Escribo estas líneas nada más llegar a casa, hace menos de una hora que acaba de terminar el quinto partido de liga de mis pescadetes y lo ha hecho con derrota en nuestra visita a Alboraya (una lastima perder porque tras remontar 20 puntos sólo hemos perdido por 65 a 61). Llevo un mosqueo de tres pares de narices y más que teclear estoy aporreando el teclado porque hoy me han pitado la primera técnica del año.
Vamos, lo que me cabrea no es el hecho que me pitasen técnica ni tampoco el perder, sino cómo se ha producido todo. Veréis, entrenando cadetes hay dos cosas que me molestan mucho: una es que falten el respeto a mis jugadoras y segundo es que me lo falten a mí, pues hoy me han pasado las dos cosas y ahora mismo estoy más quemao que la moto un hippie.
Que me piten una técnica es habitual, de hecho ya tardaban en pitarme una, sobre todo si tenemos en cuenta que este año llevo ya 12 partidos de liga entre chicos y chicas. Nunca lo negaré, soy bastante "broncas" dentro de la pista. Es como si con el comienzo de cada partido se me fuese la pinza y mi única neurona empezase a saltar y rebotar por mi cabeza. Por esto mismo no me gusta que nadie que me conozca y me respete (no nos engañemos, de esta gente no hay mucha) venga a mis partidos, pero es que lo de hoy ha sido el colmo.
Resulta que el partido iba más o menos chungo, estaba claro que íbamos a perder, pero me ha tocado las narices (por no decir otra parte de mi cuerpo) que el entrenador rival comenzara a berrear que mi equipo siempre hacía falta. Mirad, si tengo una queja yo me dirijo al árbitro y se la comento a nivel particular y sosegadamente, pero no grito como un poseso pues entiendo que eso es condicionar al árbitro y faltar al respeto a mis jugadoras, más que nada porque las suyas no eran precisamente hermanitas de la caridad, más bien al contrario y si algo repartían eso eran ostias como panes.
Total, que minutos después resulta que Enrique, mi compañero entrenando, ha recriminado a una rival el hecho de tirarse en plan "Smackdown vs Raw" sobre una de nuestras jugadoras. Acto seguido el entrenador contrario se ha alterado y ha empezado a gritarle porque no tenía que decirle nada a sus jugadoras.
Correcto, un entrenador no se puede dirigir a una jugadora rival y luego lo hemos hablado porque tampoco me parece correcto por nuestra parte. Pero, a mí los cables ya hacía tiempo que se me habían cruzado y, como si me poseyese el espíritu conjunto de Ron Artest, Stephen Jackson y Dennis Rodman, me he dirigido gritando al entrenador rival. Una cosa tengo muy clara, a mi equipo nadie le chilla y él había sido el primero en faltar el respeto.
El árbitro ha actuado perfectamente, nos ha amenazado con técnica al próximo que abriese la boca y ¿adivinad quien ha hablado? Efectivamente, el energúmeno público número uno, es decir, yo. Técnica al canto, pero me he quedado muy a gusto cuando con el pabellón en silencio le he gritado todo lo que tenía que decirle.
Al final del encuentro, como siempre hago, me dirijo a las jugadoras rivales a felicitarles y especialmente a una contraria que nos había hecho un roto. No sé si es el protocolo correcto o si debo ir primero al entrenador rival (ojo, éste no me había saludado al comienzo del partido), pero veréis para mí el baloncesto, y más concretamente en categorías de formación, comienza y termina en los jugadores, por eso el máximo respeto para ellos y mi primer saludo tras terminar los encuentros.
Tras saludar a las jugadoras, me he dirigía al entrenador para felicitarle y comentar la discusión para aclarar el malentendido y zanjar problemas. Pues bien, el tío me ha negado la palabra y me ha cortado mientras intentaba razonar con él. Ahí ya es cuando me he convertido en superguerrero, el pelo se me ha puesto rubio y el cortocircuito en mi interior ha sido total. Me dirijo tranquilamente, de buenas maneras y este tío me corta y me dice que le he negado el saludo, porque he preferido saludar primero a sus jugadoras...
Vamos, he estallado y le he dicho de todo, ha sido un cara a cara (bueno un cara estomago porque no llego más alto) en el que menos mal que ha venido el padre de una de mis jugadoras a ayudarme. Como suele suceder en estos casos, en vez de tranquilizarnos y separarnos, éste también se ha sumado a la bronca y nos hemos empezado a dedicarnos mensajes de amor y anticipar la navidad dándonos christmas y buenos deseos.
No me han gustado mis formas pero si el fondo de la discusión; a mi equipo nadie le dice nada y tampoco me dejan a mi por mentiroso y me cortan mientras hablo... como siempre digo soy pequeño pero matón y tengo muy mala leche.
En el vestuario me disculpé por mi comportamiento ante las jugadoras (aunque por ver algo bueno dentro la bronca es que he descubierto sangre y mala leche en mis jugadoras ¡nosotras también damos guantazos cuando queremos!), como también lo hice con el árbitro porque él no tenía ninguna culpa de mis meadas fuera de tiesto.
Total, que este partido lo tengo anotado en mi agenda y espero la vuelta para realizar mi particular venganza, porque y esto se lo he dicho a Malo de Molina, realmente este blog debería llamarse Yo, energúmeno... sería más exacto y realista.
PD: En esta bulla he echado en falta a Cristina, mi jugadora bronca que apenas ha jugado un minuto porque le ha dado un yu-yu y nos ha dado el susto del día. Espero que no sea nada y que pronto nos ayude en las broncas y, sobre todo, a ganar.


