contrario, en cierta manera que jugadores dejen de jugar va en el debe del entrenador. Así lo entiendo yo. Siempre pensé que a mis equipos podía aportar recursos tácticos y pasión. Me encantaba pensar que podía transmitir parte de la pasión que siento por el juego, pero cada vez veo con más claridad que no es así. E incluso diría que hay un factor importante en mi manera de dirigir que puede ser perjudicial y alejarlas del juego. Más que una derrota lo que al final debe doler a un entrenador (al menos eso me sucede a mí) es ver como tus jugadores pierden la ilusión por jugar. Por eso siento que fracaso cuando alguien me cuenta que abandona.

 

Realmente es frustrante ver como después de formar años y años a jugadores/as estos acaban por no llegar ni siquiera a jugar con el primer equipo del club. Y en este caso me duele más porque, tanto por años como por calidad, la jugadora que ahora abandona el baloncesto tenía nivel para jugar. Lo tenía hace dos años cuando la volví coger tras ser infantil y cadete, pero nunca rindió como ambos esperábamos. Siempre soy sincero con la gente que llevo (brutalmente honesto diría el doctor House) y así como le dije que tenía un potencial muy interesante, le reconocí que poco a poco su rendimiento decaía.

 

En fin son cosas que suceden, no se le puede dar más vueltas y sólo cabe esperar que con el tiempo recapacite y vuelva a jugar. Con casos como éste uno debe sentirse más orgulloso de la gente que cada día sigue viniendo a entrenar con ilusión y ganas de mejorar. Son tan poc@s que todo esfuerzo es poco a la hora de trabajar con ell@s.